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Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya 2018. Películas destacadas (II)

Continuamos con la segunda parte de este resumen con las películas más destacadas del festival y llegamos a los primeros puestos. Nos decantamos por cinco películas valientes y polémicas, muy distintas a nivel tanto de género como argumental, pero que tienen en común una decidida vocación de riesgo y la clara intención de no pasar desapercibidas allá donde vayan.

  1. The House That Jack Built (Lars Von Trier, Dinamarca)

Incontinencia narrativa, humor negro, exceso, constantes referencias a su obra y también a obras ajenas, autoparodia, polémica, cinismo, barroquismo visual postdogma… ¿Algún concepto más que se os ocurra relacionar con el (ya no tan) enfant terrible del cine danés?  Tal vez el festival de Sitges sea un lugar más apropiado para el último filme de von Trier que el glamuroso Cannes, donde provocó la indignación (y posterior huida) de gran parte del público durante la première oficial. Pero si hay algo que este director sabe hacer es reírse de sí mismo mediante su obra. The House That Jack Built sigue el rastro de humor negro dejado anteriormente por algunas de sus películas y tiene como protagonista a un Matt Dillon tan efectivo como excesivo, desquiciado psicópata asesino con un trastorno obsesivo compulsivo que le lleva a vivir situaciones de una inesperada comicidad. En definitiva, sufrimiento y carcajadas a partes iguales. Y por el camino, algunas reflexiones tan lúcidas como desmedidas sobre el asesinato como una de las bellas artes.

  1. In Fabric (Peter Strickland, Reino Unido)

Para todos aquellos que disfrutaron con la cuidada puesta en escena de la onírica y sensual The Duque of Burgundy (2014), Peter Strickland ha dirigido In Fabric, cuento de terror vintage capaz de arrancar a sus desprevenidos espectadores constantes carcajadas. Sorpresivo relato que coquetea con el giallo, pero también con el humor absurdo. Delirio visual y narrativo, audacia fílmica inclasificable y heterodoxa que ilustra a la perfección la incontrolable fuerza del fetichismo. ¿Quién nos iba a decir a estas alturas que una película sobre un vestido asesino podría sorprendernos? Pues bien, Peter Strickland lo ha conseguido con In Fabric.

  1. Lazzaro felice (Alice Rohrwacher, Italia)

       *Premio de la Crítica José Luis Guarner

       *Sección Oficial, Premio Especial del Jurado

       *Premio del Jurado Joven

Premio al mejor guion en el último Festival de Cannes, la nueva película de Alice Rohrwacher ha logrado también conquistar al jurado de la crítica del Festival de Sitges y se ha alzado con el Premio José Luis Guarner, además del Premio especial del Jurado y el Premio del Jurado Joven. Con ecos al Pasolini más humanista, a algunas películas de Fellini, otras de Visconti e incluso al Kusturica de Underground (1995), Lazzaro Felice logra, mediante la apariencia de una inofensiva fábula, realizar una profunda y crítica  reflexión sobre el neoliberalismo y las estructuras de poder que perpetúan la abismal diferencia de clases.

  1. Season of the Devil (Lav Diaz, Filipinas)

¿Hay algo más arriesgado que dirigir un musical a capella, en blanco y negro, de cuatro horas de duración, sobre la conflictiva y sanguinaria militarización de Filipinas en los años ochenta? ¿Hay alguien más apropiado que Lav Diaz para dirigirlo? Season of the Devil ha sido, sin duda alguna, una de las películas más extremas y audaces de este festival. Tan solo algunos inconscientes se atrevieron –nos atrevimos– a dedicar cuatro horas de sus respectivas vidas a un experimento de tal envergadura. La contundente crítica a la dictadura de Ferdinand Marcos y los largos planos secuencia presentes en la mayoría de sus películas, se han convertido ya en el sello personal del director. ¿Os imagináis cómo sería una violación a manos de despiadados militares y cantada a ritmo de blues? Yo hace casi una semana que la presencié y todavía no me la puedo quitar de la cabeza.

01.Domestik  (Adam Sedlák, República Checa)

      *Mención especial, Sección Noves Visions

      *Premio Citizen Kane a la mejor dirección nobel

La opera prima de Adam Sedlák disecciona una adicción descontrolada con la milimétrica exactitud de una incisión practicada por un experimentado cirujano. Con una puesta en escena tan minimalista como contundente (menos es más, como bien decía Mies van der Rohe), con tan solo tres personajes y apenas un par de lugares en los que ubicar todas las secuencias, Sedlák configura una angustiosísima pesadilla anclada en la repetición que nos muestra cuán siniestro puede llegar a ser nuestro comportamiento cotidiano cuando se ve perturbado por una obsesión incontrolable, tanto si se trata de ser madre como de lograr el estatus de ciclista de élite.

