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Paseos por el Documenta Madrid 2014 (y III)

Revisiones

Tres últimas miradas. La situación económica mundial, la crisis, casi ya una forma de vida, es discurso conocido que tenía que tener reflejo en el festival. Der Banker: Master of the Universe (Marc Bauder) es un documental testimonio de un corredor o trader de bolsa, joven profesional en la década de los 80 en Alemania, precursor de las nuevas fórmulas y procesos de trabajo que el neoliberalismo de la Escuela de Chicago comenzó a ejercer en esa década (a través de la liberalización de mercado y decisiones políticas de no control, auspiciadas por la administración Reagan y el gobierno de Margaret Thatcher en el Reino Unido), de cuyos fangos nos han llegado estos lodos. En medio de una planta vacía de las torres de cristal en la ciudad de Frankfurt, una planta abandonada, un espacio fantasmal, resume en una de sus intervenciones el paradigma que hoy en día vivimos: “Hoy la economía especulativa está por delante de la economía real…” El análisis del documental se construye sobre el testimonio de su vida y la fórmula que utiliza el film es la clásica de un documento fílmico narrativo.

The Competition (Ángel Borrego Cubero) es un relevante film con mucha relación a mi modo de ver con Master of the Universe. El documental recoge la competición de varios proyectos arquitectónicos en Andorra; estos proyectos son propuestos a los grandes arquitectos del momento: Frank Gehry, Jean Nouvel… Norman Foster. El gobierno del principado decide realizar un concurso donde poder valorar distintos proyectos para llevar a cabo el centro cultural nacional del principado; bajo contrato se pide que se filme este proceso para realizar un posterior documental, que concluirá con el fallo final y la correspondiente adjudicación. Los cuatro proyectos realizados –en un principio eran cinco, pero Norman Foster al conocer que se filmaría denegó la invitación y salió del concurso– son descritos y se exponen los procesos creativos de los distintos equipos. La dinámica de la creación, las decisiones, los proyectos desechados, las ideas inconclusas y el encuentro de la solución… su correspondiente desarrollo en preciosos layouts y bocetos arquitectónicos levantados en maquetas hacen de la evolución del film y su narrativa un verdadero tour de force, la competitividad y los estados de “histeria” y “euforia” creativa a la hora de entregar los proyectos de los contendientes hacen fluir el film bajo una sorprendente narrativa televisiva. La ironía del documento es su punto y final, tras la presentación de los proyectos y la exposición de los divos de la arquitectura, el correspondiente tribunal político, su cohorte periodística y la profusión de los medios de comunicación del principado, pendientes día y noche del proceso… Todo este gasto, todo este circo se esfuma con el cambio de gobierno de Andorra dejando excluida la competición y por lo tanto exento el concurso. Ninguno de los formidables proyectos es elegido y todo se aparca, o se esfuma, no lo sabemos… Un ejemplo más del mundo que nos toca vivir, mundo tobogán de efecto dominó y cortapisas políticas. El film, con la pretensión del legado arquitectónico y cultural, pasa a ser el ejemplo del legado social y crítico de la maquinaria actual del poder político y sus formas de gobierno, todo un espejo del tiempo que nos ha tocado vivir.

Por último Ekpyrosis (Nikolas Klement) es en toda regla un documental trance, un film de estética y provocación relevante en lo formal. Estancia y convivencia con una comunidad menonita en medio de la pampa, una sociedad endogámica y cerrada, donde la monotonía de los días se desarrolla a través del culto al trabajo y el cuidado de sus tradiciones y creencias. En ese mundo sin “impurezas” encontramos las caras y miradas atentas de los niños y niñas, infantes de ojos azules y pelo rubio e indumentaria decimonónica, miradas que en su extrañeza contaminan el cuadro, provocan la aversión del espectador. El clima con el que el autor sabe dotarlo, un ambiente de rareza y alucinación en medio del páramo argentino, la pampa, ofrece imágenes de un mundo paralelo casi extraterrestre, con seres que parecen no ser normales. El virado del film hacia filtros fríos (azules) genera una textura mortecina en los rostros de estos personajes. Los planos son largos, pinturas donde los trabajos, la casa y el páramo dibujan un cuadro en apariencia bucólico. Los hombres y las mujeres no responden a la cámara, la relación con la lente nos deja con una sensación totalmente esquiva: no sabemos si se han acostumbrado al realizador y al equipo o es que no están vivos, mejor dicho… No son como nosotros. Los niños sí miran a cámara, y uno deja aparcada la extrañeza para comportarse como tal: “yo también hablo argentino”; una voz porteña te acerca a la calidez humana.

