Archivo mensual: Diciembre 2011

Top 2011- Redacción Contrapicado

Ricardo Adalia Martín

1. Los pasos dobles (Isaki Lacuesta, 2011) & Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)

2. Misterios de Lisboa (Raoul Ruiz, 2010)

3. Thérèse (Alain Cavalier, 1986)

4. La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011)

5. Le quattro volte (Michelangelo Frammartino, 2010)

6. Tournée (Mathieu Amalric, 2010)

7. La boda de mi mejor amiga (Paul Feig, 2011)

8. El último verano (Jacques Rivette, 2009)

9. Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010)

10. La vida sublime (Daniel V. Villamediana, 2010)

No estrenadas comercialmente:

1. Low life (Nicolas Klotz, 2011)

2. Palácios de Pena (Gabriel Abrantes & Daniel Schmidt, 2011)

3. L'Apollonide (Souvenirs de la maison close) (Bertrand Bonello, 2011)

4. Recuerdos de una mañana (José Luis Guerín, 2011)

5. The Mill and the Cross (Lech Majewski, 2011)

6. Dharma Guns (La succession Starkov) (F. J. Ossang, 2010)

7. Road to Nowhere (Monte Hellman, 2010)

8. Photographic Memory (Ross McElwee, 2011)

9. Color perro que huye (Andrés Duque, 2011)

10. Música Campesina (Alberto Fuguet, 2011)

María Adell

1. Un método peligroso (David Cronenberg, 2011)

2. Carlos (TV Miniserie) (Olivier Assayas, 2010)

3. Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)

4. Melancolía (Lars von Trier, 2011)

5. La boda de mi mejor amiga (Paul Feig, 2011)

6. Le père de mes enfants (Mia Hansen-Løve, 2009)

7. Valor de ley (True grit) (Ethan Coen & Joel Coen, 2010)

8. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

9. El extraño caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)

10. Le Havre (Aki Kaurismäki, 2011)

Enrique Aguilar

1. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

2. Misterios de Lisboa (Raoul Ruiz, 2010)

3. Super 8 (J. J. Abrams, 2011)

4. Melancolía (Lars von Trier, 2011)

5. La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011)

6. Valor de ley (True grit) (Ethan Coen & Joel Coen, 2010)

7. Le père de mes enfants (Mia Hansen-Løve, 2009)

8. El extraño caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)

9. Una mujer en África (Claire Denis, 2009)

10. Somewhere (Sofia Coppola, 2010)

Gerard Casau

1. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

2. Valor de ley (True grit) (Ethan Coen & Joel Coen, 2010)

3. Misterios de Lisboa (Raoul Ruiz, 2010)

4. El topo (Tomas Alfredson, 2011)

5. Insidious (James Wan, 2010)

6. Melancolía (Lars von Trier, 2011)

7. Le Havre (Aki Kaurismäki, 2011)

8. Attack the Block (Joe Cornish, 2011)

9. Un método peligroso (David Cronenberg, 2011)

10. Animal Kingdom (David Michôd, 2010)

No estrenadas comercialmente:

1. The Turin Horse (Béla Tarr & Ágnes Hranitzky, 2011)

2. Take Shelter (Jeff Nichols, 2011)

3. Himizu (Shion Sono, 2011)

4. L'Apollonide (Souvenirs de la maison close) (Bertrand Bonello, 2011)

5. La guerre est déclarée (Valérie Donzelli, 2011)

6. Kotoko (Shin'ya Tsukamoto, 2011)

7. Color perro que huye (Andrés Duque, 2011)

8. 4:44 Last Day on Earth (Abel Ferrara, 2011)

9. Kill List (Ben Wheatley, 2011)

10. The Ballad of Genesis and Lady Jaye (Marie Losier, 2011)

Menciones especiales a la miniserie Black Mirror (Charlie Brooker [guión], 2011) y al mediometraje Boro in the Box (Bertrand Mandico, 2011).

