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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (07/10/2012)

Expectativas en montaña rusa

Sí una película había generado expectación en la presente edición del festival, debido a la masiva campaña publicitaria y por la avalancha de buenas reseñas en festivales como el de San Sebastián, esta no era otra que The Impossible, film de J.A. Bayona destinado a consagrarle como uno de los grandes directores del momento. Una vez visionada, se puede decir que esta segunda película del director sigue lo ya mostrado en El orfanato (2007); hay talento para crear una factura impecable, un trabajo asombroso en cuanto a recreación de atmósferas, paisajes y eventos (la escena del tsunami es sencillamente apabullante). Este es el mayor triunfo de Bayona, su capacidad de armar un estructura sólida para sus películas, sin embargo a la hora de rellenarlo es donde el edificio se derrumba por completo. Siendo esta una película sobre la condición humana le falta precisamente eso, humanidad real, natural, sincera. En cambio aparece un catálogo de tomas perfectamente filmadas y planificadas, tanto que acaba por anular cualquier atisbo de emoción auténtica. Este es un film dictatorial en tanto que con los trucos de guión, de plano y un subrayado musical absolutamente incesante, estéril y agotador pretende dirigir las emociones del espectador sin dejarle espacio a que sienta realmente lo que está pasando. Al final The Impossible acaba siendo lo contrario de lo pretendido, un film de precisión matemática tan perfecta como hueca, tan impecable en su forma como grosera en lo emocional.

Al otro lado del espectro aparece una producción como Robot & Frank (Jake Schreier), donde se consigue precisamente lo que no hay en el film de Bayona. Esta es una pequeña historia, un film de factura low cost pero que se ampara en su sencillez y en la aparente imposibilidad del establecimiento de una relación entre hombre y robot. Lejos de la cursilería de títulos como El hombre bicentenario (Bicentennial Man, Chris Columbus, 1999) el discurso de Robot & Frank se articula en base a los contrastes; la premisa de un viejo ladrón con problemas incipientes de Alzheimer e incapaz de establecer una verdadera relación con su familia se contrapone a cómo lo consigue con la aparente frialdad de un robot doméstico. Con un tono que por momentos se balancea peligrosamente entre la amabilidad y la excesiva blandura se consigue finalmente empacar un producto tierno y eficaz, cuyas mejores bazas están en sus intérpretes y en su nula pretensión de grandeza. Una película que habla del placer de escuchar y ser escuchado y como esa es la base de toda relación humana sincera, aunque sea con una máquina.

También desde la amabilidad nos llega El alucinante mundo de Norman (ParaNorman, Sam Fell y Chris Butler), un film de animación que demuestra que hay vida más allá de Pixar. Cierto es que le falta cierta fluidez y reitera muchos tópicos sobre niños marginados que acaban siendo los héroes y sobre el respeto a la diferencia. No obstante tiene ciertos detalles como una estética tendiente a lo retro y unos toques grindhouse que la convierten no sólo en un entretenimiento familiar amable, también en una película si no notable sí recomendable para pasar un rato agradable.

La bomba nos llega con The Cabin in the Woods (Drew Goddard). Esta es una película que busca solo una cosa: dar placer a los aficionados del género. Lanzarlos por un mundo reconocible cuyo eje central lo podríamos encontrar en Posesión infernal (The Evil Dead, 1981) de Sam Raimi y a partir de aquí dedicarse a plasmar tópico tras tópico para sin solución de continuidad subvertirlo, destrozarlo, convertirlo en un arma de destrucción masiva en lo humorístico. Un film que posiblemente puede llegar a horrorizar a los más puristas del género pero que funcionará con todos aquellos que busquen novedades y disfruten viendo cómo aquello que reconocen y aburren puede convertirse en un tren de la bruja descarado y surrealista. Esto sólo en primera instancia, porque lo mejor del film de Drew Goddard es posiblemente un tramo final donde la locura se desata al por mayor: no es que se subviertan las reglas, es que directamente dejan de existir y por tanto cada plano es como una bomba de relojería que, por cierto, en algunos momentos le acaba por explotar al director. Se nota una cierta falta de control, un alargamiento excesivo de los tempos y se desea algo más de horror que contraponer a la balanza de las risas. Una película quizás no perfecta, pero 100% festivalera.

