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Atlántida Film Fest – Sección Oficial (II)

El terror revolucionado

Un festival siempre contiene su dosis de películas de terror, y en la Sección Oficial del Atlántida Film Fest encontramos algunos títulos que basan su argumento en el género.

Quizás el film que se ciñe más a los aspectos, diríamos, tradicionales del cine de terror, es Los inocentes, que sigue el esquema habitual: hecho trágico al inicio del film, que da lugar al nacimiento del mal, hasta su reproducción periódica en una fecha programada como insignia que da origen a un ciclo. Detrás de este esquema prefijado y conocido descubrimos algo relevante, y es que se trata de una película realizada en un cuadro conjunto de doce directores provenientes de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya), aspecto que implica siempre un motor de creatividad en su proceso de discusión y reescritura. Los inocentes verifica una vez más que la reiteración infinita y el culpable que nunca es atrapado suponen alicientes que hacen preguntarse al espectador “¿y si pudiera pasarme a mí?”. Y precisamente este aspecto es algo que también vemos en otros filmes presentados en el festival, y que giran alrededor del género. Ya en el terreno de un único director, Reset, de Pau Martínez, o #RealMovie, de Pablo Maqueda, plantan una mirada joven provista de un estilo propio, y aunque siguen una estructura similar a Los inocentes (suceso pasado, descubrimiento del mal y final que remite al inicio de ciclo), añaden también puntos de vista innovadores.

Reset presenta unos personajes que se van construyendo a medida que avanza la acción. El pasado es clave para entender su comportamiento: los unen distintas experiencias postraumáticas que vamos descubriendo poco a poco. La idea del mal recorre a la ciencia médica y al estereotipo del científico loco, ya que al poco tiempo se nos revela una práctica de la cual todos hemos oído hablar: la lobotomía. De este modo el mal está presente, el psiquiatra lo encarna, pero además hace referencia a algo que sí ocurrió realmente y que causó grandes atrocidades durante el siglo XX.

Del mismo modo, y siguiendo este referente basado en lo real, #RealMovie propone una revolución de las estrategias del género. Pablo Maqueda se incluye en un grupo de cineastas españoles que apuestan por películas de bajo presupuesto, rodadas en quince horas, en escenarios exteriores y sin recorrer a efectos especiales de postproducción, al puro estilo Dogma 95, y que adoptan el nombre de #littlesecretfilm. Películas como Piccolo grande amore (2013) y Lava en los labios (2013) de Jordi Costa, o Obra 67 (2013) de David Sainz, han conseguido gran difusión a través de las redes. #Real Movie encarna, pues, la nueva apuesta de la plataforma, y se plantea algo realmente sugestivo, que parece que puede dar juego durante tiempo: la inclusión definitiva de Internet en el propio curso narrativo. Se produce un secuestro que no va a necesitar del dinero para ser solucionado, sino del mayor número de retweets en un periodo limitado de tiempo. Así es como se genera expectación, esperando que la víctima no sea asesinada, algo que llevamos mucho tiempo viendo en thrillers, con la diferencia de que esta vez se conseguirá traspasar al nuevo mundo de la pluralidad de interfaces.

Este toque experimental se extiende también a otra película española, en este caso financiada por crowdfunding, titulada La tumba de Bruce Lee (dirigida por el grupo Canódromo Abandonado), que parte, como #RealMovie, de la grabación de cámaras de videovigilancia, y nos adentra en un film fuera de serie, que podríamos denominar de terror zen. Una pareja que viaja a Seattle conoce a un hombre que los guiará espiritualmente hasta descubrir que es un asesino. Su carácter underground potencia aún más su carácter inquietante, donde las acciones acaban siendo un sinsentido y la violencia es perceptiblemente simulada. El mal es visible y germinal, como un virus que se propaga, con el propósito de llegar a la “iluminación” interior de todos.

Otro aspecto destacable del film está ligado al humor negro, las metáforas y el fracaso, como hechos definitorios de una sociedad estancada, que vive encima de sus despojos. La crisis de valores es evidente, y, pese a ser explicada desde el caso concreto de los protagonistas, encaja con el patrón de una sociedad global. En este sentido Casting de Jorge Naranjo, que se aleja de los parámetros del terror, habla también de las crisis de la sociedad (incluida la de pareja), para elaborar un cuadro real de jóvenes desesperados por encontrar trabajo, en este caso, como actores. Conseguir dinero u obtener un papel protagonista pasan a ser aspectos fundamentales para dar coherencia a las distintas historias cruzadas y acercarse a un happy end solo intuido.