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Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián 2018 (Clausura)

Palmarés alternativo

Ahora que ha pasado un tiempo desde que se anunciara el palmarés de la 66ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con algunos títulos ya en cartelera, es quizá una buena ocasión para recordar algunos de los momentos más destacados a través de una selección personal y alternativa de premios a partir de algunas de las películas vistas en las diferentes secciones del festival:

Mejor vestuario:

Jo Thompson por In Fabric (Peter Strickland)

El vestido asesino de la película de Strickland podría colgar perfectamente en el fondo de armario de cualquier giallo. El ensayo audiovisual que anticipaba Berberian Sound Studio (2012) se complementa ahora en un estudio completo y autoconsciente que asume las claves del terror italiano más exacerbado. In fabric convierte la trastienda de unos grandes almacenes de ropa en un aquelarre satánico y la temporada de rebajas en una jornada infernal. Una crítica a la sociedad de consumo tan lúdica como el juego de Strickland con el género.

Mejor canción:

‘Shallow’, de Lady Gaga y Bradley Cooper (A Star is Born, Bradley Cooper)

El debut de Bradley Cooper en la dirección lo tiene todo para contentar al jurado de los Oscar. Al parecer, a cada generación le corresponde su remake del clásico de George Cukor Ha nacido una estrella (1954), y Bradley Cooper ha optado por una actualización donde convierte a Lady Gaga en excusa para su propio lucimiento. Sin embargo, el rock de Cooper, llenando festivales de música como Coachella o Glastonbury, es tan viril como frágil, y queda rápidamente eclipsado por la voz de Gaga. Ahí está esa versión de ‘La vie en rose’. Bradley Cooper no ha descubierto ninguna estrella: simplemente ha sabido explotarla. No sorprendería nada ver a la pareja, actuando a dúo, en la próxima edición de los premios de la Academia.

Mejor banda sonora:

Olivier Arson por El reino (Rodrigo Sorogoyen)

Si la corrupción en España hubiera sido una fiesta, muy probablemente habría seguido el ritmo desfasado de un after. Las composiciones electrónicas de Olivier Arson consiguen atrapar al espectador desde el primer compás en un ritmo frenético y tenso de persecuciones, construyendo una atmósfera vibrante. El último thriller de Rodrigo Sorogoyen se mueve al ritmo de la música de Arson y del agresivo movimiento de su protagonista, interpretado por Antonio de la Torre. Quizá a El reino le falte algo de sutileza en su discurso crítico pero, como decía John Doe en Seven (David Fincher, 1995), “si quieres que la gente te escuche no puedes limitarte a darles una palmadita en el hombro: hay que usar un mazo de hierro; solo entonces se consigue una atención absoluta”.

Mejor set piece de acción:

Illang, la brigada del lobo (Kim Jee-woon)

La adaptación del manga ‘Kerberos Panzer Cop’ de Mamoru Oshii habría sido mucho más estimulante si, en sus más de dos horas de metraje, hubiera aligerado su densidad narrativa para centrarse en los bloques de acción. Intentando concentrar doce años de narrativa serial en una única película, el largometraje de Kim Jee-woon naufraga en un batiburrillo de personajes, intrigas y distopías políticas. De haber prescindido de alguno de sus múltiples epílogos o de haber disminuido los bloques de información para abandonarse puramente a la acción, perfectamente podríamos estar hablando de una película a la altura de John Wick.

Mejor montaje:

Yanan Qin por Long day’s journey into the night (Bi Gan)

La fractura con el dispositivo que se produce a mitad de la película de Bi Gan no tiene nada de gratuito. El cambio tecnológico, que invita al espectador a continuar la travesía en 3D, supone la transición de un mundo hacia su reverso onírico. Bi Gan incide sobre las posibilidades estéticas del plano secuencia -recurso que ya había marcado su anterior película, Kaili Blues (2015)- para llevarlo un paso más allá. La cámara vuelve a liberarse de los anclajes que la mantienen fija a los personajes y la trama, y se convierte en una nueva entidad que deambula y gravita con aparente libertad por los escenarios de un largo viaje del día hacia la noche.

Mejor fotografía:

Roma (Alfonso Cuarón)

Alfonso Cuarón es el guionista, realizador, director de fotografía y montador de Roma. Ya sea en el espacio, en un futuro distópico o navegando por el álbum de su memoria íntima, la impronta del cineasta mexicano queda siempre patente a través de una suerte de épica íntima, donde todo resulta ampliado y magnificado por la puesta en escena. Filmada en blanco y negro y en un formato 2.35 : 1, la Roma de Cuarón es un álbum familiar demasiado grande para las pequeñas pantallas de Netflix.