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya – Previa

sitges2012@apocalipsis.net

El año pasado, el Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya tuvo como leitmotiv la inteligencia artificial, pero la verdad es que la sección Oficial Fantàstic se vio inundada de películas que se aproximaban al fin del mundo, algunas de manera velada y otras explícitamente. Este año, Ángel Sala y su equipo han decidido oficializar esta (parece que nueva) corriente temática del cine actual dedicándole ya sin subterfugios al apocalipsis el protagonismo absoluto. Una propuesta interesante si echamos un vistazo en detalle al cartel oficial. En este póster (que, aprovecho para destacarlo, es uno de los mejores que recuerdo de este festival) vemos la famosa iglesia de Sant Bartomeu i Santa Tecla de Sitges, bueno, en realidad lo que vemos es la parte superior de su icónica torre octogonal medio destruida y emergiendo de las orillas de la playa entre montañas de chatarra y escombros, restos de humanidad que se amontonan bajo un cielo sobrecogedor. Lo que incita a la reflexión no es este paisaje, que hasta cierto punto sucumbe al cliché de lo que se espera de un Armagedón en Sitges, sino que es lo que descubrimos en la parte superior e inferior del cartel: arriba, los iconos que habitualmente aparecen en la barra de estado de la pantalla de un teléfono móvil (nivel de batería, intensidad de señal, hora), y abajo los que se usan para grabar contenidos también con un móvil (botón de REC, botón de grabación de vídeo, botón de captura de fotografías). Estos detalles son los que redimensionan el significado del cartel, porque en realidad no estamos ante un apocalipsis, estamos ante la grabación de un apocalipsis, lo que sugiere que el fin del mundo será retransmitido en directo y abre fascinantes debates acerca de la implantación de las nuevas tecnologías en la evolución de la especie humana, cómo han transformado esa evolución, y cómo y de qué manera estarán presentes en el fin de nuestros días, ya sea causándolo o como testigos de excepción.

Quedan tres meses para el comienzo de la edición de este año, la número 45, que se desarrollará entre el 4 y el 14 de octubre, y la Fàbrica Moritz de Barcelona (maravilloso, por cierto, el trabajo de reciclaje de este espacio histórico de la ciudad) acogió el pasado 26 de junio un primer avance de programación. De los títulos ya confirmados destacaré algunos, aunque lo haré con una obligada cautela teniendo en cuenta que lo que conocemos es una pequeñísima parte de la totalidad de la programación.

El Cuerpo, ópera prima de Oriol Paulo, inaugurará Sitges 2012 en lo que más que una tradición (abrir con una película española o, si puede ser, catalana) ya se ha convertido casi en una seña de identidad más. La cinta servirá para reunir en Sitges a tres destacados integrantes del star system patrio como son Hugo Silva, Belén Rueda y José Coronado, y se trata de un thriller de terror apadrinado por los mismos productores de dos películas que recientemente también han abierto el festival, El orfanato (J. A. Bayona, 2007) y Los ojos de Julia (Guillem Morales, 2010), lo que no es precisamente un buen augurio. Que Sitges es un festival que mima la producción nacional y le ofrece espacios de programación privilegiados no lo duda ya nadie a estas alturas, y en este sentido, a competición encontramos, entre otras producciones españolas, Insensibles (2012), debut en el largometraje de Juan Carlos Medina que anuncia un oscuro viaje por la Catalunya de los años 60 adentrándonos en una institución donde se intenta rehabilitar a niños que no sienten dolor infringiéndoles sufrimiento físico.