José Ramón García Chillerón

1. Four Lions (Christopher Morris, 2010)

2. Super 8 (J. J. Abrams, 2011)

3. Un dios salvaje (Roman Polanski, 2011)

4. George Harrison: Living in the Material World (Martin Scorsese, 2011)

5. Un método peligroso (David Cronenberg, 2011)

6. Melancolía (Lars von Trier, 2011)

7. Piraña 3D (Alexandre Aja, 2010)

8. I’m still here (Casey Affleck, 2010)

9. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

10. Attack the Block (Joe Cornish, 2011)

No estrenadas comercialmente:

1. Red State (Kevin Smith, 2011)

2. Diamond Flash (Carlos Vermut, 2011)

3. The Yellow Sea (Na Hong-jin, 2010)

Marla Jacarilla

1. Melancolía (Lars von Trier, 2011)

2. El hombre de al lado (Mariano Cohn & Gastón Duprat, 2009)

3. Nunca me abandones (Mark Romanek, 2010)

4. Incendies (Denis Villeneuve, 2010)

5. Midnight in Paris (Woody Allen, 2011)

6. Una mujer en África (Claire Denis, 2009)

7. Tournée (Mathieu Amalric, 2010)

8. I’m still here (Casey Affleck, 2010)

9. La doctrina del shock (Mat Whitecross & Michael Winterbottom, 2009)

10. Super 8 (J. J. Abrams, 2011)

No estrenadas comercialmente:

1. The Turin Horse (Béla Tarr & Ágnes Hranitzky, 2011)

2. Gravity Was Everywhere Back Then (Brent Green, 2010)

3. Post Mortem (Pablo Larraín, 2010)

4. Morir como un hombre (João Pedro Rodrigues, 2009)

5. Cold Fish (Shion Sono, 2010) & Confessions (Tetsuya Nakashima, 2010)

6. Rubber (Quentin Dupieux, 2010)

7. Bibliothèque Pascal (Szabolcs Hajdu, 2010)

8. Sound of Noise (Ola Simonsson & Johannes Stjärne Nilsson, 2010)

9. The Future (Miranda July, 2011)

10. Winter Vacation (Li Hongqi, 2010)

Álex P. Lascort

1. Melancolía (Lars von Trier, 2011)

2. Jane Eyre (Cary Fukunaga, 2011)

3. El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011)

4. Super 8 (J. J. Abrams, 2011)

5. Midnight in Paris (Woody Allen, 2011)

6. La boda de mi mejor amiga (Paul Feig, 2011)

7. Mientras duermes (Jaume Balagueró, 2011)

8. Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (Steven Spielberg, 2011)

9. Scream 4 (Wes Craven, 2011)

10. X-Men: Primera generación (Matthew Vaughn, 2011)

Estrenadas & no estrenadas comercialmente:

1. Shame (Steve McQueen, 2011)

2. Melancolía (Lars von Trier, 2011)

3. Hobo with a Shotgun (Jason Eisener, 2011)

4. Jane Eyre (Cary Fukunaga, 2011)

5. The Raid (Gareth Evans, 2011)

6. The artist (Michel Hazanavicius, 2011)

7. Killer Joe (William Friedkin, 2011)

8. El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011)

9. Super 8 (J. J. Abrams, 2011)

10. Midnight in Paris (Woody Allen, 2011)

Mónica M. Marinero

1. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

2. Misterios de Lisboa (Raoul Ruiz, 2010)

3. El extraño caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)

4. El último verano (Jacques Rivette, 2009)

5. La danse - Le ballet de l'Opéra de Paris (Frederick Wiseman, 2009)

6. Una mujer en África (Claire Denis, 2009)

7. Restless (Gus Van Sant, 2011)

8. Another Year (Mike Leigh, 2010)

9. Un método peligroso (David Cronenberg, 2011)

10. El mundo que fue y el que es (Pablo Llorca, 2011) & Naufragio (Pedro Aguilera, 2010)

Jorge Mauro de Pedro

1. Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, 2011)

