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D’A 2012 – Seis personajes en busca de…

En un arrebato de lucidez e iniciativa propia acontecido en 1925, los seis personajes creados por Luigi Pirandello para una de sus obras teatrales, utilizan su autonomía y vida propia al margen de la historia para reflexionar acerca de su creador, de su condición de personajes y del propio acto creativo. Aprovechamos esta nueva crónica del Festival de Cinema d’ Autor de Barcelona para hablar de los personajes protagonistas de algunas de las películas proyectadas en estos dos últimos días, pero no tanto de su relación con los autores sino de esa búsqueda inevitable que a todos ellos caracteriza.

 1. El adolescente problemático (Breathing, Karl Markovics, 2011)

Roman Kogler busca a su madre, aunque su madre no le busque a él. Está ingresado en un centro de menores y trabaja en una funeraria. Tiene problemas para sociabilizarse y para hablar con los demás.  En ocasiones es presa de arrebatos de ira incontrolable y tiene la necesidad de hacer lo que le dé la gana sin pensar en las consecuencias, por eso se mete a menudo en problemas. Roman Kogler, en algunos momentos de la película, es como un pez. Como un pez abisal que no quiere saber nada de la luz. Sus pulmones se transforman en branquias y se sumerge bajo el agua, lo más hondo que puede, para así poder respirar tranquilo y que el resto del mundo le deje en paz. Al menos, hasta que tenga que salir de nuevo a flote para enfrentarse con la realidad. 

2. La superviviente empática (Sette opere di misericordia, Gianluca i Massimiliano De Serio, 2011)

Luminita, como inmigrante ilegal que es, se ha acostumbrado a la miseria y más que vivir sobrevive. Roba para comer, habla poco y observa mucho. Presupongo que de noche, cuando no puede dormir, llora durante un par de horas. Luminita le da una paliza al anciano desconocido. Pero no es por maldad, es cuestión de supervivencia. Necesita esconderse del mundo durante un tiempo, eso es todo. Luminita fija la mirada en la traqueotomía del anciano y se apiada de él, por el agujero en la traquea y por muchos otros motivos. Se produce una inversión de los papeles, una reinterpretación del Síndrome de Estocolmo algo más sobrio, más comedido, más platónico y distante. Luminita da de comer y beber al anciano, lo viste, lo lava, lo cuida. Rituales de la cotidianidad que recuerdan por un instante (sólo por un instante) al cine de Béla Tarr.

 3. El enfermo terminal (Stopped on track, Andreas Dresen, 2011)

Frank Lange va al médico a causa de un intenso dolor de cabeza. El médico le diagnostica un tumor cerebral inoperable. Le dice que se va a morir. Frank, en su desesperación, personifica a su tumor y lo ve hablando por televisión. Parece un hombre de mediana edad de aspecto inofensivo, pero no nos dejemos engañar, es el tumor de Frank, aparición estelar en un Late Night Show. Atisbos de humor integrados en un drama bigger than life, bigger than death. Frank se aferra a la vida, quiere a su esposa y quiere a sus hijos, pero eso al tumor no le importa, no se aviene a razones. Frank graba todo con su Iphone, huellas de un resquicio de vida, registros de un estertor de muerte. Es consciente de que está inmerso en una trama obscena, demasiado parecida a la realidad como para ser falsa, pero claro, está tan ocupado con el asunto de la muerte que no le queda tiempo para preocuparse por menudencias como esa.

4. El homosexual inseguro (Weekend, Andrew Haigh, 2011)

Rusell y Glen, una discoteca, un fin de semana y una relación efímera que hace tambalearse los cimientos de toda una vida. Boy meets boy, como tantas otras veces, aunque siempre de distinto modo. Personas que en un momento determinado de nuestra vida se convierten en imprescindibles pueden desaparecer de la noche a la mañana, uno de los dramas cotidianos de la vida real. Me acuerdo de las desconocidas que protagonizaban la película de Julio Medem y, por supuesto, de los desconocidos que protagonizaban el filme de Matías Bize. Me acuerdo de la habitación en el hotel de Roma y de la cama del motel de Santiago. También me acuerdo de Antes del amanecer y de Antes del atardecer, de las conversaciones mantenidas entre el periodista norteamericano y la estudiante francesa, cuando son jóvenes y cuando ya no lo son tanto. Después de ver Weekend pienso que a veces una etiqueta como la de “película gay” está de más. Porque no se habla sólo de homosexualidad sino sobretodo de sentimientos, y estos son extensibles a la totalidad de la especie humana, independientemente de sus preferencias sexuales.

5. El estudiante belicoso (El estudiante, Santiago Mitre, 2011)

Roque Espinosa llega a Buenos Aires para estudiar en la universidad, pero por el camino se va dando cuenta de que hay otras cosas que le interesan más. Aparta los libros y se acerca a las personas, aunque de modo un tanto ambiguo. Así funciona la política, supongo. Una voz en off le describe y le acompaña. Nos acompaña. Roque sobrevive, lucha, trepa, se aferra a clavos ardiendo e intenta aprovechar situaciones propicias. Se mantiene a flote como puede en una atmósfera política convulsa, llena de pancartas, asambleas y manifestaciones, una atmósfera que nos recuerda demasiado a acontecimientos muy cercanos. El director Santiago Mitre acerca la cámara a Roque, pero no la deja quieta, la mueve todo el tiempo, arriba y abajo, a izquierda y derecha, de modo intencional. Porque la realidad no es estática sino que fluye constantemente, aunque sea a trompicones. Por eso Roque duda, acierta y se equivoca, avanza y retrocede. Por eso Roque termina la película diciendo que no.

