Archivo de la etiqueta: Carlos Vermut

Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián 2018 (Clausura)

Palmarés alternativo

Ahora que ha pasado un tiempo desde que se anunciara el palmarés de la 66ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con algunos títulos ya en cartelera, es quizá una buena ocasión para recordar algunos de los momentos más destacados a través de una selección personal y alternativa de premios a partir de algunas de las películas vistas en las diferentes secciones del festival:

Mejor vestuario:

Jo Thompson por In Fabric (Peter Strickland)

El vestido asesino de la película de Strickland podría colgar perfectamente en el fondo de armario de cualquier giallo. El ensayo audiovisual que anticipaba Berberian Sound Studio (2012) se complementa ahora en un estudio completo y autoconsciente que asume las claves del terror italiano más exacerbado. In fabric convierte la trastienda de unos grandes almacenes de ropa en un aquelarre satánico y la temporada de rebajas en una jornada infernal. Una crítica a la sociedad de consumo tan lúdica como el juego de Strickland con el género.

Mejor canción:

‘Shallow’, de Lady Gaga y Bradley Cooper (A Star is Born, Bradley Cooper)

El debut de Bradley Cooper en la dirección lo tiene todo para contentar al jurado de los Oscar. Al parecer, a cada generación le corresponde su remake del clásico de George Cukor Ha nacido una estrella (1954), y Bradley Cooper ha optado por una actualización donde convierte a Lady Gaga en excusa para su propio lucimiento. Sin embargo, el rock de Cooper, llenando festivales de música como Coachella o Glastonbury, es tan viril como frágil, y queda rápidamente eclipsado por la voz de Gaga. Ahí está esa versión de ‘La vie en rose’. Bradley Cooper no ha descubierto ninguna estrella: simplemente ha sabido explotarla. No sorprendería nada ver a la pareja, actuando a dúo, en la próxima edición de los premios de la Academia.

Mejor banda sonora:

Olivier Arson por El reino (Rodrigo Sorogoyen)

Si la corrupción en España hubiera sido una fiesta, muy probablemente habría seguido el ritmo desfasado de un after. Las composiciones electrónicas de Olivier Arson consiguen atrapar al espectador desde el primer compás en un ritmo frenético y tenso de persecuciones, construyendo una atmósfera vibrante. El último thriller de Rodrigo Sorogoyen se mueve al ritmo de la música de Arson y del agresivo movimiento de su protagonista, interpretado por Antonio de la Torre. Quizá a El reino le falte algo de sutileza en su discurso crítico pero, como decía John Doe en Seven (David Fincher, 1995), “si quieres que la gente te escuche no puedes limitarte a darles una palmadita en el hombro: hay que usar un mazo de hierro; solo entonces se consigue una atención absoluta”.

Mejor set piece de acción:

Illang, la brigada del lobo (Kim Jee-woon)

La adaptación del manga ‘Kerberos Panzer Cop’ de Mamoru Oshii habría sido mucho más estimulante si, en sus más de dos horas de metraje, hubiera aligerado su densidad narrativa para centrarse en los bloques de acción. Intentando concentrar doce años de narrativa serial en una única película, el largometraje de Kim Jee-woon naufraga en un batiburrillo de personajes, intrigas y distopías políticas. De haber prescindido de alguno de sus múltiples epílogos o de haber disminuido los bloques de información para abandonarse puramente a la acción, perfectamente podríamos estar hablando de una película a la altura de John Wick.

Mejor montaje:

Yanan Qin por Long day’s journey into the night (Bi Gan)

La fractura con el dispositivo que se produce a mitad de la película de Bi Gan no tiene nada de gratuito. El cambio tecnológico, que invita al espectador a continuar la travesía en 3D, supone la transición de un mundo hacia su reverso onírico. Bi Gan incide sobre las posibilidades estéticas del plano secuencia -recurso que ya había marcado su anterior película, Kaili Blues (2015)- para llevarlo un paso más allá. La cámara vuelve a liberarse de los anclajes que la mantienen fija a los personajes y la trama, y se convierte en una nueva entidad que deambula y gravita con aparente libertad por los escenarios de un largo viaje del día hacia la noche.

