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‘Raoul Walsh’, de Carlos Losilla. Ediciones Cátedra

Derivas que son una aventura

“Una posible definición del cine de Walsh: una serie de ficciones que se lanzan a sí mismas a tal velocidad, que aparecen tan desbocadas ante el espectador, que finalmente solo pueden captar matices de sí mismas, como la puerta giratoria de un local urbano que solo refleja sombras huidizas del tráfico del exterior. Y es en ese reflejo fragmentario y desdibujado, finalmente abstracto e impreciso, donde se oculta, mínima pero bulliciosa, la condición íntima y melancólica de esos destellos”. 1

Raoul Walsh es el último libro de Carlos Losilla, incluido en esa extraordinaria colección que es “Signo e imagen”, que la editorial Cátedra lleva alimentando con obras sobre cine y cineastas desde hace ya unas cuantas décadas. He de reconocer desde ya, que se juntan en este libro dos de mis debilidades cinéfilas: la electrizante energía de la puesta en escena de Raoul Walsh y la pasión y originalidad de la escritura de Carlos Losilla. De manera que nada podía impedir que este libro me hiciese mucho más llevaderos algunos días de este confinamiento.

Es un lugar común colocar a Raoul Walsh como uno de los cineastas paradigmáticos del periodo clásico de Hollywood, por mucho que ni fue un cineasta estrictamente clásico en las formas, ni fue un cineasta cuya carrera deba circunscribirse exclusivamente al periodo clásico. Es cierto que sus películas más icónicas y reconocidas, y por lo tanto las más y mejor estudiadas – Los violentos años 20 (The Roaring Twenties, 1939), Gentelman Jim (Ídem, 1942), Murieron con las botas puestas (They Died with Their Boots On, 1941), Al rojo vivo (White Heat, 1949), Objetivo: Birmania (Objective, Burma!, 1945), El hidalgo de los mares (Captain Horatio Hornblower R.N., 1951), Tambores lejanos (Distant Drums, 1951), El mundo en sus manos (The World in His Arms, 1952), o El último refugio (High Sierra, 1941)…– pertenecen a esas décadas en las que se inscribe el clasicismo, pero la verdad es que Raoul Walsh dirigió Life of Villa, su primera película, en 1914 (año en el que dirigió cinco películas más; y un año antes de interpretar al asesino de Lincoln en El nacimiento de una nación (Birth of a Nation, 1915), la película con la que Griffith comenzaba a poner en pie algunas marcas de estilo de ese Modo de Representación Institucional al que se acogió el clasicismo cinematográfico) y concluyó su carrera cincuenta años y nada menos que ciento treinta y siete películas después, con “Una trompeta lejana” (1964), cuando la modernidad ya parecía haber certificado definitivamente la defunción del clasicismo.

Olivia de Havilland en 'Murieron con las botas puestas' (Raoul Walsh, 1941)

Pero no es ese el viaje que nos propone Carlos Losilla. No hay en este libro un itinerario
cronológico, ninguna línea recta que marque el camino. En absoluto: Losilla no entiende la historia del cine como una sucesión de causas y efectos desplegados linealmente dando forma a una suerte de progreso. Y, por lo tanto, aborda la filmografía de un cineasta tan inabarcable como Raoul Walsh en un arrebato benjaminiano de imágenes y momentos dispersos que dialogan en una pirueta narrativa, observacional y analítica, a partir de la cual consigue que veamos, clarísima, la homogeneidad de toda una obra cinematográfica que transita por décadas, géneros y estilos, a la vez que nos hace notar que, sin embargo, la de Walsh es una obra que parece querer escapar de esa homogeneidad y emparentarse con cineastas y cinematografías de aquí y de allá.

Raoul Walsh, en una estampa mítica

Losilla avanza de forma implacable por la filmografía de Walsh y por los años y décadas que esta recorre analizando casi cada una del más de centenar de películas de forma exhaustiva, sin poner ninguna de ellas por encima de otra, nunca, en ningún caso: la obra completa de Walsh es para Losilla el hilo conductor del mismo discurso cinematográfico y del mismo discurrir analítico, desde Los amores de Carmen (The Loves of Carmen, 1927), que Losilla hace dialogar con la película de Eisenstein Octubre (Oktyabr, G. Aleksandrov y S.M.Eisenstein, 1927), hasta una película como Marines, let´s go, de 1961, de la que se pregunta por su relaciones con el cine de Resnais, en apariencia tan ajeno a Walsh. Y, sin embargo, la travesía es siempre zigzagueante: va de una película a otra, vuelve, salta a la de unos años después para extraer de ella algo (una mirada, un gesto, un encuadre…) que necesita para explicarnos algo que ha descubierto en otra película anterior. Y así continúa en un ejercicio de escritura torrencial y a la vez deshilachada que de alguna manera inconsciente parece imitar tanto el estilo aparatoso y expansivo de Walsh como la propia trayectoria de la obra del cineasta.