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Paseos por el Documenta Madrid 2014 (II)

De vuelta del paseo

El Premio Internacional al Mejor Largometraje, My Name is Salt (Farida Pacha), de producción suiza e india, segundo documental de la autora, nos ubica en una larga tradición, el cine antropológico de Jean Rouch, con elementos de una poética personal exquisita, cercana en algunos momentos al estilo trascendental que perfiló el teórico y guionista Paul Schrader, desarrollando la idea de los estudios del arte bizantino de Gervase Mathew, estudios sobre el detalle en el cotidiano que Mathew denominó la “estética de la superficie” y que cines como el de Bresson, Ozu, Dreyer o Mizoguchi llevaron a cabo. Esta idea no la podemos tomar como canon genérico para este film, aunque muchos de los momentos aprecian este sentido por el sentir por los detalles de la jornada cotidiana de estos personajes, o por los planos largos, donde el espacio casi lunar (una salina) hace que las figuras humanas parezcan meras líneas en un fresco.

La historia versa sobre un grupo familiar, pareja, dos hijas y un amigo, un pequeño núcleo de recogedores de sal que cada año, como nómadas, se dirigen a su explotación de sal que desaparece literalmente de la faz de la tierra cuando llega el Monzón; es una zona desértica durante los ocho meses restantes, y parte del mar durante los meses de las lluvias. En ese periplo la realizadora nos ha mostrado un páramo, sólo la línea del horizonte, la nada, pero ahí en ese espacio está toda la materia prima y fuente de ingresos de ese grupo, y la materia prima del film. Unos seres extraños se paran en un punto del desierto y excavan con primitivos utensilios, utilizando las manos, en la tierra seca, que cada vez más va convirtiéndose en un lodazal barroso. El agua comienza a filtrarse y surge en medio de un hoyo una extraña figura: es una bomba de motor.

Aquí empieza todo el proceso, han levantado de nuevo una vivienda, la adecentan y la arreglan con el mismo barro que han sacado de la tierra. De la nada están construyendo un mundo, su pequeño hábitat durante esos 8 meses. El grupo comienza a dibujar las balsas donde estancarán el agua que la bomba extrae del subsuelo, el espacio se va llenando de espejos y las figuras comienzan a moverse, al igual que un cuadro animado, o una fotografía animada por este espacio. El film se convierte en un cuadro, el paisaje engulle literalmente la figura humana, que sólo se hace patente, en los planos más cercanos, cuando la fuerza del trabajo, las manos, las texturas de la tierra y la sal se acercan a la lente. Esa misma intención es la que ha construido Costa da morte de Lois Patiño (premio a Mejor Director Novel en el Festival de Locarno), o su cortometraje Montaña en sombra (2012). Volver de nuevo a un Cine básico donde la pintura, el afán del plano en superficie, o la imagen en sí nos mira, de alguna manera, y nos atrapa, simplemente por el afán de eso que tenemos delante; tomando a Didi-Huberman, distinguir dónde la imagen arde, dónde está su eventual belleza, su “signo secreto”. Estos Films (Costa da morte también se proyectó en el festival) responden al afán por buscar esa imagen ardiente que nos dirija a la idea de un Paraíso perdido. El paisaje, sobre todo bajo la mirada de este cine contemplativo, mítico al igual que la mirada de los maestros cineastas del Este, responde bien a la mística de la contemplación muy arraigada en Oriente, y que se erige como imagen que proyecta una sensación de trascendencia; me viene a la memoria el film de Sokurov Voces espirituales (Dukhovnye golosa. Iz dnevnikov voyny. Povestvovanie v pyati chastyakh, 1995), para identificar las sensaciones que en algunos momentos brotan de esta bella película.

