9º Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires Un texto de Nazareno Brega La tranquilidad con la que se desarrolló el último BAFICI fue sorprendente. Apenas unas semanas antes de comenzado el festival todo daba a entender que iba a desatarse una hecatombe. Cuando gran parte del ambiente del cine argentino se había trasladado al Festival de Mar del Plata, separado del BAFICI por sólo 400km y quince días, estalló una bomba en la capital porteña: Fernando Martín Peña, director artístico del BAFICI por tercer año consecutivo, declaró que el Festival de Cine Independiente de este año no iba a contar con ningún tipo de apoyo del INCAA. El más suspicaz podía intuir una maniobra política detrás de la decisión del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales de no brindar el apoyo que realiza año a año, aunque el INCAA adujo una falla administrativa de tintes burocráticos en el pedido de ayuda económica que realizó el BAFICI. Las razones de la sospecha sobre el retiro del apoyo por una decisión política se encontraban ante la cercanía de las elecciones a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los tres grandes candidatos a ganar la elección son el conservador Mauricio Macri, el actual Jefe de Gobierno Jorge Telerman y Daniel Filmus, candidato apoyado por el gobierno nacional. Todas las encuestas le dan una ventaja a Macri, pero también pronostican un ballotage en el que perdería el candidato conservador. Y como en todos los sondeos previos la diferencia entre el segundo y el tercer puesto es ínfima, se da por sentado que quien logre estirar esa ventaja será el ganador de la segunda vuelta. El INCAA es un ente autárquico, pero de estrecha relación con el gobierno nacional, y es el principal impulsor del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Y el BAFICI es tal vez el evento anual relacionado con la cultura de mayor importancia en la ciudad, por lo que el gobierno de turno de la ciudad suele utilizarlo como uno de sus caballitos de batalla electoral. Y he aquí los motivos que llevaron a que más de uno elucubre presunciones de motivaciones políticas detrás de esa falta de apoyo del INCAA.
El revuelo entre funcionarios del Instituto y la plana mayor del festival se prolongó durante unos cuantos días en los que se cruzaron declaraciones de todo tipo y calibre y hasta llegaron a circular algunos rumores de renuncias. Todo hacía presagiar una tormenta en el horizonte cercano, pero finalmente se llegó a un acuerdo de último momento y el festival contó con el apoyo del Instituto. De todas formas, hay quienes aseguran que el acercamiento entre las partes se produjo porque los medios locales le dieron cierta relevancia al tema, cosa que debe haber caído muy bien en el INCAA. Este acuerdo de último momento se llegó a relacionar con la escasez de catálogos durante la venta anticipada de entradas: sólo había unos pocos en los puestos de informes exclusivamente para consultas momentáneas y, curiosamente, era imposible leer la introducción a cargo de Peña porque las páginas estaban pegadas con cola.
Y así fue que llegó ese 3 de abril en que Bamako, lo nuevo del mauritano Abderrahmane Sissako (ganador en el 2003 por Waitting for Happiness, que derrotó nada menos que a Blissfully Yours) dio por inaugurada esta nueva edición del festival y, contradiciendo la jurisprudencia de Murphy, todo lo que en apariencia podía salir mal terminó saliendo bien a lo largo del BAFICI. A pesar de cierta tensión que se podía percibir en la platea del Teatro Opera, no hubo altercado alguno en la sucinta ceremonia de apertura, algo que todo el mundo contaba como una posibilidad en caso de que algún miembro del INCAA hubiera intentado subir al escenario a dar algún tipo de discurso. Una nueva versión del catálogo sin páginas adheridas entre sí, finalmente se puso a la venta sobre el inicio del festival, pero llamó la atención que esta versión le faltaba un párrafo que había estado disponible en Internet. Aquí se puede leer ese párrafo que quedó en el piso de la mesa de montaje. Es imposible no hacer alguna referencia a la calidad del catálogo de este año: formato, diseño y, sobre todo, contenidos fueron un lujo que contrastó con la pobreza que exhibió el libro de consulta del último Festival de Mar del Plata.