Mejor fotografía:

Roma (Alfonso Cuarón)

Alfonso Cuarón es el guionista, realizador, director de fotografía y montador de Roma. Ya sea en el espacio, en un futuro distópico o navegando por el álbum de su memoria íntima, la impronta del cineasta mexicano queda siempre patente a través de una suerte de épica íntima, donde todo resulta ampliado y magnificado por la puesta en escena. Filmada en blanco y negro y en un formato 2.35 : 1, la Roma de Cuarón es un álbum familiar demasiado grande para las pequeñas pantallas de Netflix.

Mejor actriz:

Eva Llorach por Quién te cantará (Carlos Vermut)

Cuando la superestrella musical Lila (Najwa Nimri) pierde la memoria, su representante acude a una de sus mayores fans, Violeta (Eva Llorach), para que ayude a la cantante a recuperar su personalidad. De la relación entre los dos personajes femeninos surge un juego psicológico en el que Carlos Vermut cruza referencias a Kafka, Lynch, Bergman, Alaska o Mocedades. Un drama psicológico en el que la interpretación de Eva Llorach es simplemente deslumbrante. Con una simple mirada, la actriz es capaz de decir prácticamente todo sin articular apenas ninguna palabra.

Mejor actor:

John C. Reilly por The Sisters brothers (Jacques Audiard)

Teniendo en cuenta lo transitados que están los paisajes del viejo oeste, parece prácticamente imposible caminar por ellos y dejar huella alguna. Si, además, se cabalga junto a Joaquin Phoenix, la cosa parece más complicada todavía. Sin embargo, John C. Reilly está colosal y no solo despliega una química insuperable con su hermano Sister -el de Audiard es uno de los mejores westerns fraternales-, sino que además asume el rol de líder con total naturalidad. Probablemente, su mejor interpretación desde Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999).

Mejor guion:

Drew Goddard por Malos tiempos en El Royale (Drew Goddard)

Después de deconstruir los tópicos del cine de terror en la sobresaliente The cabin in the woods (2012), Drew Goddard se lanza en solitario a escribir un thriller lleno de giros de guion. Cambiando la cabaña en el bosque por un hotel en decadencia y al grupo de adolescentes por un buen puñado de indeseables dignos de Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2016), Malos tiempos en El Royale coquetea con el suspense del cine de Hitchcock y la ingeniosa charlatanería de las películas de Tarantino.

Mejor directora:

Celia Rico por Viaje al cuarto de una madre

El primer largometraje de Celia Rico tiene muy poco de debut y mucho de madurez. La calidez y la ternura de Viaje al cuarto de una madre solo se pueden explicar con esa imagen en la que madre e hija (inmensas Lola Dueñas y Anna Castillo) se refugian bajo una manta en su sofá. El universo íntimo de la película, constreñido a la vivienda familiar, crece con cada uno de los pequeños detalles que componen este precioso mosaico sobre las relaciones materno-filiales.

Mejor director:

Isaki Lacuesta por Entre dos aguas

El trabajo que Isaki Lacuesta firma como director en Entre dos aguas es fascinante a muchísimos niveles. El más evidente, quizá, es el relacionado con la temporalidad: siguiendo la estela de otros autores como Richard Linklater, Lacuesta recupera a algunos de los personajes que ya había filmado 12 años atrás -en La leyenda del tiempo (2012)-, convirtiendo el cine en registro fundamental del paso del tiempo.

El otro tiene que ver con la proximidad: desde filmar un parto hasta meterse entre las sábanas de unos personajes que difícilmente podemos distinguir hasta qué punto son reales o ficticios. Y, en este sentido, dejar que ellos mismos se expresen con naturalidad: con su propio acento, su deje y su jerga, es otro de los triunfos de la película a la hora de construir un escenario real. Demasiado real, quizá, porque las imágenes de Entre dos aguas pueden resultar poco estilizadas, pero el profundo respeto y el cariño con el que filma a sus personajes -y los paisajes en los que se inscriben- son insobornables. Si tomamos como máxima el principio por el que el cine debe restablecer la dignidad de lo filmado, la película de Isaki Lacuesta es una obra monumental.