2. Le Havre (Aki Kaurismäki, 2011)

3. Le père de mes enfants (Mia Hansen-Løve, 2009)

4. La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011)

5. La danse - Le ballet de l'Opéra de Paris (Frederick Wiseman, 2009)

6. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

7. El extraño caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)

8. El ilusionista (Sylvain Chomet, 2010)

9. Los pasos dobles (Isaki Lacuesta, 2011)

10. Inside Job (Charles Ferguson, 2010)

Endika Rey

1. Misterios de Lisboa (Raoul Ruiz, 2010)

2. Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, 2011)

3. Un método peligroso (David Cronenberg, 2011)

4. Le Havre (Aki Kaurismäki, 2011)

5. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

6. Pánico en la granja (Stéphane Aubier, Vincent Patar, 2011)

7. Four Lions (Christopher Morris, 2010)

8. El topo (Tomas Alfredson, 2011)

9. Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (Steven Spielberg, 2011)

10. Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)

Mención especial para lo mejor del cine español 2011: No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu), La piel que habito (Pedro Almodovar), Guest (José Luis Guerin), La noche que no acaba (Isaki Lacuesta), Mercados de futuro (Mercedes Álvarez)

No estrenadas comercialmente:

1. The deep blue see (Terence Davies, 2011)

2. Guilty Of Romance (Sion Sono, 2011)

3. Carlos (TV Miniserie) (Olivier Assayas, 2010)

4. Elena (Andrei Zvyagintsev, 2011)

5. Abrir puertas y ventanas (Milagros Mumenthaler, 2011)

6. The day he arrives (Hong Sang-Soo, 2011)

7. Sangue do Meu Sangue (João Canijo, 2011)

8. Meek's Cutoff (Kelly Reichardt, 2010)

9. We Need to Talk About Kevin (Lynne Ramsay, 2011)

10. Morir como un hombre (João Pedro Rodrigues, 2009)

 

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‘Time Out’, ‘Trazadores’, ‘Le cordon’

En el CaixaForum de Barcelona se presentaron el 21 de noviembre tres documentales que, por sus muchas virtudes, no deben pasar inadvertidos.

Time Out, cortometraje rodado en Canadá, presenta sin mayores complicaciones la rutina de una familia de clase media, para concentrarse en los problemas de conciliación de la mujer en la sociedad occidental. Ese parece haber sido, en cualquier caso, el propósito inicial, porque Time Out evoluciona rápidamente y con gran madurez hacia una observación meticulosa de su protagonista femenina: una mujer hiperactiva y agobiada, pero también entrañable. Ese desplazamiento desde la idea abstracta al personaje profundo resulta muy interesante porque se intuye consecuencia de lo que el rodaje ha ofrecido a los realizadores, Pau Ortiz y Bruno Tarrius, que han sabido escuchar sus imágenes y construirlas sobre la marcha en función de lo que esas proponían. La vida de las personas, observada con rigor y sin contaminaciones dramáticas, ha sido siempre un ideal del documentalista y en Time Out la encontramos en una pequeña pero muy gratificante dosis.

Trazadores es un mediometraje documental más ambicioso y complejo que retrata la adolescencia de un grupo de practicantes de parkour. Aquí sí se prometen articulaciones temáticas más elaboradas y se apunta una progresión dramática de los personajes que remite a la evolución de los protagonistas de un guión de ficción. Queda delatada una tensión evidente entre las necesidades que nos ocupan cuando contamos una historia y las exigencias y aspiraciones del documentalista, que no quiere forzar su máquina de sutilezas y verdades capturadas como insectos preciosos. Por suerte, los tres directores de Trazadores (Pau Ortiz, Núria Nia y Ana Alierm) no sólo trataron de encajonar a sus personajes en un "argumento" (en el sentido más amplio de la palabra argumento), sino que recurrieron, como quien esparce semillas para saber en qué parte la tierra es fértil, a un procedimiento conocido e interesante: entregar la cámara a los protagonistas para que se filmen a sí mismos con libertad.

Que la imagen y sus aparatos son cosa común para los adolescentes no es ninguna novedad y los protagonistas de Trazadores sacan petróleo de su inexperta intuición y hacen florecer, en un documental que no esconde un árido proceso de montaje, imágenes que respiran azar y se adecúan de una forma muy natural a su contenido: conversaciones sencillas y auténticas entre jóvenes en la plenitud de su confusión existencial.