Chained, de Jennifer Lynch (sí, hija de su padre), supondrá el regreso de esta directora a Sitges después de ganar el premio a la mejor película en 2008 con su extraordinaria Surveillance. El hecho de que esta cinta aún hoy después de cuatro años permanezca inédita en cines españoles invita a varias reflexiones, la más obvia de ellas acerca del lamentable estado de la distribución cinematográfica en España, que de manera alarmante lleva años ignorando docenas y docenas de títulos que pasan por los festivales, títulos que, en muchos casos, incluso encajan dentro del modelo de exhibición vigente actualmente en nuestro país y que se basa en un sistema de multisalas encastadas en centros comerciales. Pero también abre la puerta a una discusión sobre la necesidad (o no) de reformular los festivales de cine habida cuenta de que parecen haber perdido buena parte de su capacidad de dar a conocer al gran público (y también al resto de la industria) nombres y propuestas que no cuenten de entrada con la infraestructura publicitaria y de distribución de las grandes compañías mundiales.

Otra de las películas que nos depara este Sitges 2012 es Sinister, de Scott Derrickson, protagonizada por un Ethan Hawke en la piel de un escritor de novelas basadas en crímenes reales que descubre que en su nueva casa se cometió un brutal asesinato múltiple. Sinister vendría un poco a confirmar el auge de un tipo de cine de terror basado más en la sugerencia que en el gore, en la creación minimalista de atmósferas (ligadas con frecuencia a escenarios cerrados como casas encantadas) antes que en la pirotecnia de los F/X. Quizás para cuestionar la anterior reflexión acerca de los festivales que lanzaba a propósito de Surveillance, hay que reconocerle a Sitges el indudable mérito de haber actuado como generador de tendencias dentro del fantástico actual cuando presentó una película tan sorprendentemente efectiva como Insidious (James Wan, 2010), que abrió la puerta de esta nueva corriente del cine de terror.

Sitges también reunirá este año algunos nombres gordos que ya han pasado antes por el certamen: David Cronenberg y su Cosmopolis; Sam Raimi como productor de The Possession, que en Estados Unidos ha tenido que ser editada para evitar la temible clasificación R y conseguir la más laxa PG-13; Eduardo Sánchez con su Lovely Molly; y mucho cuidado con este, el siempre pasado de rosca Alexandre Aja, que produce Maniac (dirigida por Franck Khalfoun), remake del oscuro clásico ochentero que promete una de las sensaciones más fuertes del festival, la de ver a Elijah Wood convertido en un turbio psycho-killer repartiendo cuchilladas y hachazos a diestro y siniestro.

John Dies At The End también supone otro rencuentro, el de todo un clásico como Don Coscarelli, director de Phantasma (Phantasm, 1979), con una película protagonizada por Paul Giamatti que dará mucho que hablar por su extraña combinación de comedia y cine de terror.

Y finalmente, una de las películas llamadas a agotar todas las localidades en sus proyecciones, ya lo veréis: Gangs Of Wasseypur, de Anurag Kashyap, una violenta epopeya criminal india de, atención, ¡cinco horas y veinte minutos de duración! Las primeras opiniones son espectaculares y hablan de una película entretenidísima, pero colocarla mucho más allá de las ocho o las nueve de la noche sería un grave error de programación que podría mermar las indiscutibles posibilidades de éxito que tiene en un festival como el de Sitges.

 

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‘[Rec]3 Génesis’ (Paco Plaza, 2012)

Dándole un toque Renoir

¿Qué tiene que ver John Esponja con Sant Jordi? ¿Berlanga con Raimi? ¿Vertov con los vídeos de bodas? La respuesta a estos parecidos irrazonables o mejor irrealizables está en [Rec]3 Génesis. Un film capaz de reunir estos conceptos al mismo tiempo que provoca una oleada imparable de gamberrismo autoparódico, de autoconsciencia rompedora, o en palabras del propio Paco Plaza “seguir rompiendo las normas”.

La apuesta de esta secuela es por el desorden, el caos, la trampa cinéfila y el vértigo argumental. Si siguiéramos el símil futbolístico: mientras que [Rec] (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007) sería un equipo jugando al tiqui-taca, parando y lanzando el juego a su antojo, [Rec]2 (Balagueró y Plaza, 2009) seguiría el mismo esquema pero anquilosado en un rondo largo que denota control pero poca efectividad y un cierto aburrimiento, y [Rec]3 Génesis se convierte en un equipo de media tabla de la premier league: ataca desenfadadamente, es alegre, sin complejos y divierte a su parroquia. ¿Sus defectos? Defensivamente sin cintura y con un medio campo organizativo nulo.

