Star Wars: de los muñecos al mito

STAR_WARS_01

Circula por Internet una edición de las tres películas de la trilogía original de Star Wars cuya mera existencia aporta una idea bastante aproximada de hasta dónde llega el culto hacia esta saga. Como es bien sabido, George Lucas ha modificado en diversas ocasiones esas tres películas. Los cambios han generado mucho debate entre los fans, pero es ahora, con la proliferación de software informático altamente especializado al alcance de cualquiera, que un grupo de aficionados repartidos por todo el mundo se ha propuesto recuperar las tres películas tal y como se estrenaron en su momento, sin los cambios operados por Lucas con posterioridad.

Aquí viene lo realmente fascinante de todo el asunto y lo que da la medida de la seriedad con la que los fans han abordado este proyecto: las reconstrucciones se han alargado durante un periodo de 8 años y han supuesto un trabajo de arqueología cinematográfica que nada tiene que envidiar a lo que supondría una restauración llevada a cabo por profesionales. Evidentemente ni los medios técnicos y económicos ni los materiales usados son los que se habrían utilizado en una restauración ad hoc, pero ante la (obvia) imposibilidad de acceder a los negativos originales, estos fans se han dedicado a recolectar plano a plano todo el metraje original acudiendo a una variada amalgama de fuentes: desde el Blu-ray de las copias modificadas por Lucas (para aquellos planos no retocados) hasta ediciones de las películas originales en VHS, en DVD o en LaserDisc. Para restaurar la primera película de la trilogía, incluso, un grupo de fans rescató una copia en 35 milímetros usada originalmente en el estreno en España que fue escaneada digitalmente a 4K (¡!!!).

El resultado lo han llamado “Despecialized Editions”, en oposición a las “Special Edition” con que Lucas bautizó a sus versiones retocadas. Y gracias a este esfuerzo, hoy en día podemos disfrutar con una calidad de audio y de vídeo más que decente de las tres películas de la trilogía original tal y como se estrenaron en su día: se ha corregido el color de las tres cintas frame a frame (un trabajo titánico) y en las dos primeras partes de la trilogía se han incluido audios y subtítulos en multitud de idiomas, entre los cuales es posible encontrar desde el audio original en inglés en calidad DTS hasta el doblaje original al castellano [1].

STAR_WARS_02

Todo esto obliga a redefinir el impacto popular de esta saga. No cabe duda que las películas de la trilogía original marcaron a toda una generación que hoy ronda casi los cincuenta años de edad. Pero muchos de los aficionados que han dedicado horas y horas a estas reconstrucciones ni siquiera habían nacido en 1977, cuando se estrenó La guerra de las galaxias (Star Wars: Episode IV. A New Hope, George Lucas). Es un fenómeno ciertamente curioso cómo esta saga ha sabido rejuvenecer a su legión de seguidores, renovando a los fans no tanto con las películas de la nueva trilogía como con la séptima entrega estrenada a finales de 2015.

Esto no debería sorprender demasiado, al fin y al cabo estamos ante una película de aventuras destinada al fan de toda la vida pero sobre todo a las nuevas audiencias. No obstante, sí cabe destacar la importante función que cumple aquí el merchandising para pasar el testigo de una generación a otra: son los mismos padres que asistieron al estreno de La guerra de las galaxias cuando eran niños los que compran a sus hijos mochilas, libretas, ropa, muñecos, juguetes, lo que sea que lleve el logo de Star Wars. Son los padres los que juegan un papel fundamental en el hecho de que la saga galáctica haya conseguido calar en las nuevas generaciones, asegurándose de esta manera su supervivencia. Se ha producido, pues, un fenómeno intergeneracional que va más allá de lo puramente cinematográfico. Padres e hijos, y pronto abuelos, pueden compartir una verdadera, auténtica y genuina pasión. Unidos por la Fuerza. Unidos por el marketing.

STAR_WARS_03

J.J. Abrams aterriza en el universo Star Wars

El estreno en diciembre de 2015 de Star Wars. El despertar de la Fuerza (Star Wars: Episode VII. The Force Awakens, 2015, J.J. Abrams) supone un importante punto de inflexión en la saga galáctica. Y es que esta es la primera película de toda la saga en la que George Lucas no ha tenido absolutamente nada que ver a ningún nivel, ni creativo ni técnico ni conceptual ni siquiera económico. La venta de LucasFilms a The Walt Disney Company en 2012 dejó al padre de Star Wars sin ninguna opción de participar en el desarrollo de los futuros episodios de la saga. Además es también la primera película de las siete que integran la serie que no comienza con la mítica fanfarria de los estudios Twentieth Century Fox, distribuidora asociada de las seis primeras películas.

