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Diarios de fotografía: ‘Gravity’ (Alfonso Cuarón, 2013)

‘Gravity’ reinventa el 3D

El director de fotografía Emmanuel Lubezki (El Chivo), junto al director Alfonso Cuarón, han conseguido revolucionar el concepto de rodaje. Una película con una historia sencilla para un desarrollo de producción muy complejo, donde se solapan preproducción, producción y postproducción.

Cuarón y Lubezki ya nos acostumbraron a largas coreografías con planos secuencia en Hijos de los hombres (Children of Men, 2006). En esta ocasión y superando las marcas anteriores, el metraje se inicia con un fabuloso plano secuencia de trece minutos digno de ser comentado. La Dra. Ryan Stone (Sandra Bullock) y Matt Kowalsky (George Clooney) se encuentran en misión espacial. La audiencia se familiariza con ellos, con su trabajo y su rutina en la estación espacial, donde disfrutan del hermoso y, a la vez, peligroso Universo. Repentinamente, un accidente causa una explosión con trágico desenlace. Mediante un maravilloso trabajo de cámara, el espectador es atrapado para convertirse en un tercer astronauta, junto a la protagonista. Después de rodar y rodar, abandonada en el vacío del espacio, su mirada es ahora también la del espectador, que flota con el tempo de la película, inmerso dentro del casco de la astronauta.

En preproducción, el dúo mejicano prueba métodos convencionales para recrear la microgravedad: “green screens”, diferentes soportes, tanques bajo el agua, e incluso el “Vomit Comet”, un avión de alta latitud utilizado en Apollo 13 (1995) de Ron Howard. Pero no es hasta que Lubezki va al concierto de Peter Gabriel en el Hollywood Bowl (Los Angeles) que tiene la inspiración: inventar una caja de luz de 6 metros de alto y más de 3 metros de ancho basada en las pantallas de LEDs que usaron en el espectáculo. 196 paneles movibles, cada uno con 4096 LEDs controlados individualmente. Los actores y las partes del decorado podían situarse dentro. Del mismo modo, la caja de luz, además de iluminar, podía mostrar la escena a la cual el actor tenía que reaccionar.

Antes de rodar, se elabora una versión previa del film en baja resolución animada. Más tarde, en rodaje, se le da una doble función: por un lado la de storyboard y por el otro se utiliza para producir movimientos de cámara, apoyando también el trabajo de preiluminación. Toda esta cantidad de información es procesada y transmitida a las computadoras para que puedan controlar la trayectoria del movimiento de cámara, consiguiendo acoplar todos los detalles: la acción real y los diseños de animación, mediante toda una medida coreografía de elementos técnicos y estéticos.

Es interesante comentar que en las escenas exteriores los únicos elementos reales son los actores que se encuentran dentro de la ya citada caja de luz. La cámara está dirigida por ordenador a través de un robot de control de movimiento con siete ejes (Iris System, diseñado por Bot & Dolly) y, a menudo, con una cabeza de tres ejes (que permite rotar 360º). El resto del largometraje trabaja las escenas interiores o bien mediante rodaje en set “tradicional”, o bien rodando al actor y reproduciendo digitalmente su entorno. Finalmente añadir que la película ha sido pensada para salas en IMAX 3D, y, a excepción de la secuencia final, rodada en 65mm con una Arri 765 y lentes Panavision Primo, el resto ha sido rodada con una Arri Alexa, lentes Zeiss Master Prime, archivos Arriraw (2.8K) registrados con Codex y luego renderizados en 3D.

Izquierda: Especificaciones de la serie Iris de Bot & Dolly.
Derecha: La caja de luz con paneles de LED aporta la luz necesaria para el actor además de previsualizar el contexto donde ocurre la escena.

Pero, ¿como se integra en rodaje este 3D que además mezcla animación e imagen real? La mayoría de los planos de Gravity se han masterizado mediante infografía, es decir, son planos reales rotoscopiados y después incrustados en 3D. La postproducción de Framestore crea y ensambla por computación gráfica (C.G.) el 3D, hace los efectos visuales y trabaja para añadir destellos y aberraciones cromáticas, que normalmente se consiguen en set.

Izquierda: La caja de luz y sus pantallas, que también se podían mover junto al brazo robotizado Iris System.
Derecha: Iris System soportando la cámara. Fotografía tomada desde el interior del set.

Películas como Avatar (2009), de James Cameron, han sido aclamadas por su versión en 3D. Gravity, en lugar de crear un mundo fantástico del que disfrutar mediante la técnica del 3D, utiliza el 3D para crear la profundidad de campo del Universo. Según palabras del director: “El espacio me fascinaba porque soy de la generación que vio a Neil Armstrong caminando por la luna en directo en televisión”. “Tenía 7 años. Además, Lost in Space (Irwin Allen, 1965-1968) era uno de mis programas de televisión favoritos”[1]. También cita El diablo sobre ruedas (Duel, 1971), de Steven Spielberg, y Un condenado a muerte se ha escapado (Un condamné à mort s’est échappé ou Le vent souffle où il veut, 1956), de Robert Bresson, como referentes. Películas sin apenas diálogos, donde la peripecia y la tensión son casi obsesivas.

A grandes rasgos, Gravity es un festival de luz, sensaciones visuales y emocionales. Lubezki demuestra cómo el alto uso de la tecnología también puede utilizarse para crear un Universo con un gran nivel de realismo y detalle, como si hubiera ido a registrar el espacio. Una historia de Cuarón con referencias a la literatura universal, como el viaje iniciático, el de retorno o la madurez humana. Una ventana abierta a la vida y al Universo representado con total verosimilitud, con pocos diálogos, dos personajes, gran fotografía, un sonido muy trabajado y una sencillez en el argumento que perfilan el producto como lo que es, puro arte, en IMAX y 3D.