Mejor actriz:

Eva Llorach por Quién te cantará (Carlos Vermut)

Cuando la superestrella musical Lila (Najwa Nimri) pierde la memoria, su representante acude a una de sus mayores fans, Violeta (Eva Llorach), para que ayude a la cantante a recuperar su personalidad. De la relación entre los dos personajes femeninos surge un juego psicológico en el que Carlos Vermut cruza referencias a Kafka, Lynch, Bergman, Alaska o Mocedades. Un drama psicológico en el que la interpretación de Eva Llorach es simplemente deslumbrante. Con una simple mirada, la actriz es capaz de decir prácticamente todo sin articular apenas ninguna palabra.

Mejor actor:

John C. Reilly por The Sisters brothers (Jacques Audiard)

Teniendo en cuenta lo transitados que están los paisajes del viejo oeste, parece prácticamente imposible caminar por ellos y dejar huella alguna. Si, además, se cabalga junto a Joaquin Phoenix, la cosa parece más complicada todavía. Sin embargo, John C. Reilly está colosal y no solo despliega una química insuperable con su hermano Sister -el de Audiard es uno de los mejores westerns fraternales-, sino que además asume el rol de líder con total naturalidad. Probablemente, su mejor interpretación desde Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999).

Mejor guion:

Drew Goddard por Malos tiempos en El Royale (Drew Goddard)

Después de deconstruir los tópicos del cine de terror en la sobresaliente The cabin in the woods (2012), Drew Goddard se lanza en solitario a escribir un thriller lleno de giros de guion. Cambiando la cabaña en el bosque por un hotel en decadencia y al grupo de adolescentes por un buen puñado de indeseables dignos de Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2016), Malos tiempos en El Royale coquetea con el suspense del cine de Hitchcock y la ingeniosa charlatanería de las películas de Tarantino.

Mejor directora:

Celia Rico por Viaje al cuarto de una madre

El primer largometraje de Celia Rico tiene muy poco de debut y mucho de madurez. La calidez y la ternura de Viaje al cuarto de una madre solo se pueden explicar con esa imagen en la que madre e hija (inmensas Lola Dueñas y Anna Castillo) se refugian bajo una manta en su sofá. El universo íntimo de la película, constreñido a la vivienda familiar, crece con cada uno de los pequeños detalles que componen este precioso mosaico sobre las relaciones materno-filiales.

Mejor director:

Isaki Lacuesta por Entre dos aguas

El trabajo que Isaki Lacuesta firma como director en Entre dos aguas es fascinante a muchísimos niveles. El más evidente, quizá, es el relacionado con la temporalidad: siguiendo la estela de otros autores como Richard Linklater, Lacuesta recupera a algunos de los personajes que ya había filmado 12 años atrás -en La leyenda del tiempo (2012)-, convirtiendo el cine en registro fundamental del paso del tiempo.

El otro tiene que ver con la proximidad: desde filmar un parto hasta meterse entre las sábanas de unos personajes que difícilmente podemos distinguir hasta qué punto son reales o ficticios. Y, en este sentido, dejar que ellos mismos se expresen con naturalidad: con su propio acento, su deje y su jerga, es otro de los triunfos de la película a la hora de construir un escenario real. Demasiado real, quizá, porque las imágenes de Entre dos aguas pueden resultar poco estilizadas, pero el profundo respeto y el cariño con el que filma a sus personajes -y los paisajes en los que se inscriben- son insobornables. Si tomamos como máxima el principio por el que el cine debe restablecer la dignidad de lo filmado, la película de Isaki Lacuesta es una obra monumental.

Gran premio especial:

Le livre d’image (Jean-Luc Godard)

A sus 87 años, Jean-Luc Godard no ha perdido ni un ápice de su rebeldía. Le livre d’image es un aluvión de aforismos y reflexiones que amenaza en todo momento con derribar la paciencia de cualquier espectador. A partir de un amalgama de fragmentos visuales y sonoros que se descomponen, se recomponen y, en definitiva, se descubren en constante mutación, Godard reflexiona sobre el poder de la imagen en el siglo XXI, pocos años después de que pronunciara su Adiós al lenguaje (2014). Prolongando el espíritu crítico de sus Histoire(s) du Cinéma (1989-1999), Le livre d’image puede ser visto como un epílogo que extiende las reflexiones del cineasta a los tiempos de la era digital.

