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Sitges 2013 – ‘Hooked Up’ (Pablo Larcuen, 2013)

Formatos y espacios de exhibición

Hooked Up llega a Sitges con un único reclamo: ser “la primera película rodada con un iPhone”. No sé si esto es cierto, supongo que sí, y aunque este detalle no sería tampoco muy importante, sí que pasa a un primer plano en el momento en el que es este hecho diferencial lo que se destaca (lo hacen los responsables, por supuesto, pero también lo hace Sitges al programar esta película de cualidades más que cuestionables nada menos que en sección oficial competitiva). Obviamente, se pretende seducir al público al que va destinado el producto, esto es, al juvenil, atacando con un objeto tan popular en este sector de población como es un teléfono móvil. Nada que objetar…

…si en realidad esta estrategia de marketing no estuviera tapando una absoluta y alarmante falta de ideas propias más allá de la de rodar una película entera con el dichoso iPhone. Así de yermo es este producto, empezando por el argumento: dos jóvenes americanos viajan a Barcelona para ligarse a chicas. En su primera noche conocen a dos bellas mozas (que casualmente hablan un perfecto inglés, lo que le viene de fábula a la película para poder ser vendida internacionalmente) y los cuatro acaban en la casa de una de ellas que resulta ser una psycho-killer (máscara diabólica incluida) que quiere matar a los otros tres. No se puede hacer mucho con semejante premisa, en efecto, y todavía menos si el formato elegido para enmarcarla es el del found footage (imagino que para disimular la absoluta falta de medios), es decir, que la película nos enseña lo que supuestamente ha sido grabado por los protagonistas con el iPhone de uno de ellos, con los consiguientes defectos de coherencia dramática interna tan típicos de este tipo de películas: se fuerzan las situaciones para mantener la continuidad narrativa y simular que todo está grabado con el teléfono móvil, cuando el iPhone es depositado en una superficie firme curiosamente el encuadre es prístino y sin defecto alguno, etc.

Ni que decir tiene que el resultado es una abominación cinematográfica de una pereza creativa abrumadora, una historia tan pobre y tan poblada de lugares comunes y de diálogos anodinos que yo no me atrevería a llamarla “guión”. No estamos, precisamente, ante un ejemplo de innovación en el género del found footage, que ya de por sí es un corsé con muchísimas limitaciones superadas en contadas ocasiones, como ocurrió por ejemplo con la extraordinaria Chronicle (Josh Trank, 2012). Más bien al contrario, Hooked Up se limita a repetir las fórmulas y esquemas argumentales que han hecho de este subgénero (y lo de “sub” debe ser interpretado de la manera más peyorativa posible) una opción artística inane como pocas. El espectador, a poco que haya visto una o dos de estas películas, conoce exactamente y sin margen de error los derroteros que seguirá la historia, lo que se traduce en una absoluta falta de estímulos de interés que, a mitad de metraje, da paso directamente a la indignación al constatar la cara dura de los responsables de la película: lo único que les interesa es vender un producto deleznable usando la trampa publicitaria del rodaje con iPhone, y detrás de esa trampa no hay nada, realmente es que no hay nada.

Siento disentir con Sitges, que es un festival que claramente en los últimos años ha prestado una atención extraordinaria a esto del found footage, pero en mi opinión no cualquier cosa que pretenda ser cine realmente es cine. Y Hooked Up no es merecedora ni de ser proyectada en el Brigadoon ni tan solo en el Sitges a la fresca, porque el espacio de exhibición al que pertenece y del que nunca debería haber salido, por lógica dado su formato de producción pero también –sobre todo, diría yo– por su ofensiva calidad, es Internet, ya sea en cualquier plataforma de streaming o directamente para descargar (en formato .avi, que ocupa mucho menos que un .mkv).

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Sitges 2013 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (18/10/2013)

Variaciones, rutinas y desatinos

Lo mejor de Retornados (Manuel Carballo, 2013) es sin duda su presentación, su dibujo tanto de los personajes como de la situación. Puede que sea una coincidencia o no, pero el hecho de que se desarrolle en Canadá ayuda a crear una atmósfera fría, de cierto aislamiento y extrañamiento, un aire de preapocalipsis que recuerda al primer Cronenberg. Hasta aquí las semejanzas e incluso la parte positiva del film, porque más allá de este despliegue de buenas intenciones lo que queda a posteriori es una narración que se vuelve densa por la ausencia de avance en la trama. Todo va a trompicones, con agujeros en el guión que restan credibilidad a la historia y, por si fuera poco, hay ausencia absoluta de mala baba, tanto en lo explícito de las imágenes como en el cierre (por cierto con el recurso del final múltiple que empieza a ser una opción un tanto innecesaria) de la trama. Parece que Carballo esté más interesado en tener un buen final, en el sentido del optimismo, que en dar un sentido global a su película. Aun así, Retornados es una película apreciable en cuanto al mimo a la puesta en escena que muestra en su primera parte de la trama y es por ello que ofrece un visionado si no del todo satisfactorio sí abierto a lecturas positivas.