Gran premio especial:

Le livre d’image (Jean-Luc Godard)

A sus 87 años, Jean-Luc Godard no ha perdido ni un ápice de su rebeldía. Le livre d’image es un aluvión de aforismos y reflexiones que amenaza en todo momento con derribar la paciencia de cualquier espectador. A partir de un amalgama de fragmentos visuales y sonoros que se descomponen, se recomponen y, en definitiva, se descubren en constante mutación, Godard reflexiona sobre el poder de la imagen en el siglo XXI, pocos años después de que pronunciara su Adiós al lenguaje (2014). Prolongando el espíritu crítico de sus Histoire(s) du Cinéma (1989-1999), Le livre d’image puede ser visto como un epílogo que extiende las reflexiones del cineasta a los tiempos de la era digital.

Mejor película:

High Life (Claire Denis)

La incursión de Claire Denis en el espacio exterior habría formado un programa doble muy interesante con otra de las películas del festival: First Man (Damien Chazelle). En ambos casos, la travesía espacial se vive a partir del trauma y la muerte, convirtiendo las naves en auténticos ataúdes. Sin embargo, partiendo de dos premisas similares, los caminos no podían ser más opuestos. Mientras que la película de Chazelle se decanta por un modelo aparentemente riguroso, científico y biográfico, Claire Denis dinamita cada uno de esos puntos para quedarse con lo más esencial. En High Life la tecnología es completamente obsoleta (desde los ordenadores hasta los trajes de astronauta), las cuestiones relacionadas con la física son inverosímiles y la ciencia se retuerce hasta el punto de convertirse en magia negra, con una Juliette Binoche transformada directamente en bruja. Mientras la película de Chazelle aspira a la exaltación tecnológica y la redención nacional, la High Life de Claire Denis se sumerge en las miserias de sus personajes para explorar las contradicciones del individuo. Una ciencia ficción, la de Denis, completamente humanista.

Publicado en Festivales, Jump cut | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián 2018 (Clausura)

Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián (25/09/2018)

Jornada 5

In Fabric (Peter Strickland)

¿De qué va? Durante la temporada de rebajas de una siniestra y misteriosa tienda de ropa, una mujer compra un vestido, sin saber que se trata de una prenda maldita.

¿Y qué tal? En Berberian Sound Studio (2012), Peter Strickland jugaba a deconstruir el giallo a partir del oficio de un diseñador de sonido, que llegaba a Italia para completar la edición de una producción de terror. El comentario sobre la manipulación de la banda sonora terminaba por convertirse, en manos de Strickland, en un increíble estudio autorreferencial sobre la materialidad del filme.

Una de las gracias de Berberian Sound Studio era dejar fuera de campo la película de terror que sus personajes ficticios estaban montando. Pero ahora, con In Fabric, casi podríamos decir que Strickland exhibe aquella cinta que Berberian... ocultaba. ¿Y cuál es el resultado? Un giallo plenamente consciente, en la línea estética de las anteriores películas de Strickland, y en el que un vestido maldito se dedica a atentar contra la vida de todo ser vivo.

In fabric puede ser vista como un lúdico ejercicio de terror y, a la vez, como la crítica a una sociedad de consumo en la que los dependientes se dedican a practicar ritos satánicos y los incautos caen bajo el hechizo asesino de la moda.

Illang: La brigada del lobo (Kim Jee-woon)

¿De qué va? En un futuro no muy lejano, las dos Coreas deciden firmar un tratado de paz y una anexión para poder hacer frente al resto de naciones del mundo. Por supuesto, en el interior del país tardan poco en surgir grupos terroristas como el de La Secta, que se opone a cualquier tipo de unión. Para combatirlos, el gobierno decide crear un equipo de Unidad Especial, entre el que se encuentra La brigada del lobo.

¿Y qué tal? Parece que las adaptaciones recientes al live-action de las obras de Mamoru Oshii no han tenido mucha fortuna. Hace apenas un año, Rupert Sanders estrenaba la irregular Ghost in the shell (2017), con Scarlett Johansson al frente. Y ahora Kim Jee-won hace lo propio con Illang: un enrevesado thriller político con alma de blockbuster, y con una extensa trama comprimida en dos horas largas. Dos horas en las que, frente a cualquier posibilidad narrativa, Kim Jee-woon prefiere poner todo el énfasis en las set-pieces de acción.

