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L’Alternativa, Festival de Cinema Independent de Barcelona 2016

El monstruo más grande de la tierra

Dios creó a la bestia Behemoth el quinto día. Era el monstruo más grande de la tierra. Mil montañas le servían el alimento.

No hay que hacer un excesivo esfuerzo para darse cuenta de que, más allá de la referencia directa a la bestia mencionada en el libro de Jacob, la intención principal de Zhao Liang en su último filme (ganador del premio de la crítica en este festival) no es más que compararla con el neoliberalismo, tarea que a priori podría parecer mucho más sencilla de lo que realmente es. Las apabullantes imágenes de Behemoth (2015) nos muestran, con apariencia de objetividad (esa misma objetividad que necesitaría ser cuestionada constantemente), el inconmensurable empeño del ser humano en superar a la naturaleza, en someterla y transformarla a su antojo, en explotar sus recursos naturales hasta que el límite esté demasiado cerca y ya no haya vuelta atrás. La cámara de Liang podría haberse detenido delante de un lugar cualquiera en un país cualquiera, pero lo hace ante las minas de Sichuan, donde miles de personas trabajan cada día extrayendo hierro de las entrañas de la tierra. Donde miles de personas mueren por culpa de la neumoconiosis que les produce trabajar en infrahumanas condiciones. Donde se han reducido las zonas de los lagos en un 20% en los últimos 30 años. Donde todo aquello que se ha perdido, jamás se podrá recuperar.

Pero la intención de Zhao Liang no es la de realizar un panfleto cinematográfico que denuncie sin más las condiciones en que trabajan los mineros en China. Por suerte para nosotros, no estamos frente a una versión oriental de Michael Moore ni nada que se le parezca. Porque Liang opta por una opción tal vez menos llamativa pero mucho más arriesgada: la de realizar un documental (a ratos acercándose incluso al videoensayo, su hermano pequeño y abiertamente subjetivo) que hace de la poesía y el poder de las imágenes oníricas su principal arma. Todo lo que Liang nos enseña es tan rutinario como monstruoso, tan cotidiano como fantasmagórico. Para cualquier persona, las imágenes de Behemoth mostrarían gruas excavando en la tierra, pero para Liang son los juguetes del monstruo llevando a cabo órdenes invisibles. Lo más aterrador del filme, sin embargo, no son las explosiones, ni los estertores de muerte de un planeta agónico, ni los residuos que se extraen en el hospital de los pulmones de los mineros. Lo más aterrador es que aunque la película termine el monstruo seguirá teniendo hambre, porque mil montañas no serán suficientes para saciar su apetito, y porque todo el oro que luce bajo la luz de la luna no le ha dado nunca a la exhausta humanidad un momento de consuelo. Porque, por muchas personas que mueran, no cesaremos en nuestro estúpido empeño de sobreexplotar la tierra, extrayendo de ella combustibles fósiles por los que pelearnos, hasta que no le quede ya nada que ofrecer.

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Hay una suerte de nexo, tal vez invisible pero ciertamente consistente, que ha recorrido la programación de L’Alternativa 2016 y que responde a una necesidad imperante de sacar a la luz las necesidades y problemáticas reales de una gran parte de la población. Necesidad, no solo de los ciudadanos, sino también de parte de las instituciones. Desde la inauguración del festival con la conferencia del geógrafo y teórico David Harvey sobre el turismo de masas hasta los dos largometrajes ganadores (Havarie –premio Alternativa oficial– y Behemoth –premio de la crítica–) pasando por gran parte de la programación de la sección oficial o la sección Hall Enfoca, los filmes y actividades programados por L’Alternativa han puesto sobre la mesa cuestiones de innegable actualidad y evidente urgencia.

Al acudir a la conferencia de Harvey sobre el turismo de masas tenía la secreta esperanza de que, haciendo uso de su incuestionable sabiduría, Harvey fuese capaz de ofrecernos una receta para combatir ese turismo que a base de excesos se ha convertido en un auténtico problema para los habitantes de esta ciudad. Un problema que, lejos de solucionarse con el tiempo, crece exponencialmente a cada minuto que pasa.

Pero durante su conferencia Harvey habló de muchas cosas, no solo del turismo de masas. Al principio me pregunté por qué lo hacía y qué tenía que ver todo aquello con el supuesto tema de la charla, pero pasados unos minutos me di cuenta de su estrategia; me di cuenta de que existe una relación intrínseca entre todos los temas de los que hablaba y de que no tendría sentido alguno abordarlos por separado. Donald Trump como presidente de los EEUU, la reacción que tuvo China hace unos años ante la inminente explosión de la burbuja inmobiliaria y la llegada de la temida crisis, el cemento, las preferentes bancarias, los fondos de gestión de activos inmobiliarios, el calentamiento global, los deshaucios, el Brexit, la negativa al acuerdo de paz en Colombia, los turistas que llegan a Barcelona y los habitantes de Barcelona que se tienen que marchar de la ciudad por no poder pagar los alquileres más altos de España. Un exilio, no por motivos políticos sino turísticos. O más bien económicos. Bueno, sí, políticos, es cierto, lo olvidaba, todo tiene relación, lo acabo de decir en este mismo párrafo.

Hace tres semanas era Noam Chomsky el que hacía reflexionar a una audiencia de 1.500 personas en el Palacio de Congresos respecto a la crisis de refugiados, las irrefrenables consecuencias del asentamiento del neoliberalismo y el auge de la derecha (en efecto, suelen ir de la mano), y tan solo unos días después, Harvey planteaba en el Hall del CCCB algunas cuestiones de vital importancia sobre nuestro inminente futuro. No dio, por desgracia, ninguna receta milagrosa (ilusos de nosotros aquellos que la esperábamos como si existiera), pero sí que definió con acertadas palabras una situación que transita constantemente entre lo enervante, lo desconcertante y sí, también en cierto modo, lo previsible.

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Aquellos tiempos de microcemento y otras costumbres

Madrugando pronto para estar a tiempo.

Cemento y arena,

tubos y cables

una madera

y unos cristales.

 

Una parcela llena de mierda.

Una ventana dando a la sierra.

Los arquitectos miden con láser

para estar a tiempo.

A la hora de las migas

en la corte del rey Midas

Los Ganglios, Los Arquitectos

 

Ignoro si se trata de un simple fruto de la casualidad o ha habido premeditación en la coincidencia, pero el protagonismo de China en las dos últimas ediciones de este Festival se ha convertido en un hecho que, lejos de considerar anecdótico, me llama poderosamente la atención y considero digno de analizar.

