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D’A 2013 (27/04/2013) – Feminidad vejada, masculinidad ausente

Transparencias cotidianas ('Everyday', Michael Winterbottom, 2012)

Los coloreados títulos de crédito y la luminosa melodía (del brillante Michael Nyman) que los acompaña se dan de bruces con el primer plano de Everyday, penúltimo trabajo del siempre interesante e imprevisible Michael Winterbottom. Y es que en esta el director parece volver a sus inicios con un drama de tono costumbrista, algo que, a estas alturas de su trayectoria, podríamos visualizar como la obra de un Ken Loach convertido en esteta. La factura del film es, por lo tanto, de una envidiable pulcritud, incluso en sus planos más “cinéma vérité”, buscando a través de la cámara al hombro un realismo que el director se empeña en embellecer para integrarlo en el conjunto. La historia es la de una madre coraje que se encarga de sus cuatro hijos en una zona rural de Inglaterra mientras su marido cumple condena en la cárcel. Nada especialmente novedoso. El tono diferencial es la particular visión de Winterbottom, que convierte los entornos desestructurados y marginales que abundan en las ficciones de Loach en una familia acomodada de clase media alta que reside en una zona rural de las afueras de Londres. Gracias a ese entorno rural se crea la tensión entre los exteriores luminosos y coloridos donde vive la familia y los interiores grises y apagados de la cárcel donde está recluido el padre. Winterbottom compone, en el primer caso, planos generales, melancólicos, reforzados por la evocadora música de Nyman, en los que todo fluye y la naturaleza se muestra armónica y libre. Se deduce así el transcurrir del tiempo (los cuatro años que el hombre está recluso), mostrado sutilmente en una historia que tiende de manera inteligente a la repetición de situaciones. Lo que ahoga la película es, precisamente, su excesiva regularidad, ya que convierte la trama en previsible y el film en un mero y bienintencionado ejercicio de estilo.

Amistad independiente ('Frances Ha', Noah Baumbach, 2012)

Noah Baumbach, director de trayectoria más bien discreta y a quien reconocemos por haber sido coartífice del guión en algunos filmes emblemáticos de Wes Anderson como Life Aquatic (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2004) o Fantástico Sr. Fox (Fantastic Mr Fox, 2009), unió sus fuerzas con la musa del “Mumblecore” Greta Gerwik para regalarnos esta conmovedora y deliciosa historia de “friendship heartbreaking” (término que, si aún no existe, se antoja necesario para este film). Baumbach recupera (no sabemos si de forma consciente o por necesidad) la estética del austero B/N de la escena independiente americana de los 90’ encabezada por Gus Van Sant, Tom DiCillo, Kevin Smith o R.D. Robb, de la que él también formó parte. El resultado es una película entretenidísima, con momentos realmente hilarantes y otros dramáticos, y que destila una saludable mala leche. Las idas y venidas de la amistad entre las dos protagonistas quedan supeditadas a una hábil y prodigiosa construcción del guión, a sus movimientos por la ciudad y sus respectivos lugares de residencia. Así, a lo largo del film se nos muestran, en diferentes rótulos y a modo de título para los diferentes episodios de esta historia, las direcciones de las viviendas donde habita Frances. Ella, o lo que es lo mismo, Gerwik y su prodigiosa naturalidad, son las indiscutibles protagonistas de una película ya (!?) convertida en pieza de culto.

Simon miente... ('Simon Killer', Antonio Campos, 2012)

Una panorámica por el skyline de una gran ciudad abre la película. De repente un efecto de la imagen hace que esta se torne en abstracción visual. Poco después sabremos que el protagonista es neurocientífico especializado en la relación entre el ojo y la actividad neuronal y que precisamente su cerebro no está del todo bien. Y 106 minutos después, sabremos también que Antonio Campos, director de Simon Killer, ha desaprovechado un muy buen punto de partida que recordaba positivamente a El fotógrafo del pánico (Peeping Tom, Michael Powell, 1960), cayendo en la narratividad vacua, la explicitud y la crudeza innecesaria, haciendo deambular la trama, a su protagonista, y al espectador, hacia la desorientación.

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