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Sitges 2013 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (16/10/2013)

Profundidad y diversión: hoy antagonistas

V/H/S/2 es un claro ejemplo de cómo revisar un producto, analizar los errores pasados y realizar una película que cumpla la idea original siendo más fiel y mejor que su predecesora. Esta nueva entrega de películas de terror en capítulos parece guiarse por el principio de que menos puede ser más. De esta manera se reducen los episodios de siete a cuatro y la trama, por así llamarla, principal pasa a ser poco menos que un hilo conductor a modo de excusa para presentar los miniepisodios. Evidentemente, como en todos estos tipos de producciones, hay una disparidad entre la calidad de cada uno de los segmentos. Sin embargo en este caso uno de los motivos por los que la película funciona es por conseguir el equilibrio entre ellos, o incluso crear un crescendo que llega a su paroxismo en el tercer episodio, dirigido por Gareth Evans (director de Redada asesinaSerbuan maut, 2011–), una auténtica locura que por sí misma valdría ya la pena visionar. Sectas, zombis, espíritus maléficos, abducciones, todo ello reunido en una sola cinta con sustos garantizados, pero también mucha diversión. O lo que es lo mismo un terror old school resucitado y ejecutado de la mejor manera posible.

Expectación ante lo que Brillante Mendoza podría ofrecer en su aparente primera incursión en el cine de terror. Y sí, hay que remarcar el concepto de la apariencia porque las posesiones demoníacas son solo una excusa, una metáfora para hablarnos de la guerra de audiencias, del todo vale de los medios de comunicación para ganar público. En cierta manera es esa la posesión de la que nos quiere hablar el director filipino. Una metáfora que nunca acaba de funcionar ante la morosa presentación de personajes, el vaivén argumental y un uso de recursos para generar angustia ciertamente pobre. Incluso todo ello sería disculpable si no fuera porque Mendoza nunca acaba de creerse la película que está haciendo, nunca marca los límites de su propuesta y siente un cierto temor a defraudar a sus dos tipos de espectador para este film. Marcas de autor y de género se entrelazan a menudo por cuestiones que parecen más destinadas a satisfacer expectativas que a seguir una coherencia argumental. ¿Qué le falta pues a Sapi? Ante todo ritmo, pero fundamentalmente definición. No tanto en el qué sino en el cómo. Proyecto fallido el de Brillante Mendoza, pero aun así se le pueden sacar lecturas interesantes.

Este no es el caso de Real, último film de Kiyoshi Kurosawa, un auténtico desvarío en la realización que arruina un ya no muy brillante guión. Partiendo de un inicio que podríamos llamar tipo Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010), se desarrolla una historia que pretende ser una combinación entre romántica y low sci-fi. Hay dramas, requiebros, giros argumentales y vueltas de tuerca. Finales múltiples y narración que quiere ser explicativa hasta un punto de minuciosidad que consigue precisamente el efecto contrario al deseado: se quiere cerrar todo de una manera tan definitiva que quedan expuestos todos los parches, remiendos y descosidos de la trama. El principal problema de Real es que nunca nos la creemos. Hay demasiadas obviedades para conseguir sorprender a la audiencia. Por si fuera poco la parte romántica roza, si no cae directamente, en el más bochornoso de los ridículos. Diálogos de novelita rosa, colores apastelados, musiquita subrayando todo lo subrayable y lo que no también. Y claro, para rematar la jugada no podía faltar, en coherencia eso sí con su pretensión narrativa, un exceso de metraje absolutamente desesperante. Incontables son los fundidos en negro que podían haber dado cierre a un film que se empeña una y otra vez en seguir queriendo contar cosas que no interesan a nadie. En definitiva lo que el Sr. Kurosawa pretendía que fuera una preciosidad acaba por ser un catálogo de pretenciosidad, de malas elecciones, por ser, como se dice hoy en día, un epic fail en toda regla.