El ministerio del hierro fue el filme que se alzó el año pasado con el premio de la sección oficial de largometrajes, un documental grabado a lo largo de tres años en la red ferroviaria más grande del mundo. Sin tan siquiera salir de los trenes, su director John Paul Sniadecki realiza una suerte de fresco impresionista de la inabarcable, compleja y a ratos esquiva sociedad china. Durante 83 minutos tenemos la oportunidad de escuchar las conversaciones de los pasajeros. Hablan sobre temas triviales y también sobre temas trascendentes. Se quejan de lo poco democrática que es su república democrática. Comen, duermen, generan basura. En definitiva, hacen lo que haría cualquier humano durante un largo viaje en tren, matar el tiempo. Observan con melancolía el paisaje por la ventana. Un paisaje un tanto monstruoso construído a golpe de ladrillo por una civilización (no la china, sino la humana en general) que no ceja en su empeño de seguir creciendo a toda costa, que no quiere darse cuenta de que los recursos son limitados y la superficie terrestre finita.

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De las minas de hierro en China saltamos a los viajes en tren por sus inconmensurables territorios, y de ahí a la réplica de Cadaqués que podemos encontrar también en China, a 12.000 kilómetros del original. En La Substància, el director Lluís Galter reflexiona con gran acierto sobre la substancia del hogar (o en todo caso, aquello que consideramos hogar) y nociones tan resbaladizas en la actualidad como son las de “originalidad” o “autenticidad”. Resulta inevitable durante el visionado de La Substància relacionarla con The World (2004), película de Jia Zhangke que retrataba a un grupo de trabajadores del Beijing World Park, parque temático que contiene réplicas a escala de los monumentos más importantes del mundo (La torre de Pissa, la Torre Eiffel, Las Torres Gemelas, la Plaza Roja de Moscú, la Estatua de la Libertad, el David de Miguel Ángel, las pirámides de Egipto…) concentrados en 47 hectáreas de superficie. Zhangke se servía de dichas réplicas para hablarnos de esa necesidad intrínseca de todo ser humano de destilar y poseer la esencia de todas las cosas, sobre todo de las que son consideradas como las más representativas. Aunque sea mediante imitaciones Kistch y cámaras fotográficas de usar y tirar, con eso nos conformamos cuando no podemos aspirar a algo mejor. Con copias, imitaciones, marcas blancas.

Pero la pregunta que me surge tras pensar en todo esto es… ¿qué ocurrirá cuando todo el mundo se haya convertido en un parque temático sobre sí mismo? Estas y muchas otras cosas son las que pasaron por mi cabeza durante toda una semana de festival.

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L’Alternativa 2013 (23-24/11/2013)

L’Alternativa, un festival sensato

El festival nos espera el año que viene, durante este transcurso las oficinas volverán a trabajar y seleccionar en los circuitos el plantel de películas del año próximo. La mayoría de los festivales han sufrido recortes de presupuesto. Por ello el buen criterio, la capacidad de ver y discernir con sabiduría y sensibilidad en estos momentos se hace más patente si cabe. El sentido, la sensatez creo que han sido los criterios a destacar en esta Alternativa. Lo menos ha sido más. Así me ha parecido en las selecciones de las películas de este festival, un pequeño pero bien apuntado grupo de trabajos –sobre todo en los largometrajes–, unas secciones coherentes con los recursos disponibles y abiertas, ofreciendo variedad y diferentes estilos pero con un criterio claro sobre todo en la capacidad pictórica de muchas obras, y no me refiero solamente a los cortometrajes de animación, también a la fotogenia y la propuesta plástica de los filmes. La competición de largometrajes ha tenido, creo, de todo: películas con gancho, premiadas y con recorrido en festivales, buques insignia como Leviathan (Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel) o Museum Hours (Jem Cohen), y filmes brillantes como la ganadora La extraña gatita (Das merkwürdige Kätzchen, Ramon Zürcher), una película que desde luego desvela un estilo muy personal, un juego de miradas que rayan el absurdo, como el absurdo y la locura de It’s Such a Beautiful Day (Don Hertzfeldt), una proyección libre, divertida y locuaz. Me pareció muy acertado el premio de guión de 36 para el cineasta tailandés Nawapol Thamrongrattanaritt… una película de una rentabilidad prodigiosa, de un buen dominio del tiempo y de un excelente juego con los esenciales del Cine: tiempo, fotogenia, plano.... Fóra (Pablo Cayuela y Xan Gómez Viñas) es un encuentro y un descubrimiento de película, creo que también lo fue para sus autores. Film de revisión y de muy buen criterio por parte del festival, como el caso de El invierno de Pablo (Pablo’s Winter, Chico Pereira), o El pas del riu (Lluís de Sola), el film ganador en la sección Panorama. Es por estos detalles por los que valoro la composición del festival. No me refiero a estas películas por su contenido social –político podríamos decir–, son filmes con pocos recursos pero con una honda capacidad de rentabilizar los detalles de lo humano, de lo que hay detrás de lo que hacemos, y llevarlo a Cine… y mostrar cómo los restos del pasado nos diseccionan el presente y el Cine lo recoge. Películas que nacen de un pequeño encuentro y que luego se hacen grandes. Me gusta ver cómo el trabajo casi artesanal, pero con todos los elementos del Cine, se encuentra en festivales con buen criterio. Películas humildes pero con bisturí profundo. Má Raça (André Santos y Marco Leão) y Soles de primavera (Stefan Ivančić), los cortometrajes premiados, están realizados bajo una rentabilidad de guión y un discernimiento sobre el tema, y sobre todo la forma. Esos planos cortos en ambos filmes, una cámara viva, la luz… miradas íntimas y guiones simples.

Museum Hours, premio al mejor film por el jurado, pone en juego la mirada de un film de talante más clásico pero con un rigor y peso en la forma cinematográfica muy grandes. Decisión acertada por el empaque de esta película. Y a modo de conclusión, Fóra, como nota personal, la película de Pablo Cayuela y Xan Gómez Viñas, descubre un lugar (el psiquiátrico gallego de Conxo en Santiago de Compostela) y desde el espacio –los problemas para grabar las estancias ya es un síntoma– nos encontramos con las prohibiciones… y, en un nuevo caso de síntoma, con las historias tapadas que hay detrás de ellas. Es la misma historia a modo de espejo de un país, el nuestro, con un legado muy oscuro (fascista, no tiene otro nombre). La locura no sólo estaba dentro de esos muros, probablemente era mucho menor a la que existía fuera de ellos. España tiene una historia de robo de niños a madres sin recursos, psiquiátricos cárcel –hubo muchas personas recluidas en centros de este tipo por ideas políticas…– y cadáveres en las cunetas, venganzas de vencedores y creación de un estado excluyente. El centro, su capacidad simbólica, desnuda una realidad que nunca se fue: la opresión, la muerte… la explotación. No desarrollo más la línea expansiva de Fóra (Fuera), creo que queda claro. Lo dicho, esperaremos de nuevo al festival el año que viene, un espacio sensato y necesario. Y que cumplas muchos más.

