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Sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde, Xavier Dolan, 2016)

Morir es más fácil que estar vivo

En estas fechas en las que aún están presentes las reuniones familiares —y todo lo que ello conlleva— desembarca en las salas el último trabajo del joven director canadiense Xavier Dolan. Solo el fin del mundo cuenta la historia de Louis (Gaspard Ulliel), un escritor que vuelve a casa con su familia, tras doce años de ausencia, a comunicarles que le queda poco tiempo de vida. El reencuentro con su madre, sus hermanos y su cuñada, tras tanto tiempo de distancia, genera unas tensiones físicas y emocionales que crean un ambiente denso y enrarecido que cubre toda la película.

El film de Dolan está basado en una obra de teatro de Jean-Luc Lagarce, lo que propicia que el director desarrolle una cierta estética teatral en su puesta en escena: tramas que transcurren en espacios definidos, pequeños y casi siempre interiores (habitación, salón, cocina…), mucha presencia de diálogo, gran importancia de la interacción entre personajes, que a su vez son pocos (cinco) y están presentes de un modo u otro todo el tiempo, o la división de la historia en actos o escenas coincidiendo con el cambio de espacio. Pero Dolan no se limita a hacer una versión filmada de una obra teatral, sino que explota también los juegos cinematográficos y la utilización de recursos propios del medio, lo que siempre supone un enriquecimiento de una adaptación e, incluso, puede ser la única justificación para que una obra se adapte de un medio a otro. Así pues, aprovechando los mecanismos del cine, que no son posibles en el teatro, podemos contemplar los rostros de los personajes en primeros planos y planos cortos, que abundan en la película, podemos ser partícipes de juegos de mirada sutiles, y, sobre todo, mediante un montaje bastante inteligente, se nos pueden revelar, ocultar o seleccionar elementos de la puesta en escena, según el foco de atención que el director quiera destacar.

Además de esto, como es habitual en su filmografía, Dolan se gusta en jugar con la banda sonora y crear momentos entre el esperpento y la maravilla, como un flashback a la infancia con el “Dragostea Din Tei” de O-Zone retumbando en la sala, un uso inesperado de la música pop en escenas dramáticas —que forzosamente recuerda a los dos maestros contemporáneos de esta técnica: Martin Scorsese y Quentin Tarantino—, que provoca una acentuación y una sacudida de las expectativas. A parte de los juegos “poperos”, la película se nutre de la banda sonora compuesta por Gabriel Yared, con unas piezas que crean una hipérbole dramática angustiosa, casi opresora.

Esta intensidad dramática exagerada, además de mediante la banda sonora, se consigue mediante reacciones e interacciones entre los personajes que no podemos terminar de comprender: un torrente de emociones y desahogos que parecen aparecer de la nada, o de un trasfondo que nunca aparece. Con este gesto, Dolan traslada magistralmente la trama familiar al terreno de la discusión ajena, la disputa ante la que un invitado externo y sin referencias no puede hacer más que guardar un silencio incómodo y esperar a que acabe, tratando, sin éxito, de recomponer los fragmentos y las señales que va percibiendo. La sensación de incomodidad traspasa a la de unos familiares a los que el tiempo y la distancia ha enrarecido, adquiriendo una importancia tal que creo no equivocarme al decir que la interpretación de este juego de exageración emocional es la clave para la interpretación de la película y la opinión final con la que uno pueda salir de la sala de cine.

Dolan vuelve en su obra al tema de las familias desestructuradas, pero lo hace llevándolo un paso más allá, no solo por contar por vez primera con un reparto íntegramente de primera línea (Vincent Cassel, Léa Seydoux, Marion Cotillard, Nathalie Baye) —que le permite sostener gran parte de la fuerza de la trama en unas interpretaciones titánicas—, sino por explorar terrenos de significado que van mucho más allá de un hijo que no soporta a su madre: la imposibilidad de huir del pasado, la mutación de recuerdos alegres en dolorosos, el rencor, la cicatriz que deja una herida emocional mal curada en el tiempo. Las cargas que alguien puede ir adquiriendo y manteniendo a lo largo de su vida, cargas que hacen que morirse pueda parecer solo el fin del mundo.