Fotograma de 'Marines, Let's Go' (Raoul Walsh, 1961)

Lo que en realidad hace Losilla es bucear entre las escenas de unas películas y otras en busca de mil y un motivos visuales que las relacionen, y que las relacionen a su vez con otras películas de otras cinematografías y otras épocas. De manera que el hilo conductor del libro no son las películas, sino las líneas de sentido que de forma apasionada e imaginativa Losilla va encontrando entre los recovecos de un autor tan capital en la historia del cine. En este sentido, resultan maravillosos algunos viajes que Losilla emprende (o hace emprender a Walsh), como por ejemplo el que se desarrolla a través del motivo visual (y narrativo) de la "caída”, que le lleva (que los lleva a ambos) desde Buster Keaton hasta Rossellini, en una travesía que va y viene por esa línea fina (a ratos invisible) entre el clasicismo y la modernidad, y del que voy a permitirme citar aquí un pequeño fragmento:

“Una ráfaga conceptual atraviesa esa línea que va de La pelirroja (Strawberry Blonde, Walsh, 1941) y Murieron con las botas puestas (They Died with Their Boots On, Walsh, 1941) a Stromboli (Roberto Rossellini, 1950), pasando por Roma, ciudad abierta (Roma, Città aperta, Rossellini, 1945): para que pudiera producirse el colapso metafísico de Ingrid Bergman en Stromboli eran necesarios antes no solo la caída de la colaboracionista en Roma, Città aperta (…), sino también los desmayos de Olivia de Havilland en esas películas de Walsh, esos dos primeros colapsos del lenguaje narrativo y humano que se dan en pleno cine clásico, ambos mudos ante el dolor que va a provocar la ausencia, ambos indispensables para que después aparezca el gran colapso, la gran mudez ante la enormidad del enigma del mundo que experimentará Ingrid Bergman. De alguna manera, aquello que el cine había ensayado con el slapstick, aquello que alcanza una primera culminación en la caída interminable de Buster Keaton por la pendiente montañosa de Siete ocasiones (Seven Chances, Buster Keaton, 1925) –que a su vez tendría una correspondencia trágica en la caída final de Bogart desde la cumbre de El último refugio (High Sierra, Walsh, 1941)–, llega con toda esa línea sucesora a un tipo de enunciación metafísico, a erigirse en la única respuesta al exceso de significado del mundo circundante –tanto que resulta inaudible si no es mediante el colapso–…”. 2

De derivas tan fascinantes como esta se nutren las reflexiones y la escritura de Carlos Losilla y, por supuesto, este libro tan apasionante como apasionado está plagado de ellas. Tal vez, como el propio autor insinúa en el prólogo, en esta obra no esté todo Walsh (aunque casi), pero sí está todo el pensamiento cinematográfico de Losilla. Un pensamiento que se expande en mil direcciones, la mayoría de ellas tan insospechadas que resulta una auténtica aventura vagar por ellas.

1 LOSILLA, Carlos, Raoul Walsh, Cátedra, Pág 81

2 LOSILLA, Carlos, Raoul Walsh, Cátedra, Págs 90-91

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Lo mejor del 2018

Se acaba este 2018 y solo queda hacer dos cosas: el balance cinematográfico general y las listas con lo mejor de las películas estrenadas en nuestras salas. Para lo segundo contamos con la inestimable ayuda de algun@s amig@s, colegas de la crítica, que nos han cedido su tiempo, su buen criterio y su amor por el cine en forma de TOP10. (Ver más abajo, después del texto). Y también, por supuesto, estan los TOP10 de los editores de esta revista.

