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Paseos por el Documenta Madrid 2014 (I)

Introducción

El Documenta Madrid 2014, ya un clásico de la ciudad y los espacios culturales del Matadero, más las proyecciones de los ciclos de la Filmoteca Española (Cine Doré), cerró el día 11 de mayo su 11ª edición. El año pasado ya se asentó en su actual ubicación, un espacio que no sólo te invita a una gran oferta cultural, también te permite disfrutar al mismo tiempo de la ciudad, espacios abiertos junto al paseo del río Manzanares. Aquellos años donde el festival se repartía por varias salas de la ciudad han pasado, me acuerdo del cine Palafox, o el Círculo de Bella Artes… otra forma de buscar la película, intentando calcular el tiempo que faltaba entre una sesión y otra, el recorrido de una sala a otra tenía sus complicaciones pero también sus virtudes, te permitía disfrutar la ciudad de otra manera, callejeándola de bar en bar.

Retomando el celuloide, el festival tuvo una buena selección de películas, la mayoría en el tono del documental más narrativo, aunque la ganadora, el film My Name Is Salt (Farida Pacha), respondía a un tono más onírico, plástico, muy sugerente, un film con todos los condimentos, un balance de todos los elementos, lo real documentado, lo cotidiano y etnográfico en la plasmación de los espacios y la banda sonora (diegética) como herramienta onírica, un film que podría retratar el festival en todos sus reflejos. Es así como esta película se balancea bajo los equilibrios, creo, de los contenidos que el festival pretende. Este film, que comentaremos con mayor profundidad, expresa ese tiempo del testimonio, lo antropológico, como ya he comentado, pero también una visión poética del mundo

Hay otros festivales de documentales donde se hace más énfasis en esa capacidad de la imagen por crear, con una apuesta más abierta hacia espacios de mayor ensoñación y abstracción, con la memoria emotiva como propuesta motora... éste es el caso del Doclisboa. Pero el valor, obvio, del documento y el análisis sociopolítico reflejado en testimonios es uno de los principales valores del cine documental, es un valor eterno de este tipo de cine, no lo vamos a negar. Las películas que han sido seleccionadas en la competición de largometrajes internacionales este año han ido, en su mayoría, dirigidas a este espacio… Iranien (Mehran Tamadon), The Green Prince (Nadav Schirman), Ukrania no es un burdel (Ukraine Is Not a Brothel, Kitty Green), The Return to Homs (Talal Derki). El mundo árabe es un lugar de fuertes convulsiones sociales, el caso de Siria, en medio de una guerra civil, ha sido el cultivo de una gran cantidad de producciones fílmicas en los últimos tres años, el conflicto palestino-israelí… los éxodos y conflictos de las llamadas “primaveras árabes”, un mundo desatado. Fuera de concurso se proyectó The Square (Al midan, Jehane Noujaim), con producción norteamericana, que fija la filmación en los acontecimientos que se desarrollaron durante dos años en la Plaza Tahrir, más libertad, más democracia, más pueblo. La importancia que tienen los nuevos medios de comunicación, las redes sociales para cambiar y conocer información, descubrir que hay otro mundo y que se puede vivir de otra manera exigiendo cambios a los poderes anquilosados. Sus personajes, cinco jóvenes que creen en la revolución, cambiar todo para un Egipto donde poder vivir mejor, ese grito de toda una generación, no puede ser callado; hoy, Egipto vive bajo una dictadura militar, la historia continua. Con esta obra de testimonio directo e implicación en la plaza Tahrir comparo el film de David Muñoz Otra noche en la Tierra (film que no se proyectó en este festival y sí en L’Alternativa de este año), que venía a contar de otra forma, a través de diferentes taxis, los testimonios de los propios taxistas y sus clientes (retomando el clásico de Jim Jarmusch Noche en la TierraNight on Earth, 1991–), mostrándonos la situación y el tiempo del país egipcio, desde la otra perspectiva, la de aquellos que circulaban alrededor de la Plaza.

the-square

Otros filmes de firma histórica se han podido ver en el Documenta. Filmes donde el material de archivo y el testimonio son la columna vertebral del desarrollo narrativo, como Der Anständige (Vanessa Lapa), o en el espacio de documentales españoles Una esvástica sobre el Bidasoa (Alfonso Andrés y Javier Barajas). La buena selección de la competición de cortometrajes ha supuesto una más que amplia proyección de propuestas.

