Archivo de la etiqueta: libro

“Xcèntric Cinema. Conversaciones sobre el proceso creativo y la visión fílmica” (Edición de Gonzalo de Lucas, 2018)

Algunas anotaciones sobre todo aquello que las imágenes pueden llegar a ser

Vivimos en una sociedad que funciona cada día de un modo más y más acelerado. Los avances tecnológicos pueden facilitarnos la realización de muchas tareas tediosas, sí, pero también pueden hacer que nos olvidemos del contacto directo con la materia prima durante los procesos de realización (en este caso, de una obra cinematográfica). El uso de técnicas analógicas se ha convertido –en un mundo conquistado por el monopolio del píxel– en una suerte de resistencia no solo física, sino también política e ideológica; en una declaración de principios de aquellos que reivindican la fisicidad del celuloide frente a la inmediatez digital.

Ha quedado ampliamente demostrado que los registros guardados en formato analógico ofrecen una mayor resistencia al paso del tiempo que los digitales (concebidos y diseñados –como cualquier producto realizado en un contexto neoliberal– para durar poco). Sus autores son conscientes de que, probablemente, dichos registros analógicos les sobrevivirán. Tal vez por este motivo cuiden en extremo sus procedimientos creativos, llegándolos incluso a transformar en una suerte de ritual. El libro Xcèntric Cinema. Conversaciones sobre el proceso creativo y la visión fílmica nos introduce en el universo de quince cineastas que han trabajado principalmente con el medio analógico y han desarrollado un corpus cinematográfico que trasciende el hecho narrativo para centrarse en la poesía que las imágenes pueden llegar a destilar, en la reflexión sobre la fisicidad del medio, en conceptos como el montaje, el color, el sonido o la luz. Quince cineastas que abordan la relación del ser humano con el espacio, con la naturaleza, con el paso del tiempo, con el propio medio cinematográfico. Mediante extensas entrevistas a autores como Jonas Mekas, Michael Snow, Carolee Schneemann, Jan Švankmajer o Laida Lertxundi entre otros, este libro reflexiona en profundidad sobre las implicaciones de seguir utilizando el celuloide como materia prima para la elaboración de una obra. Pero también reflexiona sobre las implicaciones de dejar al margen los cánones y códigos impuestos por el cine más narrativo y convencional y adentrarse así en el terreno de la fisicidad y las sensaciones. Un terreno en el que, como dice Gonzalo de Lucas en la introducción del libro, se sustituye la narración por la asociación. Un terreno en el que se invita al espectador a reapropiarse de nuevo de su tiempo y dedicarlo a la reflexión sobre las imágenes que transcurren en pantalla y las relaciones que se establecen entre ellas, a reocupar ese espacio de incertidumbre habitándolo con diversas interpretaciones, a pensar en la infinita potencialidad de las imágenes en movimiento, a ser conscientes de su origen y a preguntarse por sus posibles destinos.

Carolee Schneemann, "Fuses" (1967)

En inglés, la palabra reflection significa tanto reflexión como reflejo. Un hecho aparentemente intrascendente que en realidad nos descubre la posibilidad de asociar diversos aspectos del proceso de percepción de las imágenes. Imágenes que, constituidas a menudo como un supuesto o pretendido reflejo de la realidad, no sirven en el fondo más que para reflexionar sobre la misma. Imágenes latentes, imágenes autobiográficas, imágenes oníricas, imágenes poéticas, imágenes polisémicas, imágenes incompletas, imágenes fantasmagóricas, imágenes libres. Imágenes de la resistencia, de la persistencia, de la fuga y la reinterpretación. Imágenes que podemos tocar con nuestras propias manos, que son capaces de conformar utopías y provocar emociones. Imágenes que resultan, en estos tiempos tan revueltos, más necesarias que nunca.

Michael Snow, "Wavelenght" (1967)

Publicado en Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

‘El mundo invisible de Hayao Miyazaki’ de Laura Montero Plata. T. Dolmen Editorial

El libro El mundo invisible de Hayao Miyazaki es uno de los títulos con los que la editorial Dolmen engrosa su colección de publicaciones especializadas sobre cine, entre las que figuran varios títulos centrados en el cine japonés, varios de ellos referidos a la figura de uno de los padres del Studio Ghibli. La edición que Dolmen ha realizado de la obra de Laura Montero Plata, de 256 páginas y tapa dura, hace bastante apetecible su lectura. El formato del libro, que abierto se asemeja a un A4 apaisado; y su maquetación, con imágenes en los márgenes e inclusión de citas, gráficos y tablas que aclaran o esquematizan el contenido, hacen que El mundo invisible de Hayao Miyazaki se asemeje ligeramente a la imagen que podemos concebir de un libro de texto, lo cual facilitará la tarea del que quiera adentrarse en él como una herramienta de trabajo bibliográfica.