El último documental presentado, Le Cordon, fue muy distinto de los dos anteriores. En él, el tratamiento fotográfico y las composiciones remiten casi a las perfecciones formales de un videoclip elegante. Pero el material dramático es de máximo calado y riesgo: la autora, Cécile Juan, encerrada en una casa con su madre y su abuela, remueve toda la (hablemos claro) "mierda" de la relación con su progenitora, apuntando directamente a las severidades y rigores de su carácter en un sentido más implicado y agrio que en el caso de Time Out. Pura terapia filmada, el documental no encuentra su eclosión completa hasta el final y se serena un poco en las descripciones y ritmos de una convivencia que progresa gracias a una difícil y acertadísima voz en off.

Le Cordon, que no esconde sus cartas ni escatima autocrítica, resulta tan intenso como controvertido desde cierto punto de vista. Menos activo y amplio que los dos documentales que le precedieron, sus imágenes son más limpias, más perfectas, y por eso tal vez, y a pesar de una crudeza mucho mayor, puedan llegar a resultar artificiales. Como si, como ya advirtiera Susan Sontag, no procesáramos adecuadamente el dolor ajeno cuando viene envuelto en sutilezas estilísticas propias de otros registros. Los mejores momentos de Le Cordon son aquellos en los que los mecanismos estéticos de la propuesta se relajan y documental, realidad y protagonistas se miran a sí mismos superados por situaciones no completamente espontáneas, pero capaces de romper la cáscara de la verdad.

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‘Open 24h’ (Carles Torras, 2011)

Esperas en las ruinas

Open 24h, dirigida por Carles Torras y estrenada el pasado viernes, es la historia de Héctor, un vigilante nocturno al que nada le ocurre. Por mucho que busque con su linterna, siguiendo la pista de ruidos en la oscuridad, no hay intrusos en la chatarrería donde trabaja, el espacio es tan desolado que no acepta ni tan solo la trama de terror que todos esperamos. Tal vez por eso Héctor se aficiona a la astronomía, para tratar de dar un sentido a las montañas de residuos que se acumulan a su alrededor, para ver en ellas parajes de ciencia ficción donde el sueño todavía sea posible. Es así como el programa radiofónico que escucha a diario, donde se habla de las estrellas y la velocidad de la luz, se oye mientras vemos esa acumulación de ruinas industriales de tintes post apocalípticos. Y es así como el supermercado que da título al filme se inserta en una matriz fantástica: este espacio sin día ni noche, abierto a todas horas, tanto podría ser el planeta mencionado por el locutor, aquel que tiene un hemisferio eternamente iluminado y otro siempre en tinieblas, como un agujero negro, cuerpo absorbente que anula el tiempo y el espacio, un no lugar entre tantos otros que aparecen en la película: los trenes, los aparcamientos, la chatarrería.

Open 24h reanima este mundo al lanzar una mirada cósmica sobre él, aunque el resto del tiempo el filme renuncie a soñar y se articule con la acumulación de situaciones y la repetición de planos: la película trabaja pacientemente en la construcción de esta rutina, mostrando cómo Héctor busca a gente en la oscuridad, cómo camina entre la chatarra, cómo vuelve o se marcha de casa, hablando en contadas ocasiones. Por eso la película que sueña, la que puede estimular nuestra imaginación, es, también, la que pica piedra, la que nos presenta un tiempo sin concesiones, una sucesión de tiempos muertos que la convierten en una obra arriesgada. La excelente interpretación de Amadís de Murga resulta, pues, esencial, capaz de ocupar todo el filme tomando como base la contención. Afortunadamente son estos momentos los que permanecen en la memoria, pues las varias tramas narrativas que se apuntan (un juicio, una relación amorosa con una trabajadora social, unas revisiones médicas…) se revelan fallidas e innecesarias, apuntes sociológicos que renuncian al ejercicio minimalista que configura el filme. Significativamente, en una película sobre la incomunicación lo que resulta más postizo son los diálogos, a excepción de aquellos en los que no se establece comunicación alguna (con la cajera del supermercado, por ejemplo) o los que se realizan sin palabras: las miradas entre Héctor y su hermano enfermo. Tal vez por eso tengamos la sensación que algo cruje cuando, en el enjabonado de pelo en la bañera, uno de los momentos más bellos del filme, se verbaliza una hipótesis de asesinato y la comunicación táctil entre las manos de Héctor y la cabeza del otro se complementa con palabras.