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L’Alternativa 2013 (21-22/11/13) (2)

Tres filmes, tres estilos

En la Sección Oficial de Largometrajes, munición pesada: 36 (Nawapol Thamrongrattanaritt), La extraña gatita (Das merkwürdige Kätzchen, Ramon Zürcher), Bellas mariposas (Salvatore Mereu)… El cine tailandés propone una extraña afiliación mística, o etérea; hablo de Apichatpong. En esta bobina confeccionada en 36 cortes me imagino la edición y la pantalla organizada como si fuera una hoja de contactos, que es lo que realmente pierde el personaje central de la película: la fotógrafa. Es una película etérea, sólo tiene imágenes de aire. Los planos son entre enteros y generales, alguno medio… hay nubes y sobre todo un tiempo preciso para contar la historia, la historia que no pudo contar la fotógrafa con sus imágenes que perdió. Es una película que habla de la fotogenia a través de los espacios, espacios que desaparecen. Nos podemos quebrar la cabeza sobre sus sentidos, pero es una película bella de imágenes mínimas.

Bellas mariposas, película clásica de cine independiente, con suficiente presupuesto. Se acerca, en el contexto de la infancia, primera pubertad, a la vida de dos amigas que se besan por primera vez y se quieren, han pasado de amigas a algo más, pero libres, porque no quieren ser como los demás, en un mundo fantástico pero caníbal. Hijas fabuladas del mismo padre, o no, viven en viviendas-guetos en Cerdeña. Un espacio caníbal lumpen donde intentan sobrevivir, el sexo está en el aire, los tabúes de follar y ser follada, la virginidad. Toda la película circula en esa atmósfera carnal y escatológica. Ellas miran a cámara y hablan con el espectador en esta historia narrativa de huidas hacia la belleza, la verdadera alma de estas niñas púberes que ya vuelan –es ahí donde nos llevan las imágenes natatorias en las aguas del Mediterráneo–; volar y surcar las aguas, el cielo, libres: “yo quiero ser virgen”, le repite a voces a su padre mientras se escucha Mambo italiano. Y vuelan para no dejarse atrapar.

La extraña gatita: película de tiralíneas visuales, de espacios mínimos y de interrelaciones codificadas. El plano de los Straub, su imagen sobria y de teatralidad extrema, se deja notar en esta película, sobre todo en la representación de los retratos humanos. La película tiene capas y capas de inteligencia fría… de personajes que nos engañan, que intuyen o que nos hacen creer. Una propuesta mágica en una casa, pequeña, donde hay una acumulación de personajes sin espacios que se pisan, literalmente, o se buscan – como deja entrever su principal protagonista. El film tiene momentos de extrañeza magistrales en busca de algo que no sabemos si ocurrirá. Y sobre todo la rentabilidad de la luz. Cómo transcurre la historia durante la luz diurna y cómo la familia se despide en la oscuridad de la velada. Se van los primos a sus casas, se acaba el día. Pero si las relaciones y códigos nos han ido atrapando, lo que realmente resulta extremadamente nuevo es la relación que tienen los animales en esta película, el espacio que ocupan, lo que hacen, hacia dónde generan intriga, qué nos querrán decir y la fantasía cotidiana que resulta de ellos. Los animales, en particular el perro, los pájaros en la ventana, una polilla y sobre todo la gatita han estado presentes en todos los planos, que nos podían haber planteado un supuesto nudo. La abuela, una mujer mayor y cansada, siempre se queda dormida: ¿acaso se morirá?… La gata se va a los espacios tranquilos, se acerca a los seres tranquilos, también identifica la llegada de la muerte en muchos casos. La relación que tienen esos momentos y cómo ha jugado con ellos el director plantean instantes enigmáticos. Sabemos que esa casa no es muy grande, está el pasillo, la habitación… un lavabo. El cine es eso, saber utilizar la capacidad de generar imágenes de la cámara y dónde colocarla. Desde luego este film tiene muchas lecturas y sugerentes preguntas cinematográficas. Un acierto.

Dos animaciones para dos cortos, uno de Panorama y el otro de la Sección Oficial: Bajo la almohada (Isabel Herguera), formidable, y el que todavía me ha parecido más formidable por su capacidad de pintura animada, el vasco Hotzanak, For Your Own Safety, de Izibene Oñederra. Sinceramente los dos cortometrajes de animación que más me han atraído. La propuesta de Euskadi juega con tres colores básicos (blanco, rojo, negro… amarillos en menor medida) y con líneas fuertes, rasgadas, dibujos grotescos y guturales, casi en la náusea, grafías viscerales y con olor a pared de servicio, un grito de putrefacción apropiado y artístico. Estos cuadros animados que ondean en el videoarte pictórico se confeccionan como verdaderas propuestas de cine de animación con un carácter evidentemente experiencial, generan espacios trauma que provocan una reacción clara en el espectador.

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L’Alternativa 2013 (21-22/11/2013) (1)

Cine verdadero

He visto una película, he tenido un sueño… evoco a Luther King. Alzo mi voz como una alabanza, un encuentro. En la sección Panorama, El invierno de Pablo (Pablo’s Winter, Chico Pereira) es una película verdadera, unos ochenta minutos de redención, llena de emociones escondidas y mucha consciencia. Una película que me ha reconfortado enormemente. La identidad de los personajes, sobre todo de su personaje central Pablo, no sólo identifica a una persona jubilada y mayor, minero, también toda una forma de cultura castellana, dura, difícil, de una personalidad pétrea, descreída, con un no en la boca para dar la bienvenida. Pueblo apaleado por señores, terratenientes y curas, y empresarios agropecuarios. Trabajadores duros del campo y de la mina también, y todos engañados. Un lugar áspero de inviernos helados y de veranos secos y extremos. Carácter de pocas palabras que va cambiando por erosión a largo plazo, como el agua que pasa por las piedras. Almadén (Ciudad Real), clima mesetario, mineros de Almadén, minas de mercurio, la vida de Luis y su señora Josefa Cerrato, abuelos, y él que no quiere dejar de fumar, que no quiere que le digan qué hay que hacer aunque sea por su bien –quizás porque ha obedecido tantas veces, “ya pá lo que me queda”–, bajo un estado de resistencia visceral. Muchas veces le escuchamos un “déjame vivir”… Pero, eso sí, ya piensa que después de cinco infartos y de tener unos pulmones más negros que un tizón, lo mismo es que hay que ir cambiando. El devenir diario y sobre todo el tiempo de la película para ir mostrando la evolución sincera del personaje a través de sus relaciones y su salir al mundo, una evolución lenta y muy suya, detrás de la piel áspera tiene su corazón que le palpita cuando ve la mina, cuando nos cuenta la lucha obrera… Poco a poco el personaje va limando asperezas pero sin que se lo digan, él comienza a dejar de fumar… no ser tan huraño, ver a los amigos… ir al centro social, enseñar a montar en bicicleta a un niño, y descubrimos sus adentros sobre la barqueta de un tren de mina, que baja a las entrañas de la tierra que también son las suyas. Desde las ruinas y desde el interior de la piedra, como el carácter, descubrimos que fue minero y que luchó contra el cierre de la mina. Sobre todo la película se centra en Pablo para describir todo un panegírico de forma de vida, una cultura del interior, manchega, de resistencia.

