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Apuntes para una película de atracos (León Siminiani, 2018)

La historia del cineasta y el butronero. Entrevista a León Siminiani.

"Hasta donde me alcanza la memoria, siempre quise hacer una película de atracos." Esta es la confesión con la que el propio director empieza su película, estas son las primeras palabras que oímos. Apuntes para una película de atracos es lo que su propio nombre indica, sí, pero también es muchas otras cosas. En su segundo largometraje documental, León Siminiani narra la historia de su relación con el conocido como Robin Hood de Vallecas, butronero que fue detenido por la policía el 26 de agosto de 2014 durante el atraco a una sucursal bancaria en Madrid. Pero Flako, como el director le llama, no es un delincuente cualquiera. "Un delincuente es Blesa, un delincuente es Urdangarín. Yo en mi vida he robado un coche, en mi vida he robado una moto, no sé cómo se hace. Yo soy un trabajador." Las palabras de Flako hacen reflexionar a Siminiani que, al igual que en su largometraje anterior, permite que la incertidumbre y las dudas formen parte de su obra. Así, entre inseguridades y derivas un tanto situacionistas, avanza la película y también su relación con Flako, personaje –o mejor dicho, persona– que cobra un especial protagonismo en la segunda mitad del metraje, cuando aparece ante nosotros cubierto por una máscara y cuenta su historia.

La película empieza en 2013 y acaba en 2018. En cinco años pueden suceder muchas cosas y tu vida puede cambiar por completo. Puedes, como Siminiani, dirigir una película. O puedes, como hace Flako, escribir tu propia autobiografía. También puedes convertirte en padre, ver cómo pasa el tiempo, ver cómo crece tu hija o ver cómo se afianza una amistad. Una amistad que surgió tras depositar una carta en el buzón, tras cruzar los dedos y dar un salto al vacío, tras lanzar una botella al mar. ¿Cómo será en realidad el otro? ¿Qué percepción tendrá de mí? ¿Le pareceré un buen tipo? Preguntas tan habituales como estas son las que se hacen Siminiani y Flako antes de conocerse personalmente, antes de que Flako cumpla su condena y antes de que este documental se convierta en una realidad.

Hay en Apuntes para una película de atracos una innegable vocación lúdica -vocación que ya estaba presente en Mapa (2012) y también en muchos de sus cortometrajes anteriores-, pero también hay una intencionalidad (auto)biográfica, una capacidad narrativa desbordante, una inevitable hibridación de géneros, una necesidad de redefinir el documental y un homenaje a todas aquellas películas de atracos rodadas en elegante blanco y negro en los años 50, que pueblan nuestro imaginario. Durante los 85 minutos que dura el film, se suceden los referentes cinematográficos y también los reales. El contexto de Flako, su modus operandi (sin odio, sin violencia y sin armas), sus ídolos (Albert Spaggiari), sus compañeros de equipo (la Banda del Rayo), su familia (su esposa Mariela y su hijo Danilo), su estilo de vida (repartidor de pescado de día y butronero de noche) y sobre todo, su humanidad, se muestran ante la cámara con todo lujo de detalles. Algunos de ellos, obviamente ficcionados para proteger eso que llamamos intimidad.

Flako, con sus detalladas descripciones del sistema de alcantarillado de Madrid, nos ofrece sin pretenderlo un manual de instrucciones para ver la vida de otro modo. Pero al mismo tiempo que le conocemos a él, conocemos también al director, que no duda en mostrarse ante las cámaras y reflexionar en voz alta, construyendo sobre la marcha un trepidante work in progress de incierto desenlace. De fondo, sin embargo, subyacen temas tanto o más importantes que el aparentemente principal: la paternidad, la crisis, la diferencia de clase, la identidad, la necesidad de entender aquello que es diferente. Mientras tanto, las continuas reconstrucciones utilizadas a lo largo de la historia evidencian, paradójicamente, la imposibilidad de recomponer la historia tal y como sucedió. Porque, por suerte o por desgracia, reconstruimos de nuevo una historia cada vez que la recordamos, por eso es siempre una historia distinta.

