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Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián (22-23/09/2013)

Viajes al conflicto interno

Entre el tercer y el cuarto día aparecen algunas de las joyas más sorprendentes del festival. Al terminar de ver Enemy (Denis Villeneuve) quedo sumido en una especie de confusión entre mística y perturbadora. Con Jake Gyllenhaal como protagonista por partida doble, la obra nos propone un juego identitario perverso: ¿qué haríamos si descubriéramos que existe alguien exactamente igual que uno mismo? El hallazgo de ese doble físico tiene lugar en un Toronto absolutamente despersonalizado, y nos inicia en un relato introspectivo de densidad y opresión palpables, en un ambiente recalentado y amarillento.

La incursión esporádica pero reveladora de algunas imágenes metafóricas que escarban en el oscuro mundo de una feminidad arácnida permite que nos adentremos lentamente en una mente caótica obsesionada por el dominio de algo que no puede controlar. Acabamos entendiendo que, de hecho, la seductora pero endiablada proposición de la idea del doble es una turbia invitación a cuestionarnos cómo está construido el subconsciente humano, a base de deseos y miedos, peligrosos y excitantes a partes iguales.

El viaje que tanto el espectador como el personaje de Gyllenhaal realizan hacia uno de los pilares de la psique humana, el miedo, también se produce en diferente medida en Gravity (Alfonso Cuarón). En ella, Sandra Bullock encarna a una doctora que está en misión en la Estación Espacial Internacional y debe regresar a la Tierra con urgencia por los riesgos de colisión de partículas provenientes de la explosión de otro satélite.

El contexto de la acción ya es de por sí aterrador: un inmenso vacío negro con pequeñas salpicaduras de materia tangible y flotante. No hay prácticamente nada a lo que aferrarse y la supervivencia de la protagonista pende de cuerdas extremadamente frágiles que la retienen de quedar confinada en la gravedad cero. Vivimos una experiencia de angustia y tensión constantes, una vivencia transmitida casi a la propia piel del público, que no podrá hacer más que agarrarse a lo que tenga más a mano y esperar que todo vaya bien. La terrible aventura de la astronauta toma una vertiente altamente psicológica en el conflicto que disputa en su interior. Por una parte, está haciendo lo imposible por seguir con vida, pero es consciente que no tiene nada por lo que vivir. Allá, abajo, en la Tierra, no hay nadie que la espere. El trauma adulto de la muerte de una hija despierta fulgores de desapego a su propia existencia, pero el horror vacuo del espacio exterior hará que entre en una razón mucho más instintiva, la de la autoprotección.

De alguna manera, el viaje externo, la odisea imposible que lleva a cabo para volver a tierra firme provoca una introspección mucho más relevante: la continuidad del relato y de la integridad mental de la protagonista se basan en la simple decisión entre seguir intentándolo o tirar la toalla. Es, en este caso, la realización de un viaje, una escapada imposible la que despierta la confrontación con el miedo a morir, a perderse en la nada, y el consiguiente deseo a aferrarse a la vida, que causará un proceso de renacimiento metafórico de la protagonista. En cambio, lo que Enemy propone es un recorrido inverso, una involución destructiva: la confrontación de un poso denso formado de miedos y deseos activa un relato, un viaje supuestamente hacia el exterior que acabará resolviéndose de forma inevitable en el subconsciente originador.

Ambas obras ponen sobre la mesa unas premisas similares: un conflicto interno en forma de miedos y deseos profundos, y un conflicto externo en forma de viaje, ya sea de búsqueda o de huida. Estos parámetros son puestos bajo presión en direcciones opuestas y en contextos y situaciones tremendamente anormales, considerando la ingravidez del espacio exterior y la aparición surreal del doble idéntico como algo evidentemente anormal. Teniendo cada película un punto de partida diferente, Enemy la curiosidad de la psique y Gravity la necesidad física, se ponen en marcha mecanismos complementarios que chocarán para tejer relatos de aspecto mitológico pero que acarician la posmodernidad con maestría.

El absurdo en el drama social

Otro de los temas interesantes que aparece durante estos dos días es el drama social llevado a lo absurdo. Of Horses and Men (Benedikt Erlingsson), con un humor negrísimo procedente de Islandia, nos da a conocer un mosaico de historias peculiares de las gentes del lugar, siempre con algún tipo de relación con la especie equina. Ya sea el elegante paseo diario de uno de los señores de la región o las andadas de un granjero enemistado con otro, todo acaba en el patetismo extremo de aquello fuertemente real y dramático, pero visto desde fuera, con lo cual acaba siendo altamente risible. Con un sentido del humor destructivo y despreocupado parecido al de Sightseers (Ben Wheatley, 2012), nos acercamos a la curiosa sociedad islandesa desde un punto de vista que expone los hechos reales en bruto, a distancia, con una crudeza sarcástica que desmonta el mecanismo del drama social para llevarlo a una comedia empapada de la absurdidad de lo posible.