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Atlántida Film Fest – Sección Atlas (II)

Mirando por el retrovisor sin ira

Durante la primera década de este siglo uno de los debates cinéfilos más encarnizados fue aquel que enfrentó a los defensores del género frente a lo que podríamos denominar cine de autor. Un debate, si se quiere, que obviaba de alguna manera cosas tan evidentes como que en el fondo el auteur no dejaba de ser alguien que no se enfrentaba al género, sino que lo revisitaba pasándolo por su filtro. No hace falta acudir al tópico de mentar a Quentin Tarantino como ejemplo paradigmático, otros como Godard ya habían hecho algo tan posmoderno (aunque el término llegaría mucho después) como filtrar bajo sus parámetros deconstructores de género el noir americano en Al final de la escapada (À bout de souffle, 1959) y Banda aparte (Bande à part, 1964). Como en todo debate, y siguiendo el modelo hegeliano, la superación del mismo toma forma de síntesis. Este el caso de 4 cineastas, Dolan, Cattet, Forzani y Donzelli, quizás reacios a autoconsiderarse autores "stricto sensu", cuyas últimas obras tienen mucho que ver con el género pasado por el tamiz de sus propias obsesiones e ideas cinematográficas.

Sea por su juventud, por sus maneras grandilocuentes o por su insistencia en dejar descaradamente su sello personal en sus películas, Xavier Dolan no deja indiferente a nadie. De hecho sus admiradores y detractores se vuelcan en su cine con la misma pasión tanto en loanzas como en vilipendios. Más allá de los gustos personales tal apasionamiento no resulta extraño ya que si de algo no adolecen los filmes del director canadiense es de eso, pasión. Por ello mismo Tom à la ferme es sin duda su película más objetivable (si algo como eso es posible), precisamente por la moderación en sus estilemas autorales. Sin duda, su ubicación contextual genérica, y más su localización geográfica, parecen contribuir a ello ya que estamos ante una suerte de película de terror psicológico, fronteriza con el submundo del paletismo rural, situada en una gélida granja canadiense. No hay que llevarse a engaño, no veremos seres deformes con máscara descuartizando a jóvenes ávidos de sexo, aquí de lo que se trata es de la contención de los sentimientos, de la amenaza velada, del intimismo del miedo al qué dirán o a lo que pueden hacerte ante un hecho no precisamente popular en esos parajes como es la homosexualidad. Travellings furiosos para escapes imposibles, primeros planos desesperados y una puesta en escena de la congelación, del no movimiento, de la desesperación emocional cautiva se suceden para crear un espacio tan abierto como claustrofóbico. Un lugar que es el Síndrome de Estocolmo hecho realidad. En este sentido Dolan denota que conoce perfectamente los trucos genéricos para la angustia, sin embargo, y aunque en menor medida que de costumbre, no puede dejar de mostrar su militancia queer, casi política, en escenas que bordean la vergüenza ajena por su condición de manifiesto completamente desubicado. Aun así estamos ante posiblemente la mejor obra de Xavier Dolan en tanto consigue crear un artefacto híbrido que mezcla voluptuosidad y miedo a partes iguales.

Del Miedo es de lo que mejor sabe hablar en sus filmes el dúo Hélène Cattet y Bruno Forzani. Sus conexiones con el giallo, ya mostradas en su ópera prima Amer (2009), se aumentan y se refuerzan con su nueva aproximación al género. Quizás hablar de evolucionar no es exactamente la palabra a utilizar ya que sus constantes estilísticas permanecen ahí, reconocibles, aunque tomando una ligera dirección diferente. La imagen, la atmósfera y el color siguen siendo elementos configurativos de suma importancia, cierto, pero a diferencia de Amer no definen la película, dejando a la palabra la responsabilidad de la exposición argumental. El problema fundamental aparece cuando la potencia visual no complementa sino que choca con la historia contada. Por ello L’étrange couleur des larmes de ton corps resulta una película claramente identificable en autoría pero difícilmente digerible en cuanto a género. De alguna manera este intento de evolucionar y depurar un estilo acaba por convertirse en su contrario, en una barroquización excesiva de elementos que hacen del film un experimento quizás más adecuado para ser una instalación audiovisual de museo que una película como tal.

La inspiración rosácea, tan presente en los tonos pastel de la película de Valérie Donzelli, Main dans la main, es evocadora del musical clásico. Invita a la ligereza del baile, de la comedia amable, del romance seguro, del happy end sin paliativos. No, no hablamos de las coreografías pantagruélicas a lo Busby Berkeley. Estamos más bien en el territorio Astaire & Rogers, donde el argumento es solo un pretexto para que nazca el romance. Quizás pueda decepcionar esta ligereza viniendo de alguien cuyo anterior trabajo, Declaración de guerra (La guerre est déclarée, 2011), sabía conjugar la dureza del argumento con la delicadeza de su tratamiento. El resultado puede resultar tanto dulzón como cargante, cierto, pero de alguna manera Donzelli sabe impregnar esta fantasía rosa de otra de las constantes en su cine: el dibujo preciso, sin obviar las aristas más antipáticas, de sus personajes. De esta manera conseguimos “salir” de la irrealidad bailada a través de la empatía y la fácil identificación con ellos. Sí, quizás esta no sea la película más profunda de su directora pero tiene la virtud de ser una feel good movie que nunca renuncia a vestirse con el traje de la credibilidad más auténtica.

