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L’Alternativa 2012 – 25/11/2012

Clausura

Llegó a su fin esta decimonovena edición del Festival de Cinema Independent de Barcelona, l'Alternativa, y por consiguiente tuvo lugar la entrega de premios. Pero antes, por la tarde, aún hubo las últimas proyecciones. Se pudo ver la correcta A nossa forma de vida, presentada por su director, Pedro Filipe Marques; la notable 5 Broken Cameras (Emad Burnat y Guy Davidi) y No quarto da Vanda, una de las cumbres de Pedro Costa, el gran ausente del festival. Aprovechamos, no obstante, la ocasión, para celebrar el acierto del festival en programar la retrospectiva del director luso, ya que ha permitido recuperar en pantalla grande (con pases en el propio CCCB y en la Filmoteca de Catalunya) algunas de sus películas más brillantes. También merece una mención especial la coproducción polaco-rumana Crulic - drumul spre díncolo (Anca Damian), proyectada en un único pase que tuvo lugar este domingo. De ella nos ocuparemos próximamente, en una crónica dedicada exclusivamente a ella, pero para ir abriendo boca debemos decir que la cinta, que destaca en lo visual (combinando varias técnicas plásticas) y en lo narrativo (haciendo denuncia social en un tono muy kafkiano) ha competido en varios festivales internacionales, entre ellos el BACIFI o el FICUNAM, y ha sido emitida por la BBC.

En cuanto a la entrega de premios, a quien escribe estas líneas le alegra pensar que finalmente se han confirmado algunas de las sensaciones previas que se tenían antes de empezar el festival. No todas, claro está, pues ¿qué es un festival de cine sin desacuerdos ni polémicas? El Premio Lomography-Pantalla Hall fue para The Whale Story de Tess Martin, cortometraje visto en el subapartado “Bestieses” de “l'Alternativa proposa”. En él, mediante la técnica del stop motion, la autora es capaz de poner en escena una fábula ecologista, dando vida a una ballena pintada sobre un muro. La lomografía es, desde hace unos años, uno de los hobbies de moda. Recuperado por el afán consumista que se disfraza de nostalgia, la recuperación de este tipo de cámaras le ha devuelto la vida (sin querer hacer falsas correspondencias con la pieza antes citada) a una sensibilidad plástica que da pie a una concepción más pura de la construcción cinematográfica.

En el apartado de Mejor Cortometraje el ganador ha sido A Story for the Modlins de Sergio Oksman. Con Carlos Muguiro (otrora director del Festival Punto de Vista) como coguionista, la pieza rastrea la particularísima historia de Elmer Modlin, figurante de La semilla del diablo (Rosemary's Baby, Roman Polanski, 1968), entre otras, a partir de hallazgos de material inédito con entrevistas y otros materiales. El cortometraje evidencia una sofisticada ambigüedad, que en algunas ocasiones contraría y en las demás fascina. A Story for the Modlins está preseleccionado en la categoría de cortometraje documental en la próxima entrega de los Premios Goya.

Aplaudimos la mención especial para Oh, Willy... (Emma De Swaef y Marc James Roels), una maravilla de la animación que convierte una reivindicación New Age en fábula tragicómica mediante un humor directo y desacomplejado.

"A Story for the Modlins" y "Oh, Willy..."

En lo restante, ¿qué decir? El premio al mejor largometraje fue para Nacer. Diario de maternidad de Jorge Caballero; si bien no podemos decir que se trate de un mal documental o de una película insulsa, sí que nos gustaría apuntar que había películas bastante más merecedoras del premio que la presente, como la hipnótica 2 Years at Sea (Ben Rivers), que tendrá su propia reseña próximamente, o esa maravillosa revelación llamada La casa Emak-Bakia, de Oskar Alegría, ya reseñada en una de las crónicas de esta cobertura.

No podemos concluir esta cobertura sin dar cuenta que en esta ceremonia de clausura recibió un sincero homenaje Margarita Maguregui, quien, tras dieciocho años al frente de la dirección de l'Alternativa, se despide. Obviamos los motivos, aunque le deseamos lo mejor. Así como mucha suerte a quien asuma su cargo en la próxima edición, la número veinte. Esperemos, pues, que el próximo año l'Alternativa celebre 20 años a lo grande, apostando nuevamente por el cine pequeño.

