Sitges 2012 – ‘Wrong’ (Quentin Dupieux, 2012)

Cuando la nada se hace cine

El Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya fue uno de los certámenes cinematográficos que en 2010 acogieron con los brazos abiertos la tercera película de Quentin Dupieux, Rubber, que, como el resto del trabajo cinematográfico de este músico electrónico (conocido en este ámbito como Mr. Oizo), se caracteriza por un surrealismo brutal e incondicional llevado a unos límites tan absurdos que la propuesta –un neumático con poderes telepáticos se dedica a ir asesinando a personas– no puede ser digerida amablemente por cualquier tipo de público. Aunque Rubber era graciosa, su premisa no daba para un largometraje, y en consecuencia se agotaba pronto y se volvía redundante. Este 2012, Sitges presenta en sección oficial a concurso Wrong, que, por si alguien lo dudaba, no abandona la línea marcada por Dupieux sino que más bien al contrario la lleva a un paroxismo estomagante ante el que es muy fácil llegar a atragantarse.

Curiosamente, la propuesta de Wrong, aun siendo obviamente especial, parece a priori menos surrealista que la de Rubber: un hombre pierde a su perro y descubre que lo ha secuestrado una empresa que se dedica precisamente a eso, a secuestrar animales de compañía para que sus propietarios, ante la ausencia del animal, les vuelvan a querer como al principio. Desde luego es un argumento más “normalizado” que poner a un neumático a reventar cabezas, que es lo que ocurría en Rubber. Sin embargo, esta apariencia de una mayor convencionalidad se disipa en cuanto asistimos a los primeros minutos de proyección de Wrong: un despertador marca las 07:59 y cuando todo el mundo espera que cambie a las 08:00 cambia a las 07:60, un vecino niega que haga jogging aunque lo practica cada mañana, un detective encargado de encontrar al perro necesita todo tipo de detalles –algunos de tipo escatológico– pero rehúsa una fotografía del animal porque ya tiene todo lo que necesita… Este es el mundo al revés de Wrong, y la película se articula en base a que todos los personajes hacen o dicen cosas sin sentido excepto el protagonista, que es el centro de la acción y el único elemento digamos de cordura en toda la historia.

Lo que de ninguna manera se le puede negar a Dupieux, vistas sus dos últimas películas, es la consecución de un universo muy particular en el que no existe la lógica tal y como la conocemos, en el que se cuestiona cualquier norma tanto a nivel formal (en Rubber, por ejemplo, se establecía un diálogo metalingüístico con el espectador ya que la misma narración principal era visionada por un público desde una colina) como a nivel narrativo (en Wrong, por citar uno de los innumerables ejemplos, un excremento de perro tiene memoria y esta memoria es grabada en vídeo para visualizar todo el trayecto a través del intestino hasta la defecación en el jardín). Pero en su última película, este enfant terrible radicaliza la propuesta y la ubica en la frontera de lo inadmisible. El desfile de personajes y situaciones imposibles puede que haga gracia a mucha gente (en realidad, el pase en el Festival de Sitges se ha saldado con continuas carcajadas y una ovación final), pero en realidad es una bochornosa oda a la nada más absoluta, un ejercicio de desprecio absoluto por la narración cinematográfica a la que dinamita sin piedad. Dupieux pretende ahogar la convencionalidad en el absurdo más absoluto, y lo consigue a base de no explicar nada, de fusilar la lógica narrativa interna en cada escena, casi en cada plano. Reduciéndolo todo a un sinsentido, Wrong deviene una pieza autoral rebosante de una estupidez insoportable, una chorrada que no va a ninguna parte y que a los quince minutos agota la paciencia de quien espera que le expliquen algo.

Me queda la duda, sin embargo, de si Wrong es una mera provocación o si Dupieux se cree que ha confeccionado un fresco del sinsentido con el que se pueda establecer un diálogo. En este último caso, le recomiendo que se mire alguna de las películas que han sentado cátedra en esto del humor absurdo, empezando por Aterriza como puedas (Jim Abrahams, David Zucker & Jerry Zucker, Airplane!, 1980), a ver si la próxima vez, por lo menos, es menos redundante y más ingenioso.

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