En lo que a balance se refiere, este ha sido un año muy fructífero en general (y también para el cine español), aunque sigue habiendo algunas notas discordantes: si bien la calidad del cine estatal ha sido más que notable (y parece que también su nivel de producción va en aumento), le sigue faltando visibilidad a esas películas que solo llegan a verse en festivales, y más notoriedad a esas otras que con mucha fortuna llegan a estrenarse en salas comerciales, aunque sea en sesiones muy puntuales y dosificadas. Hay que agradecer, por tanto, el papel que juegan esas pequeñas salas que se rigen más por el criterio y por el riesgo, que por la apuesta segura y rentable que les garantizaría su supervivencia de forma automática, y que por tanto, programan esas pequeñas joyas que piden a gritos un visionado. Estamos hablando, claro está, del Zumzeig Cinecooperativa o de Cinemes Girona en Barcelona, de Numax en Santiago de Compostela, o de Artistic Metropol en Madrid, entre otras. Pero también del archivo Xcèntric en el CCCB y de festivales como L'Alternativa, el DOCS y el D'A en Barcelona, el Punto de Vista en Iruña, el REC Tarragona, el Festival Márgenes, el FIC Xixón, el Cinemad, el Festival Internacional de Cine de Huesca, o el Atlantida Film Fest de Mallorca (organizado por Filmin), y tantos otros. Y a pesar de que cierren algunas salas históricas de las grandes ciudades (en ese proceso imparable de gentrificación que también afecta al ámbito cultural) y se vaya borrando, poco a poco, nuestra memoria cinéfila (y esto nos entristezca), en Contrapicado celebramos esta resistencia que supone la conquista de un espacio de programación libre y no dependiente únicamente de los dictados del capital.

Ainhoa: yo no soy esa, de Carolina Astudillo. Una pequeña joya.

No podemos olvidar, por otra parte, que las nuevas plataformas audiovisuales (con Netflix a la cabeza) han venido para quedarse y que los hábitos de los espectadores llevan años mutando hacia una forma de consumo "en petit comité". En este 2018, Netflix ha vuelto a protagonizar una polémica (Cannes se negó a programar Roma de Cuarón, que finalmente ganó el León de Oro en Venecia), siendo su segunda en festivales en dos años consecutivos después del caso Okja (Bong Joon-Ho, 2017). Pero lo cierto es que esta plataforma audiovisual se ha convertido este año en un todoterreno de la producción (con el cine como valor al alza) alcanzando los niveles de toda una major. Y a esta se le suman, con mayor o menor acierto, las demás plataformas de VOD (la pionera Filmin, Mubi, HBO, etc). No nos engañemos, si han surgido ha sido para cubrir una demanda de consumo audiovisual "casero", que es por lo que nuestras vidas llenas de falta de tiempo acaban optando. Su gran virtud es contar con un catálogo de títulos tan grande y diversificado como para no salir de casa en años.

Roma, de Alfonso Cuarón. Flamante producción de Netflix.

Así las cosas, la sensación general es que cada vez hay una mayor producción audiovisual y no tenemos tiempo material de verlo todo. Parece sintomático, pues, y hasta inevitable, que existan las listas, para ayudarnos poniendo algo de orden en este extraño universo audiovisual, en continua expansión, pero a la vez más concentrado en unas pocas estrellas fugaces. Y aunque en Contrapicado dejamos hace un tiempo de poner estrellitas a los estrenos, lo que no dejamos es de hacer listas:

TOP-10

Javi Cózar (El Hype, Contrapicado)

  1. Un lugar tranquilo (A Quiet Place) (John Krasinksi)
  2. Mandy (Panos Cosmatos)
  3. The Unthinkable (Den blomstertid nu kommer) (Victor Danell)
  4. La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House) (Mike Flanagan)
  5. Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri) (Martin  McDonagh)
  6. Yo, Tonya (I, Tonya) (Craig Gillespie)
  7. Aniquilación (Annihilation) (Alex Garland)
  8. Hereditary (Ari Aster)
  9. Mute (Duncan Jones)
  10. Blanco perfecto (Downrange) (Ryûhei Kitamura)

Jorge-Mauro de Pedro (Culturaca)

  1. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  2. Burning (Lee Chang-dong)
  3. Lazzaro feliz (Lazzaro felice) (Alice Rohrwacher)
  4. Ready Player One (Steven Spielberg)
  5. Roma (Alfonso Cuarón)
  6. La fábrica de nada (A fábrica de nada) (Pedro Pinho)
  7. Braguino (Clément Cogitore)
  8. Caras y lugares (Visages villages) (JR y Agnès Varda)
  9. Yo, Tonya (I, Tonya) (Graig Gillespie)
  10. A Silent Voice (Koe no katachi) (Naoko Yamada)

Albert Elduque (University of Reading, Contrapicado)

  1. The Florida Project (Sean Baker)
  2. Zama (Lucrecia Martel)
  3. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  4. El reverendo (First Reformed) (Paul Schrader)
  5. Call Me by Your Name (Luca Guadagnino)
  6. El veredicto. La ley del menor (The Children Act) (Richard Eyre)
  7. Infiltrado en el KKKlan (BlacKKKlansman) (Spike Lee)
  8. Las guardianas (Les gardiennes) (Xavier Beauvois)
  9. Bohemian Rhapsody (Bryan Singer)
  10. Ready Player One (Steven Spielberg)