Abordado por otro lado, Pelo malo (Mariana Rondón) también plantea temas interesantes respecto a este absurdo filtrado en lo que pudiera ser dramático. La película se ambienta en Caracas, en una zona pobre de apartamentos multifamiliares donde viven Junior, un niño de 9 años, su madre y su hermano pequeño. Junior tiene el pelo rizado, “malo”, según él, y su principal fijación es alisárselo para parecer un cantante. Su comportamiento inconscientemente amanerado alarmará a su madre de forma ilógica, haciéndole pensar que es homosexual. Lo que se plantea es una obsesión irracional de la madre viuda, un drama infundado sobre algo que no merece recibir tamaña preocupación, al menos por el momento. Tratar el tema de la homosexualidad en un entorno de miseria y familia atípica, con la confrontación de sus potenciales inconvenientes sociales, es lo que dota a la obra de ese interés en un drama latentemente absurdo.

Dentro del drama, Pelo malo se ajusta a la dirección de emociones propia de su género, pero al mismo tiempo está planteando una posibilidad, una verdad semioculta que resulta absurda tomada en perspectiva. A diferencia de Of Horses and Men, el absurdo, la pequeña locura irreverente que roe a la madre de Junior, es el hecho que desencadena la puesta en escena del drama. El motivo encerrado del conflicto generacional no es más que una suposición, una actitud paranoide anticipada a algo que todavía no puede estar claro. Por el contrario, la comedia islandesa toma hechos con un gran potencial trágico y pone distancia entre éstos y la mirada. Esa separación estratégica es la que confiere un cariz hilarante al fresco de la sociedad islandesa. Tanto por una parte como por la otra, pues, el drama social se encuentra presente, pero el resultado acaba dependiendo de si se toma como tema a diseccionar o propiamente como género originador de la obra.

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Sitges 2013 – Balance final

Superando la encrucijada, generando muchas dudas

En el balance final que desde esta página hacíamos de la pasada edición del Festival de Sitges destacábamos diversos elementos “problemáticos” que se habían detectado, como los criterios de selección de películas, pero, en resumen, lo que estaba en el centro de toda la discusión era el modelo. Hacia dónde se dirigía el certamen y qué consecuencias podrían derivarse de ello.

Pues bien, si por algo se ha destacado la edición de este año es por haber consolidado diversas tendencias apuntadas ya el año pasado. En este sentido podemos celebrar que la encrucijada, las dudas se han despejado y ya hay una asunción, una postura clara sobre el futuro, sobre lo que debe ser el Festival de Sitges. No obstante clarificar no implica nada más allá de la propia dinámica de funcionamiento, o para entendernos, tener claro lo que hay que hacer no significa que las decisiones tomadas sean las más deseables o que estemos de acuerdo con ellas. En este sentido son varios los puntos a tener en cuenta:

La producción cinematográfica. Conocemos los problemas presupuestarios tanto del festival como del mundo de la cultura en general en España. Por tanto reducir un día el certamen no es objeto de discusión; el presupuesto es el que es y hay que ajustarse. Lo que sí es debatible es cómo, reduciendo el calendario, se decide ampliar secciones y número de películas. Noves Visions se ha subdivido aún en más categorías y la Sección Oficial ofrece más títulos que la del Festival de Cannes. Esto inevitablemente supone que, por un lado, sea imposible literalmente no ya verlo todo, sino perderse sí o sí alguna de las producciones más, a priori, interesantes (por ejemplo Enemy –Denis Villeneuve– tuvo un solo pase). Por otro esta concentración provoca inevitablemente retrasos en las proyecciones que condicionan todos los horarios establecidos creándose los consiguientes solapamientos entre películas. Una vez más todo ello opera en detrimento de las coberturas de prensa.

Sin embargo esto es un problema logístico. Lo más grave es detectar dos tendencias claras en esta ampliación de filmes a concurso. Así tenemos la consolidación de la presencia de lo que podríamos llamar “amigos del festival”. Estas producciones son a grandes rasgos

a) Películas avaladas por la ESCAC. Su finalidad es asegurar que si surge un futuro Bayona (por mentar algún director), es decir alguien exitoso, el festival pueda asegurarse su presencia en futuras ediciones al haber sido “promotor” de sus inicios.

b) Filmes de directores de cierto culto, o poco conocidos en nuestro país. Con algún premio en el palmarés, se busca que repitan en Sitges si hay nueva producción. Red State (2011) de Kevin Smith o Borgman de Alex van Warmerdam son claros ejemplos de ello

c) Cintas que parecen, y algún director incluso lo ha dicho de forma explícita, pensadas con la finalidad exclusiva de ser proyectadas en el festival y darse a conocer. Suelen pertenecer a directores cuya presencia es casi anual y que aseguran una cierta cuota de películas a buen precio de mercado.