Este ha sido un festival cuyas principales películas galardonadas (Iranien, The Dog –Allison Berg y Frank Kerauderen o Return to Homs) han respondido más a la estructura narrativa y al documento fílmico, cada una con sus particularidades, que a otros espacios más sugerentes: utilización de la memoria, ensoñación de los espacios, capacidad onírica de las imágenes… propuestas más cercanas al documental de creación. Bien es cierto que cada uno de los festivales, dependiendo de la planificación de sus contenidos cada año, toma unas decisiones y no otras. El festival Documenta Madrid se mueve, en general, en el espacio del documental más clásico, hay una oferta bastante representativa cada año de este género, aunque también ha habido maravillosos regalos como la retrospectiva a Peter Hutton en el Documenta Madrid 2010, o el trabajo sobre el archivo y la memoria de la cineasta portuguesa Susana de Sousa Dias en el Documenta Madrid 2012. Sobre este propósito, la presencia de filmes como Costa da morte (Lois Patiño) es una decisión hacia esa dirección, nutrir de contenidos más plásticos el festival. Bajo el punto de vista del documental social, el caso de Iranien, una propuesta de verdadero calado político, es una oportunidad que su propio autor nos ofrece (es una película realizada desde el corazón, ante la preocupación de la convivencia en Irán) como experiencia vital de relación con el otro, un espacio de entendimiento y convivencia entre dos formas de ver el mundo, el mundo laico y el mundo de los creyentes. Son filmes de conocimiento, de reflexión sobre un momento social y político, en la órbita del documental social clásico pero con, a mi modo de ver, una vertiente interesante: el autor se inmiscuye, es un discurso del yo, sobre una situación global en su Irán natal. Por otra parte The Dog es una película tremendamente contundente. El personaje es único, y tanto el material como el film están montados con gran fluidez e impacto. Hablamos del testimonio de John Wojtowicz “The Dog” (excombatiente de Vietnam), quien llevó a cabo junto a dos amigos (uno de ellos, el inexperto Salvatore Naturile, que fue muerto por la policía en los acontecimientos) el robo de la sucursal del Chase Manhattan en Brooklyn, año 1975, por una razón de amor, el pago de la operación de cambio de sexo de su pareja transexual Ernest Aron, a la postre Liz Eden. Pocos años después el acontecimiento sirvió para llevar a cabo la película Tarde de perros (Dog day Afternoon, Sidney Lumet, 1975), interpretada por Al Pacino y John Cazale. Return to Homs es un documento valiente de la guerra, un documento de denuncia ante la guerra civil en Siria y cómo el lado rebelde lucha contra el ejercito de Al Asad. El caso del documental testimonio, una vuelta al escenario de los combates en Homs, retoma los filmes sobre los acontecimientos vividos en Irak, Libia, Afganistán… En estas películas me planteo más de una pregunta sobre el enfoque de la barbarie, por qué la explicación de los acontecimientos y las experiencias vitales algunas veces son diseminadas y se pierden bajo la espectacularidad de los combates y la violencia de los acontecimientos.

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L’Alternativa 2013 (21-22/11/2013) (1)

