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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya – Balance final

El fin del mundo (tal y como lo conocemos)

Sitges 2012 ha finalizado y conviene quizás realizar una reflexión no sólo sobre la calidad de lo visto, sino sobre qué modelos de programación está adoptando el festival. Pensar hacia dónde se dirige, qué es lo que quiere y, sobre todo, cuál es el precio a pagar por ello.

Que los premios principales hayan recaído principalmente en Holy Motors (Léos Carax), Chained (Jennifer Lynch) y Berberian Sound Studio (Peter Strickland) no produce extrañeza alguna, eso sí, los motivos de tal falta de sorpresa son distintos. Por un lado Holy Motors ya venía con su aura de película esperada y especial y no ha decepcionado a nadie, ni a nivel crítico ni a nivel de audiencia. Respecto a los otros dos casos podemos hablar de profecía autocumplida. El propio festival se ha encargado de promocionarlas, vendiendo sus excelencias, por tanto raro hubiera sido la no obtención de ningún premio. De todas formas, los premios no dejan de ser algo accesorio ya que, en el fondo, gane quien gane la discusión estará siempre presente.

Más allá de los galardones entregados sí se observan ciertas tendencias ciertamente preocupantes que podríamos resumir en:

  1. Abuso del cine “de moda”. Nos referimos en concreto al cine coreano. Observamos cómo después de la llegada de películas como Old Boy (Oldeuboi, Park Chan-wook, 2003), por citar una, el festival ha ido aumentando la oferta de películas de este país sin atender criterios de calidad. La filosofía parece ser que la filmografía de un país está de moda y hay que traer sus productos y publicitarlos siempre como los mejores, aun sin ser cierto.
  2. Los amigos del festival. Da la sensación que películas como por ejemplo Chained vienen sobredimensionadas. Se produce un proceso de retroalimentación entre el festival y algunos autores consistente en que el festival da una oportunidad (cosa positiva) y el autor de turno acaba por hacer películas pensando más en que el festival las proyectará que en el film per se. Otro ejemplo de ello serían los productos ESCAC.
  3. Turismo. El cine, y el festival, deben estar abiertos a todos, desde luego, y siempre es positivo huir del elitismo. Lo que no parece tan de recibo es que a ese precio se acaben por proyectar películas dobladas sin tan siquiera subtítulos para prensa o público foráneo en base a promocionar personajes tan cinematográficamente dudosos como Mario Vaquerizo (doblador de Hotel Transilvania 3D –Genndy Tartakovsky–) o a vender más entradas “para todos los públicos”.
  4. Dependencia de las majors. Evidentemente las películas no se distribuyen solas, pero permitir que una major cuele videos promocionales antes de una película creo que vincula y hace demasiado dependiente al festival de los productos que esa (u otra) pueda o quiera ofrecer.
  5. El mensaje. Puede parecer anecdótico, pero da la sensación de que el festival va a rebufo de las crónicas. Tomemos el caso de la edición 2011 donde el tema presuntamente era la inteligencia artificial y en cambio hubo mayoría de películas apocalípticas. Consecuencia, en esta edición el eje en el que pivotaría el festival sería el fin del mundo con la paradoja de que ha habido muchas menos películas de esta temática. Puede parecer una anécdota, pero la función del póster de presentación solía ser captar la atención y anticipar lo que vamos a ver.

No hay que ser ingenuos, la importancia que ha ido cobrando el Festival de Sitges con el paso de los años es sinónimo de buen hacer, de un trabajo constante de promoción y de selección. Esto no es óbice para evidenciar que parece que estamos en un punto de inflexión. El festival debe decidir definitivamente si se posiciona como un festival de género o bien se relanza definitivamente, como su nombre actual indica, a ser el Festival Internacional de Cine de Catalunya. Disyuntiva difícil ésta ya que quizás habría que renunciar a algunos símbolos y a un sector importante de público.

Todo ello no significa estar en una posición contraria al crecimiento del festival, pero sí se pide una dosis de coherencia, de no crecimiento a cualquier precio, de asumir que ciertas decisiones acarrearán enfados en algunos sectores, asumir, en definitiva, que no se puede contentar a todo el mundo o, lo que es lo mismo, que no sólo se trata de crecer en tamaño sino también en lo que supone una maduración identitaria.

