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Jupiter’s Moon (Kornél Mundruczó, 2017)

El regreso del mesías

Si algo bueno tienen los festivales de cine es su capacidad como escaparate para la promoción de nombres y cinematografías que pasan más fácilmente desapercibidos por los circuitos comerciales estándar. Estos sistemas de distribución permiten la llegada de películas de partes del mundo cinematográfico relativamente desatendidas en el calendario de estrenos. Si alguna de esas cintas logra, además, alzarse con algún galardón o mención, su distribución comercial será aún más sencilla. Este —de manera simplificada— ha sido el recorrido de Jupiter’s Moon, flamante ganadora como “Mejor película” del Festival de Sitges, hasta las salas de nuestro país.

La película del director húngaro Kornél Mundruczó es un drama fantástico que se escapa de los parámetros visuales y temáticos que la mayoría podemos tener en el imaginario cuando pensamos en cine de Europa del este. Jupiter’s Moon juega durante todo su metraje con largos planos secuencia —a veces toscamente falseados con la ayuda del digital— en los que la cámara,  o bien sigue a los personajes en su recorrido «pasillero» —como en El arca rusa (2002) de Sokurov—, o bien «flota» en el aire creando giros y retorcidas coreografías al estilo de la secuencia inicial de Gravity (Cuarón, 2013); salvando (bastante) las distancias con ambos ejemplos. Esta decisión formal —que termina por destaparse más como fuegos artificiales del audiovisual que como una herramienta visual que sirve a un propósito— coloca a Jupiter’s Moon lejos del drama «festivalero» con tonos grises, planos muy estáticos y ambientes gélidos que suelen llegar de estas regiones del continente.

Hay algo, sin embargo, que puede denotar que la película de Mundruczó viene de la tradición de ese cierto cine europeo: una preocupación temática sobre las miserias del individuo y su sociedad.   Esta idea de la humanidad sin humanidad, valga la redundancia, sobrevuela en torno a Jupiter’s Moon desde su primer plano, en el que un grupo de refugiados sirios trata de cruzar un río para entrar a Europa a través de Hungría. En definitiva, el punto de partida es la gran tragedia que asola nuestras fronteras —y ridiculiza a nuestros gobiernos— en los últimos años.

El mensaje de Mundruczó, sin embargo, no es de pesimismo, sino de necesidad de redención. En el tiroteo que busca evitar la entrada de refugiados, uno de ellos recibe varios impactos, muriendo en el acto. Poco después, una extraña levitación y resurrección evidencian que estamos ante lo que el director húngaro quiere convertir en el mesías. Este refugiado sobrenatural se topa con un médico, alcohólico y profesionalmente denostado, quien, al descubrir sus poderes, no duda en pegarse a él en un ambiguo intento de ayudarle o sacar beneficio económico de la situación. Ambos serán duramente perseguidos por la policía.

El subtexto religioso de Jupiter’s Moon se va evidenciando, a veces de manera excesivamente burda, y, progresivamente aclara el discurso claro que pretende entonar la cinta: hay que recuperar la fe para recuperar la luz. Esto se traduce en una cinta que empieza en la tragedia más oscura y cuyo último plano evoca una luminosidad redentora. Este arco, sin embargo, se lleva a cabo de una manera torpe y, en ocasiones, tramposa.

Toda esta adaptación de la pasión de Cristo a la historia de una suerte de superhéroe atípico refugiado en la Europa del siglo XXI, que tanto jugo podría tener sobre el papel, acaba siendo un panfleto excesivamente moralista, que avanza a golpe de planos secuencia pirotécnicos —algunos, como una persecución en coche, realmente buenos— e interpretaciones apáticas, para terminar empleando, claro, un Deus ex machina.

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El cine femenino, las tramas psico-sociales, la tecnología y los vampiros se apoderan del 50º aniversario del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña

Este festival que nació en Sitges en el año 1967 empezó siendo un evento modesto de fotografía y cine que pretendía atraer al turismo de la zona. Poco a poco, fue creciendo y transformándose en un festival de cine de terror, para finalmente convertirse en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña que conocemos en la actualidad. La compañía teatral La Fura dels Baus fue la encargada de llevar a cabo el espectáculo de la cloenda del festival y lo hizo mediante un gorila gigantesco que se paseó por las calles de Sitges y su Iglesia, en homenaje evidente a King Kong.