La traducción cinematográfica de todo ello es muy simple: Paco Plaza huye de esa seriedad casi impostada de la anterior secuela y decide que la mejor manera de recuperar el afecto perdido de la audiencia es precisamente no cargar con la responsabilidad de satisfacer a cualquier precio y, de alguna forma, volver a la fórmula de montaña rusa del terror. Para ello [Rec]3 Génesis se articula en dos partes claramente diferenciadas: primero el formato de falso documental sigue la estela de sus predecesoras, para luego romper con ello y sumergirnos en una ficción cinematográfica pura donde la cámara se sitúa, de forma irónica, en el ojo del espectador, remitiéndonos así al estilo (con sus variantes actuales por supuesto) de la cámara invisible del Hollywood clásico.

Es en esta primera parte donde el film brilla con mayor fuerza: ofreciéndonos un panorama costumbrista de los tradicionales personajes (personas) que pululan por estas bodas fastuosas, con un punto de “quieroynopuedismo” hortera, se aprovecha para dibujar un retrato que busca empatizar de forma cariñosa con el cliché. Efectivamente, a pesar de lo cutre de sus discursos, actos y celebraciones se consigue establecer una corriente de simpatía muy berlanguiana (o si se quiere azconiana), es decir, se les quiere por sus defectos, no por sus virtudes. Plaza consigue así algo casi tan milagroso como lograr que en escenas parejas a las de Love Actually (Richard Curtis, 2003) no den ganas de asesinar a toda la parroquia, aunque sarcásticamente sí pase a posteriori y sea esto parte fundamental de la diversión. Es aquí donde se aprovecha para lanzar también todo un discurso autoconsciente y burlesco sobre la propia concepción del cine. Un discurso puesto en boca de un personaje, Atún (ojo al parecido con un joven Álex de la Iglesia), destinado a mostrar cómo el cineasta, incluso el de bodas, bautizos y comuniones, ha interiorizado hasta el paroxismo de lo ridículo el asunto de lo metacinematográfico, reivindicando concepciones no solo fuera de lugar sino que en el contexto en el que se dicen quieren ser cultas y acaban por ser despreciadas por desconocidas. Prueba de ello esta en ese diálogo entre Atún y su interlocutor, donde este último acaba más interesado por el equipo técnico en sí que por la metodología de los planos.

En cierto modo el rompimiento abrupto del esquema ya quedaba implícito en la burla a la importancia de tener una cámara y buscar el cinéma vérité como única forma de plasmar “lo que está pasando”. Por ello la voladura controlada de la forma en la segunda parte del film resulta tan divertida como necesaria, pero a su vez arroja varios problemas. El film cobra una distancia ficcional que marca una distancia emocional mayor de la deseada: esto es, al “saber” el espectador que no está ante “hechos reales” sino ante una ficción todo pierde parte de su encanto, entrando en una dinámica peligrosa de survival horror movie rutinaria. Así muchos de los personajes siguen dirigiéndose a una cámara que ya no existe, intentando hacernos partícipes de hechos que ya vemos en la lejanía. Ahora el dispositivo se ha roto, ha quedado al descubierto y los guiños a la audiencia parecen un tanto forzados. Todo ello provoca una cierta inconsistencia global, un ritmo irregular y una sensación de querer provocar el gag de forma forzada en muchas ocasiones. Ello no es óbice para seguir disparando algunas referencias cinéfilas de calado, como la alocada masacre con motosierra, que homenajea al Peter Jackson de Braindead (1992), junto a retazos de humor absurdo que hubieran hecho las delicias del primer Sam Raimi, el de Posesión Infernal (The Evil Dead, 1981). No es hasta el final del film, y en forma casi de epílogo, que se recupera un cierto toque de salvajismo incontrolado donde la parodia natural supera con creces el horror, ofreciendo un remedo paródico de happy ending cuya violencia parece digna de Bonnie and Clyde (Arthur Penn, 1967).

