Archivo del Autor: Antoni Peris Grao

Imágenes para una cuarentena

"La ventana indiscreta" ("Rear Window", Alfred Hitchcock, 1954)

¿Qué tal, cómo llevamos el aislamiento? Aislamiento, porque cuarentena (todavía) no. En este momento, cuándo llevamos escasamente 5 días y empezamos a subirnos por las paredes nos vienen a la cabeza tantas imágenes cinematográficas de personajes confinados, atrapados o encerrados en muy variadas situaciones. Y de como las sobrellevaban unos y otros…

Se me ocurre, pues, un ejercicio que planteo compartir con todos. Si el cine puede ser una opción buena para sobrellevar el aislamiento, podemos recuperar multitud de títulos que nos ayuden, sea en las plataformas abiertas en la red (Youtube, la red de Bibliotecas pública y otras entidades que ponen a disposición libre títulos clásicos), en las de pago para algunos o en los viejos dvd que tenemos olvidados por casa. Dejemos claro, por supuesto, que no pretendo un listado exhaustivo ni riguroso, sino que planteo opciones y líneas a seguir, y a disfrutar, por cada lector.

La selección, por supuesto, variará según el ánimo de cada uno. Para aquellos con gustos masoquistas las mejores opciones, sin duda, son La amenaza de Andrómeda (The Andromeda Strain, 1971, con dirección de Michael Crichton, el autor del libro original), Estallido (Outbreak, 1995) de Petersen y Contagio (Contagion, 2011) de Soderbergh. Tenemos también multitud de películas de zombies o infectados (de los lentos y de los rápidos), desde el seminal y totalmente vigente La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead, 1968) de George A. Romero al dinámico Tren a Busan (Train to Busan, 2016).

"Estallido" ("Outbreak", 1995, Wolfgang Petersen)

Si queremos ponernos en situación tenemos opciones carcelarias para ver cómo mantenían la forma diversos prisioneros. No nos va a servir la excelente Fuga de Alcatraz (Escape from Alcatraz, 1979) o La gran evasión (The Great Escape, 1963) (no debemos buscar la salida) pero podemos recurrir a las técnicas de Burt Lancaster en El hombre de Alcatraz (Birdman of Alcatraz, 1962) o a los ejercicios de Steve McQueen antes de su fuga en Papillon (1973). Podemos, para decir aquello de “¡no estamos tan mal!”, buscar pelis de confinamientos forzados como el terrible accidente que encierra a su protagonista en El túnel (Teoneol, 2016), tenso thriller coreano sobre un conductor solitario atrapado por un desprendimiento durante semanas, superior al actioner de Stallone, Pánico en el túnel (Daylight, 1996) . Y si a nivel relativamente cotidiano no nos resulta suficiente, podemos pensar en aquellos personajes encerrados en sitios más “originales”, sea el fondo del mar como en la reciente Megalodon (The Meg, 2018) o en toda la variedad de catástrofes espaciales. Ahí tenemos un filón. Desde los astronautas de Atrapados en el espacio (Marooned, 1969) o Apolo XIII (1995) al pasaje entero de Aniara (2018), una gigantesca nave espacial a la deriva por toda la eternidad cuya nueva versión se vio hace un par de años en el Festival de Sitges. En otro orden de cosas, tenemos los peculiares encierros familiares (habitualmente de final fatal) como son los propuestos por Yorgos Lanthimos en  Canino (Kynodontas, 2009), Michael Haneke en El séptimo continente (Der siebente Kontinent, 1989) o las propuestas bizarras (pero más ligeras que las antes citadas) de nobles confinados como La portuguesa (A Portuguesa, 2018) de Rita Acevedo Gomes o Stella cadente (2014) de Luis Miñarro.

"El séptimo continente" ("Der siebente Kontinent", Michael Haneke, 1989)

Quizás, no obstante, no estemos para más malos rollos y queramos enfocarlo todo desde la comedia. Ahí van, por supuesto, una propuesta modesta pero divertida como era Ejecutivos agresivos (Corporate Animals, 2019), en la que Demi Moore arrastraba su equipo de trabajo a una cueva en la que quedan atrapados. Están también las visiones hilarantes de Edgar Wright sobre el apocalipsis, Zombies party (Shaun of the dead, 2004) y Bienvenidos al fin del mundo (The World's End, 2013) . Repescando el tema zombi, tenemos Little monsters (2019) dónde Lupita Nyong’o (antes de confirmarse como una heroína del terror moderno con Nosotros (Us, 2019), otra posible propuesta) defiende su clase de párvulos de una horda de no muertos o numerosas opciones mucho más contundente como Zombieland, su secuela y muchas otras. Y, ya que estamos en el ámbito de la comedia y la relevancia de la información (o desinformación) es absoluta, yo volvería a un clásico como Primera plana (The Front Page, 1974) de Billy Wilder para delatar el amarillismo o a dos obras sobre la manipulación de Armand Ianucci como son In the loop (2009) o La muerte de Stalin (The Death of Stalin, 2017) .

Hay, sin embargo, otra dirección totalmente opuesta. Plantear la desconexión del encierro hacia las aventuras en grandes horizontes, lo cual nos llevará a John Ford (Centauros del desierto (The Searchers, 1956)), a David Lean (Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962)), John Huston (El hombre que pudo reinar (The Man Who Would Be King , 1975)) o Peter Jackson (El señor de los anillos). Aunque, si tenemos ansia de naturaleza, pero gustos más particulares, podemos bucear en las insólitas propuestas de Werner Herzog a caballo entre el documental y la ficción cómo Aguirre la cólera de Dios (Aguirre der Zorn Gottes, 1972), Fitzcarraldo (1982), Gasherbrum (Gasherbrum – Der leuchtende Berg, 1984), Grito de piedra (Schrei aus Stein, 1991), The wild blue yonder (2005), Encuentros en el fin del mundo (Encounters at the End of The World , 2007) o tantas otras.