Sin Lucas pilotando la nave, se hacía necesaria la presencia de una figura que cumpliera unos requisitos muy concretos: alguien que conectara con el público actual (la envergadura de la producción hacía necesario un retorno económico garantizado) pero que al mismo tiempo entendiera la esencia de la trilogía original puesto que este episodio va después de El retorno del Jedi (Star Wars: Episode VI. Return of the Jedi, 1983, Richard Marquand). Es decir, que el director de la película ha de entender este nuevo episodio como una conexión con unas películas rodadas hace casi 40 años pero también como una renovación de toda la saga.

STAR_WARS_04

Dicho esto, se puede o no estar de acuerdo con la elección de Abrams como director, pero visto su trabajo previo es una decisión que no ha de extrañar a nadie: buena parte de su cine remite de una manera u otra a una mirada hacia el mainstream mucho más inocente que la actual, menos sarcástica, más simple tanto a nivel argumental como expositivo, más en la línea de lo que se llevaba en los años 80. Es cierto que sus dos películas para el reboot de Star Trek son de una aparatosidad visual muy actual, muy à la Michael Bay, pero tanto Super 8 (Super 8, 2011) como especialmente su debut en el largometraje, Misión: Imposible III (Mission: Impossible III, 2006), son cintas de una caligrafía simple, nada estilizada. Para entendernos: no están tan cerca del explosivo y ensordecedor cine actual de acción como sí lo están del espectáculo visual inofensivo y amable que suponen las tres primeras entregas de la saga de Indiana Jones, por poner un ejemplo de cine de aventuras ochentero.

 La cuestión de la autoría

“Sólo habrá una versión de las películas. Y no será lo que yo llamo rough cut, será el final cut. Las otras serán una especie de artefacto interesante que la gente mirará y dirá: ‘Había un borrador previo de esto’. […] Creo que es prerrogativa del director, no del estudio, volver atrás y reinventar una película”[2]

La desaparición de Lucas de la saga que él creó marca a fuego las seis entregas anteriores de una manera que solo con el tiempo podrá valorarse en su justa medida, probablemente cuando la serie alcance su final definitivo. Sin embargo, a estas alturas resulta evidente que las seis películas son netamente de su autoría. Las tres de la nueva trilogía por motivos obvios: tanto Star Wars: Episodio I. La amenaza fantasma (Star Wars: Episode I. The Phantom Menace, 1999); Star Wars: Episodio II. El ataque de los clones (Star Wars: Episode II. Attack of the Clones, 2002); como Star Wars: Episodio III. La venganza de los Sith (Star Wars: Episode III. Revenge of the Sith, 2005), están dirigidas por Lucas en persona. Sin embargo, de la trilogía original Lucas sólo dirigió la primera, dejando en otras manos las dos siguientes: en las de Irvin Kershner El imperio contraataca (Star Wars: Episode V. The Empire Strikes Back, 1980), y en las de Richard Marquand El retorno del Jedi. Aún así, esas dos también son de Lucas.

STAR_WARS_05

Como comentábamos al principio, George Lucas ha retocado varias veces las películas que conforman la trilogía original. Al menos lo ha hecho en tres ocasiones: en 1997, con ocasión del re-estreno en salas de cine de las tres cintas, con las llamadas “Special Edition”; en 2004, cuando se editaron en DVD; y nuevamente en 2011, cuando se pusieron a la venta en formato Blu-ray[3]. Son retoques cosméticos, prácticamente no hay escenas nuevas, pero sí hay multitud de añadidos y correcciones digitales que otorgan a las tres películas un aspecto más moderno.

La aparatosa cantidad de cambios realizados una y otra vez, unida al hecho de que Lucas ha retirado de circulación las tres películas tal y como se exhibieron en su estreno, ahonda en la idea de que las cintas que dirigieron Kershner y Marquand son tan de Lucas como la primera parte de la trilogía. El hecho de que Lucas haya hecho y deshecho a su antojo esas tres películas le posiciona como su auténtico y verdadero director y, en lo que respecta a los episodios V y VI, invita a pensar que sus decisiones creativas y artísticas, en estas versiones modificadas con sucesivas capas de tuning, pueden tener el mismo peso –o más- que las decisiones que en su día tomaron sus directores.