Mejor película:

High Life (Claire Denis)

La incursión de Claire Denis en el espacio exterior habría formado un programa doble muy interesante con otra de las películas del festival: First Man (Damien Chazelle). En ambos casos, la travesía espacial se vive a partir del trauma y la muerte, convirtiendo las naves en auténticos ataúdes. Sin embargo, partiendo de dos premisas similares, los caminos no podían ser más opuestos. Mientras que la película de Chazelle se decanta por un modelo aparentemente riguroso, científico y biográfico, Claire Denis dinamita cada uno de esos puntos para quedarse con lo más esencial. En High Life la tecnología es completamente obsoleta (desde los ordenadores hasta los trajes de astronauta), las cuestiones relacionadas con la física son inverosímiles y la ciencia se retuerce hasta el punto de convertirse en magia negra, con una Juliette Binoche transformada directamente en bruja. Mientras la película de Chazelle aspira a la exaltación tecnológica y la redención nacional, la High Life de Claire Denis se sumerge en las miserias de sus personajes para explorar las contradicciones del individuo. Una ciencia ficción, la de Denis, completamente humanista.

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Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián (25/09/2018)

Jornada 5

In Fabric (Peter Strickland)

¿De qué va? Durante la temporada de rebajas de una siniestra y misteriosa tienda de ropa, una mujer compra un vestido, sin saber que se trata de una prenda maldita.

¿Y qué tal? En Berberian Sound Studio (2012), Peter Strickland jugaba a deconstruir el giallo a partir del oficio de un diseñador de sonido, que llegaba a Italia para completar la edición de una producción de terror. El comentario sobre la manipulación de la banda sonora terminaba por convertirse, en manos de Strickland, en un increíble estudio autorreferencial sobre la materialidad del filme.

Una de las gracias de Berberian Sound Studio era dejar fuera de campo la película de terror que sus personajes ficticios estaban montando. Pero ahora, con In Fabric, casi podríamos decir que Strickland exhibe aquella cinta que Berberian... ocultaba. ¿Y cuál es el resultado? Un giallo plenamente consciente, en la línea estética de las anteriores películas de Strickland, y en el que un vestido maldito se dedica a atentar contra la vida de todo ser vivo.

In fabric puede ser vista como un lúdico ejercicio de terror y, a la vez, como la crítica a una sociedad de consumo en la que los dependientes se dedican a practicar ritos satánicos y los incautos caen bajo el hechizo asesino de la moda.

Illang: La brigada del lobo (Kim Jee-woon)

¿De qué va? En un futuro no muy lejano, las dos Coreas deciden firmar un tratado de paz y una anexión para poder hacer frente al resto de naciones del mundo. Por supuesto, en el interior del país tardan poco en surgir grupos terroristas como el de La Secta, que se opone a cualquier tipo de unión. Para combatirlos, el gobierno decide crear un equipo de Unidad Especial, entre el que se encuentra La brigada del lobo.

¿Y qué tal? Parece que las adaptaciones recientes al live-action de las obras de Mamoru Oshii no han tenido mucha fortuna. Hace apenas un año, Rupert Sanders estrenaba la irregular Ghost in the shell (2017), con Scarlett Johansson al frente. Y ahora Kim Jee-won hace lo propio con Illang: un enrevesado thriller político con alma de blockbuster, y con una extensa trama comprimida en dos horas largas. Dos horas en las que, frente a cualquier posibilidad narrativa, Kim Jee-woon prefiere poner todo el énfasis en las set-pieces de acción.

Realmente sorprende su inclusión en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián… ¿quizá una concesión hacia una de sus productoras, Netflix, para poder incluir también en la programación la Roma de Alfonso Cuarón?

 

Quién te cantará (Carlos Vermut)

¿De qué va? Tras perder la memoria, la estrella musical Lila (Najwa Nimri) recurre a su mayor fan, Violeta (Eva Llorach) para que le ayude a volver a ser ella.

¿Y qué tal? Con una Concha de Oro en su palmarés, Carlos Vermut vuelve a la competición donostiarra con una historia lineal protagonizada por mujeres, más cercana a su primera película, Diamond Flash (2011), que al modelo puzzle de Magical Girl (2014).

Quién te cantará es un drama identitario que relee magistralmente la obra de Ingmar Bergman, con Persona (1966) como pieza clave. Eva Llorach y Najwa Nimri, que comparten nombre de color en la ficción (Violeta y Lila, respectivamente), destacan en dos interpretaciones increíbles. La película de Vermut conjuga bajo su particular mirada la obra de Kafka, Lynch, Mocedades, Alaska… Con tan solo un desenfoque, Vermut es capaz de borrar de un plumazo la personalidad de cualquiera de sus personajes para volver a reconstruirla en un retrato sobre la vampirización, la fama, el individuo y la pasión, que a pesar de su aparente distanciamiento formal, no hace más que acercarse en el recuerdo a medida que pasa el tiempo. Sin duda una de las películas del año, y quién sabe si la próxima Concha de Oro.

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