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L’Alternativa. 18è Festival de cinema independent de Barcelona (23/11/2011)

La perseverancia en tiempos difíciles

Pasados ya algunos días desde que el festival L’Alternativa puso su punto final, decidimos hablar en esta crónica (aparte de las películas premiadas por el jurado) de algunas interesantes producciones que no nos gustaría que pasasen desapercibidas.

En la sección oficial de largometrajes de ficción el jurado ha decidido premiar la imaginativa Gravity was everywhere back then (2010), pequeña pieza artesanal de Brent Green realizada en stop-motion de la que ya hablamos en nuestra primera crónica, y destacar también con una mención especial a La vida útil (2010), coproducción a la que dedicamos un artículo a finales de octubre con motivo de su aparición en DVD.

Otro de los filmes destacables que participó en la sección oficial del festival (galardonado anteriormente con el Leopardo de Oro en el Festival de Locarno) fue Vacaciones de invierno (Han Jia, 2010); una pequeña joya del cine chino que sólo encontramos en los márgenes. O mejor dicho: en los márgenes de los márgenes. Una película de esas en las que aparentemente no pasa nada pero en realidad están pasando muchísimas cosas. Un manual de instrucciones para matar el tiempo si has nacido en un pequeño pueblo del Norte de China y no tienes nada que hacer en el último día de tus vacaciones de invierno. Una cámara en extremo hierática, una película a base de planos fijos, unos momentos de silencio que fuerzan la situación hasta llegar a extremos insospechados, un buen puñado de espectadores que no saben qué hacer con su risa incómoda. El director Li Hongqi realiza una comedia desconcertante que nos muestra con suma efectividad una rutina inaudita protagonizada por unos personajes apáticos y cómicos a partes iguales.

Por otro lado, la hasta ahora guionista Paula Markovitch debuta en la dirección con la película El Premio (2010), un acercamiento desde una perspectiva bastante inusual a los efectos de la dictadura argentina, tema manoseado hasta la saciedad por muchos realizadores. El filme que se alzó con el Oso de Oro en el último Festival de Berlín cuenta la historia (autobiográfica) de Cecilia Edelstein, una niña de siete años que se ve obligada a huir junto con su madre de los militares, refugiándose en una vieja casa abandonada de San Clemente del Tuyú. Cecilia aprende que en la vida hay que sobrevivir mintiendo; que a veces no queda más remedio, que si no mientes nunca conseguirás tu premio. El filme tiene un ritmo pausado y está plagado de silencios, algo que, si bien hace que no sea del agrado de todo tipo de público, sí que convierte la propuesta en algo bien distinto de lo que estamos acostumbrados a ver en este tipo de casos, y eso es algo que se agradece. Es, por suerte, una película que parte de los tópicos (niños, dictaduras, sufrimientos, buenos y malos), para llegar a otra cosa bien distinta y mucho más interesante (la cual prefiero no desvelar).

En la sección de largometrajes de no ficción el premio ha sido para el documental La dernière année (2011), trabajo que retrata la vida de los vendimiadores de Rasiguères, un pueblo de los Pirineos. El director Peter Hoffmann acudió a L’Alternativa para presentar su película, una obra de gran sensibilidad que retrata la evolución y los cambios acontecidos entre dichos vendimiadores, el contraste entre el presente y el pasado y las consecuencias del paso del tiempo.

Otro de los documentales que merece la pena destacar es Palazzo delle Aquile (2011), historia que narra la ocupación del ayuntamiento de Palermo por parte de veinte familias que se han quedado sin hogar. Una historia cruda y dolorosamente cercana, circunstancias excepcionales que por desgracia se están convirtiendo en nuestro día a día del telediario de sobremesa, pero a las que no solemos dedicar más de cinco minutos antes del fútbol y la publicidad. La cámara se aproxima a ellos de modo discreto, silencioso, casi de incógnito, para que podamos así acercarnos como espectadores a una realidad sin alterar. Vemos personas, nunca personajes. Vemos situaciones reales, políticos que nos muestran todo el daño y la presión que el neoliberalismo económico está ejerciendo sobre los más desfavorecidos. Vemos personas indefensas, que no tienen nada que perder y deciden luchar hasta el último momento. Apenas hay voz en off y los protagonistas no hablan a la cámara porque no es necesario; paradójicamente eso tendría un efecto contrario y no conseguiría más que aumentar el distanciamiento. Un aplauso para Stefano Savona, Alessia Porto y Ester Sparatore, sobre todo por su enorme valentía.

Respecto a la sección oficial de cortometrajes los ganadores fueron Yuri Ancarani por Il Capo (2010), y Amanda Forbis y Wendy Tilby por Wild Life (2011). El cortometraje Pandore (2010), de Virgil Vernier recibió una mención especial.

Hacer balance de la decimoctava edición de un festival no es algo sencillo, pero dados los tiempos que corren conseguir dieciocho ediciones ya es de por sí una buena noticia, y más si es con una programación arriesgada como la que hemos podido ver estos días en L’Alternativa. Documentales y cortometrajes (dos de los principales ejes vertebradores de L’Alternativa) son algo difícil de ver en salas comerciales, y festivales como estos se convierten en escaparates imprescindibles, en el único modo de ver y mostrar ciertas cosas.