Antes de empezar a hablar de las películas, vale la pena aclarar que sólo 9 de los casi 500 títulos exhibidos durante el BAFICI se proyectaron también en Mar del Plata, un pequeño número si se tiene en cuenta la cercanía en el tiempo entre dos muestras cuyas programaciones se vuelven más afines año a año. Las películas repetidas fueron todos títulos importantes en ambas muestras: Syndromes and a Century, de Apichatpong Weerasethakul; I Don't Want to Sleep Alone, de Tsai Ming-liang; Woman on the Beach, de Hong Sang-soo; Belle Toujours, de Manoel de Oliveira; O ceú de Suely, de Karim Ainouz; Honor de cavallería, de Albert Serra, Cocalero, de Alejandro Landes; Madonnen, de Maria Speth; y M, de Nicolás Prividera. Este año hubo algunos cambios en el festival: se agregó una nueva sala, en el barrio Belgrano, lo que implicó una expansión en el radio de influencia del festival (decisión con demasiados pros y contras como para empezar a enumerarlos), se consiguió un proyector de HD, la vedette del festival, que hizo dudar a todo aquel que consideraba al soporte fílmico irreemplazable y se volvió competitiva la sección Cine del Futuro, sumándose a las competencias nacional e internacional. Para elegir la película ganadora de la nueva sección se convocó a un jurado joven, integrado por tres críticos menores de 30 años: el chileno radicado en España Manu Yáñez, el argentino Agustín Mango y el peruano Claudio Cordero.
Aunque parezca mentira, la creación de este jurado despertó una pequeña polémica entre críticos más grandes que tuvo un desenlace curioso. Quintín, ex director del BAFICI y de la revista El Amante, cuestionó en repetidas ocasiones el concepto ‘cine del futuro’ y, sobre todo, la creación de un jurado joven. El primero de sus ataques puede leerse aquí. Fernando Peña, que sucede en el cargo a Quintín luego de su turbulento despido en 2004 y fundó la revista Film -gran opositora de El Amante a lo largo de su corta vida en los 90-, se hizo cargo de las declaraciones del ex director y reivindicó al jurado joven al dedicarle buena parte de su breve discurso en la ceremonia de apertura. La primera curiosidad del caso es que, durante la gestión de Quintín, el festival también había contado con el ahora cuestionado jurado joven, que premió a L'uomo in più. Y la segunda se produjo durante la conferencia de prensa en la que Peña anunció los ganadores de esta edición: el director artístico hizo visible su desacuerdo con la decisión del jurado joven, a la que calificó como conservadora, por la elección de la chilena El tiempo que se queda, de José Luis Torres Leiva. Un hecho llamativo que dejó desairado a más de uno de los jóvenes jurados, pero también un síntoma de la tranquilidad con la que se vivió el BAFICI. Es cierto que había varias películas radicales dentro de la sección: Honor de cavallería; el musical de Richard Wong Colma; la producción adolescente de Gus Van Sant Wild Tigers I Have Known; la fallida sólo por un intolerable tufillo new age The Third Pint, del argentino Luciano Podcaminsky, que filmó en Londres la disparatada historia de un hombre que desapareció tras beber su tercer vaso de cerveza; y la apocalíptica e inclasificable Geo-Lobotomy, agradable sorpresa de los gemelos Kim. Lo nuevo de Reha Erdem, Times and Winds, una película de crecimiento llena de metáforas religiosas, fue lo más tradicional y flojo dentro de una sección variopinta. El otro pequeño altercado del BAFICI fue motivado por una carta que los directores de la revista Haciendo Cine hicieron circular denunciando una supuesta censura por parte de Peña, que el director artístico desestimó con solidez en otra carta, por lo que el altercado no pasó a mayores. Aquí se pueden leer los dos textos. Es el momento, entonces, de volver a las películas.