Iranien se ubica en el documental testimonio y de análisis politico-social, en este caso es la intención por parte del propio autor, Mehran Tamadon, de llevar a cabo conversaciones de entendimiento, intercambios de puntos de vista entre dos formas de ver el mundo. La sociedad laica y la sociedad creyente en Irán. La propuesta, completamente personal por parte del autor, de conseguir puentes de unión entre las distintas partes de la sociedad iraní. Él es un exiliado que vive en París; su familia, en un primer instante, apoyó la revolución del Ayatolá Jomeini, para, posteriormente, en la implantación de la religión en la vida civil (con la limitación de las libertades) y al construirse el régimen teocrático que hoy conocemos en Irán, exiliarse. Los padres de Mehran, universitarios de la época, estuvieron a favor de la caída del Sha. Hoy en día, en el exilio, el director ha estado intentando, durante tres años, a través de diferentes entrevistas, entablar, construir puentes hacia una secularización de la sociedad iraní. La reunión que plantea Mehran junto a cuatro conocidos, todos ellos creyentes y seguidores de la revolución, propone, a través de juegos y espacios de discusión, los planteamientos donde dos formas diametralmente opuestas de entender el mundo, el laicismo y lo religioso, comiencen a entablar conexiones para, según la intención del propio autor, hacer que la vida pública sea un espacio libre, sin intromisión religiosa. La película no es tanto un espacio de análisis de Irán, a mi modo de ver tiene una reflexión universal, entre el relativismo y el dogma. Mehran Tamadon intenta construir el diálogo pero en la mayoría de los casos se convierte en un monólogo por parte de los creyentes; ante esta situación el autor intenta encontrar y entablar puntos intermedios que son, en gran parte, difíciles de encontrar. Realmente la película tiene un punto de inocencia, o más bien positiva inocencia al intentar buscar esos puentes – siempre se debe. Cinematográficamente es un film que se expresa en el campo de la palabra, es un gran documento social, una obra probablemente necesaria para construir otras cuestiones que están alejadas del lenguaje cinematográfico, pero el Cine, al fin y al cabo, también vale para eso. Las preguntas que deja en el aire el film, y la factura del testimonio, hacen pensar sobre la forma de valorar que el festival ha tenido al otorgarle un premio a este film. Son nuevas claves para dibujar una filosofía de festival, no sólo premiar la factura cinematográfica, también la labor del documental como herramienta para entender la otredad, los otros, el tiempo de nuestra sociedad, política y económica. El cine como documento de la Historia que vive, que está viva.

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Paseos por el Documenta Madrid 2014 (I)

Introducción

El Documenta Madrid 2014, ya un clásico de la ciudad y los espacios culturales del Matadero, más las proyecciones de los ciclos de la Filmoteca Española (Cine Doré), cerró el día 11 de mayo su 11ª edición. El año pasado ya se asentó en su actual ubicación, un espacio que no sólo te invita a una gran oferta cultural, también te permite disfrutar al mismo tiempo de la ciudad, espacios abiertos junto al paseo del río Manzanares. Aquellos años donde el festival se repartía por varias salas de la ciudad han pasado, me acuerdo del cine Palafox, o el Círculo de Bella Artes… otra forma de buscar la película, intentando calcular el tiempo que faltaba entre una sesión y otra, el recorrido de una sala a otra tenía sus complicaciones pero también sus virtudes, te permitía disfrutar la ciudad de otra manera, callejeándola de bar en bar.

Retomando el celuloide, el festival tuvo una buena selección de películas, la mayoría en el tono del documental más narrativo, aunque la ganadora, el film My Name Is Salt (Farida Pacha), respondía a un tono más onírico, plástico, muy sugerente, un film con todos los condimentos, un balance de todos los elementos, lo real documentado, lo cotidiano y etnográfico en la plasmación de los espacios y la banda sonora (diegética) como herramienta onírica, un film que podría retratar el festival en todos sus reflejos. Es así como esta película se balancea bajo los equilibrios, creo, de los contenidos que el festival pretende. Este film, que comentaremos con mayor profundidad, expresa ese tiempo del testimonio, lo antropológico, como ya he comentado, pero también una visión poética del mundo