Realmente sorprende su inclusión en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián… ¿quizá una concesión hacia una de sus productoras, Netflix, para poder incluir también en la programación la Roma de Alfonso Cuarón?

 

Quién te cantará (Carlos Vermut)

¿De qué va? Tras perder la memoria, la estrella musical Lila (Najwa Nimri) recurre a su mayor fan, Violeta (Eva Llorach) para que le ayude a volver a ser ella.

¿Y qué tal? Con una Concha de Oro en su palmarés, Carlos Vermut vuelve a la competición donostiarra con una historia lineal protagonizada por mujeres, más cercana a su primera película, Diamond Flash (2011), que al modelo puzzle de Magical Girl (2014).

Quién te cantará es un drama identitario que relee magistralmente la obra de Ingmar Bergman, con Persona (1966) como pieza clave. Eva Llorach y Najwa Nimri, que comparten nombre de color en la ficción (Violeta y Lila, respectivamente), destacan en dos interpretaciones increíbles. La película de Vermut conjuga bajo su particular mirada la obra de Kafka, Lynch, Mocedades, Alaska… Con tan solo un desenfoque, Vermut es capaz de borrar de un plumazo la personalidad de cualquiera de sus personajes para volver a reconstruirla en un retrato sobre la vampirización, la fama, el individuo y la pasión, que a pesar de su aparente distanciamiento formal, no hace más que acercarse en el recuerdo a medida que pasa el tiempo. Sin duda una de las películas del año, y quién sabe si la próxima Concha de Oro.

Publicado en Festivales, Jump cut | Etiquetado , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Donostia Zinemaldia – Festival de Cine de San Sebastián (25/09/2018)

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE HUESCA 2017: entrevista a Álex de la Iglesia

Entrevista y edición de vídeo: Marla Jacarilla

Texto de presentación: Aaron Cabañas

El pasado 17 de junio llegaba a su fin el Festival de Cine de Huesca que, en esta edición, homenajeaba a los cineastas Constantin Costa-Gavras y Álex de la Iglesia, quienes además recibieron el Premio Luis Buñuel que otorga dicho certamen. Como pudimos escuchar del propio director bilbaíno en la rueda de prensa de presentación que ofreció el festival, Costa-Gavras representa una de las miradas más elaboradas y lúcidas a la hora de representar la indefensión del ciudadano de a pie cuando se ve sometido al sistema. Urdidor de tramas verdaderamente complejas en lo narrativo pero asombrosamente cristalinas en lo formal, el cineasta griego ha elaborado una filmografía en torno al thriller.  Género, éste, que usa como pretexto para abordar los conflictos personales a los que puede llegar una persona cuando es engullido por la mecánica deshumanizada del sistema; tales como la indefensión, el desamparo o la alienación.

De la Iglesia, que se declaró seguidor de la obra de Costa-Gavras, es, a su vez, poseedor de una sólida y ruidosa filmografía, que le ha reportado respeto a nivel estatal y el reconocimiento internacional, como así demuestran la Osella al mejor guion y el León de Plata a mejor director, ambos premios en el Festival de Venecia de 2010, obtenidos por su noveno film, la interesante aunque malograda Balada triste de trompeta (2010).

El cineasta vasco es autor de una filmografía tan popular y reconocible como personal y arriesgada. Ya con su primer trabajo, Acción Mutante (1991), un film de ciencia ficción post-apocalíptica en forma de thriller de acción galáctica con toques de western celtibérico, puesta en escena abigarrada y repleta de referencias a la cultura popular, se situó como creador en un espacio que la cinematografía estatal aún no había conquistado: la postmodernidad más desenfadada.