Esta figura de King Kong, que lleva siendo la imagen del festival desde 1984, y que nació en 1933 con el film de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, y que como muchos ya saben, narra la historia de unos cineastas que, con el afán de filmar una película, llegan a una isla misteriosa donde se encuentran con un extraño muro que “separa el mundo real del mundo de lo inconsciente” [1]. Detrás de esta gran fortaleza encontrarán a King Kong y a un montón de criaturas extraordinarias. Hablando de modo poético, esta “muralla” se trasladada a Sitges cada octubre en forma de pantallas donde, a través de los films proyectados, estos dos mundos, el consciente y el inconsciente, se unen en este festival tan grande como la propia criatura de King Kong para “entrar en el mundo de lo perdido y desafiar el peligro”[2].

La 50ª edición del Festival ha coincidido, a su vez, con el 25º aniversario de la película Drácula de Bram Stoker (1993), dirigida por Francis Ford Coppola. Drácula es un personaje claramente representativo del cine fantástico que se ha convertido en el emblema de esta edición. El festival de Sitges homenajea, por lo tanto, a esta figura misteriosa del cine mediante la reposición de films relacionados y llevando a cabo un ciclo sobre el personaje en el cual hemos podido visionar Blacula (1972) de William Crain, Drácula Barcelona de Carles Prats (2017), El Conde Drácula de Jesús Franco (1970), interpretado por Christopher Lee, y más propuestas sobre esta figura enigmática que ha marcado el cine fantástico para la “eternidad”.

El Festival Internacional de cine Fantástico de Catalunya se ha convertido en un festival rico en propuestas, que contiene en su haber las últimas tendencias del cine de terror, del fantástico, del thriller y de la ciencia ficción tanto de Europa (España, Hungría, Francia, Estonia, Turquía...), norteamericana (USA, Canadá...), así como las últimas tendencias del cine proveniente de Asia (China, Corea, Sudeste-Asiático, Japón...).

Sitges se ha convertido en un espacio de encuentro ineludible para los profesionales del medio audiovisual y para la prensa cinematográfica. No se trata de un mercado como el Marché du Film de Cannes por ejemplo, pero sí que es un lugar de encuentro para que la industria del cine catalana, española e internacional disfruten de la experiencia colectiva de visionar propuestas de genero fantástico, algunas de las cuales difícilmente podrán ser proyectadas fuera de este marco. Los profesionales de la industria se encuentran arropados por un gran número de seguidores y aficionados al cine de genero y al cine en general, en un festival en el que todo el mundo está invitado a participar y disfrutar de la experiencia.

Por otra parte, el Festival de Sitges pretende explorar las nuevas tendencias del cine fantástico y de terror, sobre todo desde un punto de vista tecnológico. Prueba de ello es la fuerza que está cobrando la realidad virtual dentro del festival, con espacios como la sala Samsung VR Experience, la nueva sala de realidad virtual Samsung VR Cinema o la sección oficial Samsung Sitges Cocoon en la que, en esta edición, compiten 27 cortometrajes de VR. Todo ello responde a una clara apuesta por explorar la influencia de las nuevas tecnologías en el cine y reflexionar sobre el futuro del genero fantástico y de terror. El estreno de la primera serie de terror en realidad virtual Campfire Creepers (2017), interpretada por la estrella del cine americano Robert Englund (Freddy Krueger) y producida por la empresa española Light House demuestran esta apuesta decidida del festival por explorar los caminos que el cine de género puede tomar en el futuro.