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Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya 2018. Películas destacadas (II)

Continuamos con la segunda parte de este resumen con las películas más destacadas del festival y llegamos a los primeros puestos. Nos decantamos por cinco películas valientes y polémicas, muy distintas a nivel tanto de género como argumental, pero que tienen en común una decidida vocación de riesgo y la clara intención de no pasar desapercibidas allá donde vayan.

  1. The House That Jack Built (Lars Von Trier, Dinamarca)

Incontinencia narrativa, humor negro, exceso, constantes referencias a su obra y también a obras ajenas, autoparodia, polémica, cinismo, barroquismo visual postdogma… ¿Algún concepto más que se os ocurra relacionar con el (ya no tan) enfant terrible del cine danés?  Tal vez el festival de Sitges sea un lugar más apropiado para el último filme de von Trier que el glamuroso Cannes, donde provocó la indignación (y posterior huida) de gran parte del público durante la première oficial. Pero si hay algo que este director sabe hacer es reírse de sí mismo mediante su obra. The House That Jack Built sigue el rastro de humor negro dejado anteriormente por algunas de sus películas y tiene como protagonista a un Matt Dillon tan efectivo como excesivo, desquiciado psicópata asesino con un trastorno obsesivo compulsivo que le lleva a vivir situaciones de una inesperada comicidad. En definitiva, sufrimiento y carcajadas a partes iguales. Y por el camino, algunas reflexiones tan lúcidas como desmedidas sobre el asesinato como una de las bellas artes.

  1. In Fabric (Peter Strickland, Reino Unido)

Para todos aquellos que disfrutaron con la cuidada puesta en escena de la onírica y sensual The Duque of Burgundy (2014), Peter Strickland ha dirigido In Fabric, cuento de terror vintage capaz de arrancar a sus desprevenidos espectadores constantes carcajadas. Sorpresivo relato que coquetea con el giallo, pero también con el humor absurdo. Delirio visual y narrativo, audacia fílmica inclasificable y heterodoxa que ilustra a la perfección la incontrolable fuerza del fetichismo. ¿Quién nos iba a decir a estas alturas que una película sobre un vestido asesino podría sorprendernos? Pues bien, Peter Strickland lo ha conseguido con In Fabric.

  1. Lazzaro felice (Alice Rohrwacher, Italia)

       *Premio de la Crítica José Luis Guarner

       *Sección Oficial, Premio Especial del Jurado

       *Premio del Jurado Joven

Premio al mejor guion en el último Festival de Cannes, la nueva película de Alice Rohrwacher ha logrado también conquistar al jurado de la crítica del Festival de Sitges y se ha alzado con el Premio José Luis Guarner, además del Premio especial del Jurado y el Premio del Jurado Joven. Con ecos al Pasolini más humanista, a algunas películas de Fellini, otras de Visconti e incluso al Kusturica de Underground (1995), Lazzaro Felice logra, mediante la apariencia de una inofensiva fábula, realizar una profunda y crítica  reflexión sobre el neoliberalismo y las estructuras de poder que perpetúan la abismal diferencia de clases.

  1. Season of the Devil (Lav Diaz, Filipinas)

¿Hay algo más arriesgado que dirigir un musical a capella, en blanco y negro, de cuatro horas de duración, sobre la conflictiva y sanguinaria militarización de Filipinas en los años ochenta? ¿Hay alguien más apropiado que Lav Diaz para dirigirlo? Season of the Devil ha sido, sin duda alguna, una de las películas más extremas y audaces de este festival. Tan solo algunos inconscientes se atrevieron –nos atrevimos– a dedicar cuatro horas de sus respectivas vidas a un experimento de tal envergadura. La contundente crítica a la dictadura de Ferdinand Marcos y los largos planos secuencia presentes en la mayoría de sus películas, se han convertido ya en el sello personal del director. ¿Os imagináis cómo sería una violación a manos de despiadados militares y cantada a ritmo de blues? Yo hace casi una semana que la presencié y todavía no me la puedo quitar de la cabeza.