Hay otros festivales de documentales donde se hace más énfasis en esa capacidad de la imagen por crear, con una apuesta más abierta hacia espacios de mayor ensoñación y abstracción, con la memoria emotiva como propuesta motora... éste es el caso del Doclisboa. Pero el valor, obvio, del documento y el análisis sociopolítico reflejado en testimonios es uno de los principales valores del cine documental, es un valor eterno de este tipo de cine, no lo vamos a negar. Las películas que han sido seleccionadas en la competición de largometrajes internacionales este año han ido, en su mayoría, dirigidas a este espacio… Iranien (Mehran Tamadon), The Green Prince (Nadav Schirman), Ukrania no es un burdel (Ukraine Is Not a Brothel, Kitty Green), The Return to Homs (Talal Derki). El mundo árabe es un lugar de fuertes convulsiones sociales, el caso de Siria, en medio de una guerra civil, ha sido el cultivo de una gran cantidad de producciones fílmicas en los últimos tres años, el conflicto palestino-israelí… los éxodos y conflictos de las llamadas “primaveras árabes”, un mundo desatado. Fuera de concurso se proyectó The Square (Al midan, Jehane Noujaim), con producción norteamericana, que fija la filmación en los acontecimientos que se desarrollaron durante dos años en la Plaza Tahrir, más libertad, más democracia, más pueblo. La importancia que tienen los nuevos medios de comunicación, las redes sociales para cambiar y conocer información, descubrir que hay otro mundo y que se puede vivir de otra manera exigiendo cambios a los poderes anquilosados. Sus personajes, cinco jóvenes que creen en la revolución, cambiar todo para un Egipto donde poder vivir mejor, ese grito de toda una generación, no puede ser callado; hoy, Egipto vive bajo una dictadura militar, la historia continua. Con esta obra de testimonio directo e implicación en la plaza Tahrir comparo el film de David Muñoz Otra noche en la Tierra (film que no se proyectó en este festival y sí en L’Alternativa de este año), que venía a contar de otra forma, a través de diferentes taxis, los testimonios de los propios taxistas y sus clientes (retomando el clásico de Jim Jarmusch Noche en la TierraNight on Earth, 1991–), mostrándonos la situación y el tiempo del país egipcio, desde la otra perspectiva, la de aquellos que circulaban alrededor de la Plaza.

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Otros filmes de firma histórica se han podido ver en el Documenta. Filmes donde el material de archivo y el testimonio son la columna vertebral del desarrollo narrativo, como Der Anständige (Vanessa Lapa), o en el espacio de documentales españoles Una esvástica sobre el Bidasoa (Alfonso Andrés y Javier Barajas). La buena selección de la competición de cortometrajes ha supuesto una más que amplia proyección de propuestas.