Otro elemento muy a tener en cuenta en esta edición del festival ha sido la presencia de la mujer, más relevante que en otras ediciones, hecho que se ha manifestado tanto en la autoría de películas, como en el número de protagonistas femeninas, en la narrativa y temática de los films que plasman un tipo de terror sutilmente distinto al que estamos acostumbrados a ver en el festival y que se ha traducido en el palmarés con una fuerte presencia femenina. Un ejemplo de ello son los films de 2017 Inflame (Turquía) dirigido por Ceylan Özgun Özçelik, The Book of Birdie (Suecia) dirigido por Elizabeth E. Schuch e interpretado por Suzan Crowley, As boas maneiras (Brasil) film de hombres lobo protagonizado por dos personajes femeninos llamados Ana y Clara, ganadora del Premio de la Crítica (junto a The Killing of a Sacred Deer de Yorgos Lanthimos); The Shape of Water (Estados Unidos) dirigido por Guillermo del Toro y protagonizada por Sally Hawkins; Wind River (Estados Unidos) que reclama mayores derechos para la mujer nativa en Estados Unidos; Marlina the Murderer in Four Acts (Indonesia) dirigida por Mouly Surya e interpretada por la actriz Marsha Timoth, que ha ganado el Premio a Mejor Actriz; Tehran Taboo (Austria), que muestra la vida de 3 mujeres y un hombre de la capital Iraní; November (Estonia) con la protagonista femenina interpretada por Rea Lest; Revenge (Francia) con la que Coralie Fargeat ha ganado el Premio a Mejor Dirección, en un film claramente feminista y de lucha de géneros; y, por último, el Premio a Mejor Guión y Premio Especial del Jurado, que fueron para el drama psicológico Thelma (Noruega), que cuenta la vida de una chica con poderes fuera de lo normal. Son el ejemplo de un festival de cine que ha apostado elocuentemente por la mujer desde un punto de vista tanto temático como autoral e interpretativo.

Este aspecto característico de la edición numero 50, ha precedido y tal vez producido otra tendencia del festival, en el que se ha acentuado una particularidad del cine de género basada en el juego psicológico entre el conflicto social y la psique individual de los personajes. Hecho que adquiere una gran presencia en varios films que se han proyectado y como apreciamos en las temáticas de varios de las cintas premiadas, como es el caso del ganador a Mejor Película y Efectos Especiales, Jupiter’s Moon (Hungría) de Kornél Mundruczó, que según Salvador Llopart[3] “es una metáfora sobre lo divino y lo humano”, en el que se narra la vida de un inmigrante que al intentar cruzar una frontera es disparado, herida que le otorgará el poder de levitar. El film, por lo tanto, afronta el drama de los refugiados en Europa desde lo real a lo fantástico y desde lo social a lo psicológico.

El cine de animación como el film biográfico Loving Vincent (Reino Unido), o el drama que muestra los suburbios de la capital iraní en Tehran Taboo, así como la represión histórica de Japón sobre Corea en la película The Battleship Island (Corea del Sur), son la muestra de esta reivindicación social que ha estado presente en esta edición del festival de manera tímida y con poca vinculación con el cine fantástico o de género.

Sí se puede decir, sin embargo, que ha habido un cine enfocado a hablar de la pulsión de romper un statu quo social establecido siempre desde el género de terror o fantástico, que en muchos casos se ha sumado a esta presencia femenina destacada del festival. Ejemplos de ello son: Inflame en la que una montadora de televisión se ve en conflicto interno a la hora de editar las noticias de una cadena totalmente parcial y al servicio del gobierno imperante, o The Shape of Water, en la que una mujer se ve obligada a sopesar entre la ley establecida en EE.UU. o sus propias convicciones de lo que está bien o está mal a la hora de rescatar a un hombre anfibio encarcelado y torturado. En Marlina the Murderer in Four Acts (Indonesia) o Revenge, este juego psicología-sociedad se vincula más a una lucha de géneros (mujer-hombre) en el que las mujeres protagonistas tratan de romper una evidente moral retrógrada y de sumisión establecida por el hombre.

Nos encontramos, por lo tanto, ante una edición marcada por la tecnología, el contexto psicológico-social y la mirada femenina que ha contado con la participación de grandes figuras de Hollywood como del resto del continente americano, como Guillermo del Toro presentando su film The Shape of Water, que abrió el festival; William Friedkin con uno de sus films posteriores a The Exorcist (1973) llamado Sorcerer (1977); o Susan Sarandon recogiendo el Premio Honorífico del Festival y presentando uno de sus primeros films, The Rocky Horror Picture Show (1975).

La presencia de Robert Englund, por otra parte, que presentó la serie de realidad virtual Campfire Creepers (2017), es un ejemplo y nos confirma la importancia del VR en el festival de Sitges, y a nivel global nos confirma como el star system internacional se va adaptando a su vez a los nuevos formatos que propician las tecnologías.