Como hemos visto el fenómeno de la autoría asumiendo lo genérico no es nada nuevo. Este es un proceso que se ha ido repitiendo a lo largo de la historia y cuya pervivencia se hace más y más acusada a medida que los propios cineastas toman conciencia del bagaje histórico que llevan detrás. Cierto es que este tipo de productos mixtos suelen aparecer en manos de directores jóvenes y noveles (Godard, por citar el ejemplo inicial, también lo era cuando filmó las películas anteriormente citadas) ansiosos por expresar sus ideas a través de aquellos géneros que les entusiasman, pero ello no es síntoma de inmadurez, más bien de reflexión y respeto a una herencia, a una forma de revivir y a la vez reinventar el cine. Una forma si se quiere de que los recuerdos y la pasión por el séptimo arte nunca mueran.

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Listas 2013: Revisión del año

El 2013 ha sido un año de películas apasionantes a todos los niveles. Por eso, siguiendo la tradición, hemos pedido a nuestros redactores que nos hicieran una lista con las diez mejores piezas de este año acabado de terminar. Aquí entran, en primer lugar, los largometrajes estrenados comercialmente en España, pero también aquellos inéditos que se han podido ver en festivales, así como capítulos de series de televisión, algún cortometraje... Siempre es difícil decir qué entra en cada año (hay filmes que, de festival en festival y finalmente estrenados, podrían llegar a figurar en las listas de 3 años distintos), pero hemos preferido dejarlo al criterio de cada redactor. En cualquier caso, las listas individuales y los resultados finales dan una idea clara del rostro cinematográfico de este 2013.

Como el año pasado, hemos dado la posibilidad de votar los filmes más "sobrevalorados" del año. Se trata de una segunda lista siempre difícil, de ambigua denominación, a la que pocos redactores han concurrido. Los resultados, sin embargo, dan cuenta de las discordancias que siempre existen en el ejercicio de las listas.

En esta batalla de títulos, llena de contrastes, vuestros comentarios son más que bienvenidos.

Cómputo global

El Top se abre con un empate entre Antes del anochecer, la tercera entrega de la trilogía de Richard Linklater, y Spring Breakers, de Harmony Korine. Cada una de ellas cuenta con 7 menciones de un total de 15 listas; el consenso, realmente, es difícil de alcanzar. Les siguen The Master, con 6 menciones, y después GravityLa gran belleza y La vida de Adèle, que comparten la tercera posición. El ranking que presentamos a continuación se completa con 9 piezas más, conformando un total de 15. A grandes rasgos, podemos señalar algunos datos. Las producciones estadounidenses ocupan siete posiciones y el resto se reparte entre países europeos (el más recompensado, Francia), la canadiense Laurence Anyways y la israelí The Congress, aunque ambas tienen parte de producción europea. No hay nada de otras partes del mundo (como mínimo, en lo que a la productora principal se refiere). La representación española en esta selección se limita a Mapa, de León Siminiani, que es, junto a Searching for Sugar Man, el único documental de la lista (con todos los peros que puede tener la denominación). En The Congress tenemos el único título de animación (aunque no lo sea en su totalidad), y también el único no estrenado comercialmente en España (y de momento sin fecha de lanzamiento).

1. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013) + Spring Breakers (Harmony Korine, 2012) (7 menciones)
 
2. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012) (6 menciones)
 
3. Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) + La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013) + La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) (5 menciones)
 
4. Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012) + Mud (Jeff Nichols, 2012) + Tabú (Miguel Gomes, 2012) + Un verano ardiente (Philippe Garrel, 2011) (4 menciones)
 
5. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012) + Mapa (León Siminiani, 2012) + Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012) + The Congress (Ari Folman, 2013) + To the Wonder (Terrence Malick, 2012) (3 menciones)

En lo que concierne a las listas de películas "sobrevaloradas", no es posible hacer rankings, pues ningún título ha ganado más de 2 menciones. Sin embargo, enumerar los que han sido doblemente votados merece la pena, pues varios de ellos están también en el podio anterior, por ejemplo Antes del anochecer Spring Breakers, que compartían el primer puesto.

Amor (Michael Haneke, 2012)
Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
Blue Jasmine (Woody Allen, 2013)
Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
Hannah Arendt (Margarethe von Trotta, 2012)
La caza (Thomas Vinterberg, 2012)
Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)
Like Someone in Love (Abbas Kiarostami, 2012)
Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
Stoker (Park Chan-wook, 2013)
The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012)

Quien en estas dos listas no encuentre su resumen del año, podrá probar suerte en los tops individuales, que recogen un total de 89 piezas distintas.

