Archivo mensual: julio 2013

Leones (Jazmín López, 2012)

El bosque circular

Leones, ópera prima de la realizadora argentina Jazmín López, es un trabajo de precisión sinfónica, de instinto estético, de guión sobre guión y de sonidos. Película de gran factura sensitiva pero que resulta un tanto encorsetada. La narrativa se desarrolla sobre un tour de force visual y sobre todo sonoro, aquí todos mis apoyos y loas, ante un ejercicio cinematográfico con todas las capacidades de la filmación explotadas en el cuadro, es un verdadero viaje sensitivo pero hacia un encuentro un tanto artificial, una historia con demasiado símbolo y búsqueda de perfección modélica. Una narración circular donde varios jóvenes se pierden en un bosque, aquí otro de los aciertos, los espacios atemporales con su capacidad de envolver, encuentro de los actores e inmersión del espectador. Es un film donde el guión dirige mucho la acción hacia un final, una historia de muertos, de muerte simbólica y real; quizás la muerte de un tiempo, el de la adolescencia, y el principio de las dudas de la juventud. La trama se desarrolla a través de esos círculos, como las vueltas que dan dentro del bosque, un paseo que nos confunde –descubrimos que, como Caronte, ese bosque es un tránsito mortuorio– hacia una casa, el lugar donde van a pasar ese tiempo estival. Antes los personajes han ido descubriendo sus identidades, sus posibles conflictos, sus anhelos amorosos… en ese tránsito nos han acompañado un falso Macguffin (un revólver más para este modelo de cine medido) y conversaciones demasiado trabajadas. Su destino, el punto de no retorno, la casa tapiada en donde quieren entrar sin, parece, conseguirlo. Y un coche aboyado con síntomas de haber sufrido un grave accidente… Ahí Jazmín López nos deja la pregunta, ninguna respuesta como es natural, y delicados secretos que por doquier nos ha ido mostrando y escondiendo, para que el espectador consciente desarrolle sus propias preguntas, su propio juego, después de los créditos.

El símbolo, los actores, los elementos de la narración fueron muy medidos, liberémonos, dejemos que la cámara y el sonido hablen pero bajo otra narrativa, una línea –recalco que es mi opinión– mucho más abierta a la improvisación y la frescura de los guiones abiertos, que se encuentran con cada uno de los momentos que existen en el rodaje, en la realidad. Mi enhorabuena por la idea sensitiva de esta bobina, por la reconstrucción que el espectador debe llevar a cabo –es una ópera prima, no lo olvidemos–, aquí hay muy buenas ideas en cada fotograma y una disposición hacia un Cine futuro interesante y sugerente, pero quizás el producto responde más a un diseño muy definido del film y es eso lo que me perturba, la sensación de que todo está medido, no abierto, no hay errores y la vida está llena de ellos, incluso cuando se aplica en la ficción, en esa casa real-simbólica del Cine. Es indudable que estamos hablando de un muy buen trabajo, pero al Cine, al menos yo, le pido improvisación y sorpresa… me gusta sin corsé.

Me quedo con esta línea de guión:

-Te lo juro por Dios que no lo sabía

-Vale, Dios es rarísimo

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IndieLisboa 2013 (4)

Alicia en el país de la realidades

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La competición internacional ofreció un buen puñado de filmes, Eles voltam (Marcelo Lordello 2012), cuidadosa e inteligente, película grande de lo mínimo, uno de los más que interesantes descubrimientos de este festival. El argumento, una niña que huye de su casa junto a su hermano en Brasil. La chica se queda sola en medio de una carretera en Pernambuco, de ahí la espera y luego un viaje como Alicia, en este caso en el país de las realidades.