Este ha sido un festival cuyas principales películas galardonadas (Iranien, The Dog –Allison Berg y Frank Kerauderen o Return to Homs) han respondido más a la estructura narrativa y al documento fílmico, cada una con sus particularidades, que a otros espacios más sugerentes: utilización de la memoria, ensoñación de los espacios, capacidad onírica de las imágenes… propuestas más cercanas al documental de creación. Bien es cierto que cada uno de los festivales, dependiendo de la planificación de sus contenidos cada año, toma unas decisiones y no otras. El festival Documenta Madrid se mueve, en general, en el espacio del documental más clásico, hay una oferta bastante representativa cada año de este género, aunque también ha habido maravillosos regalos como la retrospectiva a Peter Hutton en el Documenta Madrid 2010, o el trabajo sobre el archivo y la memoria de la cineasta portuguesa Susana de Sousa Dias en el Documenta Madrid 2012. Sobre este propósito, la presencia de filmes como Costa da morte (Lois Patiño) es una decisión hacia esa dirección, nutrir de contenidos más plásticos el festival. Bajo el punto de vista del documental social, el caso de Iranien, una propuesta de verdadero calado político, es una oportunidad que su propio autor nos ofrece (es una película realizada desde el corazón, ante la preocupación de la convivencia en Irán) como experiencia vital de relación con el otro, un espacio de entendimiento y convivencia entre dos formas de ver el mundo, el mundo laico y el mundo de los creyentes. Son filmes de conocimiento, de reflexión sobre un momento social y político, en la órbita del documental social clásico pero con, a mi modo de ver, una vertiente interesante: el autor se inmiscuye, es un discurso del yo, sobre una situación global en su Irán natal. Por otra parte The Dog es una película tremendamente contundente. El personaje es único, y tanto el material como el film están montados con gran fluidez e impacto. Hablamos del testimonio de John Wojtowicz “The Dog” (excombatiente de Vietnam), quien llevó a cabo junto a dos amigos (uno de ellos, el inexperto Salvatore Naturile, que fue muerto por la policía en los acontecimientos) el robo de la sucursal del Chase Manhattan en Brooklyn, año 1975, por una razón de amor, el pago de la operación de cambio de sexo de su pareja transexual Ernest Aron, a la postre Liz Eden. Pocos años después el acontecimiento sirvió para llevar a cabo la película Tarde de perros (Dog day Afternoon, Sidney Lumet, 1975), interpretada por Al Pacino y John Cazale. Return to Homs es un documento valiente de la guerra, un documento de denuncia ante la guerra civil en Siria y cómo el lado rebelde lucha contra el ejercito de Al Asad. El caso del documental testimonio, una vuelta al escenario de los combates en Homs, retoma los filmes sobre los acontecimientos vividos en Irak, Libia, Afganistán… En estas películas me planteo más de una pregunta sobre el enfoque de la barbarie, por qué la explicación de los acontecimientos y las experiencias vitales algunas veces son diseminadas y se pierden bajo la espectacularidad de los combates y la violencia de los acontecimientos.

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Documenta Madrid 2012 – Richard Dindo

Semblanzas del rebelde ad líteram

Los filmes de Richard Dindo surgen de una invocación a un difunto y constatan la imposibilidad de regenerar el cuerpo. Alrededor de la ausencia quedan únicamente palabras que pretenden rellenar espacios. La palabra, la cosa dicha, adquiere fisicidad y se transmuta en literatura en su acepción puramente etimológica: ‘conjunto de letras impresas’. Cuando Dindo se ocupa de escritores, no reproduce tan solo su obra artístico-literaria sino que bucea también en las artes menores de diarios y cartas, y no solamente en las escritas por los personajes ilustres retratados sino en las de sus familiares y amigos, aquellos humanos irrelevantes que rodearon al famoso. Y son estos en verdad los que adquieren carácter protagónico, los intermediarios sobre cuyos hombros reposa la ingente tarea de volver a traer al fallecido, de rescatar del Hades su memoria, imaginar su rostro y reconstruir su presencia.

Como en todo buen simulacro fantasmático, los actores acuden con trajes de época (Arthur Rimbaud, une biographie, 1991) o se sobreimpresionan en la imagen (las calles de Praga en Wer war Kafka, 2006), a modo de ectoplasmas de parque de atracciones, sección pasaje del terror. La tarea de rememoración conlleva en ocasiones la exhumación del cadáver mediante la primera persona del finado. Así, en Ernesto Che Guevara: Le Journal de Bolivie (1994), tras la exposición del guerrero muerto exhibido como trofeo por sus captores, ya reducido a objeto e icono, se filtra la voz del revolucionario. Cuenta Dindo que el diario del Che se hallaba encerrado con grandes medidas de seguridad en los bajos del Banco Central de Bolivia. Como su cuerpo, sus últimos escritos sufrieron varios peregrinajes de mano en mano convertidos igualmente en mercancía. De ahí la extrema importancia del trabajo del documentalista suizo, por su querencia de devolver a la vida por unos instantes, de dotar de nuevo de voz humana, al icono.

El espacio y la palabra constituyen el binomio sobre el que gravita el cine del documentalista. Dos son las coordenadas a través de las cuales se acerca al biografiado: los lugares por los que transitó los últimos días y las palabras que escribió; a su vez, estas se complementan con las dichas por los testigos directos incorporados por actores profesionales en el caso de los personajes de época y por los individuos reales en los cercanos en el tiempo. Fotografías y retratos, si los hubiere, sirven de recuerdo gráfico identificativo, de leitmotiv visual recurrente.