Listas individuales

Ricardo Adalia Martín

Top

1. Alegrías de Cádiz (Gonzalo García Pelayo, 2013)
2. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
3. En otro país (Hong Sang-soo, 2012)
4. Un verano ardiente (Philippe Garrel, 2011)
5. To the Wonder (Terrence Malick, 2012)
6. Viola (Matías Piñeiro, 2012)
7. Tabú (Miguel Gomes, 2012)
8. Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013)
9. Mapa (León Siminiani, 2012)
10. Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012)
 
 

María Adell

Top

1. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
2. Tabú (Miguel Gomes, 2012)
3. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)
4. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
5. Después de mayo (Olivier Assayas, 2012)
6. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
7. Bienvenidos al fin del mundo (Edgar Wright, 2013)
8. Mud (Jeff Nichols, 2012)
9. La herida (Fernando Franco, 2013)
10. Gru - Mi villano favorito 2 (Pierre Coffin y Chris Renaud, 2013)
 
 

Aaron Cabañas

Top

1. Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012)
2. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
3. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
4. Tabú (Miguel Gomes, 2012)
5. Mud (Jeff Nichols, 2012)
6. La casa Emak Bakia (Oskar Alegria, 2012)
7. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
8. Una familia de Tokio (Yôji Yamada, 2013)
9. La lava en los labios (Jordi Costa, 2013)
10. Frances Ha (Noah Baumbach, 2012)
 
 

Lara Cano

Top

1. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)
2. Frances Ha (Noah Baumbach, 2012)
3. Perder la razón (Joachim Lafosse, 2012)
4. Viola (Matías Piñeiro, 2012)
5. Un verano ardiente (Philippe Garrel, 2011)
6. Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012)
7. Gloria (Sebastián Lelio, 2013)
8. Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012)
9. Tomboy (Céline Sciamma, 2011)
10. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)

"Sobrevaloradas"

1. La caza (Thomas Vinterberg, 2012)
2. Stoker (Park Chan-wook, 2013)
3. Hannah Arendt (Margarethe von Trotta, 2012)
4. Amor (Michael Haneke, 2012)
5. Mapa (León Siminiani, 2012)
6. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
 
 

Marga Carnicé

Top

1. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)
2. Stories We Tell (Sarah Polley, 2012)
3. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
4. Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
5. Bestias del sur salvaje (Benh Zeitlin, 2012)
6. Nana (Valérie Massadian, 2011)
7. Searching for Sugar Man (Malik Bendjelloul, 2012)
8. Mapa (León Siminiani, 2012)
9. Bajarí (Eva Vila, 2013)
10. Tots volem el millor per a ella (Mar Coll, 2013)
 
 

Gerard Casau

Top

1. Breaking Bad S05E14: Ozymandias (Rian Johnson, 2013)
2. E Agora? Lembra-me (Joaquim Pinto, 2013)
3. L'étrange couleur des larmes de ton corps (Hélène Cattet y Bruno Forzani, 2013)
4. The Congress (Ari Folman, 2013)
5. A Vingança de Uma Mulher (Rita Azevedo Gomes, 2012)
6. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
7. Why Don't You Play in Hell? (Sion Sono, 2013)
8. Juego de Tronos S03E09: The Rains of Castamere (David Nutter, 2013)
9. Tú y yo (Bernardo Bertolucci, 2012)
10. Sons of Anarchy S06E13: A Mother's Work (Kurt Sutter, 2013)
 
 

Javi Cózar Castillo

Top

1. El atlas de las nubes (Tom Tykwer, Andy Wachowski y Lana Wachowski, 2012)
2. La ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012)
3. Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
4. Mud (Jeff Nichols, 2012)
5. Coherence (James Ward Byrkit, 2013)
6. Asalto al poder (Roland Emmerich, 2013)
7. The Philosophers (John Huddles, 2013)
8. Un amigo para Frank (Jake Schreier, 2012)
9. Un invierno en la playa (Josh Boone, 2012)
10. Dolor y dinero (Michael Bay, 2013)

"Sobrevaloradas"

1. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
2. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)
3. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
4. Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010)
5. Blue Jasmine (Woody Allen, 2013)
6. The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012)
7. Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012)
8. Stoker (Park Chan-wook, 2013)
9. La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2012)
10. Amor (Michael Haneke, 2012)
 
 