01.Domestik  (Adam Sedlák, República Checa)

      *Mención especial, Sección Noves Visions

      *Premio Citizen Kane a la mejor dirección nobel

La opera prima de Adam Sedlák disecciona una adicción descontrolada con la milimétrica exactitud de una incisión practicada por un experimentado cirujano. Con una puesta en escena tan minimalista como contundente (menos es más, como bien decía Mies van der Rohe), con tan solo tres personajes y apenas un par de lugares en los que ubicar todas las secuencias, Sedlák configura una angustiosísima pesadilla anclada en la repetición que nos muestra cuán siniestro puede llegar a ser nuestro comportamiento cotidiano cuando se ve perturbado por una obsesión incontrolable, tanto si se trata de ser madre como de lograr el estatus de ciclista de élite.

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Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya 2018. Películas destacadas (I)

Elegir una o varias opciones siempre te obliga a descartar el resto. Señalar tan solo una serie de películas implica ningunear a otras. Es un proceso bastante cruel, algo doloroso y también, por qué no admitirlo, intrínsecamente injusto e incluso en según que contextos, un tanto absurdo. Por mucho que intentemos argumentar de un modo objetivo por qué nos decantamos por elegir tal o cual película y no otra, siempre habrá un inevitable porcentaje de subjetividad visceral que emergerá desde lo más hondo de nuestras entrañas y guiará nuestras decisiones sin que nos demos cuenta. Aun así, no podemos evitar hacer listas constantemente: los libros que nos llevaríamos a una isla desierta, los mejores momentos de nuestra vida, nuestros directores favoritos, las canciones que más nos hacen llorar… Los festivales de cine, sin duda alguna, son el mejor contexto para cultivar el innoble arte de la enumeración. Críticos y públicos se esfuerzan en ver el mayor número de filmes posibles en un breve lapso de tiempo y discuten en las colas de los cines sus rankings con las películas más y menos valoradas; levantando ligeramente el tono de voz cuando aparece la película polémica de la temporada, esa que a unos enerva y a otros fascina. Correrán ríos de tinta sobre algunos de los filmes que hemos podido ver este año en el Festival de Sitges. Algunos de ellos se estrenarán en salas comerciales, otros no. Opiniones enfrentadas intentarán argumentar en extensos artículos sus respectivas valoraciones. Y así, entre crónica y crónica, entre artículo y artículo, entre entrevista y entrevista, se irá conformando esa historia del cine que, afortunadamente, nunca se acaba de definir.

A continuación os dejo con la lista de mis películas favoritas de este año. Algunas han recibido premios y otras han pasado desapercibidas para los distintos jurados. Soy consciente de que me he perdido muchas obras que probablemente merezcan mi atención y confío en que al menos algunas de ellas consigan distribución próximamente en nuestro país. Sea como fuere, esta es mi decisión. Asumo de antemano que nadie tiene por qué estar de acuerdo con ella. De hecho, para algunos críticos, muchas de estas películas podrían estar incluidas en la lista de peores películas vistas en el festival. Pero, después de todo, ¿qué sería de la crítica sin la diferencia?

  1. Animal (Armando Bo, Argentina)

El argentino Armando Bo es conocido por ser el guionista de películas como Biutiful (Alejandro González Iñárritu, 2010) o Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (Alejandro González Iñárritu, 2014), y su opera prima fue El último Elvis (2012), ganadora de un buen puñado de premios de la Academia Argentina. Animal (2018), su segunda película, nos enfrenta de un modo sencillo y directo a la angustia que se oculta en la cotidianidad. Su protagonista, Antonio Decoud, hombre de familia de clase media, se ve obligado a tomar una decisión extrema para solucionar sus graves problemas de salud, pero no es capaz de imaginar los imprevistos a los que tendrá que enfrentarse. La incomodidad que producen algunas de las secuencias de Animal podría hacernos pensar en varias de las películas dirigidas por Mariano Cohn y Gastón Duprat, películas como El artista (2008), El hombre de al lado (2009) o El ciudadano ilustre (2016), en las que la parte más miserable de los seres humanos emerge en los momentos más inesperados, creando una cierta tensión no exenta de humor negro.