Toni Junyent (Transit, Miradas de Cine)

  1. Caras y lugares (Visages villages) (JR y Agnès Varda)
  2. Lazzaro feliz (Lazzaro felice) (Alice Rohrwacher)
  3. El león duerme esta noche (Le lion est mort ce soir) (Nobuhiro Suwa)
  4. Burning (Lee Chang-dong)
  5. Mudar la piel (Ana Schulz y Cristóbal Fernández)
  6. Western (Valeska Grisebach)
  7. Un sol interior (Un beau soleil intérieur) (Claire Denis)
  8. Hereditary (Ari Aster)
  9. El infinito (The endless) (Justin Benson y Aaron Moorhead)
  10. Amante por un día (L'amant d'un jour) (Philippe Garrel)

Antoni Peris Grao (Miradas de Cine, Culturaca)

  1. Dhogs (Andrés Goteira)
  2. Ainhoa, yo no soy esa (Carolina Astudillo)
  3. No Intenso Agora (João Moreira Salles)
  4. Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake) (David Robert Mitchell)
  5. Burning (Lee Chang-dong)
  6. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  7. The Florida Project (Sean Baker)
  8. Lazzaro feliz (Lazzaro Felice) (Alice Rohrwacher)
  9. La balada de Buster Scruggs (The Ballad of Buster Scruggs) (Joel & Ethan Coen)
  10. The Wild Boys (Les garçons sauvages) (Bertrand Mandico)

Endika Rey (Otros Cines Europa, Transit)

  1. Call me by your name (Luca Guadagnino)
  2. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  3. Un asunto de familia (Manbiki kazoku) (Hirokazu Koreeda)
  4. Zama (Lucrecia Martel)
  5. 120 pulsaciones por minuto (120 battements par minute) (Robin Campillo)
  6. Lazzaro feliz (Lazzaro Felice) (Alice Rohrwacher)
  7. Burning (Lee Chang-dong)
  8. Roma (Alfonso Cuarón)
  9. Caras y lugares (Visages villages) JR y Agnès Varda
  10. Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake) David Robert Mitchell

Paula Arantzazu Ruiz (SensaCine, Cinemanía, Ara)

  1. Lazzaro feliz (Lazzaro felice) (Alice Rohrwacher)
  2. El tránsito (Transit) (Christian Petzold)
  3. Entre dos aguas (Isaki Lacuesta)
  4. Isla de perros (Isle of dogs) (Wes Anderson)
  5. Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake) (David Robert Mitchell)
  6. Roma (Alfonso Cuarón)
  7. Climax (Gaspar Noé)
  8. Museo (Alonso Ruizpalacios)
  9. Mudar la piel (Ana Schulz y Cristobal Fernández)
  10. La balada de Buster Scruggs (The Ballad of Buster Scruggs) (Joel & Ethan Coen)

Jon Ruiz Rodríguez (¡A txiflar! Blogspot)

  1. El hilo invisible (The Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  2. Roma (Alfonso Cuarón)
  3. Cold War (Zimna wojna) (Paweł Pawlikowski)
  4. La forma del agua (The Shape of Water) (Guillermo del Toro)
  5. Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri). (Martin  McDonagh)
  6. El reino (Rodrigo Sorogoyen)
  7. Dogman (Matteo Garrone)
  8. Isla de perros (Isle of Dogs) (Wes Anderson)
  9. Viudas (Widows) (Steve McQueen)
  10. Lazzaro feliz (Lazzaro felice) (Alice Rohrwacher)

Manu Yáñez (Otros Cines Europa, Fotogramas, Ara Play, Film Comment, Rockdelux, El Cultural)

  1. Blue (Apichatpong Weerasethakul)
  2. Lazzaro feliz (Lazzaro felice) (Alice Rohrwacher)
  3. High Life (Claire Denis)
  4. Hotel by the River (Hong Sang-soo)
  5. La flor (Mariano Llinás)
  6. El libro de imágenes (Le livre d’image) (Jean Luc-Godard)
  7. Mirai (Mamoru Hosoda)
  8. Relaxer (Joel Potrykus)
  9. Transit (Christian Petzold)
  10. Al otro lado del viento (The Other Side of the Wind) (Orson Welles)

Listas de los editores

Marla Jacarilla (Contrapicado, Culturaca) 

  1. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  2. La fábrica de nada (A fábrica de nada) (Pedro Pinho)
  3. Apuntes para una película de atracos (León Siminiani)
  4. Ainhoa, yo no soy esa (Carolina Astudillo)
  5. Burning (Lee Chang-Dong)
  6. Lazzaro Feliz (Lazzaro Felice) (Alice Rohrwacher)
  7. Dhogs (Andrés Goteira)
  8. Manifesto (Julian Rosefeldt)
  9. Granny’s Dancing On the Table (Hanna Sköld)
  10. Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake) (David Robert Mitchell)