Victoria Price, la hija de Vincent Price, recogió también La Máquina del Tiempo, por la imponente trayectoria del actor ya difunto, sobre todo en la época en la que se asoció con Roger Corman, el rey del cine de culto de bajo presupuesto estadounidense, con el que llevaron a cabo numerosos films que fueron un importante aporte al cine de género de terror norteamericano.

También pasaron por el festival importantes personalidades cinematográficas, como Johnnie To, en representación del cine hongkonés presente en el festival, o el siempre interprete de malvados, Udo Kier, que recogió el premio de la Maquina del Tiempo y presentó su film Brawl in Cell Block 99 (EE.UU.), un film marcado por cierta influencia de populares videojuegos como GTA.

En un festival lleno de premios, eventos y propuestas fílmicas diversas, hemos podido apreciar un cine que tiene como punto de partida ser fiel a su identidad de terror y fantástico, recogiendo todo tipo de propuestas, ya sean americanas, europeas o asiáticas. A su vez, el festival está decidido a absorber todas aquellas propuestas innovadoras, tanto formales como de contenido, haciéndose permeable a las pulsiones sociales del momento que vivimos, hecho indispensable para seguir siendo un gran centro de reunión de los profesionales y enamorados al cine.

[1] QUINTANA, Àngel, Después del cine , Imagen y realidad en la era digital, Editorial Acantilado, (pág. 85)

[2] QUINTANA, Àngel, Obra citada. En una referencia al film King Kong (pág 86)

[3] La Vanguardia, artículo: Sitges levita con Jupiter’s moon

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Sitges 2017 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña (II)

Comportamientos anómalos

No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.

Jiddu Krishnamurti

Vivimos en una sociedad plural por naturaleza, pero que intenta persistentemente y por todos los medios posibles la homogeneización de todos y cada uno de sus miembros. Una sociedad en constante cambio cuyas estructuras culturales, políticas y sobretodo económicas, a menudo olvidan que el mundo está poblado por individuos y no tan solo por espectadores, clientes, votantes o consumidores. Una sociedad que no siempre está atenta a las múltiples necesidades de aquellos que la habitan, y que debido a su heterogeneidad inherente y constantes contradicciones, jamás podrá contentar a todos. Una sociedad a la que no siempre es posible adaptarse y que muchos ven desde fuera, con resquemor, con desconfianza, o simplemente con extrañeza. Como si procediesen de otra planeta cuyas reglas de comportamiento no tienen nada que ver con las del Planeta Tierra. Personas tal vez con cualidades extraordinarias, o simplemente capaces de ver las cosas de otro modo. Personas que por no encajar en el contexto que habitan, se convierten en únicas e irrepetibles. Personas que con su conducta, desafían todas esas normas tácitas que parece ser que siempre han estado ahí. Personas que tal vez sin saberlo, sirven de inspiración para el desarrollo de numerosos personajes ficticios que pueblan, enriquecen y diversifican la historia del cine. Hacemos a continuación un breve recuento de algunos de esos "inadaptados" personajes que hemos podido encontrar en este festival. 

The Erlprince (Kuba Czekaj, 2016)

Junto con Thelma, una de las películas coming of age más interesantes del festival ha sido The Erlprince, la historia de un adolescente superdotado a punto de empezar sus estudios universitarios. El segundo largometraje del joven director Kuba Czekaj parte de los versos que conforman el poema de Goethe "Der Erlkönig" para realizar un retrato árido pero no exento de humor de las relaciones familiares y la transición a la edad adulta de su protagonista. Estructurada por capítulos que nos muestran su dificultad para integrarse y la conflictiva relación con su madre, The Erlprince se acerca con pulso firme tanto al realismo de los mejores Dardenne como al surrealismo poético de Roy Andersson.