La reivindicación frente a la situación actual está forjada, y aún podríamos seguir navegando por el repertorio que nos ofrece el festival, hasta encontrarnos con el caso de Cartas desde Parliament Square (Carlos Serrano Azcona), documental que explica el funcionamiento del pacifismo mundial a través de la experiencia de Barbara Tucker, quien lleva siete años viviendo en esta plaza de Londres. Seguiríamos hasta dar con otro film de imagen granulada, personajes entrañables y verdad conmovedora. Se trata de El lugar del hijo de Manuel Nieto, coproducido por el cineasta Lisandro Alonso, que se centra en la revolución estudiantil iniciada a partir de la crisis económica de 2001 en Argentina. El protagonista transita en un viaje interior que une la reciente muerte violenta de su padre con su voluntad de reivindicar un país demolido y arruinado.

Ir de lo fundacional al límite de un género supone un ejercicio de recortes y encajes, de visitas al pasado y de recreaciones, que se manifiesta en estos filmes de terror del festival que persiguen lo real, como en #RealMovie y La tumba de Bruce Lee. Una verdad que se origina en la intención de estos directores de revolver mentes despiertas y críticas para encontrar un sentido reivindicativo a este ejercicio en torno al mal. Este aspecto puede leerse junto con Cartas desde Parliament Square y El lugar del hijo, como filmes que se alejan del género pero que parten de la misma mirada reivindicativa y en este caso desde un contexto de colectivo, planteando que el poder político y económico, el personaje maligno y el mal invisible, no se pueden vencer sin la fuerza de una comunidad dispuesta a devolver la justicia al pueblo, ya sea desde las plazas, las aulas o un sanatorio, para luchar contra el peor terror de todos, aquél que nos llega a través del propio testimonio de una sociedad.

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L’Alternativa 2012 – IFN Jornada profesional

Otras formas de imaginar

Una vez clausurada la 19ª edición podemos reflexionar con más calma sobre varias cuestiones que plantearon tanto las imágenes de los filmes proyectados como las diversas actividades organizadas por el certamen. Aquí es donde encaja la jornada organizada por la IFN - Independent Film Network desde l’Alternativa que contó con la participación de Bárbara Tonelli (cofundadora de touscoprod), Jérôme Vidal (productor en Noodles Productions), Enrique Costa (responsable de distribución en Avalon), Diana Karklin (encargada de ventas y adquisiciones en Rise and Shine World Sales) y, como moderador de la mesa, Jaume Ripoll (cofundador de filmin). El título del encuentro, “Las nuevas circunstancias del cine independiente”, resumía bien el objetivo de la jornada, la acotación del terreno en el que actualmente se mueve o intenta mover el cine alternativo intentando responder a una cuestión: “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”.

La producción y la distribución cinematográficas fueron los grandes ejes que condujeron el debate en un contexto de crisis agravado por la desaparición de ayudas presupuestarias, la reducción de la participación de las televisiones, la subida del IVA al sector cultural y el paso de un espectador cinéfilo que prima la calidad a un cinéfago que apuesta por la cantidad y posesión de las películas. Ante panorama tan incierto se agradeció que el encuentro no girase (exceptuando un momento durante el debate con el público) en torno a la tan manida demonización de Internet como razón única de la actual fragilidad del sistema. Al contrario, la red vista como soporte para iniciativas que reanimen el sector nos permitió conocer más a fondo mecanismos de financiación como el crowdfunding.