Carlos Balbuena (Contrapicado)

  1. Cantares para una Revolución (Ramón Lluís Bande)
  2. Zama (Lucrecia Martel)
  3. La fábrica de nada (A fábrica de nada) (Pedro Pinho)
  4. Burning (Lee Chang-Dong)
  5. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  6. Con el viento (Meritxell Colell)
  7. La cámara de Claire (La caméra de Claire) (Hong Sang-Soo)
  8. Isla de perros (Isle of Dogs) (Wes Anderson)
  9. Al otro lado del viento (The other side of the Wind) (Orson Welles)
  10. Clímax (Gaspar Noé)

Aaron Cabañas (Contrapicado)

  1. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  2. Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri) (Martin  McDonagh)
  3. Un asunto de familia (Manbiki kazoku) (Hirokazu Koreeda)
  4. Lazzaro feliz (Lazzaro Felice) (Alice Rohrwacher)
  5. Cold War (Zimna wojna) (Pawel Pawlikowski)
  6. Zama (Lucrecia Martel)
  7. The Florida Project (Sean Baker)
  8. Entre dos aguas (Isaki Lacuesta)
  9. Elefantes (Carlos Balbuena)
  10. Ainhoa, yo no soy esa (Carolina Astudillo)

Las películas del año (por número de votos)

  1. Lazzaro feliz (Lazzaro Felice) (Alice Rohrwacher)
  2. El hilo invisible (Phantom Thread) (Paul Thomas Anderson)
  3. Burning (Lee Chang-Dong)
  4. Zama (Lucrecia Martel)
  5. Roma (Alfonso Cuarón)
  6. Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake) (David Robert Mitchell)
  7. The Florida Project (Sean Baker)
  8. Caras y lugares (Visages villages) (JR y Agnès Varda)
  9. Tres anuncios a las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri) (Martin  McDonagh)
  10. La fábrica de nada (A fábrica de nada) (Pedro Pinho)

          Ainhoa: yo no soy ésa (Carolina Astudillo)

          Isla de perros (Isle of Dogs) (Wes Anderson)

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Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián 2018 (Clausura)

Palmarés alternativo

Ahora que ha pasado un tiempo desde que se anunciara el palmarés de la 66ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con algunos títulos ya en cartelera, es quizá una buena ocasión para recordar algunos de los momentos más destacados a través de una selección personal y alternativa de premios a partir de algunas de las películas vistas en las diferentes secciones del festival:

Mejor vestuario:

Jo Thompson por In Fabric (Peter Strickland)

El vestido asesino de la película de Strickland podría colgar perfectamente en el fondo de armario de cualquier giallo. El ensayo audiovisual que anticipaba Berberian Sound Studio (2012) se complementa ahora en un estudio completo y autoconsciente que asume las claves del terror italiano más exacerbado. In fabric convierte la trastienda de unos grandes almacenes de ropa en un aquelarre satánico y la temporada de rebajas en una jornada infernal. Una crítica a la sociedad de consumo tan lúdica como el juego de Strickland con el género.

Mejor canción:

‘Shallow’, de Lady Gaga y Bradley Cooper (A Star is Born, Bradley Cooper)

El debut de Bradley Cooper en la dirección lo tiene todo para contentar al jurado de los Oscar. Al parecer, a cada generación le corresponde su remake del clásico de George Cukor Ha nacido una estrella (1954), y Bradley Cooper ha optado por una actualización donde convierte a Lady Gaga en excusa para su propio lucimiento. Sin embargo, el rock de Cooper, llenando festivales de música como Coachella o Glastonbury, es tan viril como frágil, y queda rápidamente eclipsado por la voz de Gaga. Ahí está esa versión de ‘La vie en rose’. Bradley Cooper no ha descubierto ninguna estrella: simplemente ha sabido explotarla. No sorprendería nada ver a la pareja, actuando a dúo, en la próxima edición de los premios de la Academia.

Mejor banda sonora:

Olivier Arson por El reino (Rodrigo Sorogoyen)

Si la corrupción en España hubiera sido una fiesta, muy probablemente habría seguido el ritmo desfasado de un after. Las composiciones electrónicas de Olivier Arson consiguen atrapar al espectador desde el primer compás en un ritmo frenético y tenso de persecuciones, construyendo una atmósfera vibrante. El último thriller de Rodrigo Sorogoyen se mueve al ritmo de la música de Arson y del agresivo movimiento de su protagonista, interpretado por Antonio de la Torre. Quizá a El reino le falte algo de sutileza en su discurso crítico pero, como decía John Doe en Seven (David Fincher, 1995), “si quieres que la gente te escuche no puedes limitarte a darles una palmadita en el hombro: hay que usar un mazo de hierro; solo entonces se consigue una atención absoluta”.