Marla Jacarilla

Top

1. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)
2. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
3. Mapa (León Siminiani, 2012)
4. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
5. La quinta estación (Peter Brosens y Jessica Woodworth, 2012)
6. La lapidation de Saint Étienne (Pere Vilá Barceló, 2012)
7. It's Such a Beautiful Day (Don Hertzfeldt, 2012)
8. La última vez que vi Macao (João Rui Guerra da Mata y João Pedro Rodrigues, 2012)
9. Upstream Colour (Shane Carruth, 2013)
10. Perder la razón (Joachim Lafosse, 2012) 

"Sobrevaloradas"

1. 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2013)
2. Érase una vez Anatolia (Nuri Bilge Ceylan, 2011)
3. The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012)
4. El atlas de las nubes (Tom Tykwer, Andy Wachowski y Lana Wachowski, 2012)
5. To the Wonder (Terrence Malick, 2012)
6. El lado bueno de las cosas (David O. Russell, 2012)
7. Like Someone in Love (Abbas Kiarostami, 2012)
8. Betrayal (Kirill Serebrennikov, 2012)
9. Sólo Dios perdona (Nicolas Winding Refn, 2013)
10. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)
 
 

Mónica M. Marinero

Top

La noche más oscura (Kathryn Bigelow, 2012)
The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
Penumbra (Eduardo Villanueva, 2013)
Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
Tierra de nadie (Salomé Lamas, 2012)
To the Wonder (Terrence Malick, 2012)
Un verano ardiente (Philippe Garrel, 2011)
La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2012)
P3nd3jo5 (Raúl Perrone, 2013)
Volar (Carla Subirana, 2012)
 
 

Alberto Martín Acedo

Top

1. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
2. La noche más oscura (Kathryn Bigelow, 2012)
3. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
4. Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012)
5. Una familia de Tokio (Yôji Yamada, 2013)
6. Un verano ardiente (Philippe Garrel, 2011)
7. To the Wonder (Terrence Malick, 2012)
8. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)
9. Mud (Jeff Nichols, 2012)
10. La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2012)
 
 

Cloe Masotta

Top

Les salauds (Claire Denis, 2013)
Leviathan (Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel, 2012)
White Epilepsy (Philippe Grandrieux, 2012)
Tabú (Miguel Gomes, 2012)
The Congress (Ari Folman, 2013)
Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
El último de los injustos (Claude Lanzmann, 2013)
Camille Claudel 1915 (Bruno Dumont, 2013)
The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
 
 

Álex P. Lascort

Top

1. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)
2. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
3. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
4. Expediente Warren (James Wan, 2013)
5. El pasado (Asghar Farhadi, 2013)
6. Stoker (Park Chan-wook, 2013)
7. Sólo Dios perdona (Nicolas Winding Refn, 2013)
8. Bienvenidos al fin del mundo (Edgar Wright, 2013)
9. Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012)
10. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)

"Sobrevaloradas"

1. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
2. Frances Ha (Noah Baumbach, 2012)
3. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)
4. Blue Jasmine (Woody Allen, 2013)
5. Hannah Arendt (Margarethe von Trotta, 2012)
6. Keep the Lights On (Ira Sachs, 2012)
7. Tabú (Miguel Gomes, 2012)
8. Like Someone in Love (Abbas Kiarostami, 2012)
9. La caza (Thomas Vinterberg, 2012)
10. Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
 
 

Hèctor Prats Castro

Top

1. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
2. Only Lovers Left Alive (Jim Jarmusch, 2013)
3. Enemy (Denis Villeneuve, 2013)
4. Breaking Bad S05E16: Felina (Vince Gilligan, 2013)
5. Of Horses and Men (Benedikt Erlingsson, 2013)
6. A Touch of Sin (Jia Zhangke, 2013)
7. Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
8. Wolf (Jim Taihuttu, 2013)
9. La jaula de oro (Diego Quemada-Díez, 2013)
10. Joven y bonita (François Ozon, 2013)

"Sobrevaloradas"

1. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
2. Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
3. Prisioneros (Denis Villeneuve, 2013)
4. La herida (Fernando Franco, 2013)
5. La danza de la realidad (Alejandro Jodorowsky, 2013)

Endika Rey

Top

1. Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)
2. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)
3. Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)
4. The Congress (Ari Folman, 2013)
5. De tal padre, tal hijo (Hirokazu Koreeda, 2013)
6. La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
7. El desconocido del lago (Alain Guiraudie, 2013)
8. En otro país (Hong Sang-soo, 2012)
9. A propósito de Llewyn Davis (Joel y Ethan Coen, 2013)
10. Stories We Tell (Sarah Polley, 2012)
 
 

Paula Arantzazu Ruiz

Top

Simon Killer (Antonio Campos, 2012)
White Epilepsy (Philippe Grandrieux, 2012)
Misterio (Chema García Ibarra, 2013)
Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
Tryouts (Susana Casares, 2013)
Les salauds (Claire Denis, 2013)
The Canyons (Paul Schrader, 2013)
Pays barbare (Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi, 2013)
La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
Stray Dogs (Tsai Ming-liang, 2013)
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‘Romeos’ (Sabine Bernardi, 2011)

