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Americana Film Fest 2018 (II)

El principio de una vida y el final de otra

Continuamos con nuestras crónicas del Americana Film Fest 2018 destacando dos películas de la sección Americana Tops. Por un lado, una nostálgica road movie con toques de surrealismo; por otro, el testamento cinematográfico de Harry Dean Stanton.

Weirdos (Bruce Mc Donald, 2016)

Imagina, por un momento, que eres un adolescente de quince años que vive con su padre y su abuela en un pequeño pueblo de Canadá en el que no parecen suceder demasiadas cosas. Corre el año 1976, el año en que los jemeres rojos renombraron Camboya como República Democrática de Kampuchea, el año en que se inauguró la torre CN en Toronto y se celebraron los juegos olímpicos de Montreal. A pesar de que las relaciones con tu padre no son especialmente malas y todo el mundo piensa que es un padre estupendo, hay algo en vuestra relación que no funciona, un tabú que dificulta la comunicación. Echas de menos a tu madre, a quien hace mucho que no ves, y piensas que tal vez podrías recorrer unos doscientos kilómetros, llegar hasta la ciudad de Sidney para reunirte con ella. Para vivir con ella. Imagina que hay una tensión subyacente en la relación con tu novia. A ella le gustaría tener sexo pero tú no lo ves tan claro, a pesar de que estáis muy unidos. Imagina que tu animal totémico es un extraño personaje con peluca rubia que podría ser (o no) la reencarnación de Andy Warhol. Un extraño personaje que hace comentarios, te da consejos, aparece cuando menos te lo esperas y solo tú puedes ver. Imagina que, en un arrebato, tu novia y tú decidís hacer autostop sin que vuestras respectivas familias se enteren. Después de varias desventuras llegas a tu destino y encuentras por fin a tu madre, pero las cosas no son exactamente como te gustarían. Es difícil ser adolescente, pero más difícil es tener que crecer. A pesar de ello, eres valiente y lo afrontas. Al fin y al cabo, normalizar tu identidad sexual forma parte inherente de tu realización como ser humano. Corre el año 1976. Ha pasado poco tiempo desde que empezó la película, pero tú has crecido mucho y nunca volverás a ser el mismo.

Weirdos (Bruce Mc Donald, 2016)

Lucky (John Carroll Lynch, 2017)

Ahora, imagínate en el extremo opuesto. Imagina que eres un veterano de guerra de 90 años que se acerca de modo inevitable al final de su vida. Imagina que vives en un pequeño pueblo en medio del desierto, rodeado de arena y cactus. Llevas una vida que, a pesar de ser bastante rutinaria, no está tan mal. Eres autosuficiente y, aunque parezcas algo taciturno, no pierdes tu particular sentido del humor. Los habitantes del pueblo te tienen aprecio y después de tantos años te has adaptado a vivir ahí sin necesidad de creer en ningún Dios. Tomas un vaso de leche cada mañana, fumas como un carretero y te gusta hacer crucigramas para así poder utilizar en tu vida las palabras que aprendes. Un día, mientras estás tranquilamente en casa, caes al suelo inconsciente. Los análisis médicos indican que estás asombrosamente sano, pero la esperanza de vida media te advierte que no te queda ya demasiado tiempo y tus ejercicios diarios de yoga no conseguirán evitar lo inevitable. Admítelo: eres viejo. Y no hay mucho que puedas hacer al respecto. Si acaso, realizarte  a ti mismo algunas preguntas con el fin de conocerte mejor. Matar el tiempo en el bar con los tuyos. Con tus amigos. Con aquellos que se preocupan por ti. Porque, aunque no haya nadie más viviendo en tu casa, no estás solo. Eres Harry Dean Stanton interpretando tu último papel. El de un anciano que se acerca al final de su vida. El de un anciano que se parece asombrosamente a ti.

Lucky (John Carroll Lynch, 2017)

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Alex Ross Perry, Americana Film Fest 2018

 Las inseguridades, frustraciones y miserias cotidianas del universo de Alex Ross Perry

Con tan solo 33 años y cinco largometrajes en su haber, Alex Ross Perry se ha convertido en uno de los cineastas más representativos del indie americano del S XXI. En su quinto año de vida, el Americana Film Fest ha decidido dedicarle una retrospectiva y desde la revista Contrapicado aprovechamos para hablar con él sobre su cine: sobre películas de gente normal, tensiones narrativas, el trabajo con los personajes, el éxito, el fracaso y la conexión entre sus películas.

En Golden Exits (2017), su último filme hasta la fecha, Perry reflexiona sobre las relaciones de pareja y las inseguridades, valiéndose para ello de las historias cruzadas de siete personajes de mediana edad insatisfechos y desubicados. Personajes todos ellos que buscan algo, aunque no tengan muy claro el qué.

Golden Exits (2017)

Lejos de presentarnos protagonistas complacientes y tramas del gusto de las mayorías, sus filmes a menudo resultan incómodos para el espectador. La misantropía, la desconfianza, el egoísmo y los fantasmas del pasado habitan sus películas, independientemente del género al que se ciñan.