Enlaces recomendados:

BRODY, D., "Making 'Gravity': How Filmmaker Alfonso Cuarón Created 'Weightlessness' Without Spaceflight", Space, 3 de octubre de 2013. (leer texto)

BUCHANAN, K., "A Master Classe in 5 Scenes From Gravity Cinematographer Emmanuel Lubezki", Vulture, 7 de octubre de 2013. (leer texto)

KELLY, K., "Before Alfonso Cuarón Could Make 'Gravity', He Had to Overcome It", Digital Trends, 4 de octubre de 2013. (leer texto)

LEE, D.P., "The Camera's Cusp: Alfonso Cuarón Takes Filmmaking to a New Extreme With Gravity", Vulture, 23 de septiembre de 2013. (leer texto)

ROBERTSON, B., "Gravity VFX: Motion, Space and Weightlessness", StudioDaily, 9 de octubre de 2013. (leer texto)

SEYMOUR, M., "Gravity: vfx that's anything but down to earth", FX Guide, 8 de octubre de 2013. (leer texto)

STERN, M., “Alfonso Cuarón on the Making of His Instant Sci-Fi Classic ‘Gravity’”, The Daily Beast, 3 de octubre de 2013. (leer texto)

Notas:

  1. Declaraciones recogidas en STERN, M., “Alfonso Cuarón on the Making of His Instant Sci-Fi Classic ‘Gravity’”, The Daily Beast, 3 de octubre de 2013. (leer texto
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Un paseo fotográfico

En la Rambla, un grupo de turistas posa delante de un Porsche rojo. Unos pasos más allá, en la puerta de la Boqueria, las cámaras enfocan las frutas multicolores. Mientras miles de disparadores atrapan la realidad abigarrada y kitsch del centro Barcelona, cruzo el barrio Gótico y el Born hasta el Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Al final de las escaleras aguardan otras imágenes de la ciudad en la que nací, las de la Barcelona gitana del payo chac. Jacques Leonard (1909-1994) inicia su andadura como fotógrafo en 1952 de la mano de Francesc Català-Roca. Enamorado de la bella modelo de pintores Rosario Amaya, la de Leonard es una inmersión vital en las comunidades gitanas del Montjuïc y Somorrostro, que documenta en un ingente fondo fotográfico recuperado en 2009 por el Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Junto a la exposición, este año, el documental Jacques Leonard el Payo Chac de Yago Leonard.

Hijo de unos floristas de la calle Joaquim Costa, Joan Colom (1921) se estrena como fotógrafo en 1957, pocos años después del aterrizaje del francés Leonard en Barcelona. La Fundación Foto Colectania expone estos días un conjunto de fotografías del Barrio Chino, espacio predilecto del catalán que a partir de 1958 genera una extensa colección de instantáneas del emblemático barrio barcelonés. En blanco y negro, Colom retrata orondas y sensuales prostitutas haciendo la calle, observadas por proxenetas y clientes -curioso correlato, que interpela al otro mirón, el espectador-. Figuras ajenas a la labor del fotógrafo que, de incógnito, ideó un eficaz sistema para ocultar la cámara. Colom y Leonard comparten la fascinación por la captura del gesto. Pienso en el retrato de Leonard de La Chunga, una bailaora, con su falda de topos suspendida en el aire, en las verbenas y bodas que documenta en sus fotos... Pero mientras Leonard procede de forma instintiva, y su método consiste en disparar a veces incluso sin calcular los parámetros de luz, Colom podía pasar horas observando, con la cámara escondida en la gabardina, pegada al cuerpo, hasta lograr la imagen esperada.

Mientras Leonard, casado con Rosario Amaya, documentaba la Barcelona gitana desde dentro, y Joan Colom, voyeur de incógnito, retrataba el Barrio Chino con su cámara oculta entre la ropa, Francesc Català-Roca (1922-1998) contribuía a dotar a la fotografía de un estatuto artístico casi inexistente en el contexto de la posguerra civil española y la posterior dictadura franquista. La amplia retrospectiva que ofrece La Pedrera sobre el hijo del igualmente célebre fotógrafo Català-Pich es la tercera espléndida muestra fotográfica que nos ofrece la ciudad condal este agosto. Si la de Joan Colom es una exposición abarcable en una sola visita, la de Francesc Català-Roca merece como mínimo un par de revisiones. Desde su visión siempre dotada de un deje de ironía de la posguerra y el franquismo, a sus itinerarios por la geografía española, o su fotografía más geométrica de distintas obras de la modernidad arquitectónica local, la exposición se convierte en un recorrido por la historia de España. Me emociona la huella fotográfica de algunos oficios extintos como el de vendedor de letras de canciones, o la instantánea del escaparate de una sombrerería en la que Roca inmortaliza un móvil del célebre Alexander Calder.

Además de las tres exposiciones que he tenido la ocasión de visitar estos días, tengo pendientes dos más: la que dedica a la obra de Brangulí el CCCB y la colección de fotografías del pintor Josep María Sert (1875-1945). Por eso me alejo de los píxeles de las cámaras de última generación que capturan la Barcelona en venta de los turistas y me sumerjo en otra materia fotográfica bien distinta. Este verano Barcelona transpira emulsión de plata. Y es más que recomendable seguir su estela.

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