In between days, de la coreana So Yong-kim, fue la ganadora de la Competencia Internacional. La película sigue los pasos de una adolescente coreana con algún problema para adaptarse a la vida en Canadá. En la búsqueda del impacto visual, So Yong-kim aprovecha los tiempos muertos durante el deambular de su protagonista por Toronto y obtiene como resultado una película atractiva pero que no parece salirse del canon previsible del cine independiente. How Is Your Fish Today? es una película mucho más arriesgada de otra debutante oriental en la ficción de la competencia. La simpática realizadora china Guo Xiaolu, directora del documental The Concrete Revolution, narra la historia de un guionista en crisis que inicia un viaje en orden de comprender mejor las motivaciones del personaje que creó en su último relato: un hombre que huye hacia el helado norte de China tras haber asesinado a su novia. How Is Your Fish Today? es una especie de experimento que intercala momentos documentales con la ficción con resultados dispares: cuando Guo Xialou sigue la vida del guionista logra resultados excelsos, pero cuando la directora decide centrarse en el fugitivo creado por el guionista, la morosidad se apodera del relato. Por fortuna, esto último no sucede con demasiada frecuencia en una película que, como su protagonista, emprendió una búsqueda hacia lo desconocido, una apuesta fuerte que no es moneda corriente en el panorama del cine contemporáneo. Old Joy es una película pequeña, sencilla y grandiosa como pocas. Este debut de Kelly Richardt es uno de los más prometedores del último año. Old Joy narra el breve reencuentro de dos viejos amigos después de mucho tiempo y el pequeño paseo por la montaña que emprenden juntos. Con el correr de los minutos se vuelve cada vez más evidente la incompatibilidad actual entre aquellos seguramente grandes amigos en el pasado. Kelly Richardt logra capturar en soporte fílmico los estragos que produce el paso del tiempo y su cámara, siempre atenta al detalle mínimo, transmite en pequeñas dosis y con la mayor naturalidad grandes momentos incómodos. El gran cantautor Will Oldham, también conocido en los últimos años como Bonnie Prince Billy, se luce al interpretar al protagonista de perfil vagabundo. Old Joy hace que el cine parezca el arte más natural del mundo y produce el deseo irrefrenable de correr a conseguir alguna cámara y ponerse a filmar a un par de amigos en algún paraje remoto. Old Joy fue la gran película de la Competencia Internacional pero no cosechó premio alguno en el festival.
Estrellas, de Federico León y Marcos Martínez, es un documental entretenido sobre Julio Arrieta, una especie de manager de actores no profesionales en una villa de emergencia. El protagonista produce una sensación ambigua: por momentos es un personaje que puede considerarse carismático al que le sienta bien charlar frente a cámara; en otros da una sensación de chanta porteño al que le gusta hablar sin importarle mucho la solidez de su discurso. León y Martínez cuestionan la manera de representar la pobreza y la marginalidad del cine y la televisión, pero sin una toma de posición fuerte al respecto. De hecho, Estrellas parece una película prefabricada para salir al ruedo internacional con un enfoque distinto al acostumbrado sobre la marginalidad del tercer mundo. Y así fue que Estrellas obtuvo el Premio Especial del Jurado en la Competencia Internacional, además de buena cantidad de premios paralelos, lo que la convirtió en la gran ganadora del festival junto a UPA! Una película argentina. Esta parodia del cine independiente argentino más pretencioso dirigida por Camila Toker, Santiago Giralt y Tamae Garateguy triunfó en la Competencia Nacional y también recolectó varios premios no oficiales. Si en el último Festival de Mar del Plata llamó la atención la cantidad de películas sobre el mundo del cine, parece que el BAFICI tampoco quiso ser menos en ese aspecto y consagró a dos películas con esa inclinación.