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Sitges 2013 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (13/10/2013)

Amores imposibles, talento, dinero y usos desafortunados

Una de las maneras más evidentes de saber si un director está consiguiendo dejar poso con su obra es cuando se puede ver su influencia en directores noveles que aplican su estilo en sus producciones. Este no es el caso de Christopher Nolan y Jorge Dorado. Porque lo que hace este último en Mindscape no es aplicar el libro, sino que sencillamente opta por copiar descaradamente la configuración de Origen (Inception, 2010) y de la trilogía del Caballero Oscuro, anulando así cualquier percepción de la personalidad que pudiera tener el director. Esto que per se ya es bastante malo no es en absoluto lo peor de la película, porque sí, hay que reconocer que, al menos, copiar copia bien. Sabe la importancia del plano detalle, de la épica de la banda sonora, del uso del “prestigio” para cerrar la película, en definitiva, sabe en qué liga está jugando. Sin embargo lo que no hay es un solo atisbo de emoción ni implicación emocional, solo frío mecanicismo en la ejecución. Lo que se consigue con ello es asistir a un desfile de tópicos, de acontecimientos que por su exagerada previsibilidad devienen incluso absurdos. Los trucos de guión, sus giros por así decirlo, son tan poco originales que dotan a la película de una bis (involuntariamente) cómica. Con unos personajes que no son más que estereotipos de brocha gorda no se consigue despertar ni el más mínimo atisbo de tensión en la audiencia, solo se les espera para ver cómo en cada línea de diálogo devienen más y más torpes en sus propósitos y actos. En definitiva Mindscape es prácticamente lo que su título literalmente indica, una auténtica fuga cerebral, donde el cine se ejecuta y no se filma, donde interviene la mano pero nunca, ni por asomo, se atisba un poco de corazón.

Precisamente, en las antípodas de lo anteriormente citado, visionamos The World's End, el cierre de la trilogía Wright/Pegg/Frost junto a Shawn of the Dead (2004) y Hot Fuzz (2007). Efectivamente si de algo va sobrada la cinta de Edgar Wright es de cariño, de amor y pasión por su producto. Esta es una película donde una vez más el director británico hace lo que mejor sabe hacer: coger el cine de género, en este caso el fantástico, pasarlo por su filtro de multirreferencialidad y dotarlo de grandes dosis de comedia. Esto funciona en gran parte por el factor velocidad, por la capacidad de ironía de las líneas de diálogo y por la inteligencia punzante de cada una de las réplicas que se arrojan los personajes. Sí, en el fondo estamos ante un cine de guión, pero también de cercanía, de tratar a los personajes como miembros de una familia a la que puedes llegar a detestar por sus múltiples defectos pero a la que, precisamente por ellos, quieres más aún si cabe. The World´s End tiene vocación de cierre, sabe su significado cinematográfico, y por ello nunca da la espalda a elementos como la operación nostalgia en la banda sonora o su propio desenlace, que se constituye casi en un final de finales, en una declaración de principios cinematográficos que nos indican que un ciclo ha acabado, pero que la aventura justo acaba de comenzar.

Lo mejor y lo peor que se puede decir del cine de los hermanos Ford, y concretamente de The Dead 2: India, es que tiene una factura que no engaña a nadie y que se ajusta perfectamente a lo ya apuntado en la primera parte (The Dead, 2010). Una película de zombies a la vieja usanza, más cercana a las exploits italianas de Fulci que al zombi social de Romero, pero a la que le falta la fuerza y la mala baba del director italiano y busca en demasía la combinación imposible de la crudeza con las buenas intenciones y los finales (casi) felices. Por otro lado tampoco hay que buscarle los tres pies al gato, The Dead 2 tiene un presupuesto tan ajustado como el talento de sus realizadores, y por ello nos queda al final la sensación de película hecha con la mejor de las intenciones pero un tanto desastrada a nivel formal, especialmente en su uso de la cámara en las escenas de acción, confundiendo intensidad con movimiento epiléptico. Quizás lo peor no es tanto esto, sino ver que en los 3 años que han pasado entre las dos películas no se aprecia evolución en los Ford, siguen gustándose en lo que hacen, y eso está bien, pero la autocrítica creo que se hace necesaria para no pasar de un cine pobre pero simpático a productos directamente desdeñables.

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