Cine verdadero

He visto una película, he tenido un sueño… evoco a Luther King. Alzo mi voz como una alabanza, un encuentro. En la sección Panorama, El invierno de Pablo (Pablo’s Winter, Chico Pereira) es una película verdadera, unos ochenta minutos de redención, llena de emociones escondidas y mucha consciencia. Una película que me ha reconfortado enormemente. La identidad de los personajes, sobre todo de su personaje central Pablo, no sólo identifica a una persona jubilada y mayor, minero, también toda una forma de cultura castellana, dura, difícil, de una personalidad pétrea, descreída, con un no en la boca para dar la bienvenida. Pueblo apaleado por señores, terratenientes y curas, y empresarios agropecuarios. Trabajadores duros del campo y de la mina también, y todos engañados. Un lugar áspero de inviernos helados y de veranos secos y extremos. Carácter de pocas palabras que va cambiando por erosión a largo plazo, como el agua que pasa por las piedras. Almadén (Ciudad Real), clima mesetario, mineros de Almadén, minas de mercurio, la vida de Luis y su señora Josefa Cerrato, abuelos, y él que no quiere dejar de fumar, que no quiere que le digan qué hay que hacer aunque sea por su bien –quizás porque ha obedecido tantas veces, “ya pá lo que me queda”–, bajo un estado de resistencia visceral. Muchas veces le escuchamos un “déjame vivir”… Pero, eso sí, ya piensa que después de cinco infartos y de tener unos pulmones más negros que un tizón, lo mismo es que hay que ir cambiando. El devenir diario y sobre todo el tiempo de la película para ir mostrando la evolución sincera del personaje a través de sus relaciones y su salir al mundo, una evolución lenta y muy suya, detrás de la piel áspera tiene su corazón que le palpita cuando ve la mina, cuando nos cuenta la lucha obrera… Poco a poco el personaje va limando asperezas pero sin que se lo digan, él comienza a dejar de fumar… no ser tan huraño, ver a los amigos… ir al centro social, enseñar a montar en bicicleta a un niño, y descubrimos sus adentros sobre la barqueta de un tren de mina, que baja a las entrañas de la tierra que también son las suyas. Desde las ruinas y desde el interior de la piedra, como el carácter, descubrimos que fue minero y que luchó contra el cierre de la mina. Sobre todo la película se centra en Pablo para describir todo un panegírico de forma de vida, una cultura del interior, manchega, de resistencia.

Otra noche en la Tierra (David Muñoz): como ya llevó a cabo Abbas Kiarostami en Ten (2002) y recreando el film de Jim Jarmusch Noche en la Tierra (Night on Earth, 1991), un automóvil, más exactamente un taxi, te puede llevar a todos los rincones del alma de una ciudad, incluso de un país, a través de las reflexiones de sus conductores y pasajeros; en este caso, el clima de la “revolución” egipcia, si se puede llamar así, y los problemas que achacan a la población: economía, cultura, la situación de la mujer, Mubarak, los militares, Occidente, los Hermanos Musulmanes: todo lo que ha acontecido en el país árabe, y siempre las aguas del río de la vida –como El río (The River, Jean Renoir, 1951)– están ahí una y otra vez para presidir los cambios humanos. Los taxistas vuelven, atravesando sus aguas en una falúa, a su descanso, tras llevar a cabo una tarea que siempre fue nocturna. El Cairo se nos ha mostrado siempre de noche, cuando parece que reflexiona sobre lo que aconteció de día, y el amanecer nos despierta con las voces ampliadas de la megafonía de la plaza Tahrir que navegan por las aguas del Nilo.

La jungla interior (Juan Barrero) habla del nacimiento del primer hijo, que nos lleva al desnudo de la vida, la del protagonista y la de su pareja, la Gala… y ahí se queda la cosa. De vuelta del viaje a la selva, el externo, el viaje a la selva interior, un nuevo mundo y no el de Darwin aparece ante él a la vuelta. Ha germinado en la tierra el semen de su polla y ella lo ha recogido y se ha regado y así creció la yerba y el fruto. En la casa de la Tita también la Historia de nuestro “democrático” país, una vez más los asesinos falangistas. La Tita, que era lesbiana y no quería casarse, tuvo una novia pero los fascistas son el mal, el de la Inquisición española, y como eso no era moral, para su moral oscura y enferma… qué iba a hacer ella, que pasó por loca y vivió sola y escondió a gente para que no los fusilaran. Del plano cerrado pasamos al mapa del cuerpo humano de la mujer encinta. La piel y las estrías de la Gala, una hermosa mujer, un hermoso cuerpo que se muestra sin maquillaje y con dolores… Desde el diario vital cinematográfico, como Jonas Mekas, aquí nace otro ser que sale por el coño de su madre y se ve. Hermosa película.

Debemos hablar también de los cortos que nos han dado la bienvenida en Panorama. El vacío (Ramon Balcells), cortometraje que proyectaron antes de El invierno de Pablo, parecía el tiempo del largometraje que adelantó. De un pequeño detalle, un mundo, cortometraje de soledades y vidas sin identificar por haber tomado un solo camino –si se pueden tomar más caminos en la vida, demonios–. A Raia (Iván Castiñeiras) es un corto documental etnográfico de la frontera de España y Portugal… Fernando y Pepe, Fernando el portugués, Pepe el español, hacían negocio (contrabando) cuando existía la frontera; 20 años de amigos y de historias, y, desaparecida la frontera, dejaron de verse. Que se encuentren… dos retratos ibéricos.

