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Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya 2018. Películas destacadas (I)

Elegir una o varias opciones siempre te obliga a descartar el resto. Señalar tan solo una serie de películas implica ningunear a otras. Es un proceso bastante cruel, algo doloroso y también, por qué no admitirlo, intrínsecamente injusto e incluso en según que contextos, un tanto absurdo. Por mucho que intentemos argumentar de un modo objetivo por qué nos decantamos por elegir tal o cual película y no otra, siempre habrá un inevitable porcentaje de subjetividad visceral que emergerá desde lo más hondo de nuestras entrañas y guiará nuestras decisiones sin que nos demos cuenta. Aun así, no podemos evitar hacer listas constantemente: los libros que nos llevaríamos a una isla desierta, los mejores momentos de nuestra vida, nuestros directores favoritos, las canciones que más nos hacen llorar… Los festivales de cine, sin duda alguna, son el mejor contexto para cultivar el innoble arte de la enumeración. Críticos y públicos se esfuerzan en ver el mayor número de filmes posibles en un breve lapso de tiempo y discuten en las colas de los cines sus rankings con las películas más y menos valoradas; levantando ligeramente el tono de voz cuando aparece la película polémica de la temporada, esa que a unos enerva y a otros fascina. Correrán ríos de tinta sobre algunos de los filmes que hemos podido ver este año en el Festival de Sitges. Algunos de ellos se estrenarán en salas comerciales, otros no. Opiniones enfrentadas intentarán argumentar en extensos artículos sus respectivas valoraciones. Y así, entre crónica y crónica, entre artículo y artículo, entre entrevista y entrevista, se irá conformando esa historia del cine que, afortunadamente, nunca se acaba de definir.

A continuación os dejo con la lista de mis películas favoritas de este año. Algunas han recibido premios y otras han pasado desapercibidas para los distintos jurados. Soy consciente de que me he perdido muchas obras que probablemente merezcan mi atención y confío en que al menos algunas de ellas consigan distribución próximamente en nuestro país. Sea como fuere, esta es mi decisión. Asumo de antemano que nadie tiene por qué estar de acuerdo con ella. De hecho, para algunos críticos, muchas de estas películas podrían estar incluidas en la lista de peores películas vistas en el festival. Pero, después de todo, ¿qué sería de la crítica sin la diferencia?

  1. Animal (Armando Bo, Argentina)

El argentino Armando Bo es conocido por ser el guionista de películas como Biutiful (Alejandro González Iñárritu, 2010) o Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (Alejandro González Iñárritu, 2014), y su opera prima fue El último Elvis (2012), ganadora de un buen puñado de premios de la Academia Argentina. Animal (2018), su segunda película, nos enfrenta de un modo sencillo y directo a la angustia que se oculta en la cotidianidad. Su protagonista, Antonio Decoud, hombre de familia de clase media, se ve obligado a tomar una decisión extrema para solucionar sus graves problemas de salud, pero no es capaz de imaginar los imprevistos a los que tendrá que enfrentarse. La incomodidad que producen algunas de las secuencias de Animal podría hacernos pensar en varias de las películas dirigidas por Mariano Cohn y Gastón Duprat, películas como El artista (2008), El hombre de al lado (2009) o El ciudadano ilustre (2016), en las que la parte más miserable de los seres humanos emerge en los momentos más inesperados, creando una cierta tensión no exenta de humor negro.

  1. Au poste! (Quentin Dupieux, Francia)

       *Sección Oficial Fantàstic Competició, mejor guion

Allá por el año 2010, el francés Quentin Dupieux, también conocido por el pseudónimo Mr Oizo –que utiliza en el mundo de la música–, trajo al festival de Sitges su película Rubber, pintoresca fábula de un neumático asesino que hizo las delicias de un público ávido de sangre, vísceras y humor. Ocho años después regresa con Au poste!, la delirante historia de un interrogatorio que acabará complicando la vida del protagonista del filme mucho más de lo que se imagina. Personajes que se comportan de un modo inexplicable, muertes absurdas, situaciones incontrolables… Dupieux recurre de nuevo a ese humor absurdo que tan bien le funcionó en películas como la citada Rubber, Wrong (2012) o Realité (2014) y utiliza una estructura metarreferencial y plagada de saltos en el tiempo que sorprende y desconcierta a partes iguales.