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L’Alternativa, 18è Festival de cinema independent de Barcelona (14/11/2011)

La grandeza de las cosas pequeñas

El Festival de Cinema Independent de Barcelona L’Alternativa alcanza la mayoría de edad y se convierte en uno de los más consolidados del panorama nacional aun a pesar de la omnipresente crisis y los inevitables recortes presupuestarios, tema que por supuesto salió a colación en la rueda de prensa de presentación del festival. Además de las tres secciones oficiales (largometrajes de ficción, largometrajes de no ficción y cortometrajes), el festival abarca un ciclo dedicado al cineasta Alain Cavalier, hace un repaso al cine documental de países como Turquía o Argentina y ofrece una muestra de los trabajos realizados por diversas escuelas de cine, además de encuentros entre profesionales del sector o mesas redondas; evitando así un modelo de festival que se limita exclusivamente a la proyección de películas y promoviendo una reflexión activa por parte del espectador en torno a diversos temas relacionados con la producción y distribución de cine independiente.

La filmografía de Alain Cavalier es muy extensa, pero difícil (cuando no imposible) de ver en salas comerciales. A pesar de su avanzada edad (nació en 1931), Cavalier asiste al festival para presentar sus películas, haciendo gala durante la presentación de La Rencontre (1996) de un entrañable sentido del humor. Tanto en este como en otros filmes que se presentan en el ciclo, el cineasta utiliza el formato de diario videográfico para hablar de experiencias subjetivas y extremadamente personales (a veces con un lenguaje formal bastante cercano al de los videoartistas de los años 70). La Rencontre cuenta la historia de una relación amorosa, pero la cámara evita mostrar a los personajes y se centra en los objetos. Los pequeños elementos que rodean al cineasta sirven para estructurar una historia hecha de pequeñas anécdotas, de aparentes insignificancias que en sus manos devienen hechos cargados de significado. Apenas transcurridos unos minutos de película me vienen a la cabeza muchas cosas: entre ellas el universo que retrataba Jean-Luc Godard en una taza de café (Dos o tres cosas que sé de ella, 1967) o los diarios de Jonas Mekas, que vendrían a ser una mirada a veces complementaria, otras veces opuesta, de la del director francés. Mientras Mekas observa a través de la cámara a las personas que lo rodean, Cavalier detiene su mirada en los objetos y los lugares para hablar de dichas personas, convirtiendo sitios aparentemente impersonales como una habitación de hotel (uno de esos espacios del anonimato de los que hablaba Marc Augé) en fragmentos de sí mismo, en esbozos de su propia vida. Varios ejemplos de esto último los podemos encontrar también en Huit Récits Express (2006), otro de los trabajos de Cavalier presentados en este festival.

De entre los siete largometrajes de ficción que forman parte de la sección oficial hablamos hoy de dos de ellos. En primer lugar el filme de Julio Fernández Cordón, Las marimbas del infierno (2010): retrato cínico y descarnado, crítica social no exenta de sentido del humor, pequeño fresco que reflexiona sin pretensiones pero con agudeza sobre prejuicios, supervivencia y heavy metal. Don Alfonso es un marimbero que se queda sin trabajo y Blacko un médico pionero en la escena heavy metal de Guatemala. La falta de empleo y expectativas lleva a ambos a buscar nuevas oportunidades creando juntos una banda. Varias son las secuencias hilarantes (pero no por ello intrascendentes) que probablemente arranquen más de una sonrisa (y alguna que otra reflexión) a los espectadores.

Otra de las sorpresas encontradas en la sección oficial el segundo día de L’Alternativa fue Gravity Was Everywhere Back Then (2010): película del director, animador, músico artista y autodidacta Brent Green, que utiliza la técnica del stop-motion para contar la historia real de Leonard Wood, un ferretero que conoce a la que será su futura esposa en un accidente de tráfico y posteriormente intentará salvarla de la inevitable muerte mediante la construcción de una casa. Extraña sinopsis, ¿verdad? La obra de Green resulta sorprendente, poética en su fisicidad, y a ratos, por qué no decirlo, desconcertante. Podría recordarnos a Jean-Pierre Jeunet si no tuviese un tono tan disonante, podría parecer un videoclip de Michel Gondry si no tuviese un poso tan inquietante, podría hacernos pensar en Jan Svankmajer si la historia de amor no estuviese tan presente, podríamos ver incluso reminiscencias a Guy Maddin si no fuese tan americana (en el sentido más underground de la palabra). Pero no pretendo con esto hacer un comentario peyorativo, nada más lejos de mi intención. Lo único que estoy intentando decir es que Gravity Was Everywhere Back Then se parece a muchas cosas y al mismo tiempo no se parece a ninguna otra, bebe de muchas fuentes aunque es única en su especie. Destacan entre otras cualidades su innegable originalidad argumental (a pesar de estar basada en hechos reales), su planteamiento visual, su calidad como pequeña pieza artesanal realizada con mucho oficio, lo arriesgado de provocar una extrañeza continua en el espectador (aun a pesar de que se trate de uno de esos relatos chico-conoce-chica que tanto abundan en la historia del cine). En definitiva una pequeña joya, tal vez no perfecta pero sí fascinante, casi hipnótica, como un animal fantástico sacado de un bestiario: nos causa incomodidad pero no podemos evitar que nos guste, no podemos dejar de mirarla sin pasar por alto uno solo de sus frames.

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