Archivo de la etiqueta: cine europeo

En la Vía Láctea (On the Milky Road, Emir Kusturica, 2016)

El eterno retorno

Han pasado diez años desde aquel 2007 en el que Emir Kusturica estrenara Prométeme, su último largometraje de ficción hasta la fecha. Ahora, el director serbio vuelve a las grandes pantallas con En la vía láctea, una película con la que continúa una manera de hacer cine que pareciera no haberse interrumpido.

En una aldea en las montañas, en algún punto de los Balcanes, se sitúa el frente de una guerra. Un lechero excéntrico (Emir Kusturica) cruza todos los días el frente a lomos de su burro y protegido por un paraguas para cumplir su labor. Una chica de la aldea (Maria Darkina) compra a una refugiada italiana (Monica Bellucci) para casarla con su hermano militar (Miki Manojlovic), mientras ella prepara su boda con el lechero. Mediante esta trama, Kusturica reúne muchos de los elementos habituales de su cine y con los que tan cómodo parece sentirse, como el ambiente rural, el rito del festejo, la música gitana, los ambientes humildes o las tramas de enredos familiares.

Kusturica, como digo, vuelve a su cine. Al de siempre. Al que impregna todos sus trabajos. Toques de comedia mezclados con pasajes de violencia mostrados siempre bajo una mirada normalizadora, a la que contribuye la inclusión de momentos de fantasía que discurren de manera orgánica dentro del relato —por lo demás— relativamente costumbrista, dando lugar a este «realismo mágico» marca del autor.

Sin embargo, En la vía láctea comienza a mostrar síntomas de estancamiento o caducidad de esta manera tan personal de realizar largometrajes. Kusturica vuelve a sus lugares comunes, pero lejos quedan los despliegues de talento y originalidad que mostraba en Gato negro, gato blanco (1998) o en la magistral e inmensa Underground (1995). La materia prima parece no estar tan fresca como hace veinte años, excepto el talento de Monica Bellucci, que se erige como una presencia titánica que eleva la calidad de los planos en los que participa.

La primera parte de la película —donde se desarrolla la trama de los preparativos de las bodas—mantiene cierto sabor interesante en tanto que se produce la presentación del «micro-universo» que Kusturica dispone en esta ocasión, algo que, innegablemente, sigue haciendo con destreza. El ritmo acelerado y las escenas de jolgorio le vienen especialmente bien a un relato que puede esconderse así tras la música, el baile y el exceso. La segunda parte —donde todo se rompe para centrarse en la huida de dos personajes— tiene bastantes más problemas para sostenerse con firmeza. La química en escena entre Bellucci y Kusturica no basta, ni por asomo, para encarrilar una serie de escenas en las que sus cuerpos son toda la carne que hay en el asador. El ritmo se fractura y, salvo alguna gran escena, como la que se nutre de un rebaño de ovejas y un campo de minas, la película avanza hacia su desenlace con paso cojo y más pena que gloria.

En los ochenta y, sobre todo, los noventa, Kusturica deslumbró a la Europa cinéfila con sus relatos coloridos, rítmicos y con tintes folclóricos provenientes de la zona más tensa y conflictiva del momento en el continente. Hoy, ese exotismo «gitano-balcánico» está mucho más integrado en el imaginario colectivo y no vale, por sí solo, como elemento que destaque y eleve la calidad de una obra cinematográfica.

Publicado en Estrenos, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en En la Vía Láctea (On the Milky Road, Emir Kusturica, 2016)

La wedding planner (Jour J, Reem Kherici, 2017)

La trama inagotable

Mathias (Nicolas Duvauchelle) le es infiel a su pareja, Alexia (Julia Piaton), con Juliette (Reem Kherici), una organizadora de bodas que conoce en una fiesta de disfraces. A la mañana siguiente, Alexia encuentra la tarjeta de Juliette en el bolsillo de Mathias, lo que desencadena una escena de celos de la que al novio solo se le ocurre escapar asumiendo que tiene la tarjeta por estar preparando su propia boda. El triángulo Alexia - Mathias - Juliette se embarca, entonces, en la accidentada y peliaguda preparación de una boda por todo lo alto.

Reem Kherici dirige y protagoniza esta comedia romántica de enredos que pone de manifiesto algo interesante respecto al género: que es inagotable. Uno podría escudarse en aquel «todas las historias están ya contadas» para perdonar la repetición, pero seamos honestos: esto no es otra variación de una historia o arquetipo universal; esto es la enésima repetición de un patrón sin la más mínima pretensión de introducir una novedad. No es solo que uno pueda predecir el final de la película en la segunda escena, es que, prácticamente, pueden adelantarse todos y cada uno de los pasos que se van a dar para llegar a este final. Porque ya los hemos visto.