  1. L’heure de la sortie (Sébastien Marnier, Francia)

      *Sección Oficial Fantàstic Competició, mención especial del jurado

Un maestro de un instituto para adolescentes superdotados se suicida lanzándose por la ventana del aula, durante las clases. Para reemplazarlo llegará Pierre, profesor sustituto que empezará a sospechar del extraño y distanciado comportamiento de seis de sus alumnos. L’heure de la sortie –adaptación de la novela homónima de Christophe Dufossé del año 2002– transcurre al principio con una cierta lentitud, sí, pero consigue acumular tensión a cada secuencia que pasa. Las inquietantes interpretaciones de sus protagonistas y la frialdad extrema de un guion en el que ninguna palabra resulta trivial, conforman una obra contundente, con unos personajes nihilistas que buscan una solución radical para acabar con una existencia que, vista la situación actual, no tiene más opción que ser mediocre.

  1. El ángel (Luis Ortega, Argentina)

Carlos Eduardo Robledo Puch, más conocido en Argentina como el Ángel de la Muerte, ingresó en prisión en el año 1972. Fue condenado a cadena perpetua por diez homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, diecisiete robos, un abuso deshonesto, una tentativa de violación, dos raptos y dos hurtos. El director argentino Luis Ortega ha decidido contar su historia; evitando, eso sí, todos aquellos clichés que tanto abundan en las películas sobre psicópatas y asesinos. Ubicada en las antípodas de filmes como Angst (Gerald Karlg, 1983) o Henry, retrato de un asesino (1986, John Mc Naughton), El Ángel evita la sordidez y tiene sus principales bazas en la carismática interpretación de su joven protagonista (un debutante Lorenzo Ferro en estado de gracia) y también en la inusual combinación entre humor y tensión sexual.

  1. Aniara (Hugo Lilja, Pella Kagerman, Suecia)

¿Quién ha dicho que los suecos no pueden hacer buena ciencia ficción? Aniara narra la angustiosa deriva de una gigantesca nave que, ante la imposibilidad de llegar a Marte –su destino final– acabará convirtiéndose en el hogar definitivo de sus tripulantes, y también en un sarcófago para muchos de ellos. Lo que empieza como una utopía futurista avanza lentamente hacia terrenos tenebrosos que la acercan al terror psicológico. Adaptación de un poema de Marty Harrinson, Aniara es capaz de cautivar al espectador, no solo por su cuidado diseño de producción sino también por las interpretaciones de sus protagonistas y la fuerza narrativa de su guion.

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Sitges 2013 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (15/10/2013)

Falsificaciones, engaños, timos

A estas alturas a nadie debería sorprender una película de Quentin Dupieux. Marcianadas como Rubber (2010) o Wrong (2012) ya son marca de la casa y como no podía ser de otra manera Wrong Cops sigue su estela. Estamos ante una película basada en la confusión, en la digresión de la realidad, con una estética donde el tiempo no ha pasado desde los 80 y donde el absurdo sigue siendo el eje donde pivota el sentido del humor. Sí, todo sigue igual en el universo Dupieux, solo que esta vez consigue facturar un producto más compacto, más equilibrado. A diferencia de sus anteriores trabajos no todo gira en torno a un solo chiste y por tanto no se agota el interés de inmediato. Hay giros, digresiones y situaciones imposibles, pero moviéndose siempre en una dimensión donde todo ello es perfectamente coherente y por tanto adecuado. En definitiva Wrong Cops es una película solo apta para fans que saben exactamente lo que van a ver o para aquellos que se estrenen con ella en el cine del director francés. Si las anteriores no gustaron es mejor no intentarlo con esta.

