Archivo de la etiqueta: Decadencia

En la ciudad blanca (Dans la ville blanche, Alain Tanner, 1983)

Retazos desde Lisboa

He tenido un sueño. Soñé que abandonaba el barco, me iba a la ciudad y alquilaba una habitación. Sin saber por qué. Y allí me quedaba esperando, inmóvil. Soñé que la ciudad era blanca, que la habitación era blanca, y que la soledad y la calma también lo eran. Estoy cansado. Querría volver a aprender a hablar de las cosas.

Estas líneas las desliza Paul, un marinero suizo de un barco mercante, en una de las cartas que envía a su esposa desde una pequeña pensión de Lisboa. Algo más tarde, escribe a esta mujer a la que ama y que le espera en Ginebra: “El tiempo se ha disuelto. El silencio es pesado y ligero.” Paul ha abandonado el barco en el que trabajaba, dejando las entrañas del navío, ascendiendo desde su ensordecedora sala de máquinas –“una fábrica flotante, habitada por locos”–, hasta alcanzar la silenciosa y deslumbrante superficie del mar. Ha desembarcado para poder sumergirse en los contornos imprecisos del sueño que describe en su carta, una huída que le conduce hasta la inaprehensible luminosidad blanca que envuelve a la ciudad de Lisboa. El cineasta suizo Alain Tanner sigue el recorrido de este personaje, en el que se desdobla con la mirada de un extranjero en una ciudad desconocida, a lo largo del metraje de En la ciudad blanca (1983). Una obra en la que logra aprehender la extraña sensación del tiempo en suspenso, la inmaterial disolución de los días, a partir del casual desembarco de este marinero en Lisboa, y su decisión de permanecer durante un tiempo indefinido en la ciudad blanca.

Alain Tanner aceptó la propuesta del productor portugués Paulo Branco de rodar en Lisboa, un proyecto que llevó al director suizo a filmar, y conservar para el futuro, las realidades de esta ciudad a principios de los años ochenta. Una mirada extranjera sobre un país que había recuperado su libertad apenas una década antes -de hecho, en la película filma, pintada sobre un muro, una de las máximas de la historia de Portugal (“Viva o 25 de abril”), la tan evocada Revolución de los Claveles, unos grafitis que aun hoy en día pueden encontrarse en las encaladas paredes de Lisboa-. Este recorrido lo materializa creando el personaje de Paul, al que da vida Bruno Ganz, versátil actor, fallecido en febrero de 2019, cuyo rostro quedará indeleblemente unido al ángel Damiel que encarnó para Wim Wenders en El cielo sobre Berlín (1987) y ¡Tan Lejos, tan cerca! (1993), y para el que En la ciudad blanca consigue una intuitiva y carismática interpretación.

El director suizo se mueve por esta ciudad con la misma curiosidad y fascinación que Paul, a partir de una historia mínima, renunciando a la notable carga política de su filmografía, para disponerse a observar la realidad. Paul desembarca en Lisboa sin ningún propósito, necesita abandonar el barco y se limita a dejar transcurrir los días, dar largos paseos que le ayudan a pensar, contemplar la desembocadura del Tajo desde su pensión, beber, escuchar música, enviar cartas a su esposa junto a pequeños retazos sin sonido que graba con su cámara, en forma de mensajes que ella debe descifrar. Y descubre nuevos sentimientos –“Amo a dos mujeres a la vez. Siento confusión y felicidad” –, a través de la relación que comienza con Rosa (Teresa Madruga), una joven que trabaja en la pensión donde se aloja.

Paul: Ese reloj va al revés.

Rosa: No, va bien. El mundo es el que va al revés.

Paul: Interesante. Si todos los relojes fueran al revés, el mundo iría como debe ir.

Paul recala en esta pensión portuaria donde el reloj marcha al revés, y no es extraño que decida tomar una habitación, toda una metáfora de su desarraigo y confusión, de la necesidad por encontrar un sentido a su existencia. Tanner logra una progresiva identificación entre el estado de ánimo de Paul y el tiempo en suspenso que sugiere la belleza decadente de Lisboa. El devenir de los pensamientos de Paul se expresa a través de la suave cadencia de las palabras plasmadas en sus cartas. Mientras, descubre Lisboa mediante las imágenes que graba con su cámara, un celuloide sin sonido a través del que se introduce una doble mirada hacia la ciudad. A las mudas imágenes grabadas por Paul se suma la hipnótica mirada del director, encadenándose ambas visiones mediante el sugerente y envolvente saxo de Jean-Luc Barbier, un sonido que expresa la saudade –nostalgia– que desprende la ciudad.

En la ciudad blanca está rodada en su mayor parte en Alfama, uno de los barrios más antiguos de Lisboa. Paul deambula por las inclinadas calles que recorren los antiguos tranvías, dejándose llevar por los sonidos de los atestados mercados, por las voces del interior de las casas, donde sus vecinos todavía se sientan en las puertas, por escondidos rincones en los que se agitan sábanas blancas tendidas en las ventanas. Una Lisboa que en parte ha sido barrida por el tiempo, pero que permanece en el recuerdo de quienes la conocimos en la realidad tal y como muestra la película. Y en especial, En la ciudad blanca logra aprehender la luminosidad de Lisboa, tal vez creada por la reverberación de la luz atlántica en la piedra noble de sus casas palaciegas, en sus hermosos azulejos, sus amarillas y azuladas fachadas, o en sus geométricos adoquines pulidos por el tiempo. Es bajo esta luz blanca donde Paul dejará pasar un tiempo que pierde sus contornos, y donde finalmente decidirá comenzar una nueva etapa de su incierto recorrido.

Publicado en Jump cut, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en En la ciudad blanca (Dans la ville blanche, Alain Tanner, 1983)