Lucas, de alguna manera, ha dinamitado la “politique des Auteurs” que desde Cahiers du Cinéma propagó en 1954 François Truffaut. La relación entre Lucas y los directores de La Nouvelle Vague no es tan forzada como pueda pensarse a priori. El director californiano pertenece a una brillante generación de autores (Coppola, Spielberg, Scorsese, De Palma, Bogdanovich, etc.) que floreció en los años 70 y que tuvieron, entre otros referentes destacados, a directores como Truffaut o Jean-Luc Godard. Lucas, en las antípodas temáticas y conceptuales de La Nouvelle Vague, se ríe en la cara de esta corriente de pensamiento cinematográfico al re-escribir de su puño y letra lo que otros dos directores ya habían escrito. El director es un pelele, el productor es el que manda. Una de las premisas, por cierto, del cine mainstream actual, que muy a menudo es más un concepto de producción que de dirección.

La hipocresía de esta actitud queda de manifiesto si retrocedemos nueve años antes de que, en 1997, comenzara a modificar las películas de la trilogía original. En 1988, Lucas declaró ante el Congreso de los Estados Unidos[4] en contra del coloreado de películas clásicas estadounidenses que Ted Turner había emprendido algunos años antes. Leer detenidamente hoy en día el discurso ante el Congreso es una experiencia chocante porque Lucas basó su crítica en un recuento bastante preciso de acciones que él mismo no dudó en llevar a cabo 9 años después y que incluían sustituciones digitales de personajes o alteración de diálogos.

Es por todo este asunto que la trilogía original de Star Wars, gracias a (o a pesar de, según como se quiera) este empeño de Lucas por modificarlas, debe entenderse no como una obra finalizada, sino como un work in progress, un ser vivo en estado perpetuo de cambio. Son películas inacabadas, siempre expuestas a que un nuevo desarrollo tecnológico lleve a Lucas a volver a incluir modificaciones. Las versiones que vemos hoy no son las que vieron los espectadores en sus estrenos originales, ni tan siquiera son las que vieron en los re-estrenos de 1997. Y no sabemos si serán las mismas que veremos dentro de 5 años, o dentro de 20 años. Son un caso bastante único de obras de arte vivas, que han ido transformándose con el paso de los años y que aún nadie sabe si seguirán mutando.

Cimentando el mito

Lo que Lucas no podrá alterar nunca (a menos que algún día compre la compañía Disney entera) es Star Wars. El despertar de la Fuerza. Ganas no parece que le falten[5], pero dadas las circunstancias ha de entenderse el séptimo capítulo como la primera película de la saga que no responde bajo ningún concepto a la visión de Lucas, responde a la de su director, J.J. Abrams. ¿Y qué es lo que hace Abrams cuando dispone de libertad creativa absoluta y se encuentra liberado del yugo artístico que supone la presencia de Lucas?

Volver al origen. Rehacer La guerra de las galaxias a todos los niveles. Las similitudes son tan obvias que Star Wars. El despertar de la Fuerza casi podría considerarse un remake encubierto de la película estrenada en 1977. Por lo que respecta al guion, el concurso de Lawrence Kasdan, que participó en los guiones de El imperio contraataca y de El retorno del Jedi, supone un anclaje más que evidente. Se repiten muchos esquemas argumentales, como por ejemplo las situaciones que sirven para hacer arrancar las dos historias: un robot simpático (allí R2-D2, aquí BB-8) esconde un secreto que ha de servir a los rebeldes y que, por ese mismo motivo, es objeto de busca y captura por los malvados. También se repiten personajes como el del lobo solitario descastado (allí Han Solo, aquí Rey) que aporta simpatía y desparpajo a todas sus acciones. Ambas películas comienzan en terrenos arenosos y ubican luego sus respectivos clímax en el espacio: comenzamos con los pies en el suelo, con la seguridad que da el movimiento a pie, para acabar en un éxtasis flotando en el espacio.

STAR_WARS_06

En el aspecto visual, es importante el esfuerzo de Abrams por alejarse de la parafernalia de efectos visuales digitales que Lucas utilizó para las tres películas de la nueva trilogía. Abrams ha preferido, siempre que ha sido posible, rodar en escenarios reales y eso dota a la película de una fisicidad maravillosa, una corporeidad que, si bien es difícil de definir, está ahí, traspasa la pantalla e impregna de autenticidad la experiencia del espectador. Esta preferencia por lo físico vuelve nuevamente a conectar con las películas de la trilogía original, un aspecto en el que Abrams ha tenido mucho esmero hasta el punto que, nadando contra corriente respecto a la tendencia actual, ha rodado la película con cámaras Panavision Panaflex Millenium que usan película de 35 milímetros en vez de hacerlo con cámaras como las RED o las Arri Alexa que graban en formato digital.