Kherici pone todos los pilotos automáticos posibles. Dispone el triángulo amoroso, al amigo (hermano, en este caso) cómico, la subtrama de trauma infantil que le da una falsa profundidad a su personaje, y, sobre todo, el ambiente burgués de riqueza insultante, que permite desarrollar todo tipo de fantasías aventureras, bellos paisajes y entornos elitistas sin que haya el más mínimo chirrido. Todo ello para terminar insinuando una suerte de discurso de que se puede llegar lejos siendo «el patito feo» y sin contactos, que parece más sano ignorar.

Un discurso que parece hacerse eco del mantra del «sueño americano» que tanto le ha gustado siempre al cine de Hollywood y que, ahora, un cierto cine europeo no se esconde de hacer suyo. En España ya vemos como hay una corriente —especialmente en la comedia, pero no solo— que apuesta, directamente, por hacer películas «a la americana». Los franceses, que tradicionalmente han sido los más protectores con su cinematografía y su manera de hacer cine —de manera, en ocasiones, realmente admirable— también sucumben a estos vicios. La wedding planner es eso, un objeto fílmico que, realmente, es difícil catalogar como francés, más allá de estar ambientado en ese ambiente aristócrata que tanto gusta en determinado cine cómico galo.

Tampoco ayuda mucho un guion que debería acudir a rescatar la originalidad que lapidan los clichés del género, pero que no lo hace. La mayoría de las cumbres humorísticas de la película son gags de golpes y objetos caros que se rompen, lo cual tampoco es como para levantarse a aplaudir en la sala.

A estas alturas de la historia, con tanto cine realizado y tantas historias contadas —y tantas posibilidades inexploradas— parece un poco fútil limitarse a copiar y repetir sin aportar prácticamente nada novedoso, ni siquiera el diseño de los títulos de crédito.

Publicado en Estrenos, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La wedding planner (Jour J, Reem Kherici, 2017)

Los últimos años del artista: Afterimage (Powidoki, Andrzej Wajda, 2016)

El artista incomprendido

La película póstuma del reputado Andrzej Wajda nos relata la historia de Wladyslaw Strzeminski, un artista de vanguardia cuya obsesión pictórica era plasmar las imágenes remanentes que aparecen al cerrar los párpados tras estar observando algo. Strzeminski se presenta como un individuo comprometido con los ideales del artista libre, lo que le hace chocar, sistemáticamente, con la política cultural del gobierno socialista de la Polonia de postguerra.

Wajda es uno de los grandes nombres de la historia del cine polaco y europeo. Desde que inició su producción en los años cincuenta, en el marco de la Escuela de Cine de Łódź, y hasta esta Los últimos años del artista: Afterimages, ha realizado más de cuarenta películas, casi todas atravesadas por un mismo discurso: la oposición frontal y feroz a la Polonia socialista y el ideario comunista. En más de una ocasión, incluso, creando personajes que le sirven como una suerte de alter ego para denunciar su incomodidad como artista frente al régimen.

Wladyslaw Strzeminski es el último de estos personajes mediante los cuales Wajda parece pretender identificarse como mártir por el arte. El conflicto de Los últimos años del artista surge cuando los responsables gubernamentales de cultura instan a Strzeminski, profesor en la Escuela de Arte de Łódź, a que sus obras y doctrinas sean fieles a la lógica del realismo socialista; es decir, que su discurso no vaya en contra del de la Revolución. El artista se niega en rotundo, alegando la necesidad de practicar un arte sin ataduras para poder alcanzar altas cotas de excelencia, lo que le causa un veto y toda una serie de problemas económicos.

En este punto, la película podría plantear una serie de cuestiones y debates realmente interesantes. Podría invitar, por ejemplo, a la reflexión sobre los mitos y romanticismos que rodean los discursos artísticos que evocan una excelencia casi divina a partir del genio libre del individuo. Podría, también, reflexionar sobre la incompatibilidad de un discurso tan individualista y, en definitiva, liberal, como el que propone Strzeminski, en un Estado que busca un sistema opuesto a esta filosofía. Igualmente válido e interesante sería colocar en una balanza el derecho del artista a expresarse y crear sin ningún condicionamiento ideológico desde la administración, y el deber de un sistema (minoritario y en continuo ataque) que busca —al menos teóricamente— la igualdad entre todos sus ciudadanos, de blindarse ante posibles mensajes dañinos.

Uno podría, entonces, salir de la sala reflexionando que tal vez es mejor una sociedad con una clase obrera empoderada que una con cuatro o cinco obras de «alta cultura». O lo contrario. O incluso establecer que no es algo incompatible. Por desgracia, en ningún momento la idea de pensar sobre las fricciones entre arte e ideología pasa por la cabeza de un Andrzej Wajda que tiene claro, por enésima vez, cual es su película: crear una serie de imágenes tramposas y sesgadas que presenten al otro como el enemigo. Un ejercicio de maniqueísmo del que salir erigido como el mesías que acabó siendo mártir por la causa.

Publicado en Estrenos, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Los últimos años del artista: Afterimage (Powidoki, Andrzej Wajda, 2016)