  1. Au poste! (Quentin Dupieux, Francia)

       *Sección Oficial Fantàstic Competició, mejor guion

Allá por el año 2010, el francés Quentin Dupieux, también conocido por el pseudónimo Mr Oizo –que utiliza en el mundo de la música–, trajo al festival de Sitges su película Rubber, pintoresca fábula de un neumático asesino que hizo las delicias de un público ávido de sangre, vísceras y humor. Ocho años después regresa con Au poste!, la delirante historia de un interrogatorio que acabará complicando la vida del protagonista del filme mucho más de lo que se imagina. Personajes que se comportan de un modo inexplicable, muertes absurdas, situaciones incontrolables… Dupieux recurre de nuevo a ese humor absurdo que tan bien le funcionó en películas como la citada Rubber, Wrong (2012) o Realité (2014) y utiliza una estructura metarreferencial y plagada de saltos en el tiempo que sorprende y desconcierta a partes iguales.

  1. L’heure de la sortie (Sébastien Marnier, Francia)

      *Sección Oficial Fantàstic Competició, mención especial del jurado

Un maestro de un instituto para adolescentes superdotados se suicida lanzándose por la ventana del aula, durante las clases. Para reemplazarlo llegará Pierre, profesor sustituto que empezará a sospechar del extraño y distanciado comportamiento de seis de sus alumnos. L’heure de la sortie –adaptación de la novela homónima de Christophe Dufossé del año 2002– transcurre al principio con una cierta lentitud, sí, pero consigue acumular tensión a cada secuencia que pasa. Las inquietantes interpretaciones de sus protagonistas y la frialdad extrema de un guion en el que ninguna palabra resulta trivial, conforman una obra contundente, con unos personajes nihilistas que buscan una solución radical para acabar con una existencia que, vista la situación actual, no tiene más opción que ser mediocre.

  1. El ángel (Luis Ortega, Argentina)

Carlos Eduardo Robledo Puch, más conocido en Argentina como el Ángel de la Muerte, ingresó en prisión en el año 1972. Fue condenado a cadena perpetua por diez homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, diecisiete robos, un abuso deshonesto, una tentativa de violación, dos raptos y dos hurtos. El director argentino Luis Ortega ha decidido contar su historia; evitando, eso sí, todos aquellos clichés que tanto abundan en las películas sobre psicópatas y asesinos. Ubicada en las antípodas de filmes como Angst (Gerald Karlg, 1983) o Henry, retrato de un asesino (1986, John Mc Naughton), El Ángel evita la sordidez y tiene sus principales bazas en la carismática interpretación de su joven protagonista (un debutante Lorenzo Ferro en estado de gracia) y también en la inusual combinación entre humor y tensión sexual.

  1. Aniara (Hugo Lilja, Pella Kagerman, Suecia)

¿Quién ha dicho que los suecos no pueden hacer buena ciencia ficción? Aniara narra la angustiosa deriva de una gigantesca nave que, ante la imposibilidad de llegar a Marte –su destino final– acabará convirtiéndose en el hogar definitivo de sus tripulantes, y también en un sarcófago para muchos de ellos. Lo que empieza como una utopía futurista avanza lentamente hacia terrenos tenebrosos que la acercan al terror psicológico. Adaptación de un poema de Marty Harrinson, Aniara es capaz de cautivar al espectador, no solo por su cuidado diseño de producción sino también por las interpretaciones de sus protagonistas y la fuerza narrativa de su guion.

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FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE HUESCA 2017: entrevista a Álex de la Iglesia

Entrevista y edición de vídeo: Marla Jacarilla

Texto de presentación: Aaron Cabañas

El pasado 17 de junio llegaba a su fin el Festival de Cine de Huesca que, en esta edición, homenajeaba a los cineastas Constantin Costa-Gavras y Álex de la Iglesia, quienes además recibieron el Premio Luis Buñuel que otorga dicho certamen. Como pudimos escuchar del propio director bilbaíno en la rueda de prensa de presentación que ofreció el festival, Costa-Gavras representa una de las miradas más elaboradas y lúcidas a la hora de representar la indefensión del ciudadano de a pie cuando se ve sometido al sistema. Urdidor de tramas verdaderamente complejas en lo narrativo pero asombrosamente cristalinas en lo formal, el cineasta griego ha elaborado una filmografía en torno al thriller.  Género, éste, que usa como pretexto para abordar los conflictos personales a los que puede llegar una persona cuando es engullido por la mecánica deshumanizada del sistema; tales como la indefensión, el desamparo o la alienación.