La película plantea dos narrativas clásicas: la espera y el recorrido, en este caso el viaje vital. Su hermano toma una decisión, dejarla sola y salir a buscar, ella espera, espera, espera, dice no a un niño, preto, pobre, que le brinda su ayuda. Ese niño va en bicicleta… preocupado y un tanto desconsolado se dirige a su poblado después de la negativa. Ella duerme tirada en un banco en la carretera, pasa la noche a la intemperie. Al día después abre sus ojos, despierta y el niño vuelve a pasar, el muchacho le vuelve a brindar su ayuda… La niña esta vez reflexiona y desiste de su actitud de resistencia, está cansada, reconoce la amabilidad del otro, lo sigue; acepta montar en su bicicleta y comienza la odisea de la vida bajo los acordes de la obra monumental de Milton Nascimento Clube da Esquina (1972). Estos primeros 15 minutos y el siguiente movimiento en pos de la odisea son Cine en estado de gracia, el momento en el que todas las imágenes se encuentran, y adquieren el sentido absoluto del viaje iniciático de ese momento vital; es el preciso instante de un niño frente a la vida, solo, cuando la inocencia desaparece para comenzar la madurez; y ese estado se recrea, es recogido por la cámara de manera sublime… la mirada de la niña, los primeros planos de su cara, los planos largos de la soledad ante el horizonte… Entramos en el tránsito en el minuto 15 montados en bicicleta, bajo los acordes de Tudo O Que Você Podia Ser, el primer corte de Clube da Esquina. Una música llena de sentido para un camino muy largo que tiene el miedo como personaje y la madurez como destino.

Película narrativa lineal llena de aciertos en el guión, en la selección de actores y sobre todo en la utilización de la imagen y los medios, recursos mínimos pero bajo la batuta de una visión completa y humanista del mundo; también crítica, emplazada en la lucha de clases, en la división de ricos y pobres – la sociedad brasileña tiene grandísimas desigualdades y una división de clases muy acentuada. Es una película basada en el propio análisis materialista de la Historia, podríamos decir que es una película de análisis marxista pero tratado desde la sutil mirada de la inocencia que irá desapareciendo hacia un despertar. Partimos del imaginario de una niña (la idea narrativa converge en la idea de Alicia de Lewis Carroll) que deambula por la realidad social. El primer peldaño de la escala son los más pobres, pero conscientes y luchadores, en este caso representados por un acampamento del MST (Movimento dos Trabalhadores Sem Terra). El niño que la ha recogido es miembro de una de las familias que acampan en las fazendas, allí le dan de comer y conoce esa realidad; vemos la mirada hacia su entorno y las primeras palabras con la pequeña de esa familia: “ese móvil es tuyo, que chulo… El primer contraste que propone la película es la confrontación material de los que tienen con los que no tienen. La niña descubre que es de clase alta poco a poco, al ver las condiciones de vida de las personas que la van recogiendo: duermen en barracas, no tienen móviles, se dedican a trabajos que nosotros, nuestra clase social, no realiza.

En el segundo de los encuentros, una señora de la limpieza junto a su hija, más cercana a la edad de nuestro personaje principal, la niña encuentra una compañera de viaje generacional pero no social, descubriendo las dificultades que tiene esta clase humilde y la serie de trabajos que tienen que llevar a cabo. La señora de la limpieza le pide a la joven adolescente que ayude barriendo una de las estancias de la casa que limpia y esta realiza la labor con cierto ademán y desgano. El cine brasileño siempre ha sido sensible a los filmes tránsito y a los desequilibrios sociales, el espacio de los excluidos, un espacio de denuncia pero también de redención, un grito existencial de toda una sociedad hacia una visión abiertamente humanista en busca de la justicia social, y donde el camino a realizar, la búsqueda, parte de la infancia, de la adolescencia o de la juventud, como la esencia del propio país. Una serie de películas como Estación central de Brasil (Central do Brasil, Walter Salles, 1998), Ciudad de Dios (Cidade de Deus, Fernando Meirelles y Kátia Lund, 2002) o Linha de passe (Walter Salles y Daniella Thomas, 2008), pero también toda una literatura como el caso de O Meu Pé de Laranja Lima (1968) de José Mauro de Vasconcelos, la educación emocional de un niño y su relación con un entorno humilde y el descubrimiento, como si de un cuento de niños se tratase, de todas las desigualdades y penurias de la pobreza. De igual forma el film socava el sentido de unas clases ricas, su total falta de sensibilidad y visión de lo social cuando sus intereses están en peligro, intereses que no remiten al bienestar global. El descubrimiento de este hecho es revelado a la niña en una conversación de sobremesa al escuchar los comentarios de su abuelo sobre las nuevas ocupaciones del MST en Brasil. Frente a las palabras desaprobando estos acontecimientos por parte del mayor, la niña responde con un “si os dijera dónde he estado os enfadaríais. Tras el retorno del viaje por los distintos estratos sociales y sus penurias, casi escalonadas, la niña retoma su día a día y vuelve a su colegio donde la espera su grupo habitual de amigas. Las chicas se sorprenden hacia los pequeños pero importantes cambios que la personalidad de su compañera ha sufrido. La niña quiere esta vez trabajar con otra compañera, esa, la solitaria y rara. Nuestra joven protagonista ha aprendido la primera lección, no excluir. Las dos nuevas amigas trabajan juntas, hablan, contemplan las dimensiones de la ciudad desde la azotea de un edificio. La cámara se detiene ante el rostro contemplativo de nuestra Alicia, observando desde las alturas, observando desde la ventanilla de un taxi. Todo el film se ha abordado desde la visión de la joven, un encuentro con la realidad y la sensibilidad de un mundo en emergencia y con una clara intención: recalcar la válida visión del mundo desde la niñez o la juventud, una visión clarividente, inocente sí, pero limpia y sin prejuicios. El film, realizado desde la consciencia, rescata muchas enseñanzas y una frase para mí conmovedora. En el segundo de los encuentros de nuestro personaje, ante la pregunta de la hija de la señora de la limpieza, ella responde sobre sus orígenes recibiendo la respuesta de su interlocutor:

