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‘The Deep Blue Sea’ (Terence Davies, 2011) [Cameo 2013]

Desde Londres con (des)amor

Si hace unos días celebrábamos la edición en DVD de Blancanieves (Pablo Berger, 2012), película de cuidada factura visual y notables pretensiones artísticas, nos alegramos de que Cameo haya decidido editar esta discreta joya de confuso título: The Deep Blue Sea, que pudo verse en prestigiosos festivales como Londres, Toronto o San Sebastián, antes de su inadvertido paso por nuestras salas.

El film, adaptación de una exitosa obra de teatro de Terence Rattigan estrenada en 1952, conoció la primera versión cinematográfica en 1955 de la mano del multigénerico y siempre apasionado Anatole Litvak. Para esta, Davies recoge y combina estos dos precedentes y construye una preciosista puesta en escena que reinterpreta el origen teatral de Rattigan y, a la vez, la síntesis narrativa de Litvak. En sus secuencias de interior, Davies se ampara en la prodigiosa fotografía del alemán Florian Hoffmeister que, bebiendo confesamente de Vermeer, envuelve de delicada condescendencia la amarga historia de la protagonista y otorga al conjunto una majestuosa identidad. The Deep Blue Sea se ubica en la puritana Inglaterra post-Segunda Guerra Mundial, en la que Hester Collyer (Rachel Weisz) es una mujer casada con un hombre mucho mayor que ella, un insigne juez que le ha proporcionado estabilidad y un alto nivel de vida, pero que no ha sabido ponerle pasión a su matrimonio. Hester conocerá a Freddie (Tom Hiddleston), un ex piloto dela RAF bebedor y pendenciero, quien le descubrirá un mundo nuevo y del que caerá enamorada, pero este no podrá darle estabilidad a su relación ya que su atracción hacia ella es sólo sexual. Ante tal dicotomía y el temor de volver a una vida insulsa y monótona, Hester decidirá suicidarse.

Dos luces y dos sombras en los amores de Hester Collyer, perfectamente representados en la excelente fotografía.

El dicho inglés “Between the Devil and the Deep Blue Sea”, del que se extrae el título de la película, hace referencia al dilema en el que Hester está inmersa y nos sugiere cuál es su tono general. La muy eficaz síntesis con la que se plantea la situación inicial da lugar, a partir de este momento de la narración, a todo el desarrollo melodramático que, eso sí, con contención y frialdad inglesa, nos llevará por ese estado melancólico que acaba contagiándose a todo el relato. Davies explora con una inusitada sensibilidad formal las idas y venidas de los sentimientos de su protagonista femenina, algo que ya estaba presente en alguna de sus anteriores obras: en La casa de la alegría (The House of Mirth, 2000), donde Davies, escudándose en la adaptación de la novela de Edith Wharton de título homónimo, exploraba la complicada moralidad de una mujer de clase alta en la Nueva York de principios de siglo XX. Con una siempre expresa voluntad de detallismo en su diseño artístico (que destaca especialmente al tratarse, ambas películas, de recreaciones históricas) el director ponía a su protagonista, una joven a punto de casarse, en la difícil situación de elegir entre el hombre del que se había enamorado o el que podría hacerla escalar socialmente. Davies afirma que “el amor es la peculiaridad de la especie humana” [1] y esto se corrobora en su tratamiento de los sentimientos que hace en sus personajes, de los que parece escrutar su conducta, aún sin necesidad de emitir un juicio moral.

Gillian Anderson en ‘La casa de la alegría’ (2000) y Rachel Weisz en ‘The Deep Blue Sea’ (2012). O como Terence Davies filma dos películas (y dos épocas) distintas partiendo de un planteamiento similar.

Esta edición de Cameo presenta la película en su formato original 16:9 y con Dolby Digital 5.1. En el apartado de extras se echa de menos (no nos consta que exista) el habitual Making Off, que nos permitiría, por ejemplo, descubrir el presumible intenso trabajo de Davies con sus actores. Como compensación, Cameo nos ofrece 34 minutos de un interesante material de prensa extraído de la presentación que ofreció el director junto a los protagonistas y el productor de la cinta con motivo de su proyección en el Festival de Cine de San Sebastián, en la que estos explican algunos temas esenciales que abordaron en la confección del film. The Deep Blue Sea ha obtenido el reconocimiento de crítica y público y su edición en DVD es una buena oportunidad para descubrir el porqué.

