Archivo de la etiqueta: Lautréamont

‘Who can say that we should not live like dogs?’ Retrospectiva de Shuji Terayama 6

Programme Six: Letter Drama

La faceta poética de Terayama confluye con la teatral y cinematográfica en Les Chants de Maldoror (Marudororu no uta, 1977), en el que presenta una rica imaginería visual y textual con referencias al culto romántico al mal de la obra del conde de Lautréamont que lleva el mismo nombre. Terayama mezcla palabras con imágenes delirantes provenientes del universo pre-surrealista de Lautréamont: el culto al sadomasoquismo, la violencia, la putrefacción, la deshumanización… Las imágenes de este mediometraje se tornan de nuevo un experimento transmediático con mezcla de imágenes pictóricas, transposición de planos y reutilización de la técnica del expanded cinema.

La voluntad de retratar lo oscuro, lo grotesco y lo inhumano lleva a representar al ser humano y a los animales de la misma forma: una mujer desnuda es atada a una silla, a continuación un pájaro también atado con una soga. Un hombre amarrado a una mesa y un caracol pasa por encima de su imagen. Les Chants de Maldoror lleva la forma de representación a un estadio primitivo, animal, donde no caben conceptos humanos como la racionalidad, la belleza o el recato.

La segunda proyección de la sexta sesión fue otro mediometraje, Grass Labyrinth (Kusa-meikyū, 1983). Basado en la historia del escritor surrealista Kyoka Izumi, el film formaba parte de la antología Collections Privées, estrenada en Francia en 1979. Se estrenó en Japón después de la muerte de Terayama en 1983. A diferencia del resto de obras presentadas, probablemente esta sea la única que puede considerarse estrictamente una película, dada su estructura narrativa, que va más allá de la simple performance.

El film nos relata la historia de un joven que, en los albores del paso a la vida adulta, vive obsesionado con una canción que su madre le cantaba de niño. En el relato se confunde la realidad con el sueño, las pulsiones sexuales y los elementos del subconsciente se hacen visibles en el cuadro, como multitud de pelotas que aparecen sin aparente lógica ni sentido dramático. Tras la muerte del padre de Terayama poco después de terminar la guerra, su madre lo abandonó para irse a trabajar a una base militar. Terayama se quedó con diez años en una ciudad en ruinas a vivir con su tío abuelo. No es difícil por tanto observar elementos autobiográficos en esta especie de búsqueda del amor de la madre, la reproducción del complejo del Edipo, la especie de atracción sexual hacia figuras maternales…

El hilo argumental del film parece mostrar una aparente continuidad, aunque constantemente fragmentada y desordenada, no por ello renunciando a una plástica con tintes teatrales y expresionistas, muy colorida, y puestas en escena irreales con elementos surrealistas presentes en el resto de su obra.

El último film de la sesión, Video Letter (1983), se puede considerar todo un ensayo de estructuralismo y una de sus más interesantes aportaciones en el campo tanto del arte como incluso de la lingüística. Mediante una correspondencia intercambiada entre Terayama y Shuntarō Tanikawa este film grabado con video amateur explora los conceptos saussurianos de significante y significado. Terayama empieza anunciando la necesidad de las palabras para organizar su mundo.

Junto con Tanikawa juega con el significante, explora su forma y sus limitaciones componiendo poesía Renga (tradición antigua japonesa de intercambiar letras). Representan la comunicación con palabras como una masa que fluye independiente del plano del significado. La imagen va acompañada de voces en distintas lenguas (¡entre las que se distingue la voz de un locutor de radio en catalán!). Pronto se dan cuenta de lo pertinente que es preguntarse si existe significado intrínseco en esas cajas vacías que son las palabras.

Comienzan a entender entonces que el significado no es propiedad exclusiva del emisor, también lo construye el receptor. Por tanto la relación significante-significado no es inequívoca. Y a todo esto el narrador se percata de una característica peculiar de su idioma. En japonés, “significado” es imi 意味, que se compone de dos conceptos: “sentido” y “sabor”. Contrariamente a lo que se piensa, estas son cualidades físicas, el significado debe ser por tanto algo tangible y material, no conceptualizaciones abstractas.

Esto problematiza la definición misma del ser. Comienza a profundizar en esta idea con huevos, croissants y demás objetos sobre una fotografía. A continuación realiza una extraña encuesta preguntando “¿Qué es Suntarō Tanikawa? ¿Qué comida sería? ¿Qué numero sería? ¿Cuánto costaría?”, revelando cómo la única forma de definir el ser es mediante cosas materiales y concretas.

¿Cómo se puede definir el yo? “¿Este soy yo? No es sólo una fotografía. ¿Este soy yo? No, sólo mi pie. Mis pantalones, mis zapatos, mi cinturón… ¿Pero quién es el yo?” A lo único que podemos acceder es a una mera representación alegórica del yo pero carente de todo significado dada la imposibilidad de la definición. Terayama se presenta en primer plano, en silencio, donde lo único que puede afirmar con certeza es lo que tiene en la mano: “té de menta”.

Conforme avanza el film Terayama y Tanikawa llegan a otra reflexión interesante: ¿no existen momentos de comunicación de “no-significado”, mu-imi 無意味 en japonés[1]? Ambos autores profundizan en lo que ellos llaman “la ilusión de significado”, la aparente comunicación de significados que en realidad no lo son. Entonces se dan cuenta de que el mundo está más allá del significado, que es en realidad una racionalización humana del todo desconectada de la realidad natural. En la realidad no existe la diferencia entre significado imi y “no-significado” mu-imi.

En la conclusión final ridiculiza esa búsqueda tan antigua y obsesiva del ser humano por el significado, cuando en realidad es algo que no existe en la realidad. Pone como ejemplo cómo los perros viven y existen sin necesidad de asignar significados a las cosas. En esta idea se puede encontrar de alguna manera la respuesta al inquietante título del ciclo: ¿Quién dice que no deberíamos vivir como perros?

Notas:

  1. Probablemente sea aquí pertinente señalar que en idioma japonés existen multitud de palabras y expresiones protocolarias que se usan habitualmente simplemente para interpelar al interlocutor o para mantener abierto un canal de comunicación sin que expresen un significado realmente. 
Publicado en Jump cut | Etiquetado , , | Comentarios desactivados en ‘Who can say that we should not live like dogs?’ Retrospectiva de Shuji Terayama 6