Mejor set piece de acción:

Illang, la brigada del lobo (Kim Jee-woon)

La adaptación del manga ‘Kerberos Panzer Cop’ de Mamoru Oshii habría sido mucho más estimulante si, en sus más de dos horas de metraje, hubiera aligerado su densidad narrativa para centrarse en los bloques de acción. Intentando concentrar doce años de narrativa serial en una única película, el largometraje de Kim Jee-woon naufraga en un batiburrillo de personajes, intrigas y distopías políticas. De haber prescindido de alguno de sus múltiples epílogos o de haber disminuido los bloques de información para abandonarse puramente a la acción, perfectamente podríamos estar hablando de una película a la altura de John Wick.

Mejor montaje:

Yanan Qin por Long day’s journey into the night (Bi Gan)

La fractura con el dispositivo que se produce a mitad de la película de Bi Gan no tiene nada de gratuito. El cambio tecnológico, que invita al espectador a continuar la travesía en 3D, supone la transición de un mundo hacia su reverso onírico. Bi Gan incide sobre las posibilidades estéticas del plano secuencia -recurso que ya había marcado su anterior película, Kaili Blues (2015)- para llevarlo un paso más allá. La cámara vuelve a liberarse de los anclajes que la mantienen fija a los personajes y la trama, y se convierte en una nueva entidad que deambula y gravita con aparente libertad por los escenarios de un largo viaje del día hacia la noche.

Mejor fotografía:

Roma (Alfonso Cuarón)

Alfonso Cuarón es el guionista, realizador, director de fotografía y montador de Roma. Ya sea en el espacio, en un futuro distópico o navegando por el álbum de su memoria íntima, la impronta del cineasta mexicano queda siempre patente a través de una suerte de épica íntima, donde todo resulta ampliado y magnificado por la puesta en escena. Filmada en blanco y negro y en un formato 2.35 : 1, la Roma de Cuarón es un álbum familiar demasiado grande para las pequeñas pantallas de Netflix.

Mejor actriz:

Eva Llorach por Quién te cantará (Carlos Vermut)

Cuando la superestrella musical Lila (Najwa Nimri) pierde la memoria, su representante acude a una de sus mayores fans, Violeta (Eva Llorach), para que ayude a la cantante a recuperar su personalidad. De la relación entre los dos personajes femeninos surge un juego psicológico en el que Carlos Vermut cruza referencias a Kafka, Lynch, Bergman, Alaska o Mocedades. Un drama psicológico en el que la interpretación de Eva Llorach es simplemente deslumbrante. Con una simple mirada, la actriz es capaz de decir prácticamente todo sin articular apenas ninguna palabra.

Mejor actor:

John C. Reilly por The Sisters brothers (Jacques Audiard)

Teniendo en cuenta lo transitados que están los paisajes del viejo oeste, parece prácticamente imposible caminar por ellos y dejar huella alguna. Si, además, se cabalga junto a Joaquin Phoenix, la cosa parece más complicada todavía. Sin embargo, John C. Reilly está colosal y no solo despliega una química insuperable con su hermano Sister -el de Audiard es uno de los mejores westerns fraternales-, sino que además asume el rol de líder con total naturalidad. Probablemente, su mejor interpretación desde Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999).

Mejor guion:

Drew Goddard por Malos tiempos en El Royale (Drew Goddard)

Después de deconstruir los tópicos del cine de terror en la sobresaliente The cabin in the woods (2012), Drew Goddard se lanza en solitario a escribir un thriller lleno de giros de guion. Cambiando la cabaña en el bosque por un hotel en decadencia y al grupo de adolescentes por un buen puñado de indeseables dignos de Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2016), Malos tiempos en El Royale coquetea con el suspense del cine de Hitchcock y la ingeniosa charlatanería de las películas de Tarantino.

Mejor directora:

Celia Rico por Viaje al cuarto de una madre

El primer largometraje de Celia Rico tiene muy poco de debut y mucho de madurez. La calidez y la ternura de Viaje al cuarto de una madre solo se pueden explicar con esa imagen en la que madre e hija (inmensas Lola Dueñas y Anna Castillo) se refugian bajo una manta en su sofá. El universo íntimo de la película, constreñido a la vivienda familiar, crece con cada uno de los pequeños detalles que componen este precioso mosaico sobre las relaciones materno-filiales.

