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Casa Asia Film Week (12/06/2011)

La soledad y todo lo demás

Las quinielas que señalaban Buddha Mountain (Guan Yin Shan) de la directora china Li Yu como posible ganadora de la primera edición del CAFW han acertado, y la historia de tres jóvenes que conviven con una huraña cantante de ópera retirada ha resultado ser la favorita de entre las once que competían por el galardón. Probablemente, las interpretaciones de Fang Bingbing y Sylvia Chang, un impecable guión y una conmovedora historia algo han tenido que ver. La directora realiza con esta película un retrato de dos generaciones distintas analizando aquello que las une y las distancia al mismo tiempo. Las reflexiones que plantea sobre la soledad no se circunscriben tan sólo al ámbito de la sociedad china, sino que son algo completamente universal y extrapolable; Li Yu sabe que las historias pequeñas son las que en realidad conforman el mundo tal como lo conocemos y por ello parte de lo personal para llegar a lo universal. Una muestra de sensibilidad (pero no de sensiblería) que no hay que dejar escapar. Cuatro protagonistas que cobran vida de forma progresiva y que mediante pequeños gestos consiguen que olvidemos su condición de personajes. Cuatro seres definidos mediante cicatrices, ausencias y mucha soledad. Una historia que podría haber caído en el patetismo pero no lo hace en ningún momento; porque la fuerza poética de sus imágenes puede más y porque la entereza de los personajes les define como supervivientes aun a pesar de que la muerte esté ahí, recorriendo de modo silencioso todo el metraje.

Por otro lado, el director tailandés Banjong Pisanthanakun aparca por el momento el cine de terror y nos ofrece con Hello Stranger (Kuan meun ho) un divertimento que, si bien promete bastante en su primera media hora, al final acaba desembocando en el superpoblado género de la comedia romántica más convencional. Aunque los personajes no están exentos de inteligencia e ironía y se respira durante toda la película una sutil crítica al poder alienante de la televisión y a los estereotipos en la juventud tailandesa, al final pesan más los contras que los pros, y esos clichés que en un principio son atacados al final acaban siendo reproducidos en una historia de amor que empieza de manera interesante pero termina de un modo un tanto predecible.

Para terminar asistimos a una ceremonia de clausura en la que estuvieron presentes tanto los organizadores del festival como los miembros del jurado. Estos cuatro días de proyecciones en los cines Girona concluyeron con la película The Stool Pigeon (Sin yan), interesante muestra de cine negro hongkonés dirigida por Dante Lam. Un ritmo frenético, una buena trama y mucha acción; una obra menor pero muy cuidada tanto en el fondo como en la forma. Todos esos ingredientes que hacen que el público siga disfrutando del género policiaco aun a pesar de que cada vez cueste más que este nos sorprenda. Puede que The Stool Pigeon no cuente nada nuevo, pero eso sí: lo que cuenta lo cuenta muy bien.

En definitiva, una intensa semana en la que hemos podido ver películas chinas, japonesas o coreanas, una merecida retrospectiva a Ann Hui, un interesante análisis de la situación del cine asiático en España, una breve pero representativa muestra de los más diversos géneros. Todo eso y mucho más es lo que nos ha ofrecido el primer CAFW, digno heredero de ese BAFF que siempre permanecerá en la memoria de todos los aficionados al cine que llega de Oriente.

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Casa Asia Film Week (11/06/2011)

Día de actrices y nostalgia

Sábado festivalero en la sala 1 de los cines Girona. Inicio por todo lo alto, con una de esas películas que son un sueño como espectador pero una pesadilla como (aspirante a) crítico: te deja sin palabras. Se trata de Buddha Mountain (Guan yin shan, Li Yu), un título evocador de espiritualidad, ritmos calmados y otros estereotipos asociados a lo oriental que estallarán en la cara del espectador despistado. Fresca, inteligente, imprevisible y bella. Palabras que adjetivan la película y a esa joven protagonista que exige retener su nombre: Fang Bingbing.

La siguiente sesión fue para Bruce Lee My Brother (Manfred Wong y Raymond Yip). Poco más que ensalzar la figura de turno con la característica estética de sobremesa de domingo es lo que suele ofrecer un biopic. El film está en esa línea, aunque con una cuidada recreación de época supera lo televisivo. Integrando algunos de los gestos característicos de la filmografía del mito del kung-fu en sus travesuras de infancia y correrías de juventud se gana nuestra simpatía.

Confesión; Jose Montaño: Matsu Takako se convirtió en mi debilidad personal tras protagonizar Shigatsu Monogatari (Iwai Shunji, 1998). Pese a no prodigarse demasiado en cine, su magnetismo en pantalla es notorio y Confessions (Kokuhaku, Nakashima Tetsuya) su confirmación definitiva. De esta cinta, de su cautivadora estética, complejidad formal y enrevesada trama, tras su sonado paso por Sitges no queda mucho que añadir. Me llama la atención que ante cualquier película nipona de tono familiar los críticos recurran sin falta a Cuentos de Tokyo (Tôkyô monogatari, Ozu Yasuhiro, 1953). Ante Confessions, ninguno ha rememorado Rashômon (Kurosawa Akira, 1950). Curioso. Tan sólo el factor sorpresa de la menos conocida Buddha Mountain se me antoja como argumento para un vuelco en el palmarés del CAFW aún mayor que el vivido en las recientes elecciones municipales. Entre ambas películas está mi apuesta. La respuesta en escasas horas.

Y acabamos con Space Battleship Yamato, de un Yamazaki Takashi anclado en la nostalgia. Y es que, aunque en este caso parezca llevarnos al futuro, la máquina del tiempo de Yamazaki sigue apuntando a décadas pasadas y el público al que guiña el ojo empieza a peinar canas. La película se basa en el manga homónimo, un clásico del popular Matsumoto Leiji. Ya entrados en el mundo del cómic, me viene a la memoria el título de un tomo de los X-Men: Memorias de un futuro pasado. Tras alcanzar la popularidad con sus recreaciones del Japón de postguerra, Yamazaki entrega una vez más su pantalla a los efectos digitales para ahondar en la espectacularidad de las imágenes, que solventa con la eficacia que ha ido cultivando en su saga Always. El ligero aire de triunfalismo nacionalista que desprendían ambas películas (una tercera entrega está en camino), justamente lo que un genial Kitano se encargó de dinamitar con su parodia en un fragmento de Glory to the Filmmaker! (Kantoku • Banzai!, 2007), se torna casi en vendaval. El film da la vuelta de forma figurada a la Historia para mostrar un Japón no sólo vencedor sino salvador de la humanidad, papel que tantas veces se ha arrogado cierto país y que hemos admitido sin problemas en pantalla, aplaudiendo cada una de sus barras y estrellas. Esta película entreteje las aspiraciones de quienes comandaron el original Yamato -el mayor navío de la historia militar nipona- con las que el país del sol naciente adoptó tras la derrota y los ataques nucleares: la reconstrucción del país y la restitución de su imagen como nación pacífica. El film no pasa de entretenido blockbuster de manual, pero tiene al menos el interés de revelar algo de la psicología social de un país.

En síntesis, espectacular jornada de cine para diversos gustos que, sin renunciar a la calidad, serviría por sí sola para negar esa falacia de que el cine de los países orientales no tiene potencial para ser comercializable.

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