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Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián (21/09/2018)

Jornada 1

El amor menos pensado (Juan Vera)

¿De qué va? Cuando el hijo de Marcos (Ricardo Darín) y Ana (Mercedes Morán) se marcha a estudiar a España, el matrimonio argentino se enfrenta a una considerable crisis de pareja. Conscientes del deterioro sentimental, deciden divorciarse y buscar el amor en nuevas aventuras.

¿Y qué tal? No era de extrañar que el debut en la dirección de uno de los productores más prolíficos de comedia romántica argentina fuera una comedia romántica. El responsable de El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2002), 2+2 (Diego Kaplan, 2012), Me casé con un boludo (Juan Taratuto, 2016) o Mamá se fue de viaje (Ariel Winograd, 2017), por citar algunos ejemplos, dirige una primera película enrocada en la fórmula clásica del boy meets girl, solvente en su perfil cómico y algo más cuestionable en sus reflexiones sobre lo interpersonal. Ahí quedarán, como pequeña muestra de su humor generacional (especialmente dedicado a los no-nativos digitales), la cita a ciegas del personaje de Darín o esa conversación por chat, vía pantalla dividida, digna de Tienes un e-mail (Nora Ephron, 1998).

Que todo el peso de la película recae en su dúo protagonista es algo de lo que Juan Vera se muestra plenamente consciente cuando, en la primera secuencia, la cámara recorre una biblioteca inmensa hasta posarse en el personaje de Ricardo Darín, el auténtico protagonista de toda esta historia.

 

Apuntes para una película de atracos (Elías León Siminiani)

¿De qué va? Con el cine de atracos en el horizonte, la detención de “el Robin Hood de Vallecas” en 2013 sorprende a Elías León Siminiani y le empuja a filmar un documental sobre uno de los ladrones de bancos más buscados de la última década.

¿Y qué tal? Como ya sucediera en las sobresalientes Límites: 1ª persona (2009) o Mapa (2012), Elías León Siminiani funde su experiencia íntima y sus vivencias personales con el objeto de estudio. El desarrollo del proyecto cinematográfico avanza acompañado de todas las interrogaciones y dudas del cineasta. Si, como afirma Alain Bergala, "toda película es un documental de su propio rodaje", Siminiani muestra las costuras de su largometraje para hacer visible todo ese proceso de producción, construyendo un juego de muñecas rusas donde el documental se convierte en el documental del propio documental.

En este caso, además, a todos estos niveles hay que sumar una nueva capa. Esta tiene que ver con la capacidad autorreflexiva en lo que respecta al trabajo sobre el género y su deconstrucción. El uso de elementos propios del cine de atracos como pueden ser los rótulos, los fragmentos de otras películas y las composiciones musicales, elevan Apuntes para una película de atracos a la categoría de estudio o tesis. La ficción afecta a la puesta en escena de manera más o menos directa a través de citas como la de Rififi (Jules Dassin, 1955), las reconstrucciones de diálogos o incluso con la máscara integral que Siminiani usa para proteger la identidad de su entrevistado. No es que la realidad supere a la ficción: es que cada una se nutre de la otra.

 

Asako I y II (Netemo Sametemo, Ryûsuke Hamaguchi)

¿De qué va? Asako (Erika Karata) se enamora de un joven rebelde, Baku (Masahiro Higashide). A pesar de las advertencias de sus amigos, ella decide empezar a salir con él. Un buen día, Baku desaparece y Asako se marcha a Tokio. Allí conoce a Ryôhei, un chico idéntico a su expareja.

¿Y qué tal? En uno de los momentos de Asako I y II, Ryôhei asiste a una representación de El pato silvestre de Henrik Ibsen pero, justo antes de comenzar la función, un terremoto sacude la sala y la obra queda suspendida. Desde luego, hay muy poco de la crítica de Ibsen en la película de Hamaguchi, donde su protagonista se debate entre el amor de dos hombres interpretados por el mismo actor, pero que son llevados a opuestos psicológicos extremos. Una inestabilidad sentimental, la de Asako, que no se traduce tanto en la planificación (donde la cámara se mantiene generalmente estática), como en las alteraciones del romance clásico.


3 Faces (Se Rokh, Jafar Panahi)

¿De qué va? Una directora de cine (Behnaz Jafari) recibe en su móvil la nota de suicidio de una joven aspirante actriz (Marziyeh Rezaei), que ha visto frustradas sus aspiraciones artísticas por la tradición familiar. Así, Jafari y Panahi emprenden un viaje hacia el pueblo natal de la joven para resolver si el vídeo que han recibido es real o un fake.

¿Y qué tal? Instalado como el conductor de esta particular road movie, Panahi se adentra en una pequeña aldea de Teherán. En ella se suceden los diferentes episodios con los habitantes del pueblo, trazando así un retrato costumbrista de la sociedad iraní.

El coche de Panahi se convierte, como en el cine de Abbas Kiarostami, en la cápsula que atraviesa los caminos escarpados y serpenteantes en busca de sentido. Significativamente, en el caso de 3 Faces, el acceso a la aldea en cuestión es tan estrecho que los vehículos solo pueden pasar de uno en uno. El choque entre las caravanas que entran y las que salen, en definitiva, entre la tradición y el progreso, únicamente puede evitarse cediendo el paso. O avisando con antelación.