 6. El suicida frustrado (Romance Joe, Lee Kwang-kuk, 2011) 

El protagonista del filme, alter ego de Kwang-kuk en la pantalla, atraviesa un bloqueo creativo. Uno de esos que te hacen sentir como si se estuviese acabando el oxígeno en el mundo. Uno de esos que te llevan a acercar peligrosamente la cuchilla a la muñeca con el único fin de provocar el fin. El alter ego en cuestión se salva a causa del destino, a causa de un café, a causa de una conversación. Es un personaje introducido por su creador dentro de una docena de Matrioshkas, y dichas Matrioshkas son las historias que estructuran La Historia. Historias que cuentan historias que cuentan historias que... El placer de narrar y de ser narrado, de formar parte de uno de esos relatos que despiertan nuestra curiosidad, conforman nuestra historia y alimentan nuestro espíritu.

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FICXixón 49: ‘El estudiante’ (Santiago Mitre, 2011)

El estudiante no es una película política porque sus personajes se expresen en términos políticos durante las dos horas de su metraje, sino porque la palabra pronunciada por Roque (el estudiante al que hace referencia el título del film) justo en el final de la cinta aparece para redimensionar todo el sentido de las imágenes. Tomamos su historia en el momento en que decide iniciar una nueva andadura universitaria. Es su tercera carrera después de que otras dos dieran en fracaso. La universidad está revuelta por las elecciones a rector que se presentan en el horizonte. La lucha por el reparto de poder entre estudiantes y profesores configura un campo de batalla, un caos infinito al que Roque solo puede otorgar un cierto sentido a partir del amor que le despierta una profesora adjunta. Un mitin estudiantil, un café y una fiesta: secuencia sentimental de la génesis de una nueva pareja. Lo íntimo y lo colectivo han quedo presentados; comienza el juego.

Partiendo de unos mínimos llegamos a lo máximo; a la corrupción, la traición y el politiqueo más miserable. Del aula, a la realidad de todo un país. De la historia más reciente, al tiempo de los conquistadores de Latinoamérica. Porque El estudiante es una película que se expande deslizándose hábilmente de historia en historia, obviando cualquier tipo de cronograma. No estamos muy lejos de las Historias Extraordinarias de Mariano Llinás. De hecho, como podemos leer en lo títulos de crédito, la idea original le pertenece. Pero Santiago Mitre toma la esencia de su maestro para dejarla cerca de la formula de su productor, Pablo Trapero, del que ha sido guionista en algunos de sus trabajos. ¿Debería suponer esto un problema? ¿Deberíamos lamentar que haya reducido la complejidad del trabajo de Llinás, de que solo tengamos a un personaje protagonista, de que el amplio espacio de la comarca ahora no sea más que una facultad y sus alrededores? Desde luego que no. Lo que lo que importa de El estudiante es la experiencia que Roque va adquiriendo en cada movimiento, en cada tarea que se le va encomendado a medida que va tomando partido dentro del juego en que se ve envuelto. Porque El estudiante es, ante todo, una película sobre la experiencia. Un estudio acerca de cómo la adquiere un individuo y de cómo conforma su identidad.

Llegamos al momento de la verdad, de ponerla a prueba. Roque debe dar una respuesta y Mitre le coloca solo en el encuadre. Él, al igual que todos los directores argentinos cuando se ponen detrás de una cámara, también debe responder a otra igual de complicada; ¿Qué hacer con toda la memoria de un país que ha sido heredada? Uno dice “No”, el otro le acompaña. Mitre se queda con Roque, con su palabra. Pone fin al metraje con un corte de montaje. Ha tomado partido colocándose en contra. Su decisión, tan heroica como la de Roque, invalida el uso de sus imágenes, convirtiéndolas en un mero fetiche que desfila por una pantalla. Porque estar en contra supone, en realidad, una forma indirecta de alimentar al contrario para perpetuar la estructura que sostiene a ambos.

Hace algunos años Liverpool ganó en FICXixón el mismo premio que El estudiante. Aunque Lisandro Alonso contestaba de manera diferente: “Farrel por un lado, yo por otro”, parecía decirnos después de abandonarlo a su suerte. Tomaba posición dentro del espacio al que nos había conducido para configurar un nuevo lugar desde el que relacionarse con la memoria de una manera muy determinada exponiendo, además, una pregunta bastante compleja ¿Qué significa actuar políticamente? Al final de metraje una palabra muda aparecía para resignificar todas las imágenes: “Liverpool”. Ni si ni no. Ni a favor ni en contra. Condición de lugar abierto, de transito de lo inconcluso, sobre la que podría llegar a construirse una nueva relación con el lenguaje. A partir de entonces, tomar la voz, ejercer la palabra, conformarnos como sujetos políticos de pleno derecho, pasaría a ser solamente cosa nuestra.

 

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Top FICXixón 2011 – 22/11/2011

Faust (Alexander Sokurov, 2011) - Sección oficial

Nicolas Ruíz: 7

Ricardo Adalia: 4

Pablo González Taboada: 7

Fernando Ganzo: 4

Cristina Álvarez López : 6,5

Carles Matamoros: 7

 Whores Glory (Michael Glawogger, 2011) - Sección oficial

Ricardo Adalia: 7

Victor Páz: 6

Nicolás Ruíz: 6

Toni Junyent: 7,5

Pablo González Taboada: 7

Cristina Álvarez López : 7

Carles Matamoros: 7

 

El estudiante (Santigo Mitre, 2011) - Sección oficial

Ricardo Adalia: 1

Victor Paz: 7

Moisés Granda: 7

Fernando Ganzo: 6,5

Cristina Alvaréz López: 4

Miguel Blanco Hortas: 6

Carles Matamoros: 6,5

Dharma Guns (F.S.Ossang, 2010) - Géneros mutantes

Ricardo Adalia : 7

Pablo González Taboada: 1,5

Fernando Ganzo: 2,5

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