La obra de Montero Plata es un concienzudo trabajo de investigación que da como resultado esta monografía sobre todos aquellos condicionantes y referentes que han moldeado la personal obra del director japonés. La autora es exhaustiva en su texto, apoya su discurso en referentes visuales y citas bibliográficas que dotan de profundidad a su estudio. El tono empleado a la hora de escribir responde a las exigencias académicas, en tanto que es un abordaje de la materia que implica una profunda pormenorización de cuantiosa información; sin embargo, aunque haya una gran densidad de conocimiento en juego, no está puesto sobre el papel de manera  pretenciosa o intencionadamente farragosa, sino con la mayor claridad, lo que facilita una lectura con tantos datos.

Montero Plata divide el texto en cinco capítulos —más introducción y epílogo—que, a su vez, se subdividen en varios epígrafes. Los capítulos conforman una catalogación de los diferentes tipos de referentes y condicionantes de la obra de Miyazaki que la autora ha encontrado. Así, los capítulos se ocupan de la historia general del anime, de los referentes provenientes de la literatura, de los provenientes de la cultura y el folklore, de la construcción y el funcionamiento narrativo de los personajes de Miyazaki, y de los flujos autorreferenciales que se producen dentro de su propia obra.

Este viaje compartimentado a través de la obra de Miyazaki no solo permite comprenderla mejor como creación aislada, sino también como una manifestación artística en contacto y retroalimentación con muchas otras, sacando a la luz conexiones y retroalimentaciones que no siempre son evidentes. Montero Plata ha escarbado más allá de los presumibles antecedentes de la ilustración japonesa y el manga para establecer otros diálogos, por ejemplo, con la ilustración occidental de libros como “Alicia en el País de las Maravillas” o de las series de dibujos animadas clásicas estadounidenses.

De la misma manera, en el capítulo dedicado a la influencia del riquísimo folklore japonés en el cine de Miyazaki, se explora un asunto que, si bien puede intuirse superficialmente al ver las películas —no solo las de Miyazaki; es bastante común que el cine y la animación japonesa beban mucho de sus tradiciones y leyendas populares—, se profundiza y se pormenoriza, diseccionando, de nuevo, los referentes y exponiéndolos de una manera realmente atractiva.

Como comentaba, en el último capítulo Montero Plata se dedica a crear una red de conexiones internas de Miyazaki con el propio Miyazaki, a crear puentes entre las piezas de su obra, lo que, ante todo, resulta una prueba irrefutable de la solidez y consistencia de la obra del director japonés, que resiste —y permite— un análisis interno tan exhaustivo y extenso.

Es de agradecer que Laura Montero Plata se haya puesto el traje de buzo y se haya inmerso en un océano tan basto y fascinante. Hubiera sido fácil —y no la primera vez que se hiciera— hacer acopio de los muchos lugares comunes y superficiales que se han generado ya sobre la figura y obra de un director tan popular de Miyazaki. Afortunadamente, no es el caso, y El mundo invisible de Hayao Miyazaki nos permite ir maravillándonos página a página, aprovechándonos de su estructura para poder ir abordándolo de una manera consultiva y de estudio; disfrutando, no solo de un sinfín de datos y conclusiones interesantes, sino de un buen trabajo de investigación realizado desde la vocación de enseñar y no desde la de llenar páginas. Lo cual, es mucho.

Publicado en Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ‘El mundo invisible de Hayao Miyazaki’ de Laura Montero Plata. T. Dolmen Editorial

La dama de Corinto 2

La dama de Corinto (José Luis Guerin, Francisco Calvo Serraller & Ana Martínez de Aguilar, 2011) - Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente [Segovia]

Una instalación audiovisual comparte elementos con el cine primitivo, de un lado, y con el experimental, de otro. Tras una cortina se ocultan en la oscuridad focos de luces o pantallas que claman la atención. El espectador ha de desplazarse, por su propio pie, a cada rincón sorpresivo del mismo modo que el de comienzos del siglo xx había de internarse en alguna barraca de feria para mirar dentro de un aparato a través del cual se veían imágenes. La discontinuidad cronológica del propio cine experimental se ve ahora plasmada materialmente a través de la multiplicidad de monitores liberada, no obstante, del encorsetamiento de la pantalla única que obliga a la individualidad de cada serie de imágenes y que condena el bucle.

Este prolegómeno viene a cuento por la transformación de un proyecto audiovisual en un libro, compuesto de páginas, letras y papel: ¿cómo trasladarnos de la cueva uterina por la que poder corretear a los estrictos márgenes de un ejemplar impreso, con la realidad circundándonos queriendo atraer nuestra atención? Con la obra editorial La dama de Corinto se ha ampliado el motivo primero de la exposición homónima (que puede visitarse hasta el 28 de agosto en el Museo Esteban Vicente de Segovia), la relación de la pintura con el cine, a la escritura en lo que tiene de artesanal, de manual. Así, sobre el mismo lienzo-pantalla que representaba la unión del cine y la pintura, ahora convertida en página en blanco, se escribe a lápiz. El trazado producto del grafito, con el roce de la propia piel o el contacto con otras hojas, emborrona el original. Esas marcas son huellas de una mano creadora, metonimia en realidad de unos ojos que registran pero también que recuerdan. Igualmente, el texto impreso se llena de correcciones, anotaciones al margen, subrayados…