En Open 24h resuenan, de lejos, Extraños en el paraíso (Stranger than Paradise, Jim Jarmusch, 1984) y Las horas del día (Jaime Rosales, 2003). También Lessons of Darkness (Werner Herzog, 1992), donde las ruinas de la guerra devienen extraterrestres. Y, como en esta película, aquí la relación que se mantiene con nuestra basura es ambigua, entre el sueño de ciencia ficción y la tristeza, entre la estetización de un blanco y negro duro y el registro de un paso del tiempo insoportable. Este es el dilema que sugieren las imágenes de la película y que se cuece en la cabeza de Héctor. Dilema fascinante, sin duda. Por todo ello, aunque a veces la película se niegue a renunciar a sus líneas narrativas, es realmente meritoria su apuesta por los tiempos muertos de espera, por esos momentos vigilantes de Héctor y del espectador. Esos momentos que, entre el sueño y la desesperación, en la circulación constante y repetitiva, consiguen hablarnos de nuestras vidas y generarnos preguntas. El estreno en salas, por todas estas razones, es realmente meritorio.

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‘El gato desaparece’ (Carlos Sorín, 2011)

Gotas de lluvia encendidas

Las pesquisas que transitan por la mente humana obedecen a dinámicas que la ciencia ha cosificado y estandarizado en base a criterios estadísticos. Si algún sujeto se desvía patológicamente de “la normalidad mayoritaria” se le intenta reciclar con los fármacos adecuados y, si se considera apropiado, se le devuelve al redil para que prosiga con la representación de su propia vida dentro de los parámetros que marcan las buenas maneras y costumbres sociales. ¿Qué puede provocar que alguien “perfectamente normal”, cabeza de familia y figura socialmente respetable abandone violentamente todas sus obligaciones mentales e incurra en la anarquía psicológica? Carlos Sorín nos ofrece una posibilidad de desbarajuste mental en El gato desaparece, cinta de estructura narrativa lineal y pausada, ajena a grandilocuencias fílmicas, pero de comedidos deslices estéticos que ahondan en la impronta que el director argentino ha sedimentado ya en anteriores trabajos como Historias mínimas (2002) y Bombón, el perro (2004).

Luis, profesor universitario especializado en filosofía de la historia, sufre un cataclismo mental a mitad de la escritura de su último libro, el que ha de ser su obra magna tras una vida dedicada al conocimiento. El celo que profesa hacia su creación le ha llevado a desconfiar de las personas que le rodean, en concreto de su ayudante, que con el teórico beneplácito de su mujer le estaría robando su trabajo de investigación. Este descubrimiento psicótico deriva en una agresión violenta hacia éste y su internamiento en una clínica psiquiátrica. Tras dicha presentación de los acontecimientos, el film arranca con la “puesta en libertad del inculpado” y su retorno al anhelado hogar, retomando la relación conyugal en la medida de lo posible en el punto en el que la habían dejado. Sin embargo, su mujer Beatriz, pese a su predisposición inicial, no conseguirá confiar plenamente en la recuperación de su marido y acabará derivando ella misma, en su abandono a la desconfianza, hacia una obsesión incontrolable. Encuadres poco favorecedores del profesor con la mirada perdida o actitudes “realizadas a deshoras” (como oír los sonidos metafóricos de una tormenta aún por llegar), que se balancean en el umbral de lo que sería normal y lo que no, allanan el terreno para que la duda se apodere rápidamente de ella. Sorín aporta los elementos hitchcockianos necesarios para sustentar la alergia matrimonial de su personaje, coqueteando discretamente con el thriller –esencial, en este sentido, la desaparición del gato Donatello tras renegar de la vuelta a casa de Luis–, pero sin abandonar una trama anclada en la relación de pareja y la confianza mutua necesaria para lubricar el engranaje emocional.