La filmación del espacio vacío, habitado todavía por las presencias que alguna vez estuvieron allí, emparienta a Dindo con el cine observacional, que englobaría desde los americanos Benning y Hutton al también suizo Thomas Imbach. Pero, a diferencia de ellos, dichos escenarios siempre se interrelacionan con un personaje dentro de una cierta ilación narrativa mediante el cordón umbilical de la música (constátese el uso del réquiem de Mozart en Genet à Chatila, 1999) o la palabra. Además, se busca siempre un estado subjetivo, es decir, cómo veía el paisaje en su paseo diario de camino al trabajo, por ejemplo, Kafka. La letra sensu stricto entendida puede adoptar la forma del trazo seguro y preciso de los dibujos de Matisse (Aragon: Le Roman de Matisse, 2003) o reconvertirse en signo negro, lo que se halla entre el espacio en blanco, según palabras de Genet. La escritura a mano del personaje biografiado todavía denota su presencia, sometida a un primario examen grafológico por la cámara. En el caso de la pintora judía nacida en Berlín Charlotte Salomon (Charlotte, vie ou théâtre?, 2003) las palabras y la pintura se combinan asimilándose viñetas que descompusieran su vida a través de fotogramas. Esta pequeña película sin duda conforma la ósmosis perfecta entre artista retratado e intención del realizador dentro del corpus de las autobiografías firmadas por Dindo.

Cabría dividir la filmografía del documentalista en biopics históricos (Kafka, Genet o Gauguin à Tahiti et aux Marquises, 2010) y filmes políticos (Ni olvido ni perdón, 2003, Dani, Michi, Renato & Max, 1987 o Raimon – Chansons contre la peur, 1978). Sin embargo, en todos, aparte de compartir similar engranaje estético, la figura del rebelde y su forma de situarse ante el mundo hermanan historia y política, pues tan político es Raimon como Matisse. En el caso de Rimbaud, adolescente precoz, este llega a su plenitud poética en la juventud hasta el colapso nervioso. Su genio se traslada entonces al vagabundeo, convertido en viajero decimonónico por tierras exóticas, pero termina por no encontrarse a gusto en ningún sitio. Su mundo no es este, como cantaba Raimon. Uno de los jóvenes suizos muertos a consecuencia de maniobras antiéticas de la policía en Dani, Michi... también soñaba con un más allá situado en un planeta lejano. Marte es ofrecido como alternativa de futuro, un nuevo Edén, a un grupo de soñadores sin fuerzas para enfrentarse al día a día terrenal en The Marsdreamers (2009): ellos preferirían huir del barco mientras se hunde y adentrarse en un suicidio prácticamente seguro. Tanto Gauguin como Kafka, igualmente, buscaron sus particulares sitios de recreo. El pintor, precursor del ecologismo, huye de un París civilizado a un Tahití primitivo. El único pero es que se trata de un viaje nuevamente imposible. Su condición de europeo levanta alrededor de él un muro que lo impide integrarse, gozar y sentir como un nativo. Gauguin llega a quejarse de soledad por no poder hablar de arte con nadie... Kafka, de carácter completamente opuesto al pintor, solo halla refugio por las noches en su habitación poseído por el espíritu artístico. Kafka, quien se sabe escritor, odia su trabajo de contable y sueña con Palestina como ciudad prometida reivindicando al judío que hay en él. Jean Genet, por su parte, huérfano de padres desconocidos, también ve, en este caso en la Palestina árabe, a una hermana de sangre. Allí luchará a las orillas de un Jordán de resonancias míticas, cuya mostración convoca, además de los ecos biográficos, los bíblicos del cristianismo. El Matisse retratado por Aragon se repliega en la pintura y escapa (y protesta) desde la belleza y la armonía contra el mundo circundante de la invasión alemana de Francia. Por último, el Che se entrega de lleno a la muerte por una visión en cierto modo utópica pero que a la larga sembraría derechos... Conmueve oír hablar a la profesora de la pequeña aldea donde murió y comprobar que sus habitantes siguen viviendo prácticamente en las mismas condiciones que Guevara denunció.