Poseedor de una iconografía absolutamente ecléctica donde conviven felizmente la mitomanía cinematográfica en mayúsculas - desde Hitchcock a Clint Eastwood, pasando por el tándem Azcona/Berlanga-  con los subproductos genéricos (el Spaghetti Western o la Sci-Fi de serie B, entre un largo etcétera), y la producción cultural de masas -como demuestran sus adaptaciones al cine de los best-sellers de Barry Gifford (Perdita Durango, 1996) y Guillermo Martínez (Los Crímenes de Oxford, 2008)- con la cultura popular más castiza (de los juegos de mesa CEFA a los frikis que pueblan las televisiones privadas estatales, pasando por los tebeos de Ibañez y Escobar o Los Payasos de la Tele de Televisión Española); Álex De la Iglesia construye, en todas y cada una de sus películas, un equilibrado cóctel de referencias servido a medio camino entre la condescendencia nostálgica y la distancia irónica. A ello contribuye el trepidante ritmo narrativo al que acaba sometiendo todas sus ficciones, en una vertiginosa espiral de hibridación de géneros que enguye y combina desde la tragicomedia costumbrista de Luis García Berlanga, Antonio Bardem o José María Forqué; al suspense hitchcockiano en el que los arrebatos del delirio amoroso llevan a sus protagonistas por derroteros imprevisibles, pasando por el thriller de acción ultraviolento basado en el exceso pirotécnico, en la línea de Sam Peckinpah y Samuel Fuller.

Prodigioso creador formal y vigoroso constructor de puestas en escena, De la Iglesia sostiene con coherencia un contundente discurso a lo largo de toda su filmografía: la imagen exterior idealizada y perfecta puede contener la más dudosa de las moralidades y la más oscura de las conciencias. Es por eso que todas sus ficciones están protagonizadas por entrañables perdedores de tres al cuarto que creen haber sido encomendados a una hazaña muy por encima de sus posibilidades. Se enfrentan, así, en una lucha aspiracional por ser quienes no son, no contra un obstáculo circunstancial y tangible, sino contra los fantasmas de las viejas costumbres y su siniestra sombra alargada en forma de personajes oscuros y decadentes; además de luchar contra ellos mismos y su visión distorsionada de la realidad. En este sentido, tiene muchísima importancia la sempiterna presencia del medio televisivo en sus films, y cómo este filtra y deforma esa realidad, hasta retratar de forma clara y lúcida la sociedad española de los últimos 25 años, en la que la codicia, la envidia, la banalidad y el pragmatismo son señas de identidad. Dicha moralidad serpenteante escondida en engañosas apariencias, entendido esto como elemento ficcional generador de sátiras tragicómicas en una realidad deformada por la falta de perspectiva crítica en la mirada, no está muy lejos, por tanto, de las perversas sátiras cinematográficas del gran Luis Buñuel, que pone nombre al premio del que Álex de la Iglesia es digno merecedor.

Publicado en Entrevistas, Jump cut | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE HUESCA 2017: entrevista a Álex de la Iglesia

‘Magical Girl’ (Carlos Vermut, 2014)

La lucha entre el instinto y la razón

Año 1993, una ciudad cualquiera al norte de Inglaterra. Bob, padre de familia en paro que sobrevive como puede a los estragos causados por la crisis, será capaz de hacer cualquier cosa para conseguir comprarle a su hija un vestido de comunión, aunque su precio sea de 100 libras. Año 2014, una ciudad cualquiera de España, tal vez Madrid. Luis es un profesor de literatura en paro que a duras penas es capaz de llegar a fin de mes. Su hija Alicia, de 12 años, está muy enferma de leucemia. Uno de sus mayores deseos es tener el vestido de Magical Girl Yukiko, una de sus series de anime favoritas. Luis será capaz de cualquier cosa para verla feliz, aunque ese vestido cueste 7.000 euros. Año 1993, Ken Loach estrena Lloviendo piedras (Raining Stones), su duodécima película en salas, reafirmando con este film su posición como abanderado del realismo social británico. Año 2014, Carlos Vermut estrena Magical Girl, su segundo largometraje tras autoproducir Diamond Flash, pequeño milagro cinematográfico realizado con tan solo 20.000 €.

IMAGEN_4

Soy consciente de que las diferencias entre ambos directores son abismales y no pretendo encontrar entre ambas películas más similitudes que las arriba mencionadas. De hecho, dudo siquiera que Carlos Vermut tuviese presente el filme de Loach, pero dicho paralelismo se me hizo tan patente durante el visionado de Magical Girl que no he podido evitar mencionarlo. Pero pasemos al film de Carlos Vermut, que es el tema que nos ocupa.

