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L’Alternativa 2012 – IFN Jornada profesional

Otras formas de imaginar

Una vez clausurada la 19ª edición podemos reflexionar con más calma sobre varias cuestiones que plantearon tanto las imágenes de los filmes proyectados como las diversas actividades organizadas por el certamen. Aquí es donde encaja la jornada organizada por la IFN - Independent Film Network desde l’Alternativa que contó con la participación de Bárbara Tonelli (cofundadora de touscoprod), Jérôme Vidal (productor en Noodles Productions), Enrique Costa (responsable de distribución en Avalon), Diana Karklin (encargada de ventas y adquisiciones en Rise and Shine World Sales) y, como moderador de la mesa, Jaume Ripoll (cofundador de filmin). El título del encuentro, “Las nuevas circunstancias del cine independiente”, resumía bien el objetivo de la jornada, la acotación del terreno en el que actualmente se mueve o intenta mover el cine alternativo intentando responder a una cuestión: “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”.

La producción y la distribución cinematográficas fueron los grandes ejes que condujeron el debate en un contexto de crisis agravado por la desaparición de ayudas presupuestarias, la reducción de la participación de las televisiones, la subida del IVA al sector cultural y el paso de un espectador cinéfilo que prima la calidad a un cinéfago que apuesta por la cantidad y posesión de las películas. Ante panorama tan incierto se agradeció que el encuentro no girase (exceptuando un momento durante el debate con el público) en torno a la tan manida demonización de Internet como razón única de la actual fragilidad del sistema. Al contrario, la red vista como soporte para iniciativas que reanimen el sector nos permitió conocer más a fondo mecanismos de financiación como el crowdfunding.

Bárbara Tonelli desglosó las variantes del micromecenazgo abarcando las webs propias para cada proyecto, las plataformas generalistas que lo incluyen todo (Verkami en España, Ulule en Francia, etc.), los portales específicos para un sector de la industria (touscoprod en el cine, etc.) y, lo que más llamó nuestra atención, las páginas web dedicadas a llenar las salas de cine por adelantado (La septième salle en Francia, etc.), que resultó ser un sistema muy utilizado en Latinoamérica. Un vistazo rápido por estas iniciativas nos haría pensar en una adaptación exitosa del sector pero lo cierto es que aún no podemos estar tan seguros. Como afirmaba Jaume Ripoll, los éxitos del crowdfunding sugieren pero no consuman una tendencia general haciendo que casos como los 400 mil euros recaudados por El cosmonauta (Nicolás Alcalá, 2011), las 860 mil libras de The Age of Stupid (Franny Armstrong, 2009) o alcanzar la distribución en DVD de Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010) sean hechos aislados, pocos y “casos que los profesores que damos clases en algunos másters estamos cansados de repetir una y otra vez a falta de otros proyectos que tengan éxito”. Aunque esto sea cierto, quien suscribe no puede estar más feliz de que podamos sumarle un éxito más al crowdfunding aunque no se trate de un proyecto de producción sino de crítica cinematográfica, el alcanzado por los compañeros de Blogs&Docs hace pocos días.

Más nos vale entonces no caer en el espejismo de ver Internet como la única salida sino más bien como un complemento más, privilegiado quizás, dentro de la estrategia que según el proyecto puede adoptar el productor o distribuidor de un film independiente. Enrique Costa tomando como ejemplo la campaña que Avalon ha realizado desde hace año y medio en la distribución de Holy Motors (Leos Carax, 2012) así lo confirmaba. Dentro de la planificación habitual en la promoción del film, Internet y las redes sociales consiguieron dinamizar actos destacados como el denominado evento OcultO que, una semana antes del estreno, reunió a 500 espectadores en Madrid sin anunciar oficialmente que el film proyectado sería el de Carax. Técnicas de marketing, “ruido y parafernalia” que según Costa dieron sus frutos para una película que, finalmente, vio cómo las 10 copias pensadas en un principio para toda España pasaron a un total de 15, todas en versión original.

En un sentido similar, considerando Internet como una herramienta pero no como el final del camino, el francés Jérôme Vidal aseguró verse a sí mismo como “un productor de cine” y no se mostró convencido de que la distribución de los filmes tenga que pasar obligatoriamente por la red. Su aportación al debate reivindicó la faceta cultural como cuestión política inherente a la producción cinematográfica y la visión del cine independiente como un reducto de lucha cuyas incidencias deben sortearse con trabajo e ingenio, como cuando en Francia tuvo que explicar quién era Javier Bardem en España al producir Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002), cuando defendió la existencia de un “mercado catalán” al trabajar en Petit indi (Marc Recha, 2009) o, recientemente, cuando produjo Blancanieves (Pablo Berger, 2012) “argumentando” que si la película era muda, se trataba de una película en francés.

