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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya

Leos, Denis, Oscar y los espejos de feria. Algunas anotaciones en los múltiples márgenes de ‘Holy Motors’ 

"Muchas personas aseguran recordar sus vidas anteriores. Yo por mi parte, afirmo que puedo recordar una vida presente distinta. No conozco a nadie que haya hecho declaraciones como ésta, pero sospecho que mi experiencia no es única."

Philip K Dick

¿Qué es la realidad? ¿Cómo nos enfrentamos a ella? ¿Por qué nos encontramos continuamente ante la paradoja de tener que escenificarla por uno u otro motivo? ¿Dónde empiezan y acaban dichos simulacros? ¿Qué esperamos del cine como (re)presentación? ¿Qué es la belleza? ¿Podemos hallarla en una farsa? ¿Pretende el director Leos Carax dar  respuestas o tan sólo plantear preguntas?

Oscar se levanta cuando empieza un nuevo día. Uno de esos en los que va a tener que olvidarse de quién es él para transformarse en muchas otras personas. ¿O acaso es posible que él ya no exista?

Carax estructura en nueve capítulos un día en la vida de un hombre que vive por y para la representación: que aprende a la perfección su papel, que grita cuando tiene que gritar, que corre cuando tiene que correr, que sangra cuando tiene que sangrar, que muere cuando tiene que morir. Pero, ¿qué es lo que queda del verdadero Oscar? ¿Cómo sabemos que existe? ¿Por qué nos cuesta tanto encontrarlo tras todas estas máscaras? ¿Por qué nos sentimos tan incómodos cuando no somos capaces de hallar una supuesta “realidad” a la que aferrarnos?

El primer personaje del día interpretado por Oscar es el de una indigente a la que –cito palabras textuales– le da miedo “no morirse nunca”. Pero... ¿habla ella? ¿habla Oscar? ¿habla el actor Denis Lavant? ¿habla el director Leos Carax? Mientras la anciana mendiga, mientras dirige su mirada hacia el suelo, hacia los pies de la gente que transita por las ajetreadas calles de París, vemos a dos guardaespaldas que la protegen: una imagen que evidencia lo absurdo de la secuencia, de la historia, de la vida. De la vida de Oscar, de la vida de todos sus personajes, de la vida en general.

Una misteriosa limusina blanca conducida por una no menos misteriosa mujer llamada Céline, traslada al protagonista de un lugar a otro, de una interpretación a otra, de una vida a otra. Durante los trayectos creemos encontrar atisbos de Oscar. Nos aferramos a la ilusión de que la limusina es su camerino, de que en su interior no es necesario continuar con la representación, de que se puede permitir un descanso entre una y otra vida, pero... ¿qué pasaría si no fuese así?

Oscar es ahora un padre. Un padre que, paradójicamente, le pide a su hija adolescente que se sienta a gusto consigo misma. Ella miente. Discuten. Él se enfada. La castiga. Tal vez una orden, tal vez un guiño al espectador desprevenido. “Tu castigo, Angéle, es que seas tú y que vivas con esto.”

Y entonces, mediante un acto de concienciación metacinematográfica, Carax interrumpe la acción de la historia introduciendo un entreacto al margen (o tal vez no) de la narración que nos ocupa.

Oscar ya no es Oscar. Ahora Oscar es Alex. Alex transforma a Theo en Alex. Alex mata a Alex. Tan sólo uno de los dos sobrevive durante la representación.

Oscar es el Señor Vaughan. Un hombre millonario, anciano, moribundo y delirante que mezcla en su mente todos los papeles que ha interpretado durante su vida y los recita fragmentados, entremezclados, inconexos. Un hombre que, en un momento de lucidez, nos recuerda que “nada nos hace sentir más vivos que la muerte de los demás".

Oscar (que ya no es Oscar) se encuentra con Jean (que en breve dejará de ser Jean), aparentemente por casualidad. Ambos intentan recuperar 20 años en 20 minutos. ¿Lo ha conseguido alguien alguna vez? ¿Se puede recuperar un pasado que nunca ha existido?

A medianoche, una frase lapidaria dicha por una congregación de limusinas parlantes: “Los hombres no quieren máquinas visibles, no quieren motores, no quieren acción.” La imagen perfecta para finalizar una hermosa e inexplicable pesadilla.

[Esta entrada es una versión reducida del texto original, cuya extensión no nos permite publicarlo aquí en formato blog. El texto completo aparecerá en el número 46 de Contrapicado.]

 

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