Cuando tenía tan solo 23 años y era estudiante, en tan solo siete días rodó junto con un grupo de amigos Impolex (2009), su primer largometraje, inspirado nada menos que en El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon. En él narraba las surrealistas desventuras de un soldado norteamericano tratando de localizar cohetes alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Dos años después decidió protagonizar él mismo su segunda película, The Color Wheel (2011), una comedia de bajo presupuesto rodada en blanco y negro que explora las relaciones entre dos hermanos. Una road movie cuyo guion fue escrito por el propio Perry junto con Carlen Altman, protagonista femenina del filme. Al verla, acuden a mi mente referencias como Boy Meets Girl (Leos Carax, 1984), Stranger Than Paradise (Jim Jarmusch, 1984), Clerks (Kevin Smith, 1994) o incluso 25 Watts (Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, 2001). Simpáticos esbozos de la juventud de una generación que se resiste a tener responsabilidades. Una suerte de humilde naturalismo que nos descubre el valor de la cotidianidad, de esos hechos que a primera vista pueden parecer triviales pero en realidad no lo son tanto.

The Color Wheel (2011)

Pero los referentes, al igual que las inspiraciones, para Perry varían con cada película. Por eso, tres años más tarde llegaría Listen Up Philip (2014), la historia de un escritor de mediana edad que atraviesa una crisis personal, amorosa y probablemente, también existencial. Listen Up Philip (2015) no es exactamente una comedia, pero tal vez tampoco un drama. Huele a Jazz y nos recuerda a algunas películas de Woody Allen. Se ve invadida constantemente por una voz en off que lo describe todo, una hipernarración que nos abruma pero al mismo tiempo compensa con un poso de estabilidad las desequilibradas vidas de sus protagonistas. El reto que nos propone el director (tanto en esta como en sus otras películas) no es fácil, pero es interesante. Perry nos pide que intentemos empatizar con los personajes aunque de entrada nos provoquen rechazo, que nos preguntemos por qué están sufriendo y por qué reaccionan de este modo a las situaciones en que se ven envueltos.

“Respecto a mis personajes, espero que la gente se pregunte: ¿son realmente desagradables o solo tengo que entender la situación emocional por la que están pasando para así descifrar su sufrimiento?”

Listen Up Philip (2014)

Y si el personaje de Jason Schwartzman en Listen Up Philip nos demuestra que conseguir lo que siempre has querido no te hace necesariamente feliz, el de Elisabeth Moss en Queen of Earth (2015) nos recuerda con angustia que el pasado está lleno de espectros que nos hacen sentir incómodos constantemente. Perry acerca la cámara al rostro de Moss y nos enfrenta a la locura de su personaje, transformando lo que podrían ser las tranquilas vacaciones de dos amigas en un descenso al infierno de los celos, el rencor y la desconfianza.

Queen of Earth (2015)

Aunque a priori Queen of Earth no encajaría en los códigos del cine de terror más convencional, sí que están presentes muchas de sus claves. En la música y el sonido, en la tensión que crean los diálogos, en la claustrofobia que provoca su puesta en escena. Ecos, incluso, del Polanski de El cuchillo en el agua (1962) o Repulsión (1965). Influencias que dejan paso a otras, completamente distintas, en Golden Exits.

Así como quien no quiere la cosa han pasado diez años y cinco películas. Seguimos percibiendo, eso sí, una cierta melancolía, transmitida tanto en sus filmes como en las palabras y el modo de hablar de Perry. Notamos un gran apego al cine analógico y descubrimos un corpus fílmico que poco a poco va cobrando entidad. Pero sobre todo, nos damos cuenta de que detrás de este joven director de Pensilvania hay muchas historias que contar y muchos, muchos personajes para habitarlas.

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L’Alternativa 2012 – IFN Jornada profesional

Otras formas de imaginar

Una vez clausurada la 19ª edición podemos reflexionar con más calma sobre varias cuestiones que plantearon tanto las imágenes de los filmes proyectados como las diversas actividades organizadas por el certamen. Aquí es donde encaja la jornada organizada por la IFN - Independent Film Network desde l’Alternativa que contó con la participación de Bárbara Tonelli (cofundadora de touscoprod), Jérôme Vidal (productor en Noodles Productions), Enrique Costa (responsable de distribución en Avalon), Diana Karklin (encargada de ventas y adquisiciones en Rise and Shine World Sales) y, como moderador de la mesa, Jaume Ripoll (cofundador de filmin). El título del encuentro, “Las nuevas circunstancias del cine independiente”, resumía bien el objetivo de la jornada, la acotación del terreno en el que actualmente se mueve o intenta mover el cine alternativo intentando responder a una cuestión: “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”.

La producción y la distribución cinematográficas fueron los grandes ejes que condujeron el debate en un contexto de crisis agravado por la desaparición de ayudas presupuestarias, la reducción de la participación de las televisiones, la subida del IVA al sector cultural y el paso de un espectador cinéfilo que prima la calidad a un cinéfago que apuesta por la cantidad y posesión de las películas. Ante panorama tan incierto se agradeció que el encuentro no girase (exceptuando un momento durante el debate con el público) en torno a la tan manida demonización de Internet como razón única de la actual fragilidad del sistema. Al contrario, la red vista como soporte para iniciativas que reanimen el sector nos permitió conocer más a fondo mecanismos de financiación como el crowdfunding.