Jupiter's Moon (Kornél Mundruczó, 2017)

Director de filmes como la desconcertante ópera cinematográfica Johanna (2005), la críptica fábula White God (2014) o el drama Semilla de Maldad (2010), el húngaro Kornél Mundruczó se ha alzado este año con el premio a la mejor película de la sección oficial. Jupiter's Moon, suerte de fábula fantástico-dramática que reflexiona sobre la crisis de los refugiados en Europa, está protagonizada por Aryan, un joven inmigrante Sirio al que disparan cuando intenta cruzar la frontera. Pero en lugar de acabar con su vida, dichos disparos dotan a Aryan de un poder muy especial, un poder del cual el doctor Stern –un médico húngaro con no demasiados escrúpulos– querrá sacar todo el provecho posible. Aunque el jurado ha estado de acuerdo en otorgarle el premio a este film, la crítica sin embargo se divide: ¿Efectiva reflexión en clave alegórica sobre el drama de los refugiados o instrumentalización banal y oportunista del tema, abordado además de un modo excesivamente maniqueo y simplista? La polémica está servida.

Thelma (Joachim Trier, 2017)

El Premio Especial del Jurado, el Premio al Mejor Guión y el Méliès d'argent a la Mejor Película fueron a parar a Thelma, la historia de una adolescente capaz de combatir con incontrolables poderes paranormales las rígidas imposiciones de la religión católica que coartan su libertad de elección. Aunque tanto Mundruczó como Trier utilizan el McGuffin de los poderes para hablar en realidad de la complejidad de las relaciones humanas, resulta innegable que la puesta en escena, desarrollo narrativo y caracterización de personajes del film de Trier están dotados de una elegancia y sutilidad que el film de Mundruczó no tiene. Trier cuestiona los dogmas de la fe católica de un modo inteligente, singular y, por qué no decirlo, tan contradictorio como la vida misma, desarrollando con esta obra un thriller introspectivo al que añade algunos elementos del cine de terror para convocar así un pausado desasosiego que va in crescendo.

Dave Made a Maze (Bill Watterson, 2017)

Y de los dramas dirigidos por Czekaj, Mundruczó y Trier, pasamos a una de las comedias más destacables del festival: el imaginativo debut en el largometraje de Bill Watterson (no confundir con el homónimo creador de la tira cómica de Calvin y Hobbes) que ha ido cosechando Premios del Público en Festivales como Boston Underground, Calgary Underground, Slamdance o Fantaspoa. Comedia generacional de innegable herencia gondryniana, Dave Made a Maze narra la historia de David, un artista que alcanzada ya su edad adulta no consigue el éxito profesional pero sí que logra al menos la realización personal mediante la construcción de un laberinto de cartón en el centro de su salón. Un laberinto que por fuera podría parecer una burda y precaria construcción infantil, pero que en su interior aloja todos esos miedos que inquietan y angustian al pobre Dave. Una fresca y simpática comedia que deja, sin embargo, un poso ligeramente agridulce. Sobre todo a aquellos que ya entrados en la treintena todavía no tienen (tenemos) nada claro lo que van (vamos) a hacer con el resto de su (nuestra) vida.

Fashionista (Simon Rumley, 2016)

Simon Rumley realiza en su nuevo filme un homenaje explícito al cine de Nicholas Roeg, y así lo confirman los títulos de crédito de Fashionista, una obra siniestra e inquietante que tiene a una Amanda Fuller muy poco comedida como protagonista absoluta de una historia de fetichismo, adición a la moda, celos incontrolables y excesos emocionales. Los personajes excéntricos, la feísta fotografía de saturados colores y una historia que se enturbia y barroquiza a medida que alcanza su segunda mitad, pueden llegar a emparentar este film con algunas películas del maestro David Lynch.

Brigsby Bear (Dave McCary, 2017)

James es un hombre de mediana edad que se comporta como un niño pequeño y está obsesionado con el oso Brigsby, protagonista de un programa infantil cuyos capítulos lleva años coleccionando en vídeo. Hasta aquí todo normal; bueno, más o menos. Porque los que aparentan ser los padres de James no son otra cosa que sus secuestradores, y el oso Brigsby no es en realidad más que una invención de los mismos para modelar y condicionar el pensamiento de James, y de paso mantenerle entretenido. Cuando alguien denuncie a los secuestradores y James sea llevado de regreso con su familia biológica, tendrá que empezar a vivir de nuevo y no será nada fácil. Director de numerosas TV movies y de varios capítulos de Saturday Night Live, Dave McCary debuta en el largometraje con esta sorprendente comedia que recuerda por momentos a la obra de Jared Hess, director de gozosas excentricidades como Napoleon Dynamite (2004) o Gentlemen Broncos.

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