Pero lo más preocupante es la notable falta de filtro en la Sección Oficial. Películas como Hooked Up (Pablo Larcuen) o The Demon’s Rook (James Sizemore) son, desde el máximo respeto posible, indignas por su calidad. Son productos más adecuados para una maratón nocturna o para el Brigadoon. El motivo por el cual son seleccionadas se nos escapa. Pueden pertenecer a los sectores anteriormente comentados o directamente, como es el caso de Hooked Up y el iPhone, ampararse en alguna novedad formal (si es que usar un dispositivo concreto puede considerarse novedad). En definitiva, lo que parece estar consolidándose como marca de la casa es primar la cantidad por encima de la calidad, como ya se hizo patente en las ruedas de prensa de presentación de la presente edición, donde el hecho de proyectar más películas se consideraba un logro, una superación con respecto al año anterior. Se habla del número pero no del enfoque. Si multiplicar oferta sirviera para buscar sleepers, fenómenos low cost o sorpresas de calidad no sería un problema, pero el hecho es que esta acumulación parece estar pensada para que todo el mundo pueda ver una película en caso de no poder visionar la opción deseada. Casi, más que la calidad de la programación, se busca la ocupación del aforo sin más.

Prensa, entradas, promoción, público. Se puede debatir, discutir, argumentar en favor o en contra sobre el modelo de “castas” (prensa a y b) que se ha implementado este año. Podremos estar más a favor o en contra de ello, pero de lo que no hay duda es de que algo ha fallado en la organización a la hora de comunicar dicha decisión. Si hay diferencias en los derechos debería haberlas en las obligaciones, y el secretismo de dicha división, comunicándose después del abono correspondiente de la cuota para acreditarse (para todos la misma) no ha sentado nada bien. Más allá de estos problemas, junto al tema del reparto de tickets, o que la prensa b haya quedado fuera de algunas proyecciones, lo que se pone en tela de juicio es la autocomplacencia y la falta de autocrítica (al menos pública) del festival. Se ha vendido la imagen de un éxito absoluto de venta de entradas, pero no se ha hablado de salas medio vacías durante todo el festival (en la proyección de Mr. GoMis-seu-teo Go, Kim Yong-hwa– no había más de 15 personas en el cine Retiro y era sábado) o de que muchas de esas entradas han sido adquiridas por los propios acreditados ante la imposibilidad de obtener invitación.

Una reflexión final. Las sensaciones con las que uno se va del Festival de Sitges de este año son agridulces. Está muy bien la ambición de crecer, pero se está confundiendo una vez más lo cuantitativo y lo cualitativo. Da la impresión de ser un festival que está buscando ganar notoriedad a base de titulares en lugar de ganarla precisamente por su excelencia. Grandes preguntas se plantean ante situaciones vividas que no detallaremos, pero da la impresión de que este es un certamen que creció precisamente en base al fenómeno fan, a los pequeños medios (primero en papel, luego mayoritariamente por Internet) que defendían el cine de género como algo a reivindicar y que poco a poco han sido arrinconados por los grandes media, cuya cobertura es escasa pero con (aparente) impacto público mayor.

No todo ha sido malo por supuesto. Se han abierto nuevos espacios, se ha potenciado el debate entre los medios (habilitación de la sala Tramuntana para la proyección de premières de series como The Walking Dead, o la discusión en la Carpa FNAC entre blogueros en pijama y prensa tradicional) e incluso se ha puesto de relieve la voluntad de acercar más el festival al pueblo con la programación gratuita de “cinema a la fresca”. A pesar de estos esfuerzos el modelo está tendiendo cada vez más a una mercantilización, el todo vale monetario. Se entiende, la supervivencia del festival depende de ello y es comprensible en este contexto económico tan complicado, pero muchos añoramos cuando a base de modestia y menos recursos el festival se engrandecía. Puede que ahora estemos ante un fenómeno mayor, casi de masas, pero se siente que algo se ha perdido por el camino, el espíritu, la sensibilidad, el cariño. La encrucijada ha sido superada, pero el camino está lejos de estar claro. Se intuyen nubarrones, piedras y obstáculos. Sitges 2013 ha acabado, pero lo mejor de todo es que Sitges 2014 is coming. Y allí estaremos.

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