Las conexiones con la trilogía original y, especialmente, con La guerra de las galaxias, son numerosas y a menudo están escondidas en detalles pequeñitos (elementos como el casco con el que Rey juguetea al principio) o incluso en algunos de tamaño más bien gigantesco, tanto que fácilmente pueden pasar desapercibidos: los restos de la nave donde encontramos por primera vez a Rey y cuyas entrañas servirán después para que pueda despistar a unos soldados de la Primera Orden, son nada más y nada menos que los restos de un acorazado imperial del mismo modelo que el que comandaba Darth Vader en la trilogía original.

Este regreso a los personajes, situaciones, ambientes, de la trilogía original tiene un efecto inmediato sobre la percepción que hoy en día tenemos de la misma: aumenta –si cabe- el mito de lo que allí se contaba. Abrams, que es un tipo tan o más listo que Lucas, sabe que el público de hoy en día venera a Han Solo, a Luke Skywalker, a Leia, al Halcón Milenario, y los usa en su película de manera que casi forman parte de una fábula. La película se sitúa años después del final de El retorno del Jedi y Abrams se encarga de dejarnos bien claro que los habitantes de esta época ven en personajes como Han Solo a una leyenda. No hablemos ya de Luke Skywalker, el último de los Jedi, que lleva desaparecido mucho tiempo y al que nadie ha visto en años… en un recorrido argumental paralelo al de Obi Wan-Kenobi en La guerra de la galaxias, he aquí otra coincidencia entre ambas cintas.

Rey, como protagonista absoluta de esta séptima entrega, es quien mejor cataliza esta profunda veneración por Solo y compañía. Su encuentro con el propietario del Halcón Milenario es casi el de una fan con su ídolo. Todas las referencias de ella hacia el personaje de Luke, y por supuesto su sorprendente periplo hacia el final de la película para ir a buscarle, definen perfectamente esta leyenda.

Quizás en su doble función de puente intergeneracional, lo que mejor se le da a Star Wars: El despertar de la Fuerza sea establecer definitivamente como legendarios tanto los hechos como los personajes de la trilogía original. Es un poco lo que Lucas había comenzado a trabajar en los últimos minutos de Star Wars: Episodio III. La venganza de los Sith, con la presentación del icónico traje de Darth Vader y la definitiva transformación de Anakin Skywalker. Abrams continúa ese esfuerzo y, de alguna manera, lo completa con el final de su película: el destino final de Han Solo no hace otra cosa que proyectar su sombra sobre las películas de la saga que han de venir y, muy probablemente, sobre el personaje de Luke.

STAR_WARS_07

Y al mismo tiempo, lo que Star Wars: El despertar de la Fuerza consigue con una habilidad pasmosa es sentar unas sólidas bases para que esta tercera trilogía se convierta en un espectáculo interesante. La mejor, la más contundente de las apuestas de esta película, es el personaje de Rey, interpretado con solvencia y desparpajo por Daisy Ridley. En Rey recae buena parte del peso de esta película, y es Rey quien en no pocos momentos la convierte en un agradable y divertido paseo. Es un hallazgo de personaje de una frescura tan contundente que no cuesta verla como uno de los pilares que aguantan no ya esta tercera trilogía, sino muy probablemente la saga entera. Es lo mejor que podía ocurrirle a Star Wars: un soplo de aire fresco que mira hacia el futuro pero que viene embutido en un huracán de referencias y reverencias que miran al pasado.

Notas:

  1. En este enlace se puede apreciar la complejidad de todo el proceso. Es un álbum fotográfico donde se comparan algunos frames de cuatro ediciones de las películas, incluida la “Despecialized”.  
  2. MAGID, Ron (Febrero 1997). "An Expanded Universe"American Society of Cinematographers. p. 4. (La traducción es del autor del texto)  
  3. La lista de cambios es interminable y afecta sobre todo a aspectos de fotografía, pero también de audio. En las respectivas entradas de las tres películas en www.imdb.com existe abundante y detallada información al respecto que se puede completar con la exhaustiva lista de esta página en inglés de Wikipedia.  
  4. El discurso íntegro puede leerse aquí.  
  5. El director ha criticado abiertamente el look “retro” de la película.  
Publicado en Actualidad del número 49.