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L’Alternativa. 18è Festival de cinema independent de Barcelona (19/11/2011)

Algunas consideraciones cazadas al vuelo sobre la (in)necesidad de un guión

Jueves 17 de Noviembre, 19 horas. Atravesado ya el ecuador del festival y un tanto congestionada por la sobredosis de proyecciones, decido hacer un alto en el camino y asistir a la mesa redonda que va a tener lugar en el mirador del CCCB con el nombre de Contadores de historias. En ella intervendrán Patricio Guzmán, José María de Orbe y Paula Ortiz, tres generaciones de cineastas que conversarán en torno a la idea del guión en el cine. En concreto, en el cine documental.

El primer asunto que sale a colación es el de las emociones, pero no hay mucho debate al respecto porque el consenso es absoluto: un buen documental no es sólo una representación de la realidad, sino que ha de conseguir una emoción en el espectador. Lo dice Patricio Guzmán y nadie le discute. Será porque tiene razón. Cuando José María de Orbe habla, al principio me desconcierta; me resulta difícil relacionar sus palabras con la película suya que tengo más en mente: Aita (película del año 2010 que también se ha proyectado durante el festival). José María dice que le resulta gracioso que le hayan invitado a una mesa redonda sobre el guión; justamente porque él nunca utiliza guión, que para él el guión no es más que una herramienta sobrevalorada y que lo que a él le importan en realidad son las emociones y nada más. Murmullos en la sala y risas nerviosas. Mi cabeza empieza a darle vueltas a la idea. Entiendo la necesidad de un guión, y de repente, también entiendo la necesidad de ausencia de un guión. Las dos cosas tienen para mí todo el sentido del mundo. Para José María utilizar guión es, de algún modo, traicionar a las emociones encorsetándolas bajo unos parámetros que las limitan, hacerle chantaje emocional al espectador. Una de sus máximas es “hay que rodar contra el guión y hay que montar contra el rodaje”. Un reto continuo. Para él, el proceso creativo es inviolable aunque no haya guión, y los fracasos hay que revindicarlos como parte fundamental del proceso. Por eso él dice que tiene cinco películas, aunque haya tres que aún no ha podido rodar. Aplausos. Tanto Patricio como Paula le dan la razón en sus palabras, aunque defienden el uso del guión de distintas maneras.

¿Qué entendemos por guión? ¿Qué es saber contar una historia? ¿Qué es ser un buen documentalista? Para Patricio Guzmán ser un buen documentalista es saber atrapar los átomos dramáticos que hay a nuestro alrededor y construir con ellos una buena historia. Pero para ello no basta tan sólo con tener una idea: si no hay una historia detrás, la idea no sirve para nada. Ante la enorme cantidad de hechos que suceden a nuestro alrededor de modo simultáneo tenemos que saber seleccionar estos átomos, tener un punto de vista claro pero al mismo tiempo saber guardar la distancia para no perder la perspectiva. Patricio destaca también la importancia del dispositivo creativo: no es sólo lo que se cuenta sino también cómo se cuenta. Puede ser mediante un personaje, mediante un viaje, mediante un hecho. Tal vez una serie de entrevistas intercaladas con planos de relleno no sean el mejor esquema para un documental, aunque por desgracia es el más presente. “La mayor parte de los documentales son malos, pedagógicos”, dice Patricio con una sonrisa triste en el rostro. Empatía instantánea. Me acuerdo en ese momento de algunos de los filmes que he visto en el festival que responden a este esquema y me doy cuenta de que tiene toda la razón, son los que menos me han gustado. Pienso por ejemplo en uno de los documentales mostrados en el ciclo dedicado a Turquía, Gündelikçi (2006): documental sobre las mujeres de la limpieza que descarga todo su peso en las historias que sus protagonistas narran, pero cuya repetitiva estructura y ausencia de dispositivo narrativo hacen que perdamos interés al cabo de un rato. Hay ciertas cosas de las que es muy necesario hablar, eso es cierto; pero también es cierto que la manera en que se cuentan es muy importante. Pienso también en Blue Meridian (2010): un documental de la sección oficial en el que tenía puestas muchas esperanzas pero que me dejó bastante indiferente. Un esquema demasiado cerrado, una serie interminable de planos demasiado simétricos, demasiado repetitivos, nada que nos sorprenda ya a partir del minuto treinta. Tal vez un retrato fiel de esos lugares de la América profunda por los que pasa, pero sin ese dispositivo narrativo que reivindica Patricio. Me acuerdo después, por oposición, de algunos de los documentales que Werner Herzog realizó en los años 80. El cineasta alemán hablaba en estos trabajos realizados para televisión como El Sermón de Huie (1980), o Fe y moneda (1980) de algo parecido a lo que nos pretende contar Blue Meridian; pero a diferencia de ésta, Herzog no sólo tenía una idea sino que también tenía una historia, eso que resulta tan importante pero que a veces se nos olvida.

En definitiva la conversación entre estos tres cineastas resulta enriquecedora, imprevisible, divertida y esclarecedora. Aun a pesar de que la única respuesta que se da en torno a las muchas preguntas planteadas es que, por fortuna, en el cine documental no existe una fórmula para hacer las cosas, por mucho que algunos se empeñen en buscarla.

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