Mejor director:

Isaki Lacuesta por Entre dos aguas

El trabajo que Isaki Lacuesta firma como director en Entre dos aguas es fascinante a muchísimos niveles. El más evidente, quizá, es el relacionado con la temporalidad: siguiendo la estela de otros autores como Richard Linklater, Lacuesta recupera a algunos de los personajes que ya había filmado 12 años atrás -en La leyenda del tiempo (2012)-, convirtiendo el cine en registro fundamental del paso del tiempo.

El otro tiene que ver con la proximidad: desde filmar un parto hasta meterse entre las sábanas de unos personajes que difícilmente podemos distinguir hasta qué punto son reales o ficticios. Y, en este sentido, dejar que ellos mismos se expresen con naturalidad: con su propio acento, su deje y su jerga, es otro de los triunfos de la película a la hora de construir un escenario real. Demasiado real, quizá, porque las imágenes de Entre dos aguas pueden resultar poco estilizadas, pero el profundo respeto y el cariño con el que filma a sus personajes -y los paisajes en los que se inscriben- son insobornables. Si tomamos como máxima el principio por el que el cine debe restablecer la dignidad de lo filmado, la película de Isaki Lacuesta es una obra monumental.

Gran premio especial:

Le livre d’image (Jean-Luc Godard)

A sus 87 años, Jean-Luc Godard no ha perdido ni un ápice de su rebeldía. Le livre d’image es un aluvión de aforismos y reflexiones que amenaza en todo momento con derribar la paciencia de cualquier espectador. A partir de un amalgama de fragmentos visuales y sonoros que se descomponen, se recomponen y, en definitiva, se descubren en constante mutación, Godard reflexiona sobre el poder de la imagen en el siglo XXI, pocos años después de que pronunciara su Adiós al lenguaje (2014). Prolongando el espíritu crítico de sus Histoire(s) du Cinéma (1989-1999), Le livre d’image puede ser visto como un epílogo que extiende las reflexiones del cineasta a los tiempos de la era digital.

Mejor película:

High Life (Claire Denis)

La incursión de Claire Denis en el espacio exterior habría formado un programa doble muy interesante con otra de las películas del festival: First Man (Damien Chazelle). En ambos casos, la travesía espacial se vive a partir del trauma y la muerte, convirtiendo las naves en auténticos ataúdes. Sin embargo, partiendo de dos premisas similares, los caminos no podían ser más opuestos. Mientras que la película de Chazelle se decanta por un modelo aparentemente riguroso, científico y biográfico, Claire Denis dinamita cada uno de esos puntos para quedarse con lo más esencial. En High Life la tecnología es completamente obsoleta (desde los ordenadores hasta los trajes de astronauta), las cuestiones relacionadas con la física son inverosímiles y la ciencia se retuerce hasta el punto de convertirse en magia negra, con una Juliette Binoche transformada directamente en bruja. Mientras la película de Chazelle aspira a la exaltación tecnológica y la redención nacional, la High Life de Claire Denis se sumerge en las miserias de sus personajes para explorar las contradicciones del individuo. Una ciencia ficción, la de Denis, completamente humanista.

Publicado en Festivales, Jump cut | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián 2018 (Clausura)

Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián (26/09/2018)

Jornada 6

 

Vision (Naomi Kawase)

¿De qué va? Jeanne (Juliette Binoche) viaja a Japón en busca de la “vision”, una planta exótica con cualidades curativas.

¿Y qué tal? Naomi Kawase se pone trascendental en un drama donde la visión occidental se cruza con la filosofía asiática. Más que iluminar a sus figuras, Kawase las baña en una claridad en la que se funden figura y fondo. El paisaje se convierte en un personaje más. En Vision, todos los temas de la obra de la directora nipona aparecen concentrados, casi de manera forzada: la cuestión familiar, la búsqueda de la identidad, la memoria privada, la pasión… Kawase incluso se permite el uso de imágenes que bien podrían haber sido extraídas de su propio imaginario íntimo. Sin embargo, el pensamiento zen de Vision no termina de encajar con la afectada presencia de Binoche, que parece una simple turista, de visita, por los bosques místicos de Japón.


Roma (Alfonso Cuarón)

¿De qué va? La vida de una familia mexicana de clase media durante los años 70.

¿Y qué tal? Si al León de Oro en Venecia sumamos que una de las productoras de Roma es Netflix, podemos hacernos una idea del morbo -o la expectación- desatada por la última película de Alfonso Cuarón. Después de Gravity (2013), el director mexicano vuelve a la Tierra para escribir, filmar y dirigir él mismo la que podría ser su obra más personal, si no la mejor. A la altura de la mejor literatura latina, Roma podría ser perfectamente el equivalente cinematográfico de la obra de Rulfo o García Márquez.