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (09/10/2012)

Confirmaciones esperadas, realidades decepcionantes

Se esperaba con impaciencia la jornada de hoy debido a la presentación de 3 de los títulos con mayores expectativas del festival. Después de triunfar en Sitges con Surveillance (2008) se esperaba mucho de lo nuevo de Jennifer Chambers Lynch, Chained. Un título que arranca con una fuerza inusitada sumergiéndonos en el mundo amoral e irracional de un secuestrador y asesino múltiple de mujeres. Un inicio de película que poco a poco se deshace al buscar los motivos de tal comportamiento y así, en cierto modo, tratar de buscar una empatía con el personaje que nuca se consigue. Finalmente el film cierra en falso con uno de esos giros de argumento finales que no sólo son innecesarios sino que sumergen la cinta en una vulgaridad que fácilmente podría haber evitado con un desarrollo más enfocado a la intimidad de los personajes y sus psiques desquiciadas.

Una pequeña decepción. Esa es la sensación final después de ver Cosmopolis, último film de David Cronenberg. No es que nos encontremos ante una mala película, la mano del director canadiense se nota en la potencia visual y en la habilidad para sacar petróleo incluso de un hasta ahora intérprete bajo sospecha como Robert Pattinson. No obstante Cosmopolis confunde en su tono general la metáfora de la caída del capitalismo con una intelectualización excesiva, lo que confiere al film un tono árido, denso y por momentos exasperante. Sí, se parece mucho a un film de David Cronenberg, pero lo que de verdad parece es un guión de Eduardo Punset.

Mucha atención estaba depositada en Berberian Sound Studio (Peter Strickland), una película que venía siendo anunciada como la bomba de este año del festival y respaldada por críticas muy positivas. La sensación final, con gran división entre abucheos y aplausos, posiblemente viene marcada por esta alta expectativa. En el fondo Berberian Sound Studio es un producto casi de orfebrería, trabajado hasta el extremo en el estudio de sonido, la atmósfera y recreación de esos estudios cutres italianos donde el giallo alcanzó sus mayores éxitos. Lo que hace tambalear el resultado final es la frialdad con la que se aborda su temática; hay demasiado distanciamiento entre el fondo y la forma de la película y por ello se echa de menos un poco más de arrojo, de valentía o locura si se quiere. Una cinta que transita por los caminos del Carpenter de En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1994), por ejemplo, pero a la que le falta ese punto de ironía autoconsciente para refrescar una propuesta un tanto acartonada por su seriedad.

Pero no solo de grandes nombres vive el festival, así que también hemos podido contemplar la ópera prima del realizador catalán Marçal Forès, Animals, cuyo punto de partida nos podría remitir a la reciente Ted (Seth MacFarlane, 2012) pero cuyos caminos argumentales nos aproximan más a Donnie Darko (Richard Kelly, 2001). Una película un tanto alambicada argumentalmente pero que sabe crear atmósfera e inquietud y que transmite hábilmente de forma sutil un cierto aire de Apocalipsis final muy íntimo. Lejos de esta propuesta queda el remake de ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976) a cargo del director mexicano Makinov. Precisamente el nombre del realizador ilustra perfectamente la realidad de Juego de niños: un remake maquinal, sin alma, frío, que no aporta absolutamente nada a destacar. Cierto es que si se hace abstracción del original, Juego de niños puede resultar correcta, sin alardes. El problema está en que tal abstracción resulta imposible. Es lo que pasa cuando se intenta recrear una obra maestra, que todo sabe a poco.

Finalizamos con la enésima producción coreana presentada. En este caso se trata de Deranged (Yeon-ga-si), una película que argumentalmente se emparienta directamente con Contagio (Contagion, Steven Soderbergh, 2011). Hasta aquí las similitudes porque si el film de Soderbergh no era perfecto lo que nos ofrece el director Park Jeong-woo es un desastre en toda regla. Cámara epiléptica, guión obvio, personajes cliché bordeando la caricatura, etc. En definitiva, si no supiéramos que es una película seria podríamos hasta pensar que estamos ante un “Contágialo como puedas” filmado en Corea y ya sin el mítico Leslie Nielsen. Lo positivo, es que filmes como este vienen a confirmar lo apuntado en otras crónicas: como dijo Leo Benhakker cuando entrenaba al Real Madrid y perdió con el Torino, “La época bonita se ha acabado”.

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