 1.    Mundo

Luis es un padre coraje, una muy buena persona capaz de hacer cosas muy malas si las circunstancias lo requieren. Luis podría ser el vecino del quinto, ese que siempre saluda en el ascensor pero nunca habla demasiado. Luis ha tenido mala suerte en su vida y no entiende muy bien que puedan venderse libros al peso, sin que tenga la menor importancia lo que haya escrito en ellos.

IMAGEN_1

 2.    Demonio

Bárbara es muy hermosa, pero miente a su marido y no se toma la medicación. Su marido es psiquiatra, ella es esquizofrénica. Bárbara sufre mucho y se autolesiona con frecuencia. Bárbara no se da cuenta de que sus comentarios están a veces fuera de lugar, pero lo que sí que sabe con certeza es que resulta tan extremadamente fácil herir a los demás como herirse a uno mismo.

IMAGEN_2

 3. Carne

Damián fue profesor de Bárbara hace ya unos cuantos años. La influencia de la niña fue tal que marcó la vida de Damián para siempre. Diez años de cárcel,  un miedo atroz a la libertad y un desenlace inesperado. Damián, al igual que Luis, es un buen hombre. Damián, al igual que Luis, es capaz de hacer cosas muy malas si las circunstancias lo requieren.

IMAGEN_3

Resulta harto complicado hablar de una película como Magical Girl en un espacio de apenas 3.000 caracteres, al igual que lo era hablar de Diamond Flash. Ambas películas poseen un complejo argumento estructurado por capítulos y compensan hábilmente su escaso presupuesto con brillantes interpretaciones. Ambas películas son puzzles que el espectador es invitado a recomponer, aun a sabiendas de que cuando termine el trabajo de reconstrucción faltarán algunas piezas y sobrarán otras. Ambas películas hacen de la elipsis un elemento imprescindible, ya que lo que no se cuenta es en realidad lo más importante, lo que subyace es lo que sostiene, lo que se omite es lo que estructura. Ambas películas presuponen un espectador activo, capaz de comprender que un cisma en los códigos cinematográficos establecidos puede tener más valor que una mera repetición sistemática de los mismos. Ambas películas parten de un aparente y castizo realismo social, pero sólo como excusa para llegar a otra parte, a un lugar donde la lucha entre  instinto y razón se convierte en un espectáculo inolvidable. A un lugar lejano, a un lugar mejor.

Publicado en Estrenos, Jump cut | Etiquetado , , | 1 comentario

D’A 2012 – ‘Into the Abyss’ y ‘Diamond Flash’

Una cierta pulsión de muerte estructurada por capítulos 

1. Abismos del Cinturón de la Biblia

Los numerosos documentales que Werner Herzog ha realizado desde los años 70, aun a pesar de su pluralidad temática (desde la historia de una mujer sorda y ciega pasando por el mundo de las subastas de ganado o los momentos previos a la erupción de un volcán en la isla de Guadalupe), conforman un todo coherente cuya “única” pretensión es, por así decirlo, destilar la esencia del alma humana  (con toda la belleza, el horror y las contradicciones que ello conlleva) para ponerla en relación con la naturaleza. Con Into the Abyss (2011), Herzog nos propone la inmersión en el caso de Michael James Perry y Jason Burkett, condenados a pena de muerte y 40 años de cárcel respectivamente por un triple homicidio cometido en Conroe, Texas.

Herzog empieza este documental (casi como una declaración de principios) entrevistando al Capellán de la Casa de la Muerte. El Capellán en cuestión habla sobre la vida, sobre la muerte y sobre Dios. Habla sobre su pasión por el golf y narra, con todo lujo de detalles, un revelador encuentro con dos ardillas que le hizo entender en el pasado la complejidad de la vida. No sólo de la vida humana sino de la vida en general, la vida con mayúsculas. Durante 105 minutos, Herzog entrevista no sólo a los dos condenados sino también a sus familiares, a los familiares de las víctimas o incluso al ex capitán de la Casa de la Muerte, encargado de vigilar a los condenados en sus últimos momentos de vida. El tono de la historia oscila entre el drama más descarnado y una especie de comedia de la incomodidad, pero no evidentemente por falta de pulso narrativo del director, sino porque el carácter de los que aparecen en pantalla (en este caso no podríamos referirnos a ellos como personajes, porque no lo son) es en esencia contradictorio. Al fin y al cabo, como el de cualquier otro ser humano. Y es esta contradicción constante lo que más se agradece en un filme como Into the Abyss.