- ¿A qué se dedica tu padre?

- Es abogado y mi madre tiene alquileres.

- Suertuda.

Alice no país das realidades

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A competição internacional ofereceu uma boa leva de filmes, Eles voltam (Marcelo Lordello 2012), cuidadoso e inteligente, grande filme do mínimo, uma das mais interessantes descobertas deste festival. O argumento trata sobre uma menina que foge de casa com o seu irmão no Brasil. A garota fica sozinha no meio de uma estrada em Pernambuco, à espera e depois uma viagem como Alice, neste caso no país das realidades.

O filme apresenta duas narrativas clássicas: a espera e o percurso, neste caso a viagem vital. O seu irmão toma uma decisão, deixá-la sozinha e sair à procura, ela espera, espera, espera, diz não a um menino, preto, pobre, que lhe oferece ajuda. Esse menino vai de bicicleta... preocupado e bastante desconsolado em direção ao seu povoado despois da negativa. Ela dorme num banco da estrada, passa a noite a céu aberto. No dia seguinte abre os olhos, acorda e o menino passa de novo, e outra vez lhe oferece ajuda... A menina pensa melhor desta vez e desiste da sua atitude de resistência, está cansada, reconhece a amabilidade do outro, o segue: aceita subir na bicicleta dele e começa a odisseia da vida sob os acordes da obra monumental de Milton Nascimento Clube da Esquina (1972). Estes primeiros 15 minutos e o seguinte movimento depois da odisseia são Cinema em estado de graça, o momento no qual todas as imagens se encontram, e adquirem o sentido absoluto da viagem iniciática desse momento vital; é o momento exato de uma criança diante da vida, sozinha, quando a inocência desaparece para iniciar o amadurecimento. Este estado é recreado, é captado pela câmara de maneira sublime... o olhar da menina, os primeiros planos da sua cara, os longos planos da solidão diante do horizonte... Entramos no trânsito no minuto 15, subidos na bicicleta sob os acordes de Tudo O Que Você Podia Ser, a primeira canção de Clube da Esquina. Uma música plena de sentido para um caminho muito longo que tem o medo como personagem e o amadurecimento como destino.

Película narrativa linear cheia de acertos no roteiro, na seleção de atores e principalmente na utilização da imagem e dos meios, recursos mínimos, mas sob a batuta de uma visão completa e humanista do mundo; também crítica, situada na luta de classes, na divisão de ricos e pobres – a sociedade brasileira tem grandíssimas desigualdades e uma divisão de classes muito acentuada. É um filme baseado na própria análise materialista da História, poderíamos dizer que é um filme de análise marxista, mas tratado desde o olhar sutil da inocência que irá desaparecendo para um despertar. Partimos do imaginário de uma menina (a ideia narrativa converge na ideia de Alice de Lewis Carroll) que deambula pela realidade social. O primeiro degrau da escada está ocupado pelos mais pobres, porém conscientes e lutadores, neste caso representados por um assentamento do MST (Movimento dos Trabalhadores Sem Terra). O menino que a buscou é membro de uma das famílias que acampam nas fazendas, onde lhe dão de comer e conhece essa realidade; vemos o olhar para o ambiente dele e as primeiras palavras com a mais jovem dessa família: “esse celular é seu, que fixe...” O primeiro contraste que propõe o filme é a confrontação material dos que têm com aqueles que não têm. A menina descobre pouco a pouco que é de classe alta, ao ver as condições de vida das pessoas que a vão ajudando: dormem em barracas, não têm celular, dedicam-se a trabalhos que nossa classe social não realiza.