Bárbara Tonelli desglosó las variantes del micromecenazgo abarcando las webs propias para cada proyecto, las plataformas generalistas que lo incluyen todo (Verkami en España, Ulule en Francia, etc.), los portales específicos para un sector de la industria (touscoprod en el cine, etc.) y, lo que más llamó nuestra atención, las páginas web dedicadas a llenar las salas de cine por adelantado (La septième salle en Francia, etc.), que resultó ser un sistema muy utilizado en Latinoamérica. Un vistazo rápido por estas iniciativas nos haría pensar en una adaptación exitosa del sector pero lo cierto es que aún no podemos estar tan seguros. Como afirmaba Jaume Ripoll, los éxitos del crowdfunding sugieren pero no consuman una tendencia general haciendo que casos como los 400 mil euros recaudados por El cosmonauta (Nicolás Alcalá, 2011), las 860 mil libras de The Age of Stupid (Franny Armstrong, 2009) o alcanzar la distribución en DVD de Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010) sean hechos aislados, pocos y “casos que los profesores que damos clases en algunos másters estamos cansados de repetir una y otra vez a falta de otros proyectos que tengan éxito”. Aunque esto sea cierto, quien suscribe no puede estar más feliz de que podamos sumarle un éxito más al crowdfunding aunque no se trate de un proyecto de producción sino de crítica cinematográfica, el alcanzado por los compañeros de Blogs&Docs hace pocos días.

Más nos vale entonces no caer en el espejismo de ver Internet como la única salida sino más bien como un complemento más, privilegiado quizás, dentro de la estrategia que según el proyecto puede adoptar el productor o distribuidor de un film independiente. Enrique Costa tomando como ejemplo la campaña que Avalon ha realizado desde hace año y medio en la distribución de Holy Motors (Leos Carax, 2012) así lo confirmaba. Dentro de la planificación habitual en la promoción del film, Internet y las redes sociales consiguieron dinamizar actos destacados como el denominado evento OcultO que, una semana antes del estreno, reunió a 500 espectadores en Madrid sin anunciar oficialmente que el film proyectado sería el de Carax. Técnicas de marketing, “ruido y parafernalia” que según Costa dieron sus frutos para una película que, finalmente, vio cómo las 10 copias pensadas en un principio para toda España pasaron a un total de 15, todas en versión original.

En un sentido similar, considerando Internet como una herramienta pero no como el final del camino, el francés Jérôme Vidal aseguró verse a sí mismo como “un productor de cine” y no se mostró convencido de que la distribución de los filmes tenga que pasar obligatoriamente por la red. Su aportación al debate reivindicó la faceta cultural como cuestión política inherente a la producción cinematográfica y la visión del cine independiente como un reducto de lucha cuyas incidencias deben sortearse con trabajo e ingenio, como cuando en Francia tuvo que explicar quién era Javier Bardem en España al producir Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002), cuando defendió la existencia de un “mercado catalán” al trabajar en Petit indi (Marc Recha, 2009) o, recientemente, cuando produjo Blancanieves (Pablo Berger, 2012) “argumentando” que si la película era muda, se trataba de una película en francés.

La mesa redonda resumió sus conclusiones, en términos generales, coincidiendo en la necesidad de mantener vías alternativas para que el cine independiente no desaparezca víctima de la dinámica impuesta por el cine comercial. Incidiendo en algunos detalles, Bárbara Tonelli aconsejaba a los productores que piensen en el distribuidor de sus filmes desde el principio, evitando por ejemplo duraciones no compatibles con según qué ventanas de exhibición como podían ser las televisiones. Algo en lo que coincidía Diana Karklin añadiendo que, en el caso latinoamericano, era igualmente importante la supresión de localismos, y asegurando, además, que fenómenos como el reciente boom del documental se entienden gracias, por un lado, a las ayudas presupuestarias que reciben y, por el otro, porque es un mercado que ha sabido adaptarse a la situación, recurriendo a programas como Ibermedia cuando las televisiones locales no se implican o incluyendo la piratería en sus estrategias de promoción.

A la pregunta “¿renovarse o esperar a ver qué pasa?”, la jornada profesional pareció responder con las “maneras de imaginar” tan reivindicadas por Vidal, con la propuesta de un combate que el cine independiente no debe descuidar, la búsqueda constante del espectador de un cine pensado y elaborado como producto cultural que no renuncia a verse a sí mismo como arte y que reconoce en Internet a un aliado antes que al enemigo demonizado por la vieja industria. Una apuesta del sector que pasaría, en definitiva, por asumir de una vez por todas que aquello que nuestros políticos denominan “nuevas tecnologías” hace años ha dejado de serlo para convertirse en una realidad cotidiana; un panorama en el que los responsables de la producción y distribución cinematográfica están obligados a ser capaces de emplear la tecnología en favor de su trabajo como un elemento positivo de “las nuevas circunstancias del cine independiente”.

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