Otra noche en la Tierra (David Muñoz): como ya llevó a cabo Abbas Kiarostami en Ten (2002) y recreando el film de Jim Jarmusch Noche en la Tierra (Night on Earth, 1991), un automóvil, más exactamente un taxi, te puede llevar a todos los rincones del alma de una ciudad, incluso de un país, a través de las reflexiones de sus conductores y pasajeros; en este caso, el clima de la “revolución” egipcia, si se puede llamar así, y los problemas que achacan a la población: economía, cultura, la situación de la mujer, Mubarak, los militares, Occidente, los Hermanos Musulmanes: todo lo que ha acontecido en el país árabe, y siempre las aguas del río de la vida –como El río (The River, Jean Renoir, 1951)– están ahí una y otra vez para presidir los cambios humanos. Los taxistas vuelven, atravesando sus aguas en una falúa, a su descanso, tras llevar a cabo una tarea que siempre fue nocturna. El Cairo se nos ha mostrado siempre de noche, cuando parece que reflexiona sobre lo que aconteció de día, y el amanecer nos despierta con las voces ampliadas de la megafonía de la plaza Tahrir que navegan por las aguas del Nilo.

La jungla interior (Juan Barrero) habla del nacimiento del primer hijo, que nos lleva al desnudo de la vida, la del protagonista y la de su pareja, la Gala… y ahí se queda la cosa. De vuelta del viaje a la selva, el externo, el viaje a la selva interior, un nuevo mundo y no el de Darwin aparece ante él a la vuelta. Ha germinado en la tierra el semen de su polla y ella lo ha recogido y se ha regado y así creció la yerba y el fruto. En la casa de la Tita también la Historia de nuestro “democrático” país, una vez más los asesinos falangistas. La Tita, que era lesbiana y no quería casarse, tuvo una novia pero los fascistas son el mal, el de la Inquisición española, y como eso no era moral, para su moral oscura y enferma… qué iba a hacer ella, que pasó por loca y vivió sola y escondió a gente para que no los fusilaran. Del plano cerrado pasamos al mapa del cuerpo humano de la mujer encinta. La piel y las estrías de la Gala, una hermosa mujer, un hermoso cuerpo que se muestra sin maquillaje y con dolores… Desde el diario vital cinematográfico, como Jonas Mekas, aquí nace otro ser que sale por el coño de su madre y se ve. Hermosa película.

Debemos hablar también de los cortos que nos han dado la bienvenida en Panorama. El vacío (Ramon Balcells), cortometraje que proyectaron antes de El invierno de Pablo, parecía el tiempo del largometraje que adelantó. De un pequeño detalle, un mundo, cortometraje de soledades y vidas sin identificar por haber tomado un solo camino –si se pueden tomar más caminos en la vida, demonios–. A Raia (Iván Castiñeiras) es un corto documental etnográfico de la frontera de España y Portugal… Fernando y Pepe, Fernando el portugués, Pepe el español, hacían negocio (contrabando) cuando existía la frontera; 20 años de amigos y de historias, y, desaparecida la frontera, dejaron de verse. Que se encuentren… dos retratos ibéricos.

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L’Alternativa 2013 (19-20/11/2013)

Entre dos aguas

Comenzó oficialmente L’Alternativa con la proyección en la sección de largometrajes de Leviathan (Lucien Castaing-Taylor & Verena Paravel, 2012). Mascarón de proa de este festival que corta las aguas por donde navegarán los diversos films. Este navío pesquero se erige como un buen maestro de ceremonias, contundente en su imagen; ya comentamos en el festival IndieLisboa los valores y probablemente la tendencia que podía generar en próximas películas (leer el texto).

El arranque caníbal de Leviathan dio paso a A batalha de Tabatô (2012), que no nos brindó el mismo impacto, al menos con la imagen, pero cuya capacidad para llegar a un sinfín de circuitos es excelsa. El film portugués firmado por João Viana profundiza en el turbio pasado colonial del país, las guerras de independencia y los recuerdos de Baio, un soldado de Burkina Faso que combatió en el bando de los represores portugueses contra sus hermanos revolucionarios-independentistas en la liberación y proceso de creación de la identidad nacional de la antigua colonia. Una lectura más de las heridas abiertas de Portugal, y de las vidas truncadas de un pasado oscuro, eso sí, con un final redentor... quizás excesivo.

No me voy a detener a destilar It’s Such a Beautiful Day (Don Hertzfeldt), porque me encantó la locura surrealista y abrupta de ideas; quiero más de estas películas juego –es más, habría que abofetear constantemente a los espectadores para despertarlos de esta manera–. Para continuar este viaje, una película delicada y sutil, Tzvetanka (Youlian Tabakov), a través de la vida de una mujer longeva, con detalles estéticos que sirven de transiciones a las distintas partes, toques naif y mezclas de instantes y tiempos cinematográficos; con un montaje muy acertado y dinámico, sobre todo en su banda sonora. Por delicadas imágenes descubrimos y conocemos el siglo XX búlgaro desde el salón de una casa, los ventanales y terrazas de una torre desarrollista –construcciones públicas de los estados socialistas– con unas maravillosas vistas a los bosques de la ciudad de, parece, Sofía. Una película que me ubica en un espacio identitario, la torre, los edificios de viviendas públicas de construcción en los 70s… De una torre en el fin del mundo, o de una vida en el fin del mundo o del tiempo me llegan las imágenes de A Nossa Forma de Vida (Pedro Filipe Marques, 2011), aquella película portuguesa –que tuvimos el placer de ver en el DocLisboa del 2011 (leer el texto)– que retrataba a dos jubilados, una pareja en su octavo piso, un edificio de plantas en el fin del mundo, el Finisterrae, a las afueras de Oporto, que con sus comentarios dibujaban esa extraña pareja que es o ha sido: el comunismo y el capitalismo en el siglo XX. Son vistas desde la terraza de torres extrarradiales levantadas a golpe de ladrillo y de protección oficial, mirando siempre hacia el horizonte: en este caso marítimo, en el caso de Tzvetanka, arbóreo.