2. Lo imprevisible y lo cotidiano

Podríamos decir que Diamond Flash, la Ópera Prima del dibujante de cómics Carlos Vermut está  destinada –desde antes incluso de su estreno en salas comerciales– a convertirse en un filme de culto underground, en una de esas películas que se proyectan durante meses en las sesiones golfas y son objeto de veneración entre aquellos aficionados al cine que no respeta esquemas de ningún tipo. Ríos de tinta se han vertido ya sobre esta película de héroes y villanos en la que el héroe en cuestión aparece apenas un par de minutos. Más de dos horas de conversaciones “aparentemente” triviales que estructuran un argumento complejo, plagado de pequeños detalles que se transforman en claves para interpretar una trama dividida en cuatro capítulos (Familia, Identidad, Sangre, Destello de diamante) que avanza a golpe de elipsis y recuerdos (dos conceptos en principio opuestos pero que en este caso se transforman en complementarios). Un homenaje en toda regla al cine de Quentin Tarantino; concretamente a esos momentos en los que de modo deliberado decide congelar la trama. Un puzzle con muchas piezas que exige una participación activa por parte del espectador y le presupone cierta inteligencia (algo que por desgracia, no es tan habitual). Violeta, Elena, Lola, Juana y Enriqueta. Cinco personajes femeninos complejos, turbadores, increíblemente humanos, que se definen tanto mediante lo que dicen como mediante lo que callan.

A partir de todas estas premisas Diamond Flash rompe, con gran habilidad y saber hacer, todos los esquemas preconcebidos que tiene el espectador medio acerca de lo que debería ser una película de superhéroes. En palabras de su director, “quería contar la historia de un superhéroe, tipo Power Ranger, que investiga el secuestro de una niña.” Este punto de partida puede parecer tópico y simple, digno de cualquier producción televisiva mediocre, pero en manos de su director se transforma, por arte de magia y con tan sólo 24.000 € de presupuesto, en un experimento digno de alabanza aún a pesar de sus evidentes carencias técnicas. Durante el encuentro con el director tras la proyección de la película, una de las preguntas que sale a colación es la del título. ¿Por qué Diamond Flash si el personaje de Diamond Flash aparece apenas un par de minutos en pantalla? Carlos Vermut se ríe y responde algo así como que “le encantaría que se estrenase una nueva secuela de Batman en la que el personaje de Batman apenas apareciese, en la que se hablase de otras cosas”.

Publicado en Jump cut | Etiquetado , , , , , | Comentarios desactivados en D’A 2012 – ‘Into the Abyss’ y ‘Diamond Flash’

Abycine – Festival Internacional de Cine de Albacete (30/09/2011 – 06/10/2011)

Elogio de lo extradiegético

Albacete como la Nueva York de La Mancha o como el Locarno castellano. La primera es la definición que ofreció entre chascarrillo y chascarrillo el chanante Raúl Cimas en la inauguración de Abycine, el Festival internacional de Cine de Albacete, el pasado viernes 30 de septiembre. La segunda, obra y arte de José  Manuel Zamora, director del certamen manchego que en este 2011 celebraba su 13 edición sorteando las supersticiones y los recortes que tanto terror están provocando en los eventos culturales de nuestra piel de toro.