La mesa redonda resumió sus conclusiones, en términos generales, coincidiendo en la necesidad de mantener vías alternativas para que el cine independiente no desaparezca víctima de la dinámica impuesta por el cine comercial. Incidiendo en algunos detalles, Bárbara Tonelli aconsejaba a los productores que piensen en el distribuidor de sus filmes desde el principio, evitando por ejemplo duraciones no compatibles con según qué ventanas de exhibición como podían ser las televisiones. Algo en lo que coincidía Diana Karklin añadiendo que, en el caso latinoamericano, era igualmente importante la supresión de localismos, y asegurando, además, que fenómenos como el reciente boom del documental se entienden gracias, por un lado, a las ayudas presupuestarias que reciben y, por el otro, porque es un mercado que ha sabido adaptarse a la situación, recurriendo a programas como Ibermedia cuando las televisiones locales no se implican o incluyendo la piratería en sus estrategias de promoción.

A la pregunta “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”, la jornada profesional pareció responder con las “maneras de imaginar” tan reivindicadas por Vidal, con la propuesta de un combate que el cine independiente no debe descuidar, la búsqueda constante del espectador de un cine pensado y elaborado como producto cultural que no renuncia a verse a sí mismo como arte y que reconoce en Internet a un aliado antes que al enemigo demonizado por la vieja industria. Una apuesta del sector que pasaría, en definitiva, por asumir de una vez por todas que aquello que nuestros políticos denominan “nuevas tecnologías” hace años ha dejado de serlo para convertirse en una realidad cotidiana; un panorama en el que los responsables de la producción y distribución cinematográfica están obligados a ser capaces de emplear la tecnología en favor de su trabajo como un elemento positivo de “las nuevas circunstancias del cine independiente”.

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya

Leos, Denis, Oscar y los espejos de feria. Algunas anotaciones en los múltiples márgenes de ‘Holy Motors’ 

"Muchas personas aseguran recordar sus vidas anteriores. Yo por mi parte, afirmo que puedo recordar una vida presente distinta. No conozco a nadie que haya hecho declaraciones como ésta, pero sospecho que mi experiencia no es única."

Philip K Dick

¿Qué es la realidad? ¿Cómo nos enfrentamos a ella? ¿Por qué nos encontramos continuamente ante la paradoja de tener que escenificarla por uno u otro motivo? ¿Dónde empiezan y acaban dichos simulacros? ¿Qué esperamos del cine como (re)presentación? ¿Qué es la belleza? ¿Podemos hallarla en una farsa? ¿Pretende el director Leos Carax dar  respuestas o tan sólo plantear preguntas?

Oscar se levanta cuando empieza un nuevo día. Uno de esos en los que va a tener que olvidarse de quién es él para transformarse en muchas otras personas. ¿O acaso es posible que él ya no exista?

Carax estructura en nueve capítulos un día en la vida de un hombre que vive por y para la representación: que aprende a la perfección su papel, que grita cuando tiene que gritar, que corre cuando tiene que correr, que sangra cuando tiene que sangrar, que muere cuando tiene que morir. Pero, ¿qué es lo que queda del verdadero Oscar? ¿Cómo sabemos que existe? ¿Por qué nos cuesta tanto encontrarlo tras todas estas máscaras? ¿Por qué nos sentimos tan incómodos cuando no somos capaces de hallar una supuesta “realidad” a la que aferrarnos?

El primer personaje del día interpretado por Oscar es el de una indigente a la que –cito palabras textuales– le da miedo “no morirse nunca”. Pero... ¿habla ella? ¿habla Oscar? ¿habla el actor Denis Lavant? ¿habla el director Leos Carax? Mientras la anciana mendiga, mientras dirige su mirada hacia el suelo, hacia los pies de la gente que transita por las ajetreadas calles de París, vemos a dos guardaespaldas que la protegen: una imagen que evidencia lo absurdo de la secuencia, de la historia, de la vida. De la vida de Oscar, de la vida de todos sus personajes, de la vida en general.

Una misteriosa limusina blanca conducida por una no menos misteriosa mujer llamada Céline, traslada al protagonista de un lugar a otro, de una interpretación a otra, de una vida a otra. Durante los trayectos creemos encontrar atisbos de Oscar. Nos aferramos a la ilusión de que la limusina es su camerino, de que en su interior no es necesario continuar con la representación, de que se puede permitir un descanso entre una y otra vida, pero... ¿qué pasaría si no fuese así?

Oscar es ahora un padre. Un padre que, paradójicamente, le pide a su hija adolescente que se sienta a gusto consigo misma. Ella miente. Discuten. Él se enfada. La castiga. Tal vez una orden, tal vez un guiño al espectador desprevenido. “Tu castigo, Angéle, es que seas tú y que vivas con esto.”