Notas:

  1. Como así recoge una entrevista realizada por Begoña Piña y publicada el 4 de Septiembre de 2012 en el diario Público
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D’A 2012 – ‘Bullhead’, ‘The Deep Blue Sea’ y ‘Once Upon a Time in Anatolia’

Los géneros proteicos

Decía Witold Gombrowicz algo así como que lo importante no era rechazar los géneros clásicos, sino saber reinterpretarlos para que evolucionen. El escritor polaco estaba hablando por supuesto de literatura, pero considero sumamente apropiado empezar esta crónica haciendo referencia a su comentario porque refleja a la perfección lo visto en el segundo día del Festival de Cinema d’Autor de Barcelona.

 1. Reinventar el thriller

Empezamos la tarde con Bullhead (Michaël R. Roskam), interesante y angustioso thriller ambientado en el mundo del tráfico de hormonas para ganado que, a base de flashbacks que retroceden hasta la infancia del protagonista, realiza un retrato nada complaciente de Jacky Vanmarsenille, personaje introspectivo de cuerpo anabolizado incapaz de superar el pasado que le atormenta.

A pesar de que algún momento el filme cae en algunos tópicos, (investigación policial, amistad recuperada, chica de por medio etc.) la originalidad del argumento inicial y la interpretación de su protagonista la convierten en una propuesta que sorprende en muchos momentos, aunque en otros caiga en el exceso –argumental y dramático– y este mismo hecho le haga perder parte de su efectividad.

2. Reinventar el melodrama

Decir con una película –realizada en 2011– que uno pretende homenajear a Douglas Sirk puede sonar (dependiendo por supuesto de quien lo diga) como un comentario trasnochado, pasado de rosca, desconcertante, o si hablamos de directores como Rainer Werner Fassbinder (Todos nos llamamos Alí, 1973, El Matrimonio de Maria Braun, 1978) o Todd Haynes (Lejos del cielo, 2002), moderno, arty, apropiacionista en el buen sentido de la palabra y casi diría que vintage.

En el caso del británico Terence Davies podríamos decir que con The Deep Blue Sea se apropia de los elementos más característicos de la filmografía de Sirk (pasiones humanas que devienen trágicas por su condición de incontrolables, el drama como condición inherente al ser humano y la tragedia como destino casi inevitable) y les da una vuelta de tuerca al construir una historia barroca –no tanto en el fondo como en la forma–, heredera innegable de la tradición teatral –no en vano, Sirk fue director de artístico en varios teatros y puso en escena obras de dramaturgos como Molière, Strindberg o Brecht– y artificiosa en todos los aspectos.

Por supuesto, las características que recorren la filmografía de Davies siguen ahí: el peso del pasado con el que los protagonistas siempre cargan, los fantasmas tristes que cantan canciones para intentar alejar sus penas, las escenas oníricas que irrumpen la cotidianidad de los protagonistas, la castración psicológica que provocan la convivencia en sociedad y la moral... Davies persiste en sus obsesiones y enfatiza en ellas de un modo vívido e intenso, elaborando una película de naturaleza excesiva pero muy personal.

3. Reinventar ese género de “películas en las que parece que no pasa nada pero en realidad sí que pasa”

Ignoro si en realidad este tipo de películas son consideradas de modo oficial como pertenecientes a un género cinematográfico concreto, y también ignoro si existe alguna palabra que las pueda definir. El caso es que esta característica común –el hecho de que lo importante sea "aquello que reside entre las cosas" y no "las cosas" en sí mismas– recorre, relaciona y estructura algunas películas que me vienen a la mente cuando veo Once Upon a Time in Anatolia. La primera es Memories of Murder (Bong Joon-ho, 2003), pero también pienso en referentes menos directos como Gerry (Gus Van Sant, 2002) o algunas películas de Abbas Kiarostami.

En esta película turca (de metraje, todo sea dicho, bastante excesivo), Nuri Bilge Ceylan utiliza un asesinato como excusa para que recorramos Anatolia de la mano de unos personajes un tanto anodinos (supongo que aquí reside parte del encanto del filme) y desorientados en esa búsqueda que pretende resolverse con (entre muchas otras cosas) la localización de un cadaver. En definitiva, un extraño pseudothriller narrado con mucha, mucha calma. Tal vez demasiada.

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