Si bien es cierto que Abycine se ha resentido de la temida tijera, el entusiasmo por el cine emergente que programan permanece intacto. Punto de encuentro del cine independiente y el cortometraje patrio, muchos reconocen en éste cierta filiación con Gijón, especialmente por su voluntad de riesgo. Como en el evento asturiano, en Abycine el margen del circuito de festivales se hace centro. Y de manera más subrayada. Su sección internacional, por ejemplo, bebía en esta edición de cinco trabajos seleccionados de varios certámenes: del Festival Internacional de Cine de Rotterdam provenían Bleak Night, del surcoreano Yoon Sung–hyun, y Club Zeus, del neerlandés David Verbeek; de la Quincena de Realizadores, la abrupta Le fin du silence, de Roland Edzard; del Bafici, Ocio, de Juan Villegas y Alejandro Lingenti; y de la Berlinale, The Education, de Dirk Lütter. Esta última logró el beneplácito del jurado gracias a una puesta en escena efectiva y a un tema de lo más urgente: la precariedad laboral y la dificultad de lo honesto en un mundo cada vez más competitivo. Planos medios, estáticos, colores gélidos y una violenta tensión hipercontrolada son algunas de las virtudes de un filme, en mi opinión, demasiado cerrado, milimétrico, demasiado racional. Por el contrario, Le fin du silence, merecedora de una mención especial, guarda no pocas similitudes con el trabajo de Lütter. A priori, no puede haber dos películas más antagónicas formalmente. Si la primera puede interpretarse como un trabajo cuadrado, la segunda podría esbozarse como una espiral. Tan visceral como su protagonista, la cinta sigue a un adolescente en plena huida y en plena caza, chivo expiatorio y rastreador, tan agreste como el bosque que contextualiza a la par que oprime el relato. En su esencia, sin embargo, tanto The Education como Le fin du silence claman contra la violencia ejercida desde el silencio, con la frustración y desconfianza de los jóvenes por hacerse con un espacio propio, lejos de toda contaminación.

También el resto de trabajos ahondaban en la violencia de lo colectivo sobre la juventud. La surcoreana Bleak Night emergía como otro meridiano ejemplo de la tendencia en Corea del Sur hacia el melodrama masculino con lo violento como telón de fondo. Aquí, los protagonistas son un trío de chavales cuya amistad se rompe cuando uno de ellos se convierte en el matón del instituto. Estructura en puzzle, tono sombrío y construcción a merced de la elipsis. Más tenebrosa aún se presentó la argentina Ocio, una suerte de brújula sin norte sobre la juventud del país albiceleste, llena de fisuras y una banda sonora de riffs sin horizonte. Club Zeus, por su parte, insiste en la soledad de la urbe contemporánea a partir de un uso del digital extremo: el verde y el rojo se aúnan como opuestos y complementarios, como el hilo conductor que hilvana los dos escenarios principales de la trama, los clubs de encuentros de los gigolós y los diminutos apartamentos donde estos chicos malviven [1].

Pero si hay un trabajo que mejor ejemplifica no sólo el espíritu de Abycine sino esa idea del margen como foco, de lo extradiegético como diégesis, es la ópera prima de Carlos Vermut, Diamond Flash. Première en el certamen albaceteño, dentro de la sección Abycine Digital (que también incluía la reciente Concha de Oro, Los pasos dobles, de Isaki Lacuesta, entre otras), Diamond Flash comparte no pocas resonancias con el segundo largometraje de Nacho Vigalondo, Extraterrestre. No son estas líneas para analizar los vasos comunicantes entre ambas, aunque ya llegará su momento. Así, la propuesta de Vermut, dibujante de cómics, ilustrador y cortometrajista (Maquetas se hizo en 2009 con el Gran Premio del Jurado de la 7ª edición del Notodofilmfest), pone en escena el reverso de una historia de superhéroes, la del Diamond Flash del título. ¿Y quiénes son pues las protagonistas de tal reverso? ¿Qué suele quedar fuera del relato dentro de las convenciones del género? Vermut lo tiene muy claro: las mujeres. Y por ello copan la narración de un modo apabullante. Trágicas, cotidianas, brujas, vengativas, el abanico y el tratamiento de lo femenino es tan abrumador que compensan las carencias técnicas, vaya por delante, no pocas. Aun y así, la película despierta muchos interrogantes (¿hubieran invadido ellas el relato si Vermut hubiese tenido presupuesto suficiente para hacer aparecer a Diamond Flash en pantalla luciendo pirotecnia?) y apunta un concepto que pronto será habitual, el elogio del margen como espacio de supervivencia, el fuera de plano como el escenario de donde brotan las historias. O, más llanamente, hacer de la necesidad virtud. De lo pequeño, un gran ingenio.

Notas:

  1. En Fugas en una ciudad rectilínea. XL International Film Festival Rotterdam, la compañera Covadonga G. Lahera realiza un certero análisis  de Club Zeus
Publicado en Jump cut | Etiquetado , , , , , , , | Comentarios desactivados en Abycine – Festival Internacional de Cine de Albacete (30/09/2011 – 06/10/2011)