En la sección Curts, tanto el martes como el miércoles se ofreció un amplio abanico de cortometrajes, de diversa factura: animación, ficción, material de la realidad, incluso found-footage, o más bien remontaje, como la película G/R/E/A/S/E, de Antoni Pinent, todo un cuadro plástico irreverente y erótico-festivo con el sonido de Dirk Schaefer, compañero de viaje de los found-footage de Matthias Müller, autor que no hace mucho pudimos ver, y conocer, en el Xcèntric. El cómputo general de cortometrajes, en estas dos primeras entregas (Curts 1 y Curts 2), nos ha revelado el eclecticismo de esta propuesta en el festival, con trabajos de nuevo cuño en la animación como la destacable Sonntag 3, de Jochen Kuhn, una fábula existencial del poder donde la canciller alemana Angela Merkel se desnuda ante nosotros en su afán amoroso… un pequeño juego de sinceridad existencial e intimismo de alcoba. Soles de primavera, de Stefan Ivančić, es una mirada a los paréntesis del verano, esos momentos perdidos donde al final del camino encontramos a los amigos mirando al sol, tirados frente al agua, jugando y sincerándose entre chapuzones en la orilla del Danubio. El tiempo estival da sobre todo para conocernos. Este verano, el que escribe también estuvo en Belgrado y se encontró con una ciudad llena de gente joven que quiere hacer un montón de cosas, una ciudad, ese primo lejano, que Europa ha tenido castigada y sin postre.

Otro clásico apareció por L’Alternativa, Nicolas Provost con Tokyo Giants, un juego más de su amplio repertorio de engaños en donde con material documentado del devenir de las calles de Tokyo inventa un psycho-thriller postmoderno en medio de la deriva de consumo y bajos fondos de las calles de la capital nipona. Aparecen Trespass (Paul Wenninger), un juego de soledades más, y el juego de la soledad por excelencia, Resistente (Renate Costa Perdomo & Salla Sorri), el corto mejor anclado en el tiempo –si es eso el cine, el tiempo de las imágenes–, donde un ermitaño moderno nos cuenta su devenir solitario y su espera ante la muerte –de nuevo hemos podido degustar este pequeño trozo de cine puro en 20 minutos–: un canto de luz tenue que se balancea, navega entre sombras selváticas y sombras de techumbre, entre la maleza del bosque y el libro La búsqueda, que acompaña en estas horas finales al creyente, el viejo D. Alberto Bonet… Maravillosa.

En la sección Panorama, Otel·lo (Hammudi Al-Rahmoun Font) reconstruye entre bambalinas el trabajo de un grupo de actores con el director del ensayo. Todo es un juego dramático entre actores llevado a cabo por los chicos de la ESCAC (Escándalo Films), muy bien llevado, el tiempo y la imagen notables; pero encuentro excesivas estas apuestas, necesito aire libre y cine sin corsés. Dime quién era Sanchicorrota (Jorge Tur Moltó) me pareció deliciosa y sin corsés: cercana y reconstituyente película de viaje, retratos, encuentros y descubrimientos, y heridas abiertas… no soy analítico con esta película y eso está bien, de vez en cuando.

20 años no es nada y me he regocijado hasta llenarme de dos películas alemanas de mis amores, y perdonen los ortodoxos de los títulos El amor es más frío que la muerte (Liebe ist kälter als der Tod, Rainer Werner Fassbinder, 1969) y Mi enemigo íntimo (Mein liebster Feind - Klaus Kinski, Werner Herzog, 1999). De la primera me quedo con una frase de Fassbinder: “robar un banco es ético si vas a hacer una película”. La obsesión intranquila, malsana del joven Fassbinder por reconstruir la vida, incluso la historia de un país destruido como su alma, Alemania (1945)... todo valía la pena para crear y correr, murió a los 37 años de edad (1982) por una mezcla de cocaína y barbitúricos después de realizar Querelle (Un pacto con el diablo), adaptación de la novela de Jean Genet. La fotografía de Klaus Kinski intentando degollar a Werner Herzog la he tenido durante años en mi habitación, Klaus siempre tuvo razón. Él, que fue un degenerado, sabía que Herzog también lo era y además se las hacía pasar de jefe… había que matarlo. La mirada del actor alemán, esos ojos maníacos y el gesto desencajado siempre me han perseguido e invariablemente los he relacionado con Werner Herzog, mucho antes de conocer la amplia trayectoria del director alemán. Mi enemigo íntimo siempre ha sido una de mis películas favoritas por lo que hay de autorretrato del ego, y no me refiero a Klaus sino, y sobre todo, a Herzog.

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L’Alternativa 2013 – Apertura

20 años después llueve

Se abre un año más L’Alternativa, 20 años cumplidos, con una filosofía intacta: arropar las nuevas tentativas del cine y su libre aroma. Cines nuevos, para un nuevo tiempo, el que nos atañe pero que ha procurado recuperar, siempre bajo el manto de las producciones mínimas, el Cine básico y esencial, el Cine de conocimiento.

El festival nos ofrece este año una razonable selección de películas y una compilación a modo de regalo, de filmes esenciales que hacen del festival el referente de lo otro, la otra forma, lo que se puede hacer bajo la mirada inquieta y viva de un nuevo pero verdadero Cine… La casa Emak Bakia (Oskar Alegría, 2012), o Mercado de futuros (Mercedes Álvarez 2010) son un ejemplo de esa nuevas ventanas abiertas que ha ofrecido el festival hasta la fecha. Filmes que se proyectarán en el ciclo aniversario del Festival (L’Alternativa Paral·leles), que abrió el lunes por la tarde con otra película germen, Alicia en las ciudades (Alicia in den Städten, Wim Wenders, 1974), de la carrera del director alemán, y que mañana seguirá con el festín de la maravillosa y locuaz ópera prima del malogrado Rainer Werner Fassbinder El amor es más frío que la muerte (Liebe ist kälter als der Tod,1969). Esta fiesta de cumpleaños ofrece toda una cuidada selección de los mejores frutos de grandes autores del cine europeo, en su cariz más independiente: La ville Louvre (Nicolas Philibert, 1990), Le fond de l’air est rouge (Chris Marker, 1977), El dinero (L’argent, Robert Bresson, 1983)… Alain Cavalier (La rencontre, 1996), Raymond Depardon (10è chambre - Instants d’audience, 2003), Werner Herzog (Mi enemigo íntimoMein liebster Feind - Klaus Kinski, 1999), Philippe Garrel (J´entends plus la guitare, 1991)… También una película única, la del gran fotógrafo español de postguerra Ramón Masats –imprescindible su serie de fotografías de sociedad en la España franquista y de fotografías taurinas–, la sugerente La Osa Mayor menos dos (2008) de David Reznak y la divertida obra de György Pálfi Hukkle (2002), un amplio y variado surtido a modo de delicado ofrecimiento a los invitados. Más allá de la onomástica, el festival abre la competición de largometrajes con la ampliamente galardonada Leviathan (Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel, 2012), mejor película del IndieLisboa, y con la también competidora, que pudimos disfrutar en el mismo festival, A batalha de Tabatô (João Viana, 2013). A ellas se suma Museum Hours (Jem Cohen, 2012), otro de los habituales filmes de este año en el circuito de festivales. Junta a estos filmes, el excelente Resistente (Renate Costa Perdomo y Salla Sorri, 2012) en la competición de cortometrajes, junto con una buena selección de trabajos nacionales. Este año, en la sección Panorama se amplia la participación nacional con más largometrajes y cortometrajes de diversa autoría y propuesta artística, abierta como el festival a tendencias de toda índole. Estas tres secciones conformarán las sesiones diarias en el Auditori del CCCB y el Teatre, mientras que en el Hall y la Sala Raval se desarrollarán proyecciones y sesiones interactivas, charlas, coloquios, también colaboración y exposición de trabajos con las escuelas de cine, etc. En la Filmoteca y en el Instituto Francés se ampliará la oferta, acompañando los 20 años de L’Alternativa. Todavía llovía en Barcelona tras la inauguración del festival en el Auditori del CCCB, y el concierto que cerraba la noche nos ponía banda sonora a los ecos de las imágenes de Alicia en las ciudades. Hemos tomado ese auto y el camino, el primer film de la trilogía road movie de Wim Wenders (junto a Falso movimientoFalsche Bewegung, 1975– y En el curso del tiempoIm Lauf der Seit, 1976–), y seguimos la carretera de lo desconocido, a expensas de lo que nos deparará el festival. De momento hemos contemplado las distintas ciudades al volante vagabundo de Rüdiger Vogler, actor alemán fetiche de Wim Wenders y del aprecio de Basilio Martín Patino en Madrid (1987), uno de los invitados a L’Alternativa en el 2011. Las imágenes ya han partido y nos invitan a llevar a cabo el viaje, hacia un lugar, aún no lo conocemos, al igual que las ciudades que no recordaba Alice. Ese es el nuevo viaje de L’Alternativa que cumple 20 años bajo la lluvia.