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L’Alternativa 2012 – 21/11/2012

Formas de vida: (re)construcción de realidades

Primera jornada de l'Alternativa y más sorpresas, en este caso mayoritariamente positivas. Arrancaba la sección oficial de largometrajes con A nossa forma de vida (Pedro Filipe Marques), una muestra de cine bienintencionado en el que los abuelos del director se ponen en escena a sí mismos como matrimonio de jubilados, con mucho tiempo para reflexionar sobre las situaciones social, política y económica actuales. La película resulta en algunos puntos un simulacro de realidad, pues el discurso de los actores, claramente no profesionales, se intuye en ocasiones impostado. No en vano, la película abre con la imagen de una sombra chinesca proyectada sobre una pared y la consiguiente frase que nos ayudará a establecer las coordenadas del film: “El arte es una forma de vida. Que le cante a la vida quien pueda”. ¿Estamos entonces ante una más que consciente representación de la realidad? ¿Ante un teatro de las apariencias? Desde luego, y el hecho de que sus dos protagonistas se nos muestren durante la totalidad de la cinta siempre en el interior de su casa, espacio de representación teatral por antonomasia, apunta a esa idea. Sin embargo, huelga decir que la espontaneidad de los mismos rompe con el mecanismo prosaico del guión y de ello surgen momentos de comicidad realmente inspirados. La forma de vida a que alude el título es el transcurrir del tiempo del matrimonio y las ocupaciones que del mismo se derivan. Así, mientras Armando repara todo lo que se rompe y escribe poesías de dudoso lirismo, Fernanda se ocupa de las labores de casa y de interactuar con los fados que suenan en televisión. Es decir, él entiende la vida como arte y ella le canta a la vida. Pero donde la película más empatiza es en los momentos en los que el matrimonio, sentado siempre frente a la ventana, lee el periódico, mira los informativos de televisión, o escucha la radio, e interactúa con las noticias de actualidad. La naturalidad del entrañable matrimonio se impone a la construcción ficcional, asfixiada por el espacio interior. De ahí que cobre tanta importancia la ventana a la que siempre están asomados, pues deviene lugar de proyección de su pensamiento, pero también su único punto de conexión con la realidad. La ventana, pues, como umbral que separa las dos formas de vida contempladas en el film: la de ellos y la del fuera de campo, el resto del mundo.

5 Broken Cameras (Emad Burnat y Guy Davidi) ha arrancado el único aplauso de hoy. No quiero convertir esta crónica en un aplausímetro, pero esta película se lo ha merecido. El documental, como la película antes reseñada, hace mención a lo que eternamente se destruye para ser nuevamente reconstruido. El título esconde, bajo una apariencia de metaficción cinematográfica, un retrato (demasiado) certero y cruel de la realidad de Bil'in, la aldea dividida en dos por la construcción de la frontera entre Gaza y Cisjordania. El proceso es documentado paulatina y episódicamente por cada una de las cinco cámaras del título, que acaban pereciendo en los varios enfrentamientos armados que tienen lugar. El documental de Burnat contiene imágenes realmente duras y crueles, en las que presenciamos palizas, tiroteos y hasta una muerte en directo. La desmesura con la que el ejército israelí responde a la resistencia pacífica de los habitantes del pueblo palestino que se están viendo expropiados de sus tierras alcanza un hiperrealismo que contagia de nihilismo todo el documental. Burnat, eso sí, no se recrea de manera fácil en la violencia, sino que busca documentar el conflicto de una manera transparente (aunque totalmente arriesgada) y poner imágenes a tal injusticia. La cinta relata, en paralelo, cómo en el tiempo en el que tiene lugar el conflicto van naciendo y creciendo los cuatro hijos del director, que, de igual manera que las cámaras destrozadas, constituyen fases en su vida: el último de los hijos nace justo cuando empieza el proceso. En el desenlace, dicho hijo menor de Burnat cumple 5 años justo cuando una resolución judicial desautoriza la construcción del muro y el ejército israelí ha de retirar su estructura. Esta resulta ser la única nota de esperanza en Bil'in, la promesa de resistencia con la que se cierra el documental.

La última película de la sección oficial en la jornada de hoy ha sido Nana, ópera prima de Valérie Massadian, directora de arte y compañera sentimental de Pedro Costa. Nana, haciendo honor a su título, provoca el más profundo sueño. Y es que la película nos muestra el día a día de una niña de cuatro años que vive con su madre y su abuelo en una casa rural. La película basa su potencial en la precocidad y empatía que provoca Kelyna Lecomte, la niña que interpreta el papel de Nana. Pero cuando el espectador ya conoce las reacciones de la pequeña y sus ocurrencias, la película se agota y se torna anodina. No podemos culpabilizar, claro está, a una pobre niña de cuatro años de no hacer funcionar una película, pero sí a Valérie Massadian por intentar hacer algo así como la versión rural de Zazie en el metro (Zazie dans le métro, Louis Malle, 1960), en un entorno menos lúdico y dinámico, con un tono más pesaroso y sin más desarrollo argumental que el transcurrir rutinario de una casa en medio del bosque. Es decir, la indiferencia más absoluta.

(Otro texto sobre A nossa forma de vida fue publicado en Contrapicado con motivo del Doclisboa 2011 y estuvo firmado por Alberto Moreno. El texto puede leerse aquí.)

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