Bárbara Tonelli desglosó las variantes del micromecenazgo abarcando las webs propias para cada proyecto, las plataformas generalistas que lo incluyen todo (Verkami en España, Ulule en Francia, etc.), los portales específicos para un sector de la industria (touscoprod en el cine, etc.) y, lo que más llamó nuestra atención, las páginas web dedicadas a llenar las salas de cine por adelantado (La septième salle en Francia, etc.), que resultó ser un sistema muy utilizado en Latinoamérica. Un vistazo rápido por estas iniciativas nos haría pensar en una adaptación exitosa del sector pero lo cierto es que aún no podemos estar tan seguros. Como afirmaba Jaume Ripoll, los éxitos del crowdfunding sugieren pero no consuman una tendencia general haciendo que casos como los 400 mil euros recaudados por El cosmonauta (Nicolás Alcalá, 2011), las 860 mil libras de The Age of Stupid (Franny Armstrong, 2009) o alcanzar la distribución en DVD de Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010) sean hechos aislados, pocos y “casos que los profesores que damos clases en algunos másters estamos cansados de repetir una y otra vez a falta de otros proyectos que tengan éxito”. Aunque esto sea cierto, quien suscribe no puede estar más feliz de que podamos sumarle un éxito más al crowdfunding aunque no se trate de un proyecto de producción sino de crítica cinematográfica, el alcanzado por los compañeros de Blogs&Docs hace pocos días.

Más nos vale entonces no caer en el espejismo de ver Internet como la única salida sino más bien como un complemento más, privilegiado quizás, dentro de la estrategia que según el proyecto puede adoptar el productor o distribuidor de un film independiente. Enrique Costa tomando como ejemplo la campaña que Avalon ha realizado desde hace año y medio en la distribución de Holy Motors (Leos Carax, 2012) así lo confirmaba. Dentro de la planificación habitual en la promoción del film, Internet y las redes sociales consiguieron dinamizar actos destacados como el denominado evento OcultO que, una semana antes del estreno, reunió a 500 espectadores en Madrid sin anunciar oficialmente que el film proyectado sería el de Carax. Técnicas de marketing, “ruido y parafernalia” que según Costa dieron sus frutos para una película que, finalmente, vio cómo las 10 copias pensadas en un principio para toda España pasaron a un total de 15, todas en versión original.

En un sentido similar, considerando Internet como una herramienta pero no como el final del camino, el francés Jérôme Vidal aseguró verse a sí mismo como “un productor de cine” y no se mostró convencido de que la distribución de los filmes tenga que pasar obligatoriamente por la red. Su aportación al debate reivindicó la faceta cultural como cuestión política inherente a la producción cinematográfica y la visión del cine independiente como un reducto de lucha cuyas incidencias deben sortearse con trabajo e ingenio, como cuando en Francia tuvo que explicar quién era Javier Bardem en España al producir Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002), cuando defendió la existencia de un “mercado catalán” al trabajar en Petit indi (Marc Recha, 2009) o, recientemente, cuando produjo Blancanieves (Pablo Berger, 2012) “argumentando” que si la película era muda, se trataba de una película en francés.

La mesa redonda resumió sus conclusiones, en términos generales, coincidiendo en la necesidad de mantener vías alternativas para que el cine independiente no desaparezca víctima de la dinámica impuesta por el cine comercial. Incidiendo en algunos detalles, Bárbara Tonelli aconsejaba a los productores que piensen en el distribuidor de sus filmes desde el principio, evitando por ejemplo duraciones no compatibles con según qué ventanas de exhibición como podían ser las televisiones. Algo en lo que coincidía Diana Karklin añadiendo que, en el caso latinoamericano, era igualmente importante la supresión de localismos, y asegurando, además, que fenómenos como el reciente boom del documental se entienden gracias, por un lado, a las ayudas presupuestarias que reciben y, por el otro, porque es un mercado que ha sabido adaptarse a la situación, recurriendo a programas como Ibermedia cuando las televisiones locales no se implican o incluyendo la piratería en sus estrategias de promoción.

A la pregunta “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”, la jornada profesional pareció responder con las “maneras de imaginar” tan reivindicadas por Vidal, con la propuesta de un combate que el cine independiente no debe descuidar, la búsqueda constante del espectador de un cine pensado y elaborado como producto cultural que no renuncia a verse a sí mismo como arte y que reconoce en Internet a un aliado antes que al enemigo demonizado por la vieja industria. Una apuesta del sector que pasaría, en definitiva, por asumir de una vez por todas que aquello que nuestros políticos denominan “nuevas tecnologías” hace años ha dejado de serlo para convertirse en una realidad cotidiana; un panorama en el que los responsables de la producción y distribución cinematográfica están obligados a ser capaces de emplear la tecnología en favor de su trabajo como un elemento positivo de “las nuevas circunstancias del cine independiente”.

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