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L’Alternativa 2012 – IFN Jornada profesional

Otras formas de imaginar

Una vez clausurada la 19ª edición podemos reflexionar con más calma sobre varias cuestiones que plantearon tanto las imágenes de los filmes proyectados como las diversas actividades organizadas por el certamen. Aquí es donde encaja la jornada organizada por la IFN - Independent Film Network desde l’Alternativa que contó con la participación de Bárbara Tonelli (cofundadora de touscoprod), Jérôme Vidal (productor en Noodles Productions), Enrique Costa (responsable de distribución en Avalon), Diana Karklin (encargada de ventas y adquisiciones en Rise and Shine World Sales) y, como moderador de la mesa, Jaume Ripoll (cofundador de filmin). El título del encuentro, “Las nuevas circunstancias del cine independiente”, resumía bien el objetivo de la jornada, la acotación del terreno en el que actualmente se mueve o intenta mover el cine alternativo intentando responder a una cuestión: “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”.

La producción y la distribución cinematográficas fueron los grandes ejes que condujeron el debate en un contexto de crisis agravado por la desaparición de ayudas presupuestarias, la reducción de la participación de las televisiones, la subida del IVA al sector cultural y el paso de un espectador cinéfilo que prima la calidad a un cinéfago que apuesta por la cantidad y posesión de las películas. Ante panorama tan incierto se agradeció que el encuentro no girase (exceptuando un momento durante el debate con el público) en torno a la tan manida demonización de Internet como razón única de la actual fragilidad del sistema. Al contrario, la red vista como soporte para iniciativas que reanimen el sector nos permitió conocer más a fondo mecanismos de financiación como el crowdfunding.

Bárbara Tonelli desglosó las variantes del micromecenazgo abarcando las webs propias para cada proyecto, las plataformas generalistas que lo incluyen todo (Verkami en España, Ulule en Francia, etc.), los portales específicos para un sector de la industria (touscoprod en el cine, etc.) y, lo que más llamó nuestra atención, las páginas web dedicadas a llenar las salas de cine por adelantado (La septième salle en Francia, etc.), que resultó ser un sistema muy utilizado en Latinoamérica. Un vistazo rápido por estas iniciativas nos haría pensar en una adaptación exitosa del sector pero lo cierto es que aún no podemos estar tan seguros. Como afirmaba Jaume Ripoll, los éxitos del crowdfunding sugieren pero no consuman una tendencia general haciendo que casos como los 400 mil euros recaudados por El cosmonauta (Nicolás Alcalá, 2011), las 860 mil libras de The Age of Stupid (Franny Armstrong, 2009) o alcanzar la distribución en DVD de Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010) sean hechos aislados, pocos y “casos que los profesores que damos clases en algunos másters estamos cansados de repetir una y otra vez a falta de otros proyectos que tengan éxito”. Aunque esto sea cierto, quien suscribe no puede estar más feliz de que podamos sumarle un éxito más al crowdfunding aunque no se trate de un proyecto de producción sino de crítica cinematográfica, el alcanzado por los compañeros de Blogs&Docs hace pocos días.

Más nos vale entonces no caer en el espejismo de ver Internet como la única salida sino más bien como un complemento más, privilegiado quizás, dentro de la estrategia que según el proyecto puede adoptar el productor o distribuidor de un film independiente. Enrique Costa tomando como ejemplo la campaña que Avalon ha realizado desde hace año y medio en la distribución de Holy Motors (Leos Carax, 2012) así lo confirmaba. Dentro de la planificación habitual en la promoción del film, Internet y las redes sociales consiguieron dinamizar actos destacados como el denominado evento OcultO que, una semana antes del estreno, reunió a 500 espectadores en Madrid sin anunciar oficialmente que el film proyectado sería el de Carax. Técnicas de marketing, “ruido y parafernalia” que según Costa dieron sus frutos para una película que, finalmente, vio cómo las 10 copias pensadas en un principio para toda España pasaron a un total de 15, todas en versión original.

En un sentido similar, considerando Internet como una herramienta pero no como el final del camino, el francés Jérôme Vidal aseguró verse a sí mismo como “un productor de cine” y no se mostró convencido de que la distribución de los filmes tenga que pasar obligatoriamente por la red. Su aportación al debate reivindicó la faceta cultural como cuestión política inherente a la producción cinematográfica y la visión del cine independiente como un reducto de lucha cuyas incidencias deben sortearse con trabajo e ingenio, como cuando en Francia tuvo que explicar quién era Javier Bardem en España al producir Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002), cuando defendió la existencia de un “mercado catalán” al trabajar en Petit indi (Marc Recha, 2009) o, recientemente, cuando produjo Blancanieves (Pablo Berger, 2012) “argumentando” que si la película era muda, se trataba de una película en francés.