The Demon’s Rook (James Sizemore) es una película muy válida para plantear ciertos interrogantes sobre el criterio de exhibición en un festival. Resulta difícil de entender cómo un producto claramente de nivel, con todos los respetos, Brigadoon pueda proyectarse como sección oficial. Hay que decirlo claro, una sesión donde más de dos tercios de la sala abandona el visionado debido a lo que están viendo es para plantearse qué clase de filtro pasan ciertas películas para su proyección. Pero, ¿es realmente The Demon’s Rook tan mala? Pues lamentablemente sí. De acuerdo que hay voluntad en su director de crear atmósferas en la línea de Ti West y de salvajismo a lo Rob Zombie. Más allá de eso amateurismo alarmante, ausencia de guión que se quiere compensar a base de introducir personajes para ser masacrados sin ton ni son, maquillaje de látex que haría palidecer al Alfons Arús de hace 20 años, y lo peor es que la película se toma en serio a sí misma de una forma que es imposible que ni tan siquiera entre en esa categoría de películas pésimas que funcionan vía diversión.

Sin llegar a este nivel sí hay que lamentar el camino tomado por los responsables del remake de Patrick (Mark Hartley, 2013). De nada sirve advertirnos antes que el nivel de terror proporcionado no va a ser sutil porque una cosa es saber a lo que atenerse y otra atacar al espectador con unos recursos que son dignos de una película de William Castle allá por la década de los 50. En su momento el golpe de sonido para asustar podía funcionar; incluso hoy en día, bien usado, como hace Ti West en The Innkeepers (2011), puede resultar válido. Lo que no funciona es que sea el único recurso del film y abusar de él cada dos minutos de metraje. Por lo demás una revisión innecesaria de un clásico de culto, que no aporta ninguna novedad interesante en lo formal y que lo único que hace es empeorar a la original. Una lástima.

 

Borgman en cambio se enmarca en una especie de revisión de Funny Games (Michael Haneke, 1997) que obvia la maldad y el malrollismo de ésta para sumergirnos en un ambiente aparentemente más amable. De hecho el primer tramo de Borgman es el que mejor funciona debido al planteamiento que el director Alex van Warmerdam nos hace, intrigándonos, dejando muchas preguntas en el aire. Y precisamente ese es el problema del desarrollo y el desenlace del film, que no hay respuestas ni moraleja ni claves. La película se sobreintelectualiza hasta el punto de que el enigma deviene intrascendencia y le resta por ello interés. Sí, sabemos que se quiere diseccionar, deconstruir y denunciar un cierto modelo burgués, pero el cómo y el porqué quedan opacados bajo el manto del esteticismo y el requiebro argumental artificial.

Richard Stanley sorprende con un documental sobre apariciones, misterios, extraterrestres y portales dimensionales en el sur de Francia. Un estudio que según sus propias palabras resulta basado en experiencias personales y, por tanto, se nos quiere convencer de que es auténtico. Dicho esto, la factura es impecable, sabe dotar de ritmo a sus entrevistados y sabe mantener la expectativa alta con respecto a los sucesos que le acaecieron. Más allá de eso es cuestión de fe, y la sensación es que el señor Stanley nos intenta colar un gol por toda la escuadra pretendiendo la veracidad del documento. Sí, los lugares mostrados son famosos por su leyenda de mágicos, pero de ahí a lo que Stanley pretende que creamos hay un largo trecho. En el fondo su intento de hacer pasar L’autre monde como real le resta interés; hubiera sido igual de intrascendente pero más divertido como mockumentary, como una recreación a lo Cuarto milenio pero, eso sí, con más talento.