Dos directores a los que se les puede otorgar buena parte de la responsabilidad del surgimiento del Nuevo Cine Argentino fueron reconocidos en este BAFICI: Raúl Perrone y Martín Rejtman. Perrone, prolífico videasta marginal del conurbano bonaerense, presentó Canadá, una película sobre un joven coreano en Ituzaingo, un barrio en la periferia de la ciudad, que quiere emigrar al país del norte. Canadá está dividida en dos: la primera parte transcurre durante un picnic entre el protagonista Huang y su novia Jacqueline; la segunda tiene como centro un hospital. Perrone suele fastidiarse cuando se toca el tema de las influencias de su cine. Cada vez que un crítico en una entrevista le menciona que en tal película suya se nota a la legua la influencia de tal otra película de un gran director, Perrone se desentiende y asegura no haber visto ni una película del cineasta. Así sucedió con Wenders, Jarmusch, Kiarostami y Linklater (en una de las últimas películas de 'El perro', 8 años después, los protagonistas se reencontraban luego de mucho tiempo y pasaban una tarde charlando mientras paseaban por las calles de Ituzaingo). En la primera parte de Canadá pueden vislumbrarse elementos de Tropical Malady, de Apichatpong Weerasethakul, y la segunda se puede emparentar con La muerte del señor Lazarescu, de Cristi Puiu. Hay que tener en cuenta que si bien Perrone puede tomar elementos de otras películas, los traslada y adapta a uno de los universos más personales y primarios del cine argentino. Un travelling en una película de Perrone logra ser al mismo tiempo hermoso y desprolijo, sin que importe que haya sido realizado con la cámara al hombro y se escuche cómo resuenan los pasos del camarógrafo contra el césped. Perrone fue premiado como Mejor Director de la Competencia Argentina, distinción compartida con Rafael Filipelli, realizador de Música nocturna y otro gran veterano que se siente cómodo en los márgenes de la producción cinematográfica, pero desde una posición casi simétricamente opuesta a la de Perrone. Martín Rejtman, que dio el puntapié inicial del Nuevo Cine Argentino con la imprescindible Rapado en los 90, presentó en una función especial fuera de competencia Copacabana, el primer documental de su carrera. Rejtman, uno de los dos mejores cineastas argentinos actuales junto a Lisandro Alonso, realizó por encargo este documental sobre los festejos de Nuestra Señora de Copacabana por parte de la comunidad boliviana de Buenos Aires. Pero la película transmite la sensación de querer sacarse de encima la fiesta en los primeros minutos del documental y se sumerge de lleno en la vida de los inmigrantes, al punto de salir a la búsqueda de sus orígenes y recorrer en un imperdible viaje en micro (autobús) la distancia que separa a Buenos Aires y La Paz. El resultado es una peripecia memorable. El crítico argentino Marcelo Panozzo escribió sobre Copacabana ‘logra llevar el espíritu de la prodigiosa escena de Shara (Naomi Kawase) del baile bajo la lluvia a una extensión de 55 minutos’. No hay mucho más para agregar, salvo lamentarse porque se dice que Rejtman desea proyectar la película sólo en HD, lo que dificultaría que Copacabana se estrene y pueda volver a disfrutarse en una sala de cine.
Tarachime, lo nuevo de Naomi Kawase, también se pudo disfrutar en el BAFICI. La talentosa directora invade su propia intimidad con su cámara de video al punto tal que filma la muerte de su abuela y captura el nacimiento de su hijo. Tarachime es un mediometraje estremecedor, con algunos diálogos espeluznantes entre la directora y su abuela, en el que Kawase condensa tres de sus tópicos favoritos en primera persona: familia, vida y muerte. En la edición pasada del BAFICI se pudo ver Shadow, otra pequeña película en la que la japonesa meditaba sobre sus tópicos favoritos. Estos dos últimos pequeños pasos en la carrera de Kawase, en los que la directora pasó de lo personal a lo autobiográfico, son placenteros pero poco suculentos entremeses que sólo amenizan la espera de The Forest of Mogari, tardía sucesora de la refulgente Shara. Otro documental autobiográfico deslumbrante es Santiago, de João Moreira Salles. El hermano de Walter Salles reflexiona sobre las trampas y limitaciones del cine documental a partir de filmaciones que realizó trece años atrás en el pequeño departamento del ahora difunto mayordomo de su aristocrática familia. Santiago, mayordomo argentino de la familia Salles durante casi treinta años en Río de Janeiro, es un personaje deslumbrante: fanático tanto del box y del cine clásico como de la ópera y la pintura renacentista de Giotto. Pero la verdadera pasión del mayordomo era el registro en una