En resumen, esta secuela ya juega al engaño desde el título. Efectivamente el término génesis tiene más que ver con el componente religioso que con un posible inicio de la saga, siendo así esta tercera parte más una secuela o un spin-off que una precuela al uso. Un film que se podría considerar post-posmodernista en el sentido de que ahora la autoconsciencia cinematográfica actúa sobre sí misma, dando paso a no solo necesitar plasmar visualmente la referencias cinéfilas sino incluso a ponderar sobre ellas sin necesidad de reflejarlas. Es [Rec]3 Génesis de esta manera un gran parque temático de la
risa en todas sus formas. Se ríe de las convenciones, de las ínfulas de trascendencia de las formas, de la sociedad y sus abusos estéticos horteras, incluso, con sus incongruencias argumentales, del propio desarrollo de la saga. Una película iconoclasta y divertida como pocas. Puede que no sea una obra maestra del género, incluso puede que no sea ni una buena película de terror, pero lo que nadie puede negar es que a atrevida, gamberra, desafiante y cachonda no la gana nadie. Una de las mejores bromas que servidor ha visto en un pantalla en mucho mucho tiempo.

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‘Superhéroes. Del cómic al cine’ (Tonio L. Alarcón)

Dios bendiga a Richard Donner

No es nada difícil recordar cómo hace unos años las únicas películas de superhéroes que se podían disfrutar eran el Superman de Richard Donner (1978) y los Batman de Tim Burton (Batman, 1989, y Batman Returns, 1992), películas que no sólo eran un éxito entre los fans sino que también eran altamente aclamadas por la crítica, lo que permitía a los lectores de cómics defender con orgullo la fuente de buenas ideas que la novela gráfica podía significar para el cine. No obstante, pronto las no tan brillantes secuelas del film de Donner y la aberrante continuación de la saga del hombre murciélago que llevó a cabo Joel Schumacher en Batman Forever (1995) y Batman & Robin (1997) devolvieron al cine de superhéroes la imagen de un producto secundario de ínfima calidad. Dicha imagen negativa se alimentó con intentos de adaptaciones de cómics que acababan por ser películas de muy baja calidad como El Cuervo (Alex Proyas, 1994) o Spawn (Mark Z. Dippé, 1997). Fue en X-Men (Bryan Singer, 2000) donde el cine de superhéroes dio su verdadero salto demostrando que, basándose en un cómic, era posible hacer una película correcta, equilibrada, adulta y madura, la cual, siendo fiel al espíritu de la fuente, hacía las delicias de los fans y al mismo tiempo satisfacía a la crítica. Desde entonces en estos últimos diez años hemos sido testigos de las continuas adaptaciones de historias de superhéroes a la gran pantalla, unas más correctas y exitosas que otras, pero todas ellas han acabado por conformar lo que ya ha dejado de ser un subgénero para convertirse en un género más a la altura del resto de oferta comercial de las majors de Hollywood.

En este punto es donde se sitúa el libro Superhéroes. Del cómic al cine del crítico de cine y ensayista Tonio L. Alarcón. Como él mismo dice en su prefacio:

“El presente volumen pretende paliar un defecto, en general, bastante extendido entre la crítica cinematográfica de nuestro país: el descuido con el que se tratan las adaptaciones de cómics de superhéroes, ignorando la tradición que cada personaje hereda de sus colecciones propias, y sobre todo obviando hasta qué punto la película en cuestión respeta o no la esencia de su protagonista. En un país en el que el tebeo sigue viéndose como un arte menor, una afición infantil, da la sensación de que el comentarista no tiene por qué molestarse en realizar un pequeño esfuerzo de investigación que, seguramente, enriquecería más su texto que otro tipo de referencias mucho más obtusas”. [1]