El que sigue en un work in progress evidente es James Wan. De acuerdo que Insidious: Chapter 2 está un peldaño por debajo de Expediente Warren (The Conjuring, 2013), como si rodar la secuela hubiera sido más una cuestión de trabajo autoimpuesto por el cierre de la primera parte. Aun así esta nueva entrega de Insidious (2010) ofrece dos elementos muy positivos. En primer lugar se reconoce perfectamente el sello de Wan. Armarios y muñecos forman parte ya del universo del director como objetos fuerza sobre los que basculan sus obras; Insidious 2 sigue esta dinámica, pero sin caer en iteraciones, sin agotar al espectador con trucos ya vistos, sino que en todo caso, como en el uso del sonido, los recursos más tópicos se presentan con un deje de ironía, con propia consciencia de ser un elemento gastado pero imprescindible. En segundo lugar James Wan nos ofrece una secuela mucho más compacta que su predecesora, casi parece que Insidious fuera un calentamiento para llegar a su segunda parte. Se nota en el timing del film que Wan sabe siempre dónde, cómo y cuándo quiere llegar a una situación. Por otro lado nada es gratuito ni está fuera de lugar, incluso la referencia argumental a Psicosis (Psycho, 1960; de hecho la trama sería prácticamente la de la película de Hitchcock en versión plano espiritual) se antoja más como un acierto que como un capricho. En todo caso y si algo hay que achacarle a esta casa del terror hecha película es quizás una desgana en el tratamiento y dibujo de los personajes, como si ya los diera por presentados y se limitara a esbozarlos de forma mecánica. En todo caso nada grave para impedir que Insidious: Chapter 2 consiga su objetivo, que no es otro que hacer pasarlo bien pasándolo francamente mal.

La finalidad última que Lucky McKee y Chris Sivertson tenían en mente al realizar All Cheerleaders Die parece clara: divertir. La mezcla también parecía evidente, gangsta rap, chicas guapas, sexo light, brujería, destape, montaje videoclipero, tópicos estudiantiles americanos, algo de inspiración del cine de zombies, humor macarra y locura argumental. Y sí, una vez más debemos decir que todo ello existe en la película. Es decir la pócima está perfectamente diseñada y lista para servir. Pero una vez el mejunje llega a la pantalla todo falla lamentablemente: desde unas chicas que no se creen sus papeles hasta la falta de riesgo a la hora de explicitar más el sexo y la violencia hacen de All Cheerleaders Die un batiburrillo sin sentido, sin gracia alguna, que consigue incluso hastiar por lo tosco y obvio de la propuesta. Por si fuera foco, este remedo barato de películas tipo Jóvenes y brujas (The Craft, Andrew Fleming, 1996) amenaza con segunda parte. Veremos si por suerte se queda ahí.

The Afflicted (Derek Lee y Clif Prowse, 2013) es otro film más del subgénero found film footage. Al igual que cuando hablamos de The Jungle, hay que volver a incidir en la sobreexplotación de este tipo de películas. Limitadas por su propio formato es verdaderamente difícil que lleguen a ofrecer nada destacable (aunque podemos encontrar excepciones más o menos recientes como Chronicle –Josh Trank, 2012– o MonstruosoCloverfield, Matt Reeves, 2008–), aunque, como dijimos también, lo mínimo es que expliquen una historia más o menos interesante. Este sí es el caso de The Afflicted, que nos introduce de forma paulatina en la conversión de un joven viajero en un vampiro, con todas sus fatales consecuencias. Sí, aquí estamos ante la versión salvaje y sangrienta de estos seres. Aquí no hay existencialismos ni poses modernas a lo Jarmusch. Aquí hay hambre y sed de mucha sangre. Esto es precisamente lo que acaba por lastrar a la película, que le falta mayor fuerza a la hora de mostrar los ataques vampíricos y se centra demasiado en la desesperación por ser uno de ellos. Una vez ya se ha lanzado la idea de ser vampiro a la fuerza no hacía falta reiterarla cada 5 minutos de metraje y sí centrarse más en la lucha por la supervivencia, que queda reducida a un par de magníficas, todo sea dicho, escenas. Por lo demás hay un buen uso de las elipsis y de la concreción en el metraje. Por ello The Afflicted, aun sin aportar nada especial, es un producto agradable de visionar, sin grandes aspavientos, humilde y efectiva.

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