modesta máquina de escribir de los linajes de todas las dinastías y aristocracias del mundo, tarea que compiló en nada menos que 30.000 hojas. João Moreira Salles expone en Santiago cómo se mantuvo siempre esa relación patrón – empleado entre cineasta y protagonista y deja ver cómo manipuló muchos de los gestos del mayordomo durante la filmación y cómo lo forzaba a repetir sus parlamentos hasta dar con aquello que Salles tenía más ganas de escuchar que Santiago de pronunciar. En un gesto de honestidad brutal, Salles termina su documental con una posdata en la que aclara que Historias de Tokio fue la gran influencia de su puesta en escena. From Moscow to Pietushki es otro documental tan cortito como escalofriante. Este trabajo televisivo formó parte de la retrospectiva del polaco Pawel Pawlikowski, que va al encuentro de Vyenedict Yerefeyev, escritor de la novela rusa de culto de los 60 De Moscú a Pietushki. La novela narra el viaje en tren de un alcohólico pesimista de manera magistral, según lo que puede entreverse en el documental. Y apenas se puede ver y escuchar a Vyenedict se nota que había mucho de su persona en el protagonista de su libro. El escritor se encuentra en pésimo estado físico producto de su alcoholismo. Un cáncer de garganta obligó a que le extirparan la laringe a Vyenedict, que necesita hablar a través de un aparato que capta las vibraciones de sus cuerdas vocales. Sorprende tanto la lucidez mental como el ácido sentido del humor que aún logra mantener el escritor. From Moscow to Pietushki regala tres cuartos de hora con un personaje fascinante. Last Resort es la primera ficción del polaco residente desde hace ya 30 años en Inglaterra. Aquí se debe destacar la precisión de Pawlikowski en cada diálogo y la relevancia que le otorga al plano estético de su película, dos elementos poco comunes tanto para un documentalista como para una ficción televisiva. Llama la atención el ascetismo con el que el director maneja los problemas de sus protagonistas. La historia de una joven rusa y su hijo que al llegar a Londres son enviados por error a un campo de refugiados suena peligrosa en manos de un director no idóneo. Luego de poder ver algunas de sus películas anteriores, es una buena noticia que a Pawlikowski le haya ido bien con su segunda ficción, Mi verano de amor.
Christopher Guest se hizo famoso filmando grandes documentales apócrifos, aunque también filmó algunas ficciones convencionales. For Your Consideration está a mitad de camino entre esos dos mundos de Guest. Se trata de una ficción que apela algunas herramientas, sobre todo de montaje, de esos documentales apócrifos y en la que Guest vuelve a echar mano del brillante grupo de actores que lo acompaña hace tiempo ya. For Your Consideration es una comedia entretenida sobre la filmación de un dramón al que durante el rodaje dan como candidato a varios premios Oscar. Guest juguetea con las reacciones que van produciendo entre los protagonistas los sucesivos rumores. For Your Consideration no decepciona, pero se ubica en la filmografía de Guest muy por debajo de sus documentales apócrifos. Pero hubo un grandioso documental falso en este BAFICI: Ski Jumping Pairs: Road to Torino 2006, ópera prima de Mashima Riichiro, toma prestado el formato del documental televisivo para traficar detrás de esa fachada una de las comedias más agradables de los últimos tiempos. Todo comienza con un disparate: un científico descubre casualmente la ‘Teoría del Rendezvous’, que asegura que ‘en temperaturas muy bajas, los objetos en vuelo se duplican para lograr una mejor estabilidad en el aire’. De ahí se pasa a otro disparate aún mayor: el científico, que tiene dos hijos gemelos, prueba con ellos un nuevo deporte que se le ocurrió, los saltos ornamentales en pareja, pero con un único par de esquíes. Y allí comienza una odisea en la búsqueda de que se reconozca como olímpico al nuevo deporte. Cuando eso finalmente ocurre, se produce un momento de euforia desmesurada durante la prueba, que la película decide retratar como si se tratase de un juego de PlayStation. Uno quiere pensar que VHS Kahloucha es también un documental apócrifo, pero no, éste es un documental hecho y derecho sobre el cineasta lumpen Moncef Kahloucha, que filma películas de acción con su cámara VHS en un pueblito marginal de Túnez. Una especie de making of brillante sobre la filmación de Tarzán de los árabes, último opus de Kahloucha. Este debut de Néjib Belkadhi lleva al extremo esa sensación incómoda que producía un documental similar, American Movie (Chris Smith, 1999) y hace pensar en esas películas que filmaba el estadounidense Mark Borchardt como superproducciones.