Y es que lo que lleva a cabo el autor en este libro es un recorrido conciso y fascinante por todos los superhéroes que han sido llevados al cine, desde sus orígenes en las viñetas, pasando por los seriales televisivos y las adaptaciones de animación, hasta llegar a sus versiones cinematográficas. Su análisis se centra en la temática superheroica americana, dejando de lado la tradición europea y la japonesa a las que reconoce se les haría un flaco favor al darles un tratamiento pequeño cuando lo merecen mucho mayor. Y, aunque se reconoce como un defensor de centrar la crítica cinematográfica más en el cómo que en el qué, opta en este libro por dejar de lado el análisis hondo e intenso enfocado hacia la puesta en escena. Por tanto, el lector de Superhéroes. Del cómic al cine tiene ante él un texto más ameno, ligero, cómodo y fresco, centrado en el desarrollo argumental de las adaptaciones y en la construcción de los personajes en su paso de la viñeta al celuloide. De esta forma, Tonio L. Alarcón escribe un compendio que no cesa de dar continuas referencias para todos aquellos que necesiten o quieran saber cuál es la historia de un superhéroe u otro, cuáles son los motivos de su evolución a lo largo de los años, las razones que le llevaron a ser adaptado de una forma u otra en un determinado formato, las causas que le condujeron a su triunfal o fallida versión cinematográfica y las consecuencias que ello produjo. La opción que el autor escoge al no llevar a cabo análisis incisivos y profundos de los films es la correcta, ya que incluir ese tipo de análisis en el libro habría acabado convirtiéndolo en un monstruo textual tremendamente arduo y denso.

“Mucho antes de convertirse en el máximo responsable de la primera trilogía cinematográfica consagrada a Spiderman, Sam Raimi andaba ya detrás de alguna licencia superheroica que pudiera llevar a la gran pantalla –y que le permitiera demostrar que podía hacer algo más que rodar cine de terror de serie B–. Aunque pujó por ellos, tanto La Sombra como Batman se le escaparon, y ante la imposibilidad de lograr los derechos de algún otro personaje, el director decidió que lo mejor era crear el suyo propio, desde cero.” [2]

Así comienza el capítulo dedicado al superhéroe creado por Sam Raimi directamente para el cine: Darkman. Y como podemos comprobar en el fragmento citado, el estilo de introducir el tema y los datos es fresco y jugoso, un estilo que invita a la curiosidad y al divertimento, lo que permite que este libro didáctico se convierta también en una entretenida forma de aprender y leer sobre cine. Por otro lado, este ejemplo permite comentar otro acierto de Superhéroes. Del cómic al cine y es el de incluir en sus páginas a los superhéroes creados directamente para el cine, los cuales no son adaptaciones de ningún tipo. Ello permite que este compendio repase películas tan interesantes como Darkman (Sam Raimi, 1990), El protegido (Unbreakeable, M. Night Shyamalan, 2000), Los Increíbles (Brad Bird, 2004), Hancock (Peter Berg, 2008) y Super (James Gunn, 2010), lo que conlleva observar cómo la interrelación entre cómics y cine ha ido estableciendo un lazo cada vez más intenso y estrecho.

En definitiva, Superhéroes. Del cómic al cine es una herramienta útil, interesante y divertida, editada en un formato cómodo, y sobre todo con un acertadísimo gusto por las ilustraciones que hay en todas y cada una de las páginas, tanto de pósters o imágenes cinematográficas como de fotografías de series de televisión, dibujos de cómics, etc.; un acompañamiento visual perfectamente integrado con el texto que convierte la lectura del libro en una auténtica gozada tanto para fans acérrimos como para estudiosos o simples curiosos. Es este un libro necesario, un libro que abre la puerta a que la crítica cinematográfica española acabe por tomar verdaderamente en serio este género cinematográfico sin menospreciarlo, y asimismo un libro que establece las bases para llevar a cabo muchos más estudios y análisis sobre el mundo de los superhéroes en el cine. Qué lejos parece quedar ya el momento en el que se inició todo con el importantísimo Superman de Donner en 1978, ante lo que concluyo sencillamente recomendando encarecidamente este libro y lanzando un agradecimiento de júbilo: Dios bendiga a Richard Donner.

Notas:

  1. ALARCÓN, Tonio L.: Superhéroes. Del cómic al cine, Madrid: Calamar Ediciones, 2011, p. 9. 
  2. Ídem, p. 243. 
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