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Sitges 2012 – ‘Wrong’ (Quentin Dupieux, 2012)

Cuando la nada se hace cine

El Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya fue uno de los certámenes cinematográficos que en 2010 acogieron con los brazos abiertos la tercera película de Quentin Dupieux, Rubber, que, como el resto del trabajo cinematográfico de este músico electrónico (conocido en este ámbito como Mr. Oizo), se caracteriza por un surrealismo brutal e incondicional llevado a unos límites tan absurdos que la propuesta –un neumático con poderes telepáticos se dedica a ir asesinando a personas– no puede ser digerida amablemente por cualquier tipo de público. Aunque Rubber era graciosa, su premisa no daba para un largometraje, y en consecuencia se agotaba pronto y se volvía redundante. Este 2012, Sitges presenta en sección oficial a concurso Wrong, que, por si alguien lo dudaba, no abandona la línea marcada por Dupieux sino que más bien al contrario la lleva a un paroxismo estomagante ante el que es muy fácil llegar a atragantarse.

Curiosamente, la propuesta de Wrong, aun siendo obviamente especial, parece a priori menos surrealista que la de Rubber: un hombre pierde a su perro y descubre que lo ha secuestrado una empresa que se dedica precisamente a eso, a secuestrar animales de compañía para que sus propietarios, ante la ausencia del animal, les vuelvan a querer como al principio. Desde luego es un argumento más “normalizado” que poner a un neumático a reventar cabezas, que es lo que ocurría en Rubber. Sin embargo, esta apariencia de una mayor convencionalidad se disipa en cuanto asistimos a los primeros minutos de proyección de Wrong: un despertador marca las 07:59 y cuando todo el mundo espera que cambie a las 08:00 cambia a las 07:60, un vecino niega que haga jogging aunque lo practica cada mañana, un detective encargado de encontrar al perro necesita todo tipo de detalles –algunos de tipo escatológico– pero rehúsa una fotografía del animal porque ya tiene todo lo que necesita… Este es el mundo al revés de Wrong, y la película se articula en base a que todos los personajes hacen o dicen cosas sin sentido excepto el protagonista, que es el centro de la acción y el único elemento digamos de cordura en toda la historia.

Lo que de ninguna manera se le puede negar a Dupieux, vistas sus dos últimas películas, es la consecución de un universo muy particular en el que no existe la lógica tal y como la conocemos, en el que se cuestiona cualquier norma tanto a nivel formal (en Rubber, por ejemplo, se establecía un diálogo metalingüístico con el espectador ya que la misma narración principal era visionada por un público desde una colina) como a nivel narrativo (en Wrong, por citar uno de los innumerables ejemplos, un excremento de perro tiene memoria y esta memoria es grabada en vídeo para visualizar todo el trayecto a través del intestino hasta la defecación en el jardín). Pero en su última película, este enfant terrible radicaliza la propuesta y la ubica en la frontera de lo inadmisible. El desfile de personajes y situaciones imposibles puede que haga gracia a mucha gente (en realidad, el pase en el Festival de Sitges se ha saldado con continuas carcajadas y una ovación final), pero en realidad es una bochornosa oda a la nada más absoluta, un ejercicio de desprecio absoluto por la narración cinematográfica a la que dinamita sin piedad. Dupieux pretende ahogar la convencionalidad en el absurdo más absoluto, y lo consigue a base de no explicar nada, de fusilar la lógica narrativa interna en cada escena, casi en cada plano. Reduciéndolo todo a un sinsentido, Wrong deviene una pieza autoral rebosante de una estupidez insoportable, una chorrada que no va a ninguna parte y que a los quince minutos agota la paciencia de quien espera que le expliquen algo.

Me queda la duda, sin embargo, de si Wrong es una mera provocación o si Dupieux se cree que ha confeccionado un fresco del sinsentido con el que se pueda establecer un diálogo. En este último caso, le recomiendo que se mire alguna de las películas que han sentado cátedra en esto del humor absurdo, empezando por Aterriza como puedas (Jim Abrahams, David Zucker & Jerry Zucker, Airplane!, 1980), a ver si la próxima vez, por lo menos, es menos redundante y más ingenioso.