La mesa redonda resumió sus conclusiones, en términos generales, coincidiendo en la necesidad de mantener vías alternativas para que el cine independiente no desaparezca víctima de la dinámica impuesta por el cine comercial. Incidiendo en algunos detalles, Bárbara Tonelli aconsejaba a los productores que piensen en el distribuidor de sus filmes desde el principio, evitando por ejemplo duraciones no compatibles con según qué ventanas de exhibición como podían ser las televisiones. Algo en lo que coincidía Diana Karklin añadiendo que, en el caso latinoamericano, era igualmente importante la supresión de localismos, y asegurando, además, que fenómenos como el reciente boom del documental se entienden gracias, por un lado, a las ayudas presupuestarias que reciben y, por el otro, porque es un mercado que ha sabido adaptarse a la situación, recurriendo a programas como Ibermedia cuando las televisiones locales no se implican o incluyendo la piratería en sus estrategias de promoción.

A la pregunta “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”, la jornada profesional pareció responder con las “maneras de imaginar” tan reivindicadas por Vidal, con la propuesta de un combate que el cine independiente no debe descuidar, la búsqueda constante del espectador de un cine pensado y elaborado como producto cultural que no renuncia a verse a sí mismo como arte y que reconoce en Internet a un aliado antes que al enemigo demonizado por la vieja industria. Una apuesta del sector que pasaría, en definitiva, por asumir de una vez por todas que aquello que nuestros políticos denominan “nuevas tecnologías” hace años ha dejado de serlo para convertirse en una realidad cotidiana; un panorama en el que los responsables de la producción y distribución cinematográfica están obligados a ser capaces de emplear la tecnología en favor de su trabajo como un elemento positivo de “las nuevas circunstancias del cine independiente”.

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L’Alternativa 2012 – 25/11/2012

Clausura

Llegó a su fin esta decimonovena edición del Festival de Cinema Independent de Barcelona, l'Alternativa, y por consiguiente tuvo lugar la entrega de premios. Pero antes, por la tarde, aún hubo las últimas proyecciones. Se pudo ver la correcta A nossa forma de vida, presentada por su director, Pedro Filipe Marques; la notable 5 Broken Cameras (Emad Burnat y Guy Davidi) y No quarto da Vanda, una de las cumbres de Pedro Costa, el gran ausente del festival. Aprovechamos, no obstante, la ocasión, para celebrar el acierto del festival en programar la retrospectiva del director luso, ya que ha permitido recuperar en pantalla grande (con pases en el propio CCCB y en la Filmoteca de Catalunya) algunas de sus películas más brillantes. También merece una mención especial la coproducción polaco-rumana Crulic - drumul spre díncolo (Anca Damian), proyectada en un único pase que tuvo lugar este domingo. De ella nos ocuparemos próximamente, en una crónica dedicada exclusivamente a ella, pero para ir abriendo boca debemos decir que la cinta, que destaca en lo visual (combinando varias técnicas plásticas) y en lo narrativo (haciendo denuncia social en un tono muy kafkiano) ha competido en varios festivales internacionales, entre ellos el BACIFI o el FICUNAM, y ha sido emitida por la BBC.

En cuanto a la entrega de premios, a quien escribe estas líneas le alegra pensar que finalmente se han confirmado algunas de las sensaciones previas que se tenían antes de empezar el festival. No todas, claro está, pues ¿qué es un festival de cine sin desacuerdos ni polémicas? El Premio Lomography-Pantalla Hall fue para The Whale Story de Tess Martin, cortometraje visto en el subapartado “Bestieses” de “l'Alternativa proposa”. En él, mediante la técnica del stop motion, la autora es capaz de poner en escena una fábula ecologista, dando vida a una ballena pintada sobre un muro. La lomografía es, desde hace unos años, uno de los hobbies de moda. Recuperado por el afán consumista que se disfraza de nostalgia, la recuperación de este tipo de cámaras le ha devuelto la vida (sin querer hacer falsas correspondencias con la pieza antes citada) a una sensibilidad plástica que da pie a una concepción más pura de la construcción cinematográfica.

En el apartado de Mejor Cortometraje el ganador ha sido A Story for the Modlins de Sergio Oksman. Con Carlos Muguiro (otrora director del Festival Punto de Vista) como coguionista, la pieza rastrea la particularísima historia de Elmer Modlin, figurante de La semilla del diablo (Rosemary's Baby, Roman Polanski, 1968), entre otras, a partir de hallazgos de material inédito con entrevistas y otros materiales. El cortometraje evidencia una sofisticada ambigüedad, que en algunas ocasiones contraría y en las demás fascina. A Story for the Modlins está preseleccionado en la categoría de cortometraje documental en la próxima entrega de los Premios Goya.

Aplaudimos la mención especial para Oh, Willy... (Emma De Swaef y Marc James Roels), una maravilla de la animación que convierte una reivindicación New Age en fábula tragicómica mediante un humor directo y desacomplejado.

"A Story for the Modlins" y "Oh, Willy..."

En lo restante, ¿qué decir? El premio al mejor largometraje fue para Nacer. Diario de maternidad de Jorge Caballero; si bien no podemos decir que se trate de un mal documental o de una película insulsa, sí que nos gustaría apuntar que había películas bastante más merecedoras del premio que la presente, como la hipnótica 2 Years at Sea (Ben Rivers), que tendrá su propia reseña próximamente, o esa maravillosa revelación llamada La casa Emak-Bakia, de Oskar Alegría, ya reseñada en una de las crónicas de esta cobertura.

No podemos concluir esta cobertura sin dar cuenta que en esta ceremonia de clausura recibió un sincero homenaje Margarita Maguregui, quien, tras dieciocho años al frente de la dirección de l'Alternativa, se despide. Obviamos los motivos, aunque le deseamos lo mejor. Así como mucha suerte a quien asuma su cargo en la próxima edición, la número veinte. Esperemos, pues, que el próximo año l'Alternativa celebre 20 años a lo grande, apostando nuevamente por el cine pequeño.

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L’Alternativa 2012 – 24/11/2012

La verdad es mentira

Muchas de las películas proyectadas en la sección oficial de esta decimonovena edición de l'Alternativa serpentean con decidido atrevimiento sobre la demasiado estrecha línea que separa realidad y ficción, recreando una fórmula que últimamente viene definida por las condiciones de producción, como si la falta de medios se justificara abanderando un realismo impostado que ocultara la precariedad del producto. Los mejores temas (Nicolás Pereda) es una más de esas películas en las que nos cuesta discernir dónde empieza la honestidad del director y dónde acaba su voluntad creativa. Esto puede parecer a priori negativo, pero no lo es, ya que la película acusa otras faltas. Se trata de un muy buen punto de partida que a medida que avanza el relato se desinfla poco a poco para quedarse en un anecdotario de los personajes sostenido con oficio por los mismos, pero que narrativamente no nos conduce a ningún sitio. Gabino es un hombre maduro que después de haber estado ausente de su familia durante un largo período de tiempo decide volver. En un principio su mujer y su hijo se ven superados por la situación, aunque deciden acogerlo. Pero al poco tiempo cambian de opinión y deciden echarlo de casa. El punto de partida es prometedor, pero se deja escapar la oportunidad conduciendo la historia hacia el terreno de lo banal. Lo que más llama la atención es que se trate de la sexta película del realizador, pues cabría esperar un desarrollo argumental más maduro, mejor trabado y con un nivel de intensidad dramática mayor, mientras que en algunos pasajes el film peca de pretencioso: véase la presentación de personajes con música barroca. Por el contrario, encontramos un hábil juego actoral en el que la madre ensaya con el hijo las palabras con las que echar a su marido de casa. Paradójicamente, gracias a este simulacro emerge la verdad de las palabras que de uno y otro lado quieren escucharse y nunca se llegan a pronunciar. Este detalle y la tétrica fotografía de interiores (que representan la práctica totalidad del film), que acentúa la incomodidad de los personajes por vivir con un conocido desconocido, son lo único reseñable de un film potencialmente mejorable.

