De entre los muchos cineastas de lo salvaje a reivindicar, tal vez uno de los más meritorios es John Boorman, el cineasta responsable de productos tan fascinantes como Defensa, Zardoz o Excalibur. Un autor de filmografía rica y dispar, y algo olvidado: su cine no es tan comercial como para convertirlo en una figura reconocida por el gran público, ni tan vanguardista como para erigirse en foco de atención de las instituciones culturales. Tampoco pertenece a ninguna generación concreta, y algunas de sus películas son tan distintas entre ellas que cuesta ver, en un principio, la huella inconfundible de un autor.
Pero una mirada algo más atenta demuestra que esto no es así, y que entre sus filmes pueden establecerse numerosos vínculos temáticos y estéticos, que La selva esmeralda y Esperanza y gloria no son tan distintas como podría parecer. En este número de Contrapicado, el último de 2011, hemos querido rendir un homenaje a este gamberro con capacidad de adaptación, este autor dentro del sistema, temerosos que su nombre pueda ser olvidado, perdiéndose entre las clasificaciones generacionales o genéricas (ha transitado por varios géneros). Lo hacemos con dos textos, uno sobre su método y otro sobre las figuras masculinas de su cine, además de un repaso a algunos de sus filmes más significativos y recordados. Recuperar a Boorman es, para nosotros, un auténtico lujo (o, más bien, una auténtica fiesta), una ocasión para, como los personajes de Defensa, flirtear con lo bestial y jugar con lo bizarro. Y, como en la excursión de estos urbanitas, en el cine de Boorman encontraremos todos los problemas que pueden hacerse presentes con las experiencias salvajes: la crisis de identidad, el error, la consciencia del envejecimiento…
A este ejercicio de reivindicación se suman en este número cuatro textos más en torno a la memoria y su relación con el cine: desde las imágenes como conservación de una memoria personal en Color perro que huye, el último largometraje de Andrés Duque (a quien entrevistamos) hasta los filmes como herramientas de recuperación del pasado y de la Historia con Shoah y La cuestión humana; desde el celuloide como material de inscripción de lo acontecido, como ocurre en Aita, Light is Calling y Précis de décomposition, hasta We Can’t Go Home Again, la última película (o proyecto demencial) de Nicholas Ray, que ahora, al cumplirse el centenario del maestro, es proyectada en todo el mundo. Con estos textos os dejamos, deseándoos una inmejorable entrada en el 2012.