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Sitges 2013 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (17/10/2013)

Sueños. Metáforas en construcción

Aunque no ha sido el primer visionado del día hay que empezar haciendo una mención al documental Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich, 2013), no tanto por cómo cuenta (en el fondo es muy tradicional en composición y desarrollo) la historia sino por el tema en sí mismo. Alejandro Jodorowsky lo impregna todo, uno puede discrepar de su personalidad o de su filosofía, pero lo que es innegable visto el documental es que transmite ideas importantes para la realización de un film. No se trata de la técnica, se trata de la concepción misma de la obra. Sí, esta es una película sobre la construcción de un sueño, de cómo se edifica paso a paso un proyecto, por personal y bizarro que parezca. En el fondo la no realización de Dune acaba casi por ser a nuestros ojos una lástima, pero al mismo tiempo consigue crear el efecto de una cierta alegría al comprobar la pureza de lo no plasmado en imágenes, como si gracias a la precisión del trabajo de Jodorowsky cada uno pudiera visionar su propio Dune en la cabeza, cosa que en realidad sucedió ya que el legado que ha dejado esta película no filmada es ciertamente inacabable en el género de la ciencia ficción. Jodorowsky’s Dune habla de una película jamás rodada pero paradójicamente es ante todo una celebración del cine, de sus creadores, de su pasión, de su alma.

Otro ejemplo de ello, aunque en el sentido absolutamente opuesto, lo encontramos en Gallows Hill (Víctor García, 2013), un claro ejemplo de cine desprovisto de alma, de fría ejecución. Se siente como un film absolutamente anacrónico, lleno de clichés y ausencia de cualquier innovación formal o argumental que lo haga como mínimo sorpresivo. Estamos ante el enésimo caso de posesión diabólica que bien podría ser una franquicia de El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973) en una suerte de world tour ahora con parada en Colombia. Gallows Hill no consigue en ningún momento angustiar, ni transmitir miedo, no solo por lo manido del argumento sino por la pobreza de sus recursos, limitándose a subir el volumen de los gritos cada vez que se supone debe asustar. Una película pues aburrida, innecesaria, insustancial.

Big Bad Wolves (Aharon Keshales y Navot Papushado, 2013) plantea una propuesta interesante y ambigua, tanto que quizás peque de un exceso de indefinición. La película toca temas tan suficientemente graves como la pedofilia, la tortura y la presunción de inocencia como para no oscilar de forma tan tosca entre la seriedad y la ligereza humorística. Se entiende que esto último sirve para desengrasar momentos de tensión, pero a veces esto se vuelve en contra del ritmo y la propia solidez de la película. Aun así hay buen cine en Big Bad Wolves, esencialmente en un guión bien trabajado a nivel de brillantez en las líneas de diálogo y en su capacidad de generar debate a nivel ético sobre lo presenciado.

Sí se presenta como, hasta el momento, una de las mejores películas del festival, la última cinta de Jim Jarmusch, Only Lovers Left Alive. Esta es una nueva vuelta de tuerca sobre el mundo vampírico, centrada esencialmente en sus problemas existenciales y en el aislamiento tanto interior como físico de dos de sus miembros. Una de sus grandes virtudes es saber contar, desde la aparente nada de su historia, este vacío existencialista. Estamos antes dos seres (ejemplares en la interpretación Tilda Swinton y Tom Hiddleston) incapaces de sentir apenas nada. El amor, la música, el arte se van agotando después de siglos y siglos de existencia y el film refleja este viaje de supervivencia hacia un clavo donde agarrarse para sobrevivir. De ritmo pausado, Jarmusch se centra en los tiempos muertos, en las miradas vacías y en lo bailes lánguidos para contarnos cómo la llama de la existencia se apaga en pos de un simulacro de vida. Only Lovers Left Alive viene a ser el reverso decadente de los personajes de Entrevista con el vampiro (Crónicas vampíricas) (Interview with the Vampire: The Vampire Chronicles, Neil Jordan, 1994), amantes a los que ya no les quedan ni la furia asesina, ni las lágrimas de arrepentimiento. Un film para ser saboreado lentamente, para disfrutar de sus matices, para paladear la decadencia.