Por otro lado, bajo la premisa argumental del film afloran otras cuestiones que decoran el metraje de modo tangencial. La primera es el lugar que ocupa la farmacología en la sociedad actual, en la que se recetan pastillas constantemente para atajar, que no solucionar, cualquier atisbo de problema psicológico e incluso novedosas patologías surgidas de la iniciativa capitalista que impera en las empresas farmacéuticas. Los límites de la ciencia topan con los límites del mercado, y Luis y Beatriz se convierten en disciplinados consumidores, como corresponde a un matrimonio de clase burguesa, con necesidades no precisamente “neorrealistas”: propietarios de un Volvo, símbolo de la seguridad y fiabilidad de la que no gozan, ambos han de reubicar sus existencias y rellenar las ausencias del pasado, situación que intentarán dulcificar con las comodidades que ofrece el dinero.

El gato desaparece es una historia sencilla e introspectiva que, lejos de ser una película de altos vuelos, ofrece una mirada afilada sobre la posibilidad de que la aparición de una alteridad psíquica ponga patas arriba una vida ordenada y aparentemente consolidada. Lástima que el desenlace no esté a la altura del planteamiento ni del nudo, ni de algunas de sus bellas imágenes, como el minucioso doblado de una hoja de ensalada o las gotas de lluvia que, por efecto de la iluminación, se antojan como encendidas.

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Top FICXixón 2011

Sección Oficial

L'Apollonide - Souvenirs de la maison close (Bertrand Bonello)* - 8,20

Low life (Nicholas Klotz) - 7,44

La Guerre est déclarée (Valerie Donzelli) - 7,28

Whores Glory (Michael Glawogger)* - 6,79

Take Shelter (Jeff Nichols) - 6,13

Terri (Azazel Jacobs) - 6,00

Un amour de jeunesse (Mia Hansen-Love) - 5,94

Walk Away Renee (Jonathan Caouette) - 5,93

Faust (Alexander Sokurov) - 5,92

Play (Ruben Östlund) - 5,50

El estudiante (Santigo Mitre) - 5,43

The future (Miranda July) - 5,25

Hors Satan (Bruno Dumont) - 5,00

Iceberg (Grabriel Velázquez) - 4,75

Dark Horse (Tod Solondz) - 4,64

Vol Special (Fernard Melgar) - 4,17

Les Géants (Buli Lanners) - 3,50

Michael (Markus Schleinzer) - 2,40

* - Fuera de competición.

Resto de secciones

Road to Nowhere (Monte Hellman) - 7,42

Palácios de Pena (Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt) - 7,33

Life Without Principle (Johnnie To) - 6,50

P-047 (Kongdej Jaturanrasamee) - 6,50

Música campesina (Alberto Fuguet) - 6,33

Eighty Letters (Václav Kadrnka) - 5,75

Photographic Memory (Ross McElwee) - 5,75

Avé (Kostantin Bojanov) - 5,70

The Ballad of Genesis and Lady Jaye (Marie Losier) - 5,70

Attack the block (Joe Cornish) - 4,75

Totem (Jessica Kummacher) - 4,33

Dharma Guns (F.S.Ossang) - 3,67

Buenas noches España (Raya Martin) - 3,56

Punk's Not Dead (Vladimir Blazevski) - 3,38

 

Solo se contabilizan aquellas películas votadas por al menos tres personas.

Participaron en la votación:

A cuarta parede: Victor Paz y Pablo González Taboada.

Cineuá: Nicolás Ruiz Jiménez

Contrapicado: Gerard Casau y Ricardo Adalia Martín.

Détour: Laura Menéndez Prendes

Lumière: Miguel Blanco Hortas, Moisés Granda y Fernando Ganzo.

Miradas: Toni Junyent Rosa.