En un blanco y negro preciosista, desde una posición prácticamente frontal y tomando siempre la distancia adecuada, cada fotograma de la película de Cuarón es una postal dentro de un sublime álbum fotográfico. Sin duda, Roma prolonga los principales temas que el director mexicano venía planteando desde películas aparentemente tan alejadas como Hijos de los hombres (Children of Men, 2006), e incluso se sirve de ciertos recursos formales que podrían recordar al despliegue visual de sus anteriores producciones. Un ejercicio interesante sería, quizá, recuperar la filmografía anterior del director bajo la luz de Roma, su obra abiertamente más íntima, no tanto para ver cuánto hay de sus otras películas aquí, sino para ver cuánto hay de Roma en sus anteriores películas.


High Life (Claire Denis)

¿De qué va? Monte (Robert Pattinson) y su hija pequeña vagan por el universo, aislados dentro de una nave espacial.

¿Y qué tal? Siendo “tabú” la primera palabra que el personaje de Robert Pattinson enseña a su hija, y teniendo en cuenta la carrera cinematográfica de Claire Denis, uno puede jugar a intuir por dónde va a desarrollarse la acción. La odisea espacial de High Life tiene todos los elementos constitutivos de la ciencia ficción (la nave espacial, la inmensidad del cosmos, el astronauta a la deriva…), pero todo ello no es más que un pretexto para hablar del ser humano desde un sentimiento atávico. La violencia, la soledad, la supervivencia… En el terror espacial de Claire Denis, lleno de crueldad, sangre y esperma, las prácticas de la Dra. Dibs (Juliette Binoche) están más cerca de los rituales oscuros que de la actividad científica.

Justo ahora, cuando la ciencia ficción está cada vez más obsesionada por el rigor y la aprobación científica -con películas como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), Interstellar (Christopher Nolan, 2014), La llegada (Arrival, Denis Villeneuve, 2016) o First Man (Damien Chazelle, 2018), por ejemplo-, High Life se escora en el lado opuesto. Los ordenadores de la película de Claire Denis son conscientemente falsos, la tecnología es obsoleta, los uniformes espaciales son harapos. Se trata de una ciencia ficción de corte humanista que ya no hace tanto énfasis en la palabra “ciencia” sino en la “ficción”: en la capacidad de ensoñación del ser humano. De ahí los pasajes casi oníricos, el mundo pesadillesco o las licencias que Claire Denis se toma para, después de todo, acabar hablando del ser humano más primitivo. Más cercana a la literatura rusa que a la espectacularidad norteamericana, en High Life los siniestros fantasmas de Los canallas (Les Salauds, Claire Denis, 2013) han vuelto a iluminar los pasillos de Solaris (Andrei Tarkovsky, 1971).

 

Blackkklansman (Spike Lee)

¿De qué va? Un agente de policía negro, Ron Stallworth (John David Washington), se infiltra en el Ku Klux Klan con la ayuda de su compañero judío, Flip Zimmerman (Adam Driver).

¿Y qué tal? La broma telefónica de Spike Lee empieza teniendo su gracia, aunque se agota casi tan rápido como el discurso del director. Durante más de dos horas, Lee insiste una y otra vez en la estupidez de la comunidad redneck y la exaltación de la comunidad negra. Mientras artistas como Barry Jenkins, Ryan Coogler o Jordan Peele (productor de la película de Spike Lee), están transformando la representación de la comunidad afroamericana y generando nuevos debates, el cineasta de Atlanta se queda atrapado en su discurso obsoleto. Curioso, que el director que reprochaba a Quentin Tarantino el convertir el holocausto de la comunidad negra en un spaghetti western, haga ahora una buddy movie con el Ku Klux Klan de fondo.

Por el título de la película en su distribución española, Infiltrado en el KKKlan, uno podría imaginarse la película de Lee como un entretenimiento a la altura del díptico Infiltrados en clase (21 Jump Street, Phil Lord y Christopher Miller, 2012) e Infiltrados en la universidad (22 Jump Street, Phil Lord y Christopher Miller, 2014), pero su dirección es perezosa, y su obsesión por erigirse como monumento de denuncia política le hacen caer en una tediosa solemnidad. Como comedia, Blackkklansman habría sido quizá más interesante si, en lugar de optar por dos horas de sermón moralista y un sentido del humor bochornoso, hubiera seguido el modelo mucho más sofisticado de Dos rubias de pelo en pecho (White Chicks, Keenen Ivory Wayans, 2004).

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