De la Iglesia, que se declaró seguidor de la obra de Costa-Gavras, es, a su vez, poseedor de una sólida y ruidosa filmografía, que le ha reportado respeto a nivel estatal y el reconocimiento internacional, como así demuestran la Osella al mejor guion y el León de Plata a mejor director, ambos premios en el Festival de Venecia de 2010, obtenidos por su noveno film, la interesante aunque malograda Balada triste de trompeta (2010).

El cineasta vasco es autor de una filmografía tan popular y reconocible como personal y arriesgada. Ya con su primer trabajo, Acción Mutante (1991), un film de ciencia ficción post-apocalíptica en forma de thriller de acción galáctica con toques de western celtibérico, puesta en escena abigarrada y repleta de referencias a la cultura popular, se situó como creador en un espacio que la cinematografía estatal aún no había conquistado: la postmodernidad más desenfadada.

Poseedor de una iconografía absolutamente ecléctica donde conviven felizmente la mitomanía cinematográfica en mayúsculas - desde Hitchcock a Clint Eastwood, pasando por el tándem Azcona/Berlanga-  con los subproductos genéricos (el Spaghetti Western o la Sci-Fi de serie B, entre un largo etcétera), y la producción cultural de masas -como demuestran sus adaptaciones al cine de los best-sellers de Barry Gifford (Perdita Durango, 1996) y Guillermo Martínez (Los Crímenes de Oxford, 2008)- con la cultura popular más castiza (de los juegos de mesa CEFA a los frikis que pueblan las televisiones privadas estatales, pasando por los tebeos de Ibañez y Escobar o Los Payasos de la Tele de Televisión Española); Álex De la Iglesia construye, en todas y cada una de sus películas, un equilibrado cóctel de referencias servido a medio camino entre la condescendencia nostálgica y la distancia irónica. A ello contribuye el trepidante ritmo narrativo al que acaba sometiendo todas sus ficciones, en una vertiginosa espiral de hibridación de géneros que enguye y combina desde la tragicomedia costumbrista de Luis García Berlanga, Antonio Bardem o José María Forqué; al suspense hitchcockiano en el que los arrebatos del delirio amoroso llevan a sus protagonistas por derroteros imprevisibles, pasando por el thriller de acción ultraviolento basado en el exceso pirotécnico, en la línea de Sam Peckinpah y Samuel Fuller.

Prodigioso creador formal y vigoroso constructor de puestas en escena, De la Iglesia sostiene con coherencia un contundente discurso a lo largo de toda su filmografía: la imagen exterior idealizada y perfecta puede contener la más dudosa de las moralidades y la más oscura de las conciencias. Es por eso que todas sus ficciones están protagonizadas por entrañables perdedores de tres al cuarto que creen haber sido encomendados a una hazaña muy por encima de sus posibilidades. Se enfrentan, así, en una lucha aspiracional por ser quienes no son, no contra un obstáculo circunstancial y tangible, sino contra los fantasmas de las viejas costumbres y su siniestra sombra alargada en forma de personajes oscuros y decadentes; además de luchar contra ellos mismos y su visión distorsionada de la realidad. En este sentido, tiene muchísima importancia la sempiterna presencia del medio televisivo en sus films, y cómo este filtra y deforma esa realidad, hasta retratar de forma clara y lúcida la sociedad española de los últimos 25 años, en la que la codicia, la envidia, la banalidad y el pragmatismo son señas de identidad. Dicha moralidad serpenteante escondida en engañosas apariencias, entendido esto como elemento ficcional generador de sátiras tragicómicas en una realidad deformada por la falta de perspectiva crítica en la mirada, no está muy lejos, por tanto, de las perversas sátiras cinematográficas del gran Luis Buñuel, que pone nombre al premio del que Álex de la Iglesia es digno merecedor.

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