Sin embargo, si el principio de 3 Faces podría tener concomitancias con una película como Ten (Abbas Kiarostami, 2002), donde el primer plano se sostiene en el tiempo de forma prolongada, negando el convencional contraplano y produciendo sentido precisamente en su duración, pronto el discurso de Panahi evoluciona hacia otras vías expresivas quizá más convencionales, para volver a ese plano fijo de un paisaje en forma de caligrafía, donde los caminos esquivan el sentido único.

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‘The silence between the shots’ (Lluís Escartín, 2012)

La Revolución en Egipto ha tenido lugar

“Nuestra época es esencialmente trágica y precisamente por eso nos negamos a tomarla trágicamente.”

D. H. Lawrence

A partir de un cierto punto en la toma de conciencia en la revolución global las personas reflexionan no sólo captando las enseñanzas del pasado sino también las del futuro. Ese sería un punto de no retorno colectivo, que sólo puede ser abolido mediante un fenómeno catártico parejo, pero de signo negativo, como la guerra. Si la revolución se convierte en una guerra más allá de una retórica antagonista, pero con sus víctimas inocentes, sus venganzas, su carestía de todo excepto de la sangre, la revolución, a la larga, está perdida.

Contra la maldición de convertirnos en guerreros, pero en el encanto de hacer de nosotros revolucionarios, milita la película de Lluís Escartín The silence between the shots (El silencio entre los disparos, 2012), un mediometraje presentado en el Documenta Madrid el 9 de mayo de 2012, no sobre, ni tan siquiera acerca, sino en la revolución egipcia, tan denostada en lo infrainformativo por el estatus quo de los mass media, como sobre-explotada por los postulados insurreccionalistas que paradójicamente no confían en las fuerzas del pueblo para hacer una revolución por sí mismo y la creen títere de las agencias imperialistas.

La perspectiva de esta película es la de tomar el testimonio de la gente joven que llevó el peso de la lucha en la calle. Mujeres árabes, algunas con hijab, artistas, profesoras, músicos, profesionales de todo excepto de hacer una revolución, igual que no se puede ser profesional de respirar o de tener alma. Todos los rostros parecen haber adquirido la belleza de la convicción, del éxito, de la determinación de repetirlo las veces que haga falta hasta alcanzar todos los objetivos, de la experiencia sin escarmentar de la experiencia. Muchos tienen amigos que han caído por los disparos de los francotiradores en aquellas largas jornadas de diciembre y enero cuando corrían alrededor de la plaza Tahir, no huyendo, sino extendiendo una llama. Todos han visto a otros morir y a ellos mismos no alcanzar del todo la vida. Pero todos comparten la satisfacción de haber derrotado a un monstruo extraordinario y haberlo reducido a un enfermo de corazón.

La obra de Lluís Escartín, que regresa una y otra vez a África, ya en su anterior pieza Amanar Tamasheq (2010) situaba su cámara entre los tuareg del desierto de Mali, es la obra de los que piensan que los actos han de comunicarse a través de los sentidos y los sentimientos, de las razones de la conciencia y del espíritu. Si de Amanar Tamasheq decíamos que nos permitía soñar con un mundo en el que los informativos estuvieran hechos por artistas, en The silence between the shots los artistas se han convertido en el sujeto de la información, son quienes la producen y la reproducen, los actores, los comunicadores y los receptores de la palabra que subtitula los actos para que sean conocidos por el mundo.

Y coincidencias de la vida, en tanto arte, nos quedamos con ese plano en que Escartín baja y sube en ascensor con uno de sus interlocutores, un joven egipcio que le explica el miedo de los soldados hacia los que no tienen nada. Coincidencia absoluta con la escena final de Jafar Panahi en This is not a Film (2011) donde ese mismo dispositivo se convierte en la puerta que se abre a la calle y a la revolución. De aquel “parar el mundo que yo me bajo” de los 80 y los 90, a este “abrir la puerta que paramos el mundo” de los tiempos tan interesantes como veloces que nos toca vivir. Por ellos y por nosotros.

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Top FICXixón 2011 – Coda (25-26/11/2011)

Terri (Azazel Jacobs, 2011) - Sección oficial

Cristina Álvarez López (Transit): 4

Nicolás Ruiz: 6

Victor Paz: 6

Ricardo Adalia: 8

The Forgiveness of Blood (Joshua Marston, 2011) - Sección oficial

Pablo González Taboada: 4

The Woman in the Fifth (Pawel Pawlikowski, 2011) - Sección oficial

Victor Paz: 6

This is Not a Film (Jafar Panahi, 2011) - Sección oficial

Victor Paz: 5

Nicolás Ruiz: 6

Punk's Not Dead (Vladimir Blazevski, 2011) - Rellumes

Nicolás Ruíz: 4

Victor Paz: 4

Fernando Ganzo: 3,5

Ricardo Adalia: 2

Palácios de Pena (Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt, 2011) - Llendes

Cristina Álvarez López: 7

Nicolás Ruiz: 7

Ricardo Adalia: 8

Accidentes gloriosos ( Mauro Andrizzi y Marcus Lindeen, 2011) - Esbilla

Cristina Álvarez López : 1

Toni Junyent: 5,5

The Stoker (Aleksey Balabanov, 2011) - Esbilla

Pablo González Taboda: 5,5

Vikingland (Xurxo Chirro, 2011) - Llendes

Miguel Blanco Hortas: 8

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