Aunque inevitablemente, estando en casa y sean cuáles sean nuestros gustos, lo mejor es mirar a un clásico inolvidable y de absoluta vigencia. Sin duda alguna La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) podrá ser el modelo a seguir y el bálsamo para esta prolongada estancia. En este caso concreto es posible que no sólo podamos revisitarla sino, directamente, revivirla.

"Fitzcarraldo" (Werner Herzog, 1982)

 

Antoni Peris Grao (Barcelona, 18 de marzo de 2020, el año del coronavirus)

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05. La leyenda del tiempo (Isaki Lacuesta, 2006)

El sueño va sobre el tiempo

El sueño va sobre el tiempo,
flotando como un velero,
flotando como un velero,
nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño,
en el corazón del sueño.

El sueño va sobre el tiempo
hundido hasta los cabellos,
hundido hasta los cabellos,
ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo,
oscuras flores de duelo

La leyenda del Tiempo reúne varias leyendas en sí misma. Los versos de García Lorca, la voz de Camarón y, tal vez, la de la propia película, por su carácter fundamental de un género nacido con el siglo y del cual, junto a En construcción (J.L. Guerín, 2001), serían los pilares. Es un cine ambivalente, realista a la par que poético, elaborado e improvisado, artesanal y azaroso.

La obra de Lacuesta pivota en torno a la definición, o la creación, de la identidad, en primer lugar, y a la investigación de la memoria, en un segundo plano. Temas como la creación o la construcción de una narrativa que sustente a ambas, son otras constantes en su cine. Cravan vs Cravan (2002) y La noche que no acaba (2010) buceaban en la leyenda de unos personajes que se construyeron mezclando vida y espectáculo. Los condenados (2009), a semejanza de Borges y Bertolucci en La estrategia de la araña (Strategia del Ragno, 1970), escarbaba en las tumbas de un pasado que se ocultaba y reivindicaba a partes iguales, revelando puntos oscuros de la memoria colectiva e identidades escondidas. Els passos dobles (2011), tal vez su mejor obra, la más compleja al menos, desdoblaba un equipo de rodaje documental en un ficticio y a la vez real equipo que, tratando de rodar una cinta de aventuras en África, acaba rodando un western por la influencia occidental en la identidad africana. La propera pell (2016), su obra más comercial y dirigida a cuatro manos con Isa Campo, tocaba de nuevo el tema de la identidad y la memoria, en esta ocasión en forma de thriller.

La belleza de La leyenda del tiempo radica en la espontaneidad, en su capacidad de captar la naturalidad de sus intérpretes, de su entorno y sus emociones. También por su poesía visual, como hiciera en Sinergias: Diálogos entre Naomi Kawase e Isaki Lacuesta (2009). Esta doble historia de personajes desvalidos se ambienta en San Fernando, ciudad natal de Camarón de la Isla, y tiene al propio entorno como un personaje más y a Camarón como una presencia que preside toda la historia. Lacuesta sigue, en primer lugar, a Israel, un gitanillo huérfano que con(mal)vive con su hermano mayor, Cheito, y que ha dejado de cantar porque ya no ve sentido a hacerlo tras la muerte del padre. En una mezcla de documental y ficción veremos las conversaciones que Israel mantiene con su hermano mayor, sus entrevistas con un trabajador social, sus charlas con amigos o conocidos, casi siempre adultos, y sus intentos de establecer una relación con Saray. La mirada limpia de Israel, entre la timidez y el arrojo, entre la niñez y la edad adulta, es captada con cuidado y con cariño por Lacuesta. Los torpes esfuerzos de Cheito para evitar que se vuelva agresivo o adicto son también recogidos con respeto. En torno a ambos, una familia humilde en una zona de barracas, salinas, marismas, tatuajes, porros y pescadores enriquecen un paisaje vital que se siente palpable. Joji es el errante pescador japonés, cocinero “chino” a tiempo parcial, que permite enlazar la historia de Israel con la de Makiko, en la segunda mitad de la película. En ella seguiremos a una enfermera japonesa que, incapaz de contemplar la decadencia y agonía de su padre, viaja tras los pasos de Camarón para aprender a cantar como él. Menos poética que la primera, sentida por el espectador como más artificial pese a trabajar también con personajes reales, el itinerario de Makiko es tan doloroso como el de Israel y refleja la misma pérdida, el mismo dolor soterrado en el alma. Israel es un náufrago en la isla de Camarón y Makiko naufraga voluntariamente en la misma playa buscando alivio. El primero ha renunciado a cantar para no sentir dolor, la segunda trata de hacerlo para expulsarlo. Con un castellano insuficiente y ejerciendo, como Joji, una identidad, una nacionalidad impuesta, como camarera china en un país extraño, Makiko conoce a los amigos de Camarón pero ni toda su voluntad y esfuerzo le permitirán transformarse en un cantaor. Comprenderá, finalmente, que su deseo, frustrado un tiempo por la presencia del padre, deja de tener sentido a la muerte de éste.

El tiempo coloca a cada uno en su lugar. O, dicho de modo más poético en los versos de Lorca y la voz de Camarón, el tiempo revela los sueños, los duelos y las semillas que pueden crecer cuando aquellos desaparecen. El tiempo, reflejado en la marea que sube y baja, en las imágenes de revolucionarios hace tiempo fusilados, en el pajarillo que simbólicamente renace bajo la hojarasca o en las nubes que se desperezan por encima de nuestra realidad, marca nuestras vidas y, en cierto modo, acaba por hacernos leyenda.

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