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (10/10/2012)

Herencias, clásicos, saldos

Lo que está pasando en esta edición de Sitges con el cine coreano empieza a ser realmente preocupante. Observamos cómo cada año las producciones que nos llegan son inversamente proporcionales a la calidad de las mismas. Si ayer hablábamos de Deranged (Yeon-ga-si, Park Jeong-woo) como ejemplo de ello hoy ha continuado esta tendencia con The Weight (Jeon Kyu-hwan), película que además venía expresamente recomendada por el director del certamen, Ángel Sala. Muchas son las cosas negativas de las que hablar, como de su nulo sentido del tempo cinematográfico, de su nula preocupación por desarrollar un guión y un montaje que tengan sentido entre sí o su continua confusión entre lo que se supone debe ser lírico y la absurdidad kitsch de sus imágenes. Pero lo peor de todo es que este es un film sin rumbo, desganado, que no sabemos lo que pretende decir a pesar de que queda claro que algo intenta transmitir, lo que no sólo le confiere el calificativo de vacío sino que le adjudica un barniz de pretenciosidad absolutamente insoportable.

Quentin Dupieux es probablemente una de las voces más originales dentro del panorama actual, y con Wrong confirma lo ya apuntado en películas como Rubber (2010). Este es un director que sabe perfectamente construir un universo propio, unos códigos humorísticos basados en lo surrealista, en lo subversivo y en las repeticiones de gags, sean sonoros o visuales, como marcas principales de la casa. Asimismo parece también que la irregularidad sea constante, y es que igual que sucedía con Rubber, Wrong nunca consigue redondear la faena. Es esta una película de momentos, golpes de efecto, argumentales o humorísticos, muy por encima de la media en cuanto a inteligencia y tratamiento. Sin embargo mantener estos altos resulta ardua tarea, lo que acaba por configurar un conjunto con demasiados altibajos que facilitan la desconexión del espectador con lo acaecido en pantalla demasiadas veces.

Con Vous n'avez encore rien vu Alain Resnais ofrece un auténtico recital de generosidad cinematográfica. Por un lado rinde un cálido homenaje a los colaboradores habituales en sus películas como Sabine Azéma o Pierre Arditi, entre otros, regalándoles un producto bello, compacto y por qué no decirlo denso en su complejo entramado metateatral. Así es, con un desarrollo aparentemente sencillo (actores que acaban fundiéndose con su personaje) se construye un diálogo apabullante entre el actor y su interpretado, entre el rol y el espectador que lo ve. Un juego de miradas amparado por la relación que se establece entre el Resnais director de cine y el Resnais que dirige una representación de Orfeo. Un entramado de complicidades multidireccional complejo, árido por momentos, pero que sabe conjugar la lírica teatral con el análisis de las relaciones maestro-alumno y sus derivaciones paternofiliales o de pareja.

Mucho se esperaba de Antiviral, debut de Brandon Cronenberg, que hace honor a su apellido con un film deudor de Cronenberg padre en muchos sentidos. Por un lado una estética aséptica, fría, con un aire de irrealidad de Apocalipsis de baja intensidad que nos remite a esos páramos médicos aislados de por ejemplo Cromosoma 3 (The Brood, 1979) o Rabia (Rabid, 1977); por otro tenemos un argumento que nos sitúa en el territorio de la nueva carne más en la línea de Videodrome (1983). Con estas herramientas se construye una película que pivota sobre la crítica a la sacralización del famoso, de su explotación comercial y de la vulgar adoración que la sociedad siente por estos seres. Calificativo este duro, pero así presentado en la película. Los famosos son objeto de adoración y explotación en tanto que objetos, no tienen valor per se más que por lo que pueden vender, llegando en el caso del film al extremo de vender sus enfermedades. En todos estos aspectos Antiviral funciona perfectamente, y traza una línea de continuidad con el primer David Cronenberg respetuosa y exigente con el referente a partes iguales. Si algo se le puede achacar a Antiviral es su desarrollo algo deslavazado, con demasiada tendencia a la dispersión, producto quizás del excesivo celo con el que se ha enfocado la parte estética.

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