Y entonces, mediante un acto de concienciación metacinematográfica, Carax interrumpe la acción de la historia introduciendo un entreacto al margen (o tal vez no) de la narración que nos ocupa.

Oscar ya no es Oscar. Ahora Oscar es Alex. Alex transforma a Theo en Alex. Alex mata a Alex. Tan sólo uno de los dos sobrevive durante la representación.

Oscar es el Señor Vaughan. Un hombre millonario, anciano, moribundo y delirante que mezcla en su mente todos los papeles que ha interpretado durante su vida y los recita fragmentados, entremezclados, inconexos. Un hombre que, en un momento de lucidez, nos recuerda que “nada nos hace sentir más vivos que la muerte de los demás".

Oscar (que ya no es Oscar) se encuentra con Jean (que en breve dejará de ser Jean), aparentemente por casualidad. Ambos intentan recuperar 20 años en 20 minutos. ¿Lo ha conseguido alguien alguna vez? ¿Se puede recuperar un pasado que nunca ha existido?

A medianoche, una frase lapidaria dicha por una congregación de limusinas parlantes: “Los hombres no quieren máquinas visibles, no quieren motores, no quieren acción.” La imagen perfecta para finalizar una hermosa e inexplicable pesadilla.

[Esta entrada es una versión reducida del texto original, cuya extensión no nos permite publicarlo aquí en formato blog. El texto completo aparecerá en el número 46 de Contrapicado.]

 

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya – Balance final

El fin del mundo (tal y como lo conocemos)

Sitges 2012 ha finalizado y conviene quizás realizar una reflexión no sólo sobre la calidad de lo visto, sino sobre qué modelos de programación está adoptando el festival. Pensar hacia dónde se dirige, qué es lo que quiere y, sobre todo, cuál es el precio a pagar por ello.

Que los premios principales hayan recaído principalmente en Holy Motors (Léos Carax), Chained (Jennifer Lynch) y Berberian Sound Studio (Peter Strickland) no produce extrañeza alguna, eso sí, los motivos de tal falta de sorpresa son distintos. Por un lado Holy Motors ya venía con su aura de película esperada y especial y no ha decepcionado a nadie, ni a nivel crítico ni a nivel de audiencia. Respecto a los otros dos casos podemos hablar de profecía autocumplida. El propio festival se ha encargado de promocionarlas, vendiendo sus excelencias, por tanto raro hubiera sido la no obtención de ningún premio. De todas formas, los premios no dejan de ser algo accesorio ya que, en el fondo, gane quien gane la discusión estará siempre presente.

Más allá de los galardones entregados sí se observan ciertas tendencias ciertamente preocupantes que podríamos resumir en:

  1. Abuso del cine “de moda”. Nos referimos en concreto al cine coreano. Observamos cómo después de la llegada de películas como Old Boy (Oldeuboi, Park Chan-wook, 2003), por citar una, el festival ha ido aumentando la oferta de películas de este país sin atender criterios de calidad. La filosofía parece ser que la filmografía de un país está de moda y hay que traer sus productos y publicitarlos siempre como los mejores, aun sin ser cierto.
  2. Los amigos del festival. Da la sensación que películas como por ejemplo Chained vienen sobredimensionadas. Se produce un proceso de retroalimentación entre el festival y algunos autores consistente en que el festival da una oportunidad (cosa positiva) y el autor de turno acaba por hacer películas pensando más en que el festival las proyectará que en el film per se. Otro ejemplo de ello serían los productos ESCAC.
  3. Turismo. El cine, y el festival, deben estar abiertos a todos, desde luego, y siempre es positivo huir del elitismo. Lo que no parece tan de recibo es que a ese precio se acaben por proyectar películas dobladas sin tan siquiera subtítulos para prensa o público foráneo en base a promocionar personajes tan cinematográficamente dudosos como Mario Vaquerizo (doblador de Hotel Transilvania 3D –Genndy Tartakovsky–) o a vender más entradas “para todos los públicos”.
  4. Dependencia de las majors. Evidentemente las películas no se distribuyen solas, pero permitir que una major cuele videos promocionales antes de una película creo que vincula y hace demasiado dependiente al festival de los productos que esa (u otra) pueda o quiera ofrecer.
  5. El mensaje. Puede parecer anecdótico, pero da la sensación de que el festival va a rebufo de las crónicas. Tomemos el caso de la edición 2011 donde el tema presuntamente era la inteligencia artificial y en cambio hubo mayoría de películas apocalípticas. Consecuencia, en esta edición el eje en el que pivotaría el festival sería el fin del mundo con la paradoja de que ha habido muchas menos películas de esta temática. Puede parecer una anécdota, pero la función del póster de presentación solía ser captar la atención y anticipar lo que vamos a ver.