Dong es otro documental que entabla un diálogo con una película diferente, aunque en este caso se trate de Still Life, también de Jia Zhang-ke y dentro de la programación del festival. Los trabajos de Jia son muy esperados en cada BAFICI desde que triunfó con Plattform, en la edición de 2001. En Dong, el realizador sigue al pintor Liu Xiao-dong mientras retrata a un grupo de obreros que trabajan en la represa Tres Gargantas, escenario en el que confluyen las dos historias de ficción de Still Life. Pero la cámara de Jia, que retrata la desconfianza del director frente a la apertura de China al mundo, también hace las veces de pincel porque el director busca retratar a los obreros desde un punto de vista pictórico. En la segunda parte de Dong, el pintor viaja a Bangkok y hacia allí va Jia con su cámara, compartiendo la obsesión por los cuerpos del pintor, y es allí que Jia finalmente logra una jugosa entrevista con Liu. Dong y Still Life comparten un plano desde diferentes puntos de vista, por eso puede decirse que las películas son complementarias y dialogan. Las dos componen una de las varias parejas que integran la sección Diálogos. Así es que, por ejemplo, se programó en parejas Belle de Jour de Buñuel con Belle toujours de Manoel de Oliveira, por citar sólo el ejemplo más obvio. Pero la pareja que más llamaba la atención estaba compuesta por La chinoise, la gran sátira política de Jean-Luc Godard que anticipaba el mayo francés, y Monkey Warfare, una película del año pasado dirigida por el canadiense Reginald Harkema. Uno no puede dejar de pensar que suena excesivo entablar una discusión entre el cine de Godard y el de Harkema, ya que la obra del primero es mucho (muchísimo) más compleja, pero puede entenderse que hay una relación de admiración de Harkema hacia el cine de Godard, sobre todo desde lo formal, y que las dos películas son comedias muy politizadas. Si se deja de lado esta relación, se descubre que Monkey Warfare es una gran película que habla sobre la actualización de los principios de las guerrillas urbanas de los 70. Uno de los puntos salientes de Monkey Warfare es su banda sonora, compuesta en su mayor parte por hits guerrilleros de los 70. También se realizó un foco sobre Harkema en el que se proyectaron sus dos películas anteriores. A Girl Is a Girl es la ópera prima autobiográfica que el canadiense filmó en 1999 y ya desde el título refleja la conexión Harkema-Godard. Better Off in Bed es un documental musical que sigue a los New Pornographers y a The Gay durante una gira por Canadá en 2004. La película tiene algunos momentos interesantes pero no abandona nunca el aspecto rutinario de las giras y se vuelve un tanto morosa en el registro de las interpretaciones de las bandas en vivo.
Hubo muchos documentales musicales en este BAFICI, pero el mejor, lejos, fue Instrument, de Jem Cohen (a quien se le dedicó una jugosa retrospectiva), que hace un recorrido desde los inicios de Fugazi, formados luego de la disolución de los pioneros del hardcore americano Minor Threat, hasta 1999. Ian MacKaye, líder de ambos grupos, es uno de los personajes más radicalizados del ambiente musical (su banda no filma videos, toca nada más que en shows donde se permite el ingreso a menores, controla el precio de las entradas y no vende ningún tipo de merchandising) y Fugazi una de las bandas más extremas para disfrutar en vivo (Cohen captura un recital de la primera época de Fugazi donde Guy Picciotto canta cabeza abajo colgado de un aro de básquet. Como si esto fuera poco, Cohen apela a formatos múltiples (video, super8, 16mm) a lo largo del filme y hasta aprovecha a los seguidores de Fugazi para retratar la evolución, desde la vestimenta hasta las actitudes, que tuvieron los fans con el correr de los años. Entre los documentales musicales hay que mencionar las retrospectivas de Frank Zappa y de Peter Whitehead. La biografía del director inglés es impresionante. No sólo estuvo con una cámara a mano en el lugar y momento justo (llegó a registrar allá por el 66 a la banda de unos vecinos del barrio, Pink Floyd, y capturó la caída de los movimientos de protesta norteamericanos durante una visita al Festival de Nueva York en la sorprendente y agobiante The Fall) sino que después se alejó del cine, se mudó a Arabia Saudita y construyó el centro de cría de halcones más grande del mundo. En Rare Rolling Stones Film, Whitehead se mete en la intimidad del grupo, en el momento de mayor popularidad de los ingleses, y logra que su cámara capture los aspectos cotidianos de estrellas que en aquel 1966 parecían inalcanzables. Algunas de las entrevistas que Whitehead logra con los Stones son imperdibles. Danielson: a Family Movie, de J.L. Aronson, es una pequeña película sobre uno de los personajes más extravagantes de la escena musical independiente americana. Daniel Smith, talentoso compositor y tal vez inventor de la ‘psicodelia cristiana’, sale de gira con una banda compuesta por sus hermanos, todos vestidos de enfermeros, para ‘curar con el amor y la palabra de Dios’. Pero también hay lugar aquí para el resto de los proyectos estrafalarios del compositor y para que, en medio de la película, uno de los colaboradores habituales de Smith, Sufjan Stevens, se convierta en la nueva esperanza del folk americano ante los ojos impávidos de Daniel. Grande para la ciudad y Sueños de polvorón son la cuota argentina de documentales musicales. La primera, dirigida por Andrés P. Estrada y Juan Schnitman (uno de los cuatro directores que tuvo aquel gran éxito indie argentino El amor -primera parte-) siguen al grupo de rock retro uruguayo Astroboy, que viaja a una quinta en las afueras de Buenos Aires para grabar un disco. Astroboy está a punto de dar el gran salto masivo en Montevideo, lo que implica muchas dudas y egos acrecentados en cualquier banda. Estrada y Schnitman se las arreglan como pueden con el material que les ofrece el grupo y aprovechan al máximo las contradicciones de los uruguayos hasta lograr un documental alegre y divertido como pocos. Sueños de Polvorón es un documental enorme sobre Willy Polvorón, cantautor lumpen que apela al humor en sus composiciones. Mucho de lo dicho sobre VHS Kahloucha se aplica a este documental musical. Pero Sueños de Polvorón cuenta con el plus de reflejar la impresionante relación que mantiene Willy con su incondicional manager. Un documental emocionante que apela tanto a la alegría como a la tristeza sobre un personaje que quiere triunfar, o al menos dejar de ser ignorado, dentro del ambiente de la música.
No se puede dejar de hablar de rock y documentales sin mencionar al enorme D.A. Pennebaker. Las conocidísimas Don't Look Back, glorioso debut de Pennebaker en el que sigue a Bob Dylan por Gran Bretaña, Monterrey Pop, sobre el famoso festival donde Hendrix prendió fuego su guitarra, y Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, show en el que Bowie asesinó a su alter ego más famoso, pudieron disfrutarse en pantalla gigante. Pero la retrospectiva más esperada de un viejo conocido fue la de Jacques Tati. La posibilidad de volver a ver, esta vez en cine, todas sus películas y cortos llevó a más de uno a asegurar que Playtime es la mejor película de la historia. Hubo otras grandes retrospectivas durante el festival. Una de las más curiosas fue la dedicada a al filipino Raya Martin, que con sólo tres películas en su haber The Island at the End of the World, A Short Film About the Indio Nacional y Autohystoria despertó amores y odios dentro de la crítica. Menos polémica fue la del malayo Ho Yuang, a pesar de contar con la misma cantidad de películas. Rain Dogs, lo último del realizador fue de lo más llamativo que se pudo ver en el BAFICI. Esta película de crecimiento narra el viaje de un adolescente a Kuala Lumpur a buscar a su hermano, sin saber que él murió en una pelea en un bar. A partir de allí el protagonista deberá decidir entre seguir su camino o repetir los pasos del hermano. Ho Yuang sorprende por su talento en la puesta en escena y por la frescura que logra imprimirle a una película que podría haberse desbarrancado si el director hubiera apelado a la gravedad en el tono. Por último, vale la pena destacar la retrospectiva de Luc Moullet, cineasta francés desconocido hasta el momento en Buenos Aires del que sólo se sabía que fue crítico de la segunda generación de Cahiers du Cinéma. Este dato que no hizo suponer a nadie que el fuerte del cineasta fuera la comedia absurda. Essai d’ouverture es, sin dudas, el mejor corto que pudo verse en esta edición. Moullet intenta hasta el hartazgo abrir una botella de Coca Cola, de aquellas viejas envasadas en vidrio y con una peligrosa tapa metálica a rosca. El crescendo que produce la obsesión de Moullet por abrir la botella produce una sensación de éxtasis inigualable. Brigitte et Brigitte es la ópera prima de Moullet. Filmada en 1966, Moullet se centra en la vida de dos chicas del interior de Francia llamadas Brigitte que llegan a la universidad en París. Ahí es que las dos chicas del título se encuentran perdidas en un mundo de intelectuales y Moullet las aprovecha para dar rienda a su humor sinsentido. Las apariciones de Rohmer, Chabrol, Fuller y algunos otros críticos y cineastas de la época junto a una secuencia final impresionante es lo que hay para destacar en un debut un tanto fallido.