La mentira es verdad

Muchas veces, la realidad supera la ficción. Ha podido observarse a lo largo de la Historia en acontecimientos como, por ejemplo, el exterminio nazi. Recuperando el estilo intachable de Shoah (Claude Lanzmann, 1985), Revision, de Philip Scheffner, retoma la investigación de un crimen cometido en la Alemania de 1992. En junio de dicho año, dos inmigrantes rumanos que habían cruzado la frontera germanopolaca son abatidos a tiros por dos cazadores que, en compañía de un policía, dicen confundirlos con jabalíes. El director del film confiesa partir de “una imagen muy cinematográfica” que da pie al descubrimiento de la tragedia: los dos cuerpos aparecieron cuando dos segadoras se abrían camino en los campos de maíz. Instantes después, esos campos ardieron misteriosamente en un incendio. El documental de Scheffner utiliza numerosas entrevistas (desde las familias de las dos víctimas hasta el abogado de uno de los asesinos, pasando por el forense que archivó el caso) además de una exhaustiva investigación. Por estos factores el documental puede resultar algo denso, aunque la calidad del documento es impagable. A la fórmula utilizada, se añaden recursos como el que los testigos se escuchan a sí mismos en sus entrevistas concedidas previamente al director. El proceso judicial fallido y la fatídica noche en que sucedió el crimen, ejes que delimitan la narración, encuentran de este modo un espacio cinematográfico para la réplica. Esta voluntad del director de que todas las partes implicadas se escuchen recuerda a la maniobra de Julio Medem en La pelota vasca. La piel contra la piedra (Euskal pilota. Larrua harriaren contra, 2003), aunque aquí se evidencia el tono analítico de la investigación y en ningún momento da la sensación de feedback entre interlocutores, pues el montaje no es para nada fragmentario. La imagen del campo de maíz donde aparecieron los cadáveres se convierte, a lo largo del documental, en el punto de (re)inicio al que se vuelve cada vez que la investigación aporta un nuevo dato revelador. El director parece explicarnos que, a golpes de revisión, la Historia se reescribe continuamente.

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L’Alternativa 2012 – 23/11/2012

La leyenda de la mansión de Ray

Sin duda, esta es hasta ahora La Sorpresa de l'Alternativa. Imbuido por el espíritu libertario del cine de Man Ray, Oskar Alegría, periodista de formación, consigue en La casa Emak Bakia un prodigio de narración rizomática donde el azar evidencia que lo más importante es el trayecto y nunca la meta y, lo más importante, que se puede hacer cine sin dinero siempre que con buena voluntad logres conseguir el favor de las personas involucradas. El planteamiento parte de una premisa simple, aunque no por ello común: encontrar una casa llamada “Emak Bakia” (expresión en euskera que significa “Déjame en Paz”) que aparece en el cortometraje de título homónimo que Man Ray filmó en 1926. El inicio del film, con un plano general del mar con el horizonte invertido, presagia un videopoema que homenajea al director norteamericano. Pero, sorprendentemente, a partir de la aparición de la premisa, este cambia de registro y se convierte en una suerte de road movie en la que su director, guiado por el azar y por los pasos perdidos que dejó Ray, traza un camino hilvanado por sucesos suspendidos en el tiempo.

El documental se construye visualmente como un reflejo de la película de Ray, algo a medio camino entre el ensayo visual partiendo del original y el remake sui generis. No en vano, el director navarro utiliza imágenes del celuloide Emak-Bakia y además las re-filma para contrastarlas en pantalla partida. Sobre estas, y a modo de reflexión personal, construye su discurso. Así, sentencias como: “¿Puede realmente morir un clown?” o “Las pesadillas que tienen los cerdos”, se convierten en los puntos de anclaje que marcan los diferentes cambios de rumbo que toma Oskar Alegría en su trayecto hacia la casa. Estos nexos de unión con la obra de Ray de fondo constituyen los pocos núcleos narrativos, ya que el resto es pura desviación, tentativa al destino. Así, el film va dejando algunos cabos sueltos por el camino en una pista que lleva a otra pista y así ad eternum. A mitad de la película, el director encuentra Emak Bakia, pero para entonces el signo de la película ha cambiado y ya hay demasiadas preguntas que exigen respuesta o, como mínimo, que el viaje prosiga. Así, el azar se convierte definitivamente en el patrón de la construcción narrativa que plantea el director navarro, erigiendo el film, ahora sí, no ya como una mera indagación sobre la ubicación de un enclave, sino como una construcción mítica en torno a la misma que opera contra la dictadura del tiempo. El documental, entonces, vuelve sobre sus pasos y empieza a resolver las incógnitas que habían quedado abiertas en su transcurso. Se inicia, entonces, un cúmulo de resurrecciones que culmina muy agraciadamente, como no podía ser de otra forma, con la enigmática nomenclatura de la casa.

Un salvavidas se hunde

De la segunda proyección oficial del día, en cambio, poco se puede decir. El salvavidas (Maite Alberdi) es un documental al uso, bienintencionado y sin más pretensión que la de mostrar el día a día de Mauri, un socorrista de las playas chilenas. La película aporta un tono humorístico que se agradece, basado en el carácter del protagonista y su particular manera de entender el oficio, motivo este último, también, sobre el que orbita el relato. Este tono humorístico rompe la monotonía que impera en el conjunto, pero aun así no es suficiente para sostener el interés. Cierto es que intentan emerger, en ocasiones de manera algo forzada, un intento de historia personal del protagonista y su rivalidad con Jean Pierre, el socorrista que sí se mete en el agua para salvar a las personas y que recibió el “premio salvavidas del año”, algo que él no acaba de aceptar. También en sus desencuentros con otros bañistas y sus impertinencias empieza a intuirse la construcción del personaje. Es la aparición de este rival, Jean Pierre, así como la del niño aprendiz que lo acompaña y escucha sus enseñanzas, la que consigue despertar tímidamente nuestra atención. Pero para cuando esto pasa, el documental ya finaliza.

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