Cada vez gana más fuerza la asunción de que la lectura de la Historia del Cine no es unidireccional ni de sentido único. Tampoco sólo progresiva, o sólo avance hacia su destrucción. Textos recientes han demostrado que es posible abrir líneas aquí y allí, que el terreno es amplio y todavía hay muchas carreteras a trazar (y en las cuales, después, circular felizmente o estrellarse). Este mapa confuso y estimulante, abierto en todas direcciones, surge como respuesta a verdades tenidas por absolutas: algunas ya las hemos superado plenamente, como la afirmación siempre victoriosa de la tecnología, pero otras todavía se incrustan como garrapatas en nuestras miradas y nuestra escritura: cualquier tiempo pasado fue mejor, la búsqueda de la imagen pura, la plasmación de la novedad absoluta, etcétera.
No vamos a negar que estas últimas consideraciones sean interesantes como puntos a tener en cuenta, pero interrogarlas se antoja productivo. Por eso en este número proponemos un acercamiento a la cuestión del remake: una práctica tan vieja como la humanidad, y pese a ello todavía víctima de numerosos prejuicios. ¿Será que el cine es un arte demasiado joven? Tal vez. Paula Arantzazu Ruiz, coordinadora de nuestro dossier, apunta en su texto introductorio la posibilidad de otra historia del cine construida a partir de los remakes, y en la que se inscribirían numerosos cineastas de prestigio. Una historia paralela que asumiría la necesidad de la copia y la obligación de superarla, estableciendo un diálogo sabroso con el original. Una asunción que, a día de hoy, con la multiplicación de autores, portales e informaciones, se nos antoja imprescindible: si no, la ingenuidad en lo nuevo puede hacer caer, fácilmente, en el sinsabor de lo estéril. En este número, pues, os proponemos varios movimientos por esta otra Historia del Cine: releer, remirar, recorrer, rehacer, reproducir y regenerar, así como unos estimulantes vínculos con la filosofía. Esperamos que la lectura os resulte interesante.