El género en disputa

1) “Si te gustan los chicos, quédate mujer, será más fácil”. Así, sin más, del tirón. Esto le suelta Ine a su amigo Lukas, una transexual en proceso de cambio de sexo (de hembra a macho), cuando observa recelosa la fascinación y el deseo que siente por Fabio, un chico homosexual. De entrada, la proposición de Ine es fea y presupone conductas unívocas desde una visión heteronormativa, algo gracioso si se tiene en cuenta que quien lanza el dardo es una lesbiana, síntoma de que lo trans sigue generando dilemas, sea en el entorno que sea. Esta es la secuencia clave de Romeos, el primer largo de Sabine Bernardi, el momento en el que sale a relucir todo el peso teórico de la película. Pero paso a paso.

Paso a paso porque ante películas que abordan el transgénero nace la complejidad de la identidad del individuo, esto es a qué sexo pertenece (sexo: macho o hembra), qué conciencia tiene de sí mismo (género: hombre o mujer) y qué orientación sexual desarrolla (tendencia afectiva y/o sexual: heterosexual, homosexual, bisexual…). E Ine lo resumía todo en una frase que escondía un trasfondo simplón: si naces con genitales femeninos eres mujer y tu deseo será un ser masculino, por lo que tus prácticas sexuales serán de una determinada manera, por supuesto, heterosexuales [1]. Vamos, dos más dos, cuatro. En absoluto, y de este hilo intenta tirar Bernardi para reivindicar cuán duro resulta no sólo el proceso de transformación del cuerpo, sino el lugar que ocupa cada individuo dentro de las construcciones socioculturales establecidas.

2) Pero toda esta complejidad temática queda anulada en la puesta en escena del film, tanto en el tratamiento del físico como en el juego verdad/mentira: cuándo el entorno de Lukas descubrirá su auténtica identidad. Por una parte, resulta interesante comparar el inicio de la película con otras dos que se han estrenado este año en España y que se acercan también al transgénero: Laurence Anyways (2012), de Xavier Dolan, y Tomboy (2011), de Céline Sciamma. Mientras las dos últimas muestran en la primera secuencia a su protagonista de espaldas —algo oculto está por descubrir—, Romeos se abre con una declaración a cámara y se niega todo un campo de posibilidades. Por la otra, está el cuerpo. En Laurence Anyways, Dolan hace gala de un exceso en la forma con secuencias ralentizadas que detienen el tiempo y dirigen la mirada hacia la piel, hacia lo sensorial y lo expresivo. En Tomboy, se opta por un tono naturalista y tierno para retratar las dudas de identidad sexual en la infancia, y Sciamma prefiere enseñar poco y con tacto, estimulando así la imaginación. Ninguna de las dos películas usa el cuerpo como materia de transformación biológica y sí apuntan principalmente hacia las consecuencias y las dificultades que conlleva este cambio en su ámbito social y personal, ya sea con una peluca, ya sea con un pene de plastilina, respectivamente.

Romeos, por contra, pone todas las cartas sobre la mesa: quiere enseñar la transición FTM (Female to Male) y tira del uso de una webcam para los momentos en los que Lukas comparte inquietudes con otros/as transexuales en la red, experimentando así con el cuerpo transexual como materia (vemos redones, vemos inyecciones); quiere mostrar la fascinación por lo masculino y la cámara insiste en acercarse y acercarse al rostro y al cuerpo de Fabio; quiere denunciar los problemas burocráticos y plantea una secuencia a la que se le ven las costuras (“esta es la secuencia de denuncia”); quiere dibujar una historia sentimental y juega atropelladamente con la persecución como metáfora; quiere arriesgarse con escenas de sexo, pero entonces la cámara se aleja del cuerpo, lo omite. Alto. ¿Hacia dónde se dirige la mirada de Bernardi? Es meritoria la aproximación al tema, pero es una lástima que el tratamiento al mismo resulte confuso y disperso. La necesidad de (de)mostrar toda la carga teórica acaba por convertir Romeos en una película que se pierde en su propio discurso. Bernardi debería haber girado alrededor de las palabras de Ine, por muy hirientes e ingenuas que fueran. En ellas estaba el origen de la disputa.