No segundo dos encontros, uma faxineira e sua filha, mais próxima à idade da nossa personagem principal, a menina encontra uma companheira de viagem geracional, mas não social, descobrindo as dificuldades que tem esta classe humilde e a série de trabalhos que devem realizar. A faxineira pede à jovem adolescente que ajude varrendo um dos quartos da casa onde limpa e esta faz o trabalho um pouco contrariada e sem vontade. O cinema brasileiro sempre foi sensível aos filmes trânsito e aos desequilíbrios sociais, o espaço dos excluídos, um espaço de denúncia, mas também de redenção, um grito existencial de toda uma sociedade para uma visão abertamente humanista em busca da justiça social, e onde o caminho a ser realizado, a busca, parte da infância, da adolescência ou da juventude, como a essência do próprio país. Uma série de filmes como Central de Brasil (Walter Salles, 1998), Cidade de Deus (Fernando Meirelles e Kátia Lund, 2002) ou Linha de passe (Walter Salles e Daniella Thomas, 2008), mas também toda uma literatura como o caso de O Meu Pé de Laranja Lima (1968) de José Mauro de Vasconcelos, a educação emocional de uma criança e a sua relação com um ambiente humilde e o descobrimento, como se tratasse de um conto infantil, de todas as desigualdades e penúrias da pobreza. Da mesma forma, o filme retrata o sentido de umas classes ricas, sua total falta de sensibilidade e visão do social quando seus interesses estão em perigo, interesses que não estão relacionados com o bem-estar global. O descobrimento deste fato é revelado à menina em uma conversa de sobremesa ao escutar os comentários do avô sobre as novas ocupações do MST no Brasil. Diante das palavras de desaprovação destes acontecimentos por parte do avô, a menina responde com um “se eu dissesse onde estive vocês se zangariam”. Depois do regresso da viagem pelos distintos estratos sociais e suas misérias, quase gradualmente, a menina retoma o seu dia a dia e volta ao colégio onde o seu grupo habitual de amigas a espera. As meninas se surpreendem com as pequenas, porém importantes mudanças pelas quais passou a personalidade da sua companheira. A menina quer trabalhar desta vez com outra companheira, essa, a solitária e estranha. Nossa jovem protagonista aprendeu a primeira lição, não excluir. As duas novas amigas trabalham juntas, falam, contemplam as dimensões da cidade desde o terraço do edifício. A câmara para diante do rosto contemplativo da nossa Alice, observando das alturas, observando da janela de um taxi. Todo o filme foi abordado desde a visão da jovem, um encontro com a realidade e a sensibilidade de um mundo em emergência e com uma clara intenção: recalcar a visão válida do mundo desde a infância ou a juventude, uma visão clarividente, inocente sim, porém limpa e sem preconceitos. O filme, realizado desde a consciência, resgata muitos ensinamentos e uma frase comovedora para mim. No segundo dos encontros da nossa personagem, diante da pergunta da filha da faxineira, ela responde sobre suas origens recebendo a resposta do seu interlocutor:

- O que o seu pai faz?

- É advogado e minha mãe tem aluguéis.

- Sortuda.

Tradução: Adriana Cordeiro Azevedo.

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‘Antes del anochecer’ (‘Before Midnight’, Richard Linklater, 2013)

Regreso al futuro

Aunque el término más usado para definir Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995) / Antes del atardecer (Before Sunset, 2004) / Antes del anochecer (Before Midnight, 2013) es el de trilogía, intuyo que la obra magna de Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy lo que realmente forma es un tríptico: uno donde la evolución es capital pero donde los paneles paralelos tienen igual importancia. El paso del tiempo ha hecho que la superficie se haya acrecentado, dilatado y expandido, pero el retablo es único. En este caso, las bisagras que lo unen son invisibles (o rotoscópicas) pero ese fuera de campo importa tanto como lo finalmente inmortalizado porque permite un tiempo repleto de sueños y posibilidades, algo que la obra rodea y a lo que vuelve de manera continua.