No hay que ser ingenuos, la importancia que ha ido cobrando el Festival de Sitges con el paso de los años es sinónimo de buen hacer, de un trabajo constante de promoción y de selección. Esto no es óbice para evidenciar que parece que estamos en un punto de inflexión. El festival debe decidir definitivamente si se posiciona como un festival de género o bien se relanza definitivamente, como su nombre actual indica, a ser el Festival Internacional de Cine de Catalunya. Disyuntiva difícil ésta ya que quizás habría que renunciar a algunos símbolos y a un sector importante de público.

Todo ello no significa estar en una posición contraria al crecimiento del festival, pero sí se pide una dosis de coherencia, de no crecimiento a cualquier precio, de asumir que ciertas decisiones acarrearán enfados en algunos sectores, asumir, en definitiva, que no se puede contentar a todo el mundo o, lo que es lo mismo, que no sólo se trata de crecer en tamaño sino también en lo que supone una maduración identitaria.

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (05/10/2012)

Buenas y malas noticias

Día de contrastes y también de preocupaciones, y es que esta segunda jornada del festival arroja un balance desigual. Por un lado clásicos como Léos Carax siguen ofreciendo la mejor versión de sí mismos. Otros en cambio como Coscarelli o Takashi Miike aparecen con propuestas menores e irregulares. Lo peor sin embargo viene de la filmografía local con Insensibles y especialmente con el mediometraje El peix Sebastiano.

No se le puede negar a Insensibles (Juan Carlos Medina) una factura correcta y, en lo que es su mejor baza, una rigurosidad histórica más que apreciable. Sin embargo se constata que, a pesar de la potencia de la idea, no se consigue trasladar a las imágenes. Con demasiada frecuencia se confunde la distancia con la frialdad consiguiendo así el efecto contrario al buscado; tratándose de una película donde debería primar la emoción acabamos por desinteresarnos de unos personajes demasiado esquemáticos en su funcionamiento y que acaban por recitar más que interpretar sus papeles.

En el lado opuesto tenemos a Holy Motors, la última obra de Léos Carax, un filme que puede hablarnos de la locura, de la paranoia o de la velocidad, pero que tiene la virtud de que nada de ello importe. Lo realmente importante aquí es la profundidad, la poesía, en sus múltiples facetas, de las imágenes. Aunque cierto es que no todo funciona en la película, especialmente el clip parisino de Kylie Minogue, sí que muestra la suficiente solidez para refrendar que esta es una de las propuestas más potentes del año, capaz de convencer a través de la lateralidad y la sutileza en su manera de abordar los temas tratados si es que realmente hay algunos.

Aunque no podamos decir lo mismo del último Coscarelli hay que matizar que, viendo su última trayectoria, tampoco es una sorpresa que su última película, John Dies at the End (que parece casi un título de Bresson), sea una propuesta fallida. No obstante hay que reconocer su apuesta por rejuvenecer su cine y demostrar que está al tanto de lo que se cuece en los parámetros del género. Así hay un intento de combinar la casquería, el gore y un humor un tanto irreverente junto a la propia autorreflexión y parodia del cine de terror. Todo ello conforma un mix irregular, que no acaba de cuajar excepto en contadas ocasiones y que adolece de jugarlo todo a que los puntos de humor sean celebrados. Como si fuera un film realizado pensando más en la audiencia festivalera que en el propio film en sí mismo.

El que ya no puede sorprender de manera alguna es Takashi Miike. No, no es esto algo negativo sino todo lo contrario. Su cine es precisamente lo contrario a lo que podríamos denominar marca de autor, cada obra suya es un desafío completo a las convenciones de género. Así en For Love’s Sake llegamos al paroxismo de mezclar musical, comedia, anime, cine de pandillas y así hasta el infinito. Justamente es esta indefinición lo que acaba por hacer del film una interminable sucesión de eventos, de giros y regiros argumentales que dan la sensación de no saber a dónde nos llevan, o mejor dicho, de escoger el camino más largo y tortuoso para alcanzar ese final que lamentablemente acaba uno deseando después de tan excesivo metraje. Sí, es este un film reconocible en cuanto a ciertas imágenes marca de la casa, pero da la sensación de que a Miike se le escapa el producto de las manos y acaba poniendo el piloto automático.

Mención especial del día para El peix Sebastiano (Marcel·lí Antúnez Roca). Realmente cuesta entender una obra así en un festival que programa a gente como Cronenberg, Resnais o Carax. No se trata de criticar por criticar, y está muy bien promocionar y dar a conocer el producto local, pero un mediometraje como este (al que seguro no le falta buena voluntad), con una estética a la altura del Club Super 3 y un argumento que confunde imaginación y surrealismo con delirio y amalgama, no hace ningún favor a nadie, ni al espectador ni mucho menos a su equipo.

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