Notas:

  1. La lógica de la ley heteronormativa, según desarrolla Judith Butler en El género en disputa (1990). 
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‘Laurence Anyways’ (Xavier Dolan, 2012)

Los poetas no pueden morir de frío

Permitidme empezar este texto introduciendo un breve comentario autobiográfico que considero tiene bastante relación con aquello de lo que voy a hablar después. A menudo me gusta imaginar un mundo utópico: un lugar en que los críticos de cine reflexionan sobre una de las cosas que más les interesa en la vida. Un mundo en que los críticos de cine son apasionados, disfrutan de su trabajo y llevan las ansias de celuloide incrustadas en la sangre, llegando a desarrollar una dependencia tal que serían incapaces de sobrevivir sin él. Porque comprenden que el llamado “séptimo arte” no es tan sólo un entretenimiento; que esa “invención sin futuro”, como dijeron los hermanos Lumière, puede llegar a ser una herramienta de transformación social o incluso una vía de escape para muchas personas cuya vida sería mucho menos llevadera sin él. A menudo me encierro en una burbuja y me aíslo del mundo real, me instalo en ese mundo utópico y me quedo a vivir allí largas temporadas. Pero de vez en cuando mi conciencia social y la necesidad imperiosa de acudir a algún que otro pase de prensa me obligan a regresar al mundo real. Por eso fui al pase de prensa de Laurence Anyways. Por eso, y porque considero que Xavier Dolan (con tan sólo 24 años y ya tres películas en su haber) se ha convertido en uno de los directores más interesantes del cine francés contemporáneo.

Pero regresemos al mundo; no al utópico sino al de verdad. Regresemos a ese pase de prensa. Un pase de prensa en que los únicos comentarios previos a la película son los referentes a su excesiva duración (168’). “Las películas, más de noventa minutos, no tendrían que durar.” Así me gusta, sobre todo predisposición. Me siento en la fila seis y agudizo el oído, siempre tengo curiosidad en este tipo de ocasiones. “A mí el tema de los que no encuentran su sexo me la trae muy flojilla, enfermos hay muchos en esta sociedad.” Palabras textuales provenientes de la fila de atrás. Pero hablemos de la película, que era la intención inicial. Laurence Alia, protagonista de la historia, realiza al principio del film toda una declaración de intenciones: “tan sólo busco una persona que me entienda y que hable mi idioma”. “Querido Laurence, –le respondo en silencio– yo busco exactamente lo mismo que tú; si lo encuentras avísame y me marcho contigo.”

Dolan nos introduce sin titubeos en la historia de Laurence (memorable interpretación de Melvil Poupaud), mujer atrapada en el cuerpo de un hombre que lucha como puede contra una enorme montaña de prejuicios sociales. La historia de alguien que nos revela toda su fuerza y consigue mostrar honestidad respecto a su propia persona. También nos habla de su historia de amor con Fred (estupenda Suzanne Clément) y de la supervivencia de su relación a lo largo de 10 años.

Dolan utiliza la música con gran habilidad y la sitúa en momentos estratégicos del filme. Al principio de la película, Laurence y Fred mantienen su primera discusión mientras Montescos y Capuletos del ballet de Prokofiev se enfrentan. La 5ª Sinfonía de Beethoven suena cuando nos acercamos al epicentro de la historia, la llamada del destino, la decisión de Fred de marcharse de casa. Escuchamos la 7ª Gnossienne de Satie mientras, al final del filme, Laurence mantiene una conversación con una periodista sobre la demarcación entre lo normal y lo marginal. Mientras tanto, recordamos que Satie fue marginado en su momento por los músicos mas académicos.

Dolan es clásico, en el mejor sentido de la palabra. Su obra denota un desmesurado placer por la narración, por construir personajes y contar historias grandiosas. Después de 160 minutos, aparecen los títulos de crédito y me quedo con esa sensación (por desgracia, muy poco frecuente) de haber vivido una vida paralela a la mía. “Me lo he creído todo, querido Dolan, porque sé que has sido sincero”. A la salida, agudizo de nuevo el oído. “Muuuuuuuuuy pretenciosa”, escucho por las filas del fondo. Escueto comentario que me genera las siguiente dudas: ¿quién no quiere comerse el mundo con 24 años? ¿quién no tiene la necesidad de contarlo todo, de emular a Wagner, de conseguir una obra de arte total? ¿y qué pasa si lo consigues y la mayoría de gente a tu alrededor no se da cuenta?

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D’A 2013 (02/05/2013) – Fin de fiesta y recapitulaciones siempre incompletas

Llegamos al final de esta tercera edición del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona y lo hacemos con la tristeza de no haber tenido la oportunidad de ver algunas de las películas y no haber tenido el tiempo para hablar de otras. Tan sólo una semana y más de cincuenta largometrajes, a ver quién es capaz de enfrentarse a eso. Entre el agotamiento cinefílico y la satisfacción de haber visto muchos y muy buenos filmes, damos un pequeño repaso a la jornada de ayer y también a algunas de las cosas que hasta el momento no habíamos tenido la ocasión de comentar.