Si algo revela esta nueva ampliación es el hecho de que el tríptico siempre ha sido una máquina del tiempo: desde ese primer instante en el que Jesse convence a Celine de bajar del tren en Viena apelando a su futuro yo, pasando, nueve años después, por esa vuelta incesante en París hacia un pasado imposible y culminando en una secuencia en el Peloponeso griego en la que el protagonista acaba adoptando el rol del viajante venidero, el tríptico del “Antes de” es un antes, pero también un durante y un después. Las tres partes narran el encuentro, reencuentro y desencuentro de Jesse y Celine pero ninguno de esos acontecimientos es independiente del resto. Ya desde la primera secuencia del primer filme, en la que Celine abandona su asiento en el tren tras escuchar una discusión ininteligible a manos de una pareja alemana, sabemos que el amor es tanto eso como un primer juego de miradas que todavía no necesita echar mano de las palabras. Tal y como dice Javier Marías, “el amor, que siempre tuvo fama de misterioso, empieza a serlo tanto que ya ni siquiera se sabe si es un bien o un mal” [1].

El crecimiento y encogimiento de Jesse y Celine viene también determinado por un pasado y un futuro del que nunca fueron o serán protagonistas. Un rol de hijos incapaces de entender u olvidar las decisiones de sus padres pero también un rol de padres que han abandonado su propio tiempo y agenda para convertirse en sombras de unos cuantos pares de piececitos corriendo y discutiendo. Es el paso que va desde la inclusión de los fantasmas en las vivencias de niñez hasta la incredulidad respecto a que todos los cuentos de hadas acaben con un matrimonio. Todo ello, al mismo tiempo, envuelto en las enseñanzas del “yo ya he estado aquí”, que bien puede ser una abuela eternamente enamorada de un destino que no le correspondía (una abuela que acabará impidiendo el destino que ambos se empeñaron en esbozar) u otra abuela que se prometió no ir nunca al funeral de su otra mitad (otra abuela que obliga a los protagonistas a mirar a un futuro que intuyen tan incierto como su pasado).

Si en el amanecer asistíamos a las huellas del amor en los espacios vacíos y en el atardecer visitábamos el escenario desocupado preparado para los pasos, el anochecer vincula directamente la atmósfera con los objetos arrasados después de la tormenta. También es el único panel donde Jesse y Celine abandonan el montaje conjunto o quedan separados en plano por un aire irrespirable. El tríptico es Antonioni, es Rossellini, es Rohmer, es Bergman, es incluso Godard, pero sobre todo es algo nuevo construido sobre sus enseñanzas, como si los grandes autores europeos no fuesen más que aquellas abuelas determinantes pero ausentes sobre las que uno ha construido la concepción de un universo que avanza y gira. Nada pretende repetirse porque las fronteras y muros que se derruían en aquel cine y en aquel pasado ya tienen un lugar consolidado tanto en la historia de Jesse y Celine como en los museos.

El tríptico de “Antes de” trata, sobre todo, de lo efímero. De capturar la vida como ocurre, del estar de paso, de la imposibilidad de conquistar el tiempo. De la aceptación de la persona humana como un ente transitorio donde lo que queda acaba siendo siempre el fondo. Del amor como respeto, admiración, y confianza, pero también como el mecanismo más egoísta que existe. De lo sano que es el deseo y lo insano que es el camino hacia su consecución. Del evitar el auto hartazgo y del hacer que nos quieran un poco más como única motivación vital.

El amanecer, atardecer y la medianoche abaten no porque pasen sino porque uno se da cuenta de que se han marchado cuando ya no queda lugar para las despedidas. Todo eso es lo que Linklater-Hawke-Delpy entienden perfectamente: que no puede concebirse una película sobre el amor sin que duela, porque el romanticismo es tanto el punto más extraordinario de nuestras vidas como el miedo a haberlo gastado en una sola noche.

Notas:

  1. MARÍAS, Javier: “Ocultarse el destino”, El País, 11 de diciembre de 1985. (leer el texto
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