El libro La dama de Corinto puede considerarse producto y conclusión de la exposición homónima, no actividad paralela. El texto de Ana Martínez de Aguilar (responsable del proyecto) apunta a diferentes ejes correlativos: el individual centrado en el amor y el deseo y, de ahí, al genérico de la literatura y la imagen y el de la ausencia y su recuerdo de cara al acto creativo; además, insiste en el reflujo continuo que existe entre el sujeto y el objeto y cómo ambos se retroalimentan. Por su parte, el historiador de arte Francisco Calvo Serraller engloba a Guerin dentro de una tradición que se remonta a los orígenes de la humanidad. El artista se ve impelido a crear por una necesidad externa al ser la propia naturaleza quien lo llama para centrarse en su belleza. Este impulso primero termina por regurgitar en el interior del propio individuo de modo que se exprese a través de su misma interioridad. A la larga, las obras artísticas se encadenan y conforman una memoria a la cual el pintor, el cineasta, etc., siempre vuelve. En el caso concreto de Guerin, este fija su atención en la imagen testimonial (el documento) y en la connotativa (el mito).

Pero, si hay algo en que una película y un libro se parecen, es en la secuenciación, en el despliegue lineal de fotograma tras fotograma y de página tras página. A través de ese orden preciso, asistimos a un progreso cronológico que puede dar lugar a la narración tradicional como en una película o en una novela. Ahora, con la adaptación editorial de una instalación audiovisual previa y reutilizando algunos planos realizados para los dos cortometrajes que servían de introducción (también disponibles en DVD), Guerin reinterpreta sus propios textos anteriores. En la portada se muestra una silueta rellena de sombra; en la contraportada, tan sólo una silueta (recordemos que tal trazado representaba al amado que recreó la dama de Corinto, origen de la pintura según Plinio el Viejo). Entremedias, asistimos a la trama que nos lleva al desenlace, desenlace pero también conclusión a la manera de un trabajo académico, en este caso, la exégesis de la propia instalación.

El primer paralelismo con la figura de la portada lo encontramos en el inicio del relato con la fórmula “Hace mucho tiempo…”. La sombra que se muestra en la ilustración es la del mismo cineasta; se trata de una sombra que, al revés que en la historia que conocemos, persigue a una mujer. Se ha producido un salto temporal al incorporarse la sombra al presente, convertida en memoria de un conocimiento pasado que transmitió aquella primera pintora. Los recuerdos de obras de arte que nunca conocimos actúan como principal impulso de la creación, ya sea literaria o pictórica. Las pinturas desaparecidas de la Antigüedad, su memoria, se asentaron en la mente como un conocimiento base. Pero tal vez sea un saber inconsciente previo al mismo hecho de la pintura, pues el bisonte siempre estuvo ahí, en la naturaleza antes que en la cueva. Se redunda, de nuevo como en la exposición, en la fuerza del original que clama ser asimilado.

¿Y aquellas obras artísticas que jamás existieron pero que fueron tan bien definidas literariamente? Las figuras retóricas juegan al mismo nivel que las imágenes visuales. La pintura, o su definición verbal, surgió de un deseo de posesión (como la fuente surgida por las lágrimas de Pirene ante la muerte de su hijo), de un sueño no realizado. A través de la exteriorización materializada sobre el papel la sombra, la ensoñación, suplió a la realidad.

El montaje y el movimiento, precursores del cinematógrafo, son los pasos siguientes al retrato. Para superar el original, porque así lo pide la sombra, se ha de partir de varios modelos, quedarse con los mejores trozos y construir al ser humano perfecto, esto es, la sombra perfecta. Las manos cobrarán entonces protagonismo absoluto al ser las intermediarias de un mundo a otro: palpan la realidad y ensucian el papel, o la pared, o se posan sobre una cámara, y las huellas de ese universo primero se impregnan en ese otro segundo producto de nuestra imaginación.

El tropo literario-semántico en forma de imagen visual renace en este punto: el árbol que cobijó a los dos amantes devino perenne o, tal vez, ¿no fue la misma sombra, el recuerdo de ese encuentro? Guerin remata el libro con su origen, con la naturaleza proyectándose como precursora de la imaginación artística del hombre. En las últimas páginas las sombras del árbol y la del amado comparten plano; Plinio el Joven murió intentando captar in situ las esencias del Vesubio; la leyenda cuenta que una nube en forma de árbol lo envolvió antes de morir.

“Madame Bovary soy yo”, dijo Flaubert. ¿Qué duda cabe de que la silueta que imaginó Plinio para explicar el origen de la pintura no le representaba a sí mismo? Ahora, en el libro La dama de Corinto, la colocación de los elementos altera el producto: aquellos fotogramas en los que la sombra abandona a la silueta ya no cuentan una historia de amor (el amado dejando de posar, abandonando la ciudad) sino que señalan, fijan, la existencia de una mano creadora y personalizada que deja sus propias huellas en la historia del arte.

Publicado en Reseñas | Etiquetado , , , | Comentarios desactivados en La dama de Corinto 2