Transit: Cristina Álvarez López, Sergio Morera y Carles Matamoros Balasch.

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‘Un Dios Salvaje’ (‘Carnage’, Roman Polanski, 2011)

Lobos con piel de cordero

Desentrañar la peliaguda cuestión sobre la verdadera naturaleza humana ha acumulado tantas preguntas como respuestas a lo largo de la historia. Aun así, sobrevolamos las teorías de filósofos, historiadores, artistas y antropólogos tendiendo a reducir dicha problemática a un mero dilema: el de si el hombre es bueno por naturaleza o si, por el contrario, su esencia viene determinada por los más bajos deseos e impulsos. Si algunos se erigirían, al igual que Rousseau, como fervientes creyentes de la grandeza y la bondad del ser humano, otros muchos se harían eco de la célebre cita del comediógrafo latino Plauto, Homo homini lupus est (el hombre es un lobo para el hombre), concibiendo una condición humana que se encuentra lejos de ser tan cándida.

Con Un Dios Salvaje, Roman Polanski parece querer pronunciarse alto y claro en medio de ese debate y aboga, sin titubear, por esa visión más oscura y turbadora. Como una potente crítica hacia la falsedad de la sociedad actual, Polanski hace caer la máscara de buenas maneras e intenciones que todos llevamos para hacernos ver que el rencor, el odio, la violencia y la rabia laten con una fuerza abrumadora debajo de ésta. Lejos de dictar sentencia con discursos grandilocuentes y pedantes, el director revela la cara más perversa y salvaje del ser humano a partir de una historia anecdótica: dos parejas, los Longstreet y los Cowan (interpretados por Jodie Foster y John C. Reilly, y Kate Winslet y Christoph Waltz, respectivamente), se reúnen en el apartamento de los primeros para resolver el conflicto provocado por la pelea de sus hijos.

El temple extrañamente civilizado con el que en un inicio abordan la tensa e incómoda situación irá degenerando a pasos agigantados hasta convertirse en una guerra encarnizada de todos contra todos, en la que no faltará la violencia (verbal) y las muestras contundentes de odio. Este cambio de tono abismal se refleja en múltiples ocasiones, por ejemplo, en la escena en la que la pareja anfitriona ofrece un tentempié a los invitados –acto social de cortesía y buenos modales por excelencia–. Lo que en un primer momento serán halagos hacia las habilidades culinarias de la anfitriona posteriormente se convertirá en ataques despiadados. No obstante, el momento más revelador de la cinta es aquél en que Nancy (Winslet) vomita encima de la mesa del salón dejando los libros de arte de Penelope (Foster) empapados. En efecto, esta situación sirve de metáfora para plasmar que aquella primigenia naturaleza bruta, visceral y salvaje (el vómito) puede a ese artificial constructo que entroniza el civismo y la cultura (los libros de arte) como estandarte de la condición humana.

Esta mordaz sátira sobre la esencia del individuo debe a Yasmina Reza, escritora de la obra de teatro original Le dieu du carnage y coguionista de la película, toda la carga cómica y reflexiva de la cinta. De ritmo febril y agudas líneas, el guión rebosa inteligencia, cinismo e ironía sin olvidar los matices burlescos. Con todo, la autoría de Polanski es notable tanto en el magistral manejo de la cámara como en el hábil uso del espacio como elemento dramático en el que la disposición de los personajes y los objetos responde en todo momento a la intención de remarcar el tempo del relato. La posición de los personajes en el salón cambia a medida que la discordia va aumentando: si primero se encuentran sentados frente a frente, dispuestos a dialogar civilizadamente, después se atrincheran en distintos lugares de la habitación para recalcar la postura de autodefensa y ataque. Digno de mención es, también, el trabajo interpretativo de los actores, remarcando, muy especialmente, la grandiosa ejecución de Christoph Waltz.

Con Un Dios Salvaje, Polanski, muy probablemente, no conseguirá ensanchar la huella que han dejado en la historia del cine Repulsión (1965), La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) o Chinatown (1974). Aun así, resulta igualmente merecedora de la atención del público y de la crítica.

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