La clausura del festival corrió a cargo de Neus Ballús y su película La plaga, una de esas obras enclavadas en el ya famoso terreno del documental ficcionado (o a veces también de la ficción documentalizada) que entrecruza las vidas de cinco personajes y nos muestra, desde un infinito cariño, el devenir de sus rutinas. A destacar las interpretaciones (cuando uno hace de sí mismo... ¿sigue teniendo sentido llamarlas así, interpretaciones?) de Rosemarie –enfermera en un asilo– y de María –anciana revoltosa que enternece el corazón de cualquiera–.

El premio Nou Talent otorgado por la ACCEC, Asociació Catalana de Crítics i Escriptors Cinematogràfics, fue a parar a manos de Eloy Enciso y su onírico film Arraianos. Una mirada reposada y sensitiva que, partiendo de la obra teatral O bosque, de Jenaro Marinhas del Valle, nos acaba remitiendo inevitablemente al cine de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet.

Pero la sorpresa de la noche fue sin duda el premio del público, otorgado a la película Otel·lo. Y digo sorpresa porque el que más y el que menos suponía que Frances Ha o incluso Laurence Anyways eran las que tenían más probabilidades de alzarse con el galardón. El público nunca dejará de sorprendernos.

De Laurence Anyways no hemos hablado todavía, y pedimos disculpas públicamente por ello. Nada más lejos de nuestra intención que hacerle el vacío a Xavier Dolan, el nuevo niño prodigio del cine canadiense que, con tan sólo veinticuatro años (habéis oído bien) ha dirigido ya tres películas de una calidad innegable, siendo sin duda alguna Laurence Anyways la más madura de ellas. Sí, ya sé, hablar de madurez a los veinticuatro suena extraño pero, sinceramente, ya quisieran algunos cineastas de consolidada carrera haber dirigido algo así en sus inicios. Las impecables interpretaciones de Melvil Poupaud y Suzanne Clément refuerzan la capacidad de impacto emocional de un guión ambicioso, innegablemente barroco aunque afortunado en sus excesos. Una historia de amor que desafía cualquier tipo de convención y cuyo único “pero” (si hubiese que ponerle alguno), sería su tal vez algo excesivo metraje.

Otra de esas películas que pasó por el festival de un modo aparentemente silencioso pero calando hondo entre quienes la vieron fue A última vez que vi Macao, inquietante experimento dirigido a cuatro manos entre João Rui Guerra da Mata y João Pedro Rodrigues, autor que ya nos trajo en el pasado D’A la emotiva Morrer como um homem y de la que Enrique Aguilar nos habló en aquel especial dedicado al cine portugués contemporáneo. Ecos de cine negro y de Chris Marker, sobre todo de Chris Marker (la sombra de Sans Soleil es alargada), en una historia con imágenes “aparentemente” aleatorias (una Macao turbadora en la cual nos sentimos permanentemente como turistas desubicados) que comete la osadía de no mostrarnos el rostro de su protagonista. Personalmente, aplaudo la arriesgada decisión. Y también la maestría de sus directores para sostener una película mediante la voz en off, ese recorrido recurso que muy pocas veces he visto utilizar con tanta pericia como en esta ocasión.

La dosis de sufrimiento que nos proporcionaron películas como Boy Eating the Bird’s Food, La lapidation de Saint Étienne o La cinquième saison se vio aumentada considerablemente durante la proyección de À perdre la raison, película que nos muestra con extremada crudeza las irremediables consecuencias de una esclavitud solapada, aquella a la que se ve sometida un ama de casa con cuatro niños cuyo agotamiento físico y psicológico acabará excediendo cualquier límite que seamos capaces de imaginar.

En definitiva, muchas historias que reflejan una realidad dura e inclemente (sí, esa maldita época de crisis que nos ha tocado vivir), un espacio importante para los largometrajes híbridos situados entre el documental y la ficción (La plaga, Arraianos, The Imposter...), una consideración especial a aquellos largometrajes “en primera persona” (A dream’s merchant, Mi loco Erasmus, Tiny Furniture... y por supuesto no nos olvidemos de Mapa, sobre la cual ya hablamos largo y tendido en este artículo), un pequeño hueco para la comedia (Tower, Wasteland, también esa Frances Ha que probablemente marcará a una generación; algo minoritaria, sí, pero generación al fin y al cabo) y un apartado dedicado al cine rumano que recoge algunos de los más representativos filmes realizados desde el 2000. Esperemos que lo hayáis disfrutado. Nosotros lo hemos hecho, y mucho.

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