Otra película fallida fue Dies d'agost, del catalán Marc Recha. El director demuestra talento al filmar en espléndidos escenarios naturales sin caer nunca en la postal cinematográfica y construye una relación interesante con su hermano mellizo, los dos protagonistas del relato. Pero los problemas aparecen con una serie de textos que recuerdan al gran inconveniente de la película de Alfonso Cuarón Y tu mamá también, otra road movie muy placentera pero también un tanto fallida en esos diálogos en off que intentaban otorgarle a la película un plus innecesario. Run, Robot, Run! es una comedia canadiense independiente aquejada por un excesivo tono televisivo. De todas formas, el debutante Daniel O'Connor logra algunos momentos memorables en la turbulenta relación entre un oficinista rutinario y un robot perfectamente humano y carismático que llega para reemplazarlo en sus tareas y conquista a la chica de los sueños del oficinista. En donde no pudo encontrarse absolutamente nada para rescatar fue en In the Eye Abides the Heart, pretencioso clip musical filmado por la colaboradora de David Lynch, Mary Sweeney. Una canción tradicional alemana traducida al inglés en 1851 se escucha mientras una pareja se mira en una placita del barrio porteño San Telmo. Sweeney filma todo en soporíferos planos que buscan emular el cine mudo. Si se habla de recreaciones del cine mudo, no puede dejar de nombrarse a Guy Maddin. Brand Upon the Brain!, lo último del canadiense, se proyectó en una gala en el Teatro Coliseo. La proyección de este nuevo experimento audiovisual de Maddin incluyó a Geraldine Chaplin en el escenario haciendo las veces de narradora, a un grupo de técnicos que realizaban los sonidos de la película en vivo, a una orquesta interpretando a la música incidental y a un castrati en el escenario. Brand Upon the Brain! es otra gran apuesta de Maddin por el humor absurdo y los triángulos amorosos, pero quien conoce la obra del canadiense espera siempre que su nueva película supere con amplitud a la anterior, algo que, si se la compara con The Saddest Music in the World, sucede aquí sólo en el despliegue en escena. De todas formas sería muy injusto decir que Brand Upon the Brain! decepcionó cuando fue la mayor experiencia sensorial de un festival enorme. Otro que retomó su filmografía anterior y cumplió fue Pedro Costa con Juventud en marcha. Una vez más el portugués filma en el barrio de inmigrantes africanos Fontainhas; esta vez, la historia de Ventura, un hombre abandonado por su mujer al que le ofrecen un departamento a estrenar ante la demolición de su hogar. Costa apela nuevamente a actores que encontró en el barrio que logran performances hipnóticas, recurre a la repetición de diálogos y situaciones claves y una vez más parece borronear ese límite difuso en sus películas entre la ficción y el documental. Sin llegar a la altura de su gran obra maestra Ossos, Juventud en marcha puede ubicarse en el nivel de En el cuarto de Vanda y brinda una nueva prueba fehaciente de que la puesta en escena del portugués es inigualable. Otra película que cumplió con las expectativas fue L'amico de famiglia, del napolitano Paolo Sorrentino (conocido en Buenos Aires desde que aquel jurado joven lo galardonó por L'uomo in più). La secuencia inicial de L'amico de famiglia es uno de los grandes momentos de euforia cinematográfica. Mientras se escucha la bella My Lady Story de Antony and the Johnsons se puede ver en cámara lenta a un grupo chicas jugando vóley playero en un montaje paralelo con una monja que reza enterrada en la arena mientras el agua se le acerca. Sorrentino cuenta la historia de Geremia ‘corazón de Oro’, un solitario usurero rengo que aprovecha los préstamos que otorga para meterse en la vida de sus clientes. El director le saca el máximo provecho al aspecto audiovisual de su historia: juega con la tonalidad de los colores depende en qué ámbito se lleve adelante la escena y realiza varios travellings extensos que siguen el curioso andar de Geremias. Como cierre, por si no quedó tan claro a lo largo de este extenso texto: si bien al BAFICI le faltaron esas polémicas que levantan polvareda, por suerte lo que sobró en demasía fueron las grandes películas. |
















































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