A todos estos personajes Dindo les da la oportunidad de reincorporarse al mundo de los vivos por una sola vez para volverlos a matar de las peores maneras posibles: cáncer, tuberculosis, gangrena, asesinato... El director, preso de ondas empáticas hacia el rebelde, ha actuado, en realidad, como muchos de sus testigos sorprendidos por los acontecimientos e injusticias que sucedían a su alrededor, confraternizando con el luchador.

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‘The silence between the shots’ (Lluís Escartín, 2012)

La Revolución en Egipto ha tenido lugar

“Nuestra época es esencialmente trágica y precisamente por eso nos negamos a tomarla trágicamente.”

D. H. Lawrence

A partir de un cierto punto en la toma de conciencia en la revolución global las personas reflexionan no sólo captando las enseñanzas del pasado sino también las del futuro. Ese sería un punto de no retorno colectivo, que sólo puede ser abolido mediante un fenómeno catártico parejo, pero de signo negativo, como la guerra. Si la revolución se convierte en una guerra más allá de una retórica antagonista, pero con sus víctimas inocentes, sus venganzas, su carestía de todo excepto de la sangre, la revolución, a la larga, está perdida.

Contra la maldición de convertirnos en guerreros, pero en el encanto de hacer de nosotros revolucionarios, milita la película de Lluís Escartín The silence between the shots (El silencio entre los disparos, 2012), un mediometraje presentado en el Documenta Madrid el 9 de mayo de 2012, no sobre, ni tan siquiera acerca, sino en la revolución egipcia, tan denostada en lo infrainformativo por el estatus quo de los mass media, como sobre-explotada por los postulados insurreccionalistas que paradójicamente no confían en las fuerzas del pueblo para hacer una revolución por sí mismo y la creen títere de las agencias imperialistas.

La perspectiva de esta película es la de tomar el testimonio de la gente joven que llevó el peso de la lucha en la calle. Mujeres árabes, algunas con hijab, artistas, profesoras, músicos, profesionales de todo excepto de hacer una revolución, igual que no se puede ser profesional de respirar o de tener alma. Todos los rostros parecen haber adquirido la belleza de la convicción, del éxito, de la determinación de repetirlo las veces que haga falta hasta alcanzar todos los objetivos, de la experiencia sin escarmentar de la experiencia. Muchos tienen amigos que han caído por los disparos de los francotiradores en aquellas largas jornadas de diciembre y enero cuando corrían alrededor de la plaza Tahir, no huyendo, sino extendiendo una llama. Todos han visto a otros morir y a ellos mismos no alcanzar del todo la vida. Pero todos comparten la satisfacción de haber derrotado a un monstruo extraordinario y haberlo reducido a un enfermo de corazón.

La obra de Lluís Escartín, que regresa una y otra vez a África, ya en su anterior pieza Amanar Tamasheq (2010) situaba su cámara entre los tuareg del desierto de Mali, es la obra de los que piensan que los actos han de comunicarse a través de los sentidos y los sentimientos, de las razones de la conciencia y del espíritu. Si de Amanar Tamasheq decíamos que nos permitía soñar con un mundo en el que los informativos estuvieran hechos por artistas, en The silence between the shots los artistas se han convertido en el sujeto de la información, son quienes la producen y la reproducen, los actores, los comunicadores y los receptores de la palabra que subtitula los actos para que sean conocidos por el mundo.

Y coincidencias de la vida, en tanto arte, nos quedamos con ese plano en que Escartín baja y sube en ascensor con uno de sus interlocutores, un joven egipcio que le explica el miedo de los soldados hacia los que no tienen nada. Coincidencia absoluta con la escena final de Jafar Panahi en This is not a Film (2011) donde ese mismo dispositivo se convierte en la puerta que se abre a la calle y a la revolución. De aquel “parar el mundo que yo me bajo” de los 80 y los 90, a este “abrir la puerta que paramos el mundo” de los tiempos tan interesantes como veloces que nos toca vivir. Por ellos y por nosotros.

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