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‘Open 24h’ (Carles Torras, 2011)

Esperas en las ruinas

Open 24h, dirigida por Carles Torras y estrenada el pasado viernes, es la historia de Héctor, un vigilante nocturno al que nada le ocurre. Por mucho que busque con su linterna, siguiendo la pista de ruidos en la oscuridad, no hay intrusos en la chatarrería donde trabaja, el espacio es tan desolado que no acepta ni tan solo la trama de terror que todos esperamos. Tal vez por eso Héctor se aficiona a la astronomía, para tratar de dar un sentido a las montañas de residuos que se acumulan a su alrededor, para ver en ellas parajes de ciencia ficción donde el sueño todavía sea posible. Es así como el programa radiofónico que escucha a diario, donde se habla de las estrellas y la velocidad de la luz, se oye mientras vemos esa acumulación de ruinas industriales de tintes post apocalípticos. Y es así como el supermercado que da título al filme se inserta en una matriz fantástica: este espacio sin día ni noche, abierto a todas horas, tanto podría ser el planeta mencionado por el locutor, aquel que tiene un hemisferio eternamente iluminado y otro siempre en tinieblas, como un agujero negro, cuerpo absorbente que anula el tiempo y el espacio, un no lugar entre tantos otros que aparecen en la película: los trenes, los aparcamientos, la chatarrería.

Open 24h reanima este mundo al lanzar una mirada cósmica sobre él, aunque el resto del tiempo el filme renuncie a soñar y se articule con la acumulación de situaciones y la repetición de planos: la película trabaja pacientemente en la construcción de esta rutina, mostrando cómo Héctor busca a gente en la oscuridad, cómo camina entre la chatarra, cómo vuelve o se marcha de casa, hablando en contadas ocasiones. Por eso la película que sueña, la que puede estimular nuestra imaginación, es, también, la que pica piedra, la que nos presenta un tiempo sin concesiones, una sucesión de tiempos muertos que la convierten en una obra arriesgada. La excelente interpretación de Amadís de Murga resulta, pues, esencial, capaz de ocupar todo el filme tomando como base la contención. Afortunadamente son estos momentos los que permanecen en la memoria, pues las varias tramas narrativas que se apuntan (un juicio, una relación amorosa con una trabajadora social, unas revisiones médicas…) se revelan fallidas e innecesarias, apuntes sociológicos que renuncian al ejercicio minimalista que configura el filme. Significativamente, en una película sobre la incomunicación lo que resulta más postizo son los diálogos, a excepción de aquellos en los que no se establece comunicación alguna (con la cajera del supermercado, por ejemplo) o los que se realizan sin palabras: las miradas entre Héctor y su hermano enfermo. Tal vez por eso tengamos la sensación que algo cruje cuando, en el enjabonado de pelo en la bañera, uno de los momentos más bellos del filme, se verbaliza una hipótesis de asesinato y la comunicación táctil entre las manos de Héctor y la cabeza del otro se complementa con palabras.

En Open 24h resuenan, de lejos, Extraños en el paraíso (Stranger than Paradise, Jim Jarmusch, 1984) y Las horas del día (Jaime Rosales, 2003). También Lessons of Darkness (Werner Herzog, 1992), donde las ruinas de la guerra devienen extraterrestres. Y, como en esta película, aquí la relación que se mantiene con nuestra basura es ambigua, entre el sueño de ciencia ficción y la tristeza, entre la estetización de un blanco y negro duro y el registro de un paso del tiempo insoportable. Este es el dilema que sugieren las imágenes de la película y que se cuece en la cabeza de Héctor. Dilema fascinante, sin duda. Por todo ello, aunque a veces la película se niegue a renunciar a sus líneas narrativas, es realmente meritoria su apuesta por los tiempos muertos de espera, por esos momentos vigilantes de Héctor y del espectador. Esos momentos que, entre el sueño y la desesperación, en la circulación constante y repetitiva, consiguen hablarnos de nuestras vidas y generarnos preguntas. El estreno en salas, por todas estas razones, es realmente meritorio.

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