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L’Alternativa 2013 (21-22/11/13) (2)

Tres filmes, tres estilos

En la Sección Oficial de Largometrajes, munición pesada: 36 (Nawapol Thamrongrattanaritt), La extraña gatita (Das merkwürdige Kätzchen, Ramon Zürcher), Bellas mariposas (Salvatore Mereu)… El cine tailandés propone una extraña afiliación mística, o etérea; hablo de Apichatpong. En esta bobina confeccionada en 36 cortes me imagino la edición y la pantalla organizada como si fuera una hoja de contactos, que es lo que realmente pierde el personaje central de la película: la fotógrafa. Es una película etérea, sólo tiene imágenes de aire. Los planos son entre enteros y generales, alguno medio… hay nubes y sobre todo un tiempo preciso para contar la historia, la historia que no pudo contar la fotógrafa con sus imágenes que perdió. Es una película que habla de la fotogenia a través de los espacios, espacios que desaparecen. Nos podemos quebrar la cabeza sobre sus sentidos, pero es una película bella de imágenes mínimas.

Bellas mariposas, película clásica de cine independiente, con suficiente presupuesto. Se acerca, en el contexto de la infancia, primera pubertad, a la vida de dos amigas que se besan por primera vez y se quieren, han pasado de amigas a algo más, pero libres, porque no quieren ser como los demás, en un mundo fantástico pero caníbal. Hijas fabuladas del mismo padre, o no, viven en viviendas-guetos en Cerdeña. Un espacio caníbal lumpen donde intentan sobrevivir, el sexo está en el aire, los tabúes de follar y ser follada, la virginidad. Toda la película circula en esa atmósfera carnal y escatológica. Ellas miran a cámara y hablan con el espectador en esta historia narrativa de huidas hacia la belleza, la verdadera alma de estas niñas púberes que ya vuelan –es ahí donde nos llevan las imágenes natatorias en las aguas del Mediterráneo–; volar y surcar las aguas, el cielo, libres: “yo quiero ser virgen”, le repite a voces a su padre mientras se escucha Mambo italiano. Y vuelan para no dejarse atrapar.

La extraña gatita: película de tiralíneas visuales, de espacios mínimos y de interrelaciones codificadas. El plano de los Straub, su imagen sobria y de teatralidad extrema, se deja notar en esta película, sobre todo en la representación de los retratos humanos. La película tiene capas y capas de inteligencia fría… de personajes que nos engañan, que intuyen o que nos hacen creer. Una propuesta mágica en una casa, pequeña, donde hay una acumulación de personajes sin espacios que se pisan, literalmente, o se buscan – como deja entrever su principal protagonista. El film tiene momentos de extrañeza magistrales en busca de algo que no sabemos si ocurrirá. Y sobre todo la rentabilidad de la luz. Cómo transcurre la historia durante la luz diurna y cómo la familia se despide en la oscuridad de la velada. Se van los primos a sus casas, se acaba el día. Pero si las relaciones y códigos nos han ido atrapando, lo que realmente resulta extremadamente nuevo es la relación que tienen los animales en esta película, el espacio que ocupan, lo que hacen, hacia dónde generan intriga, qué nos querrán decir y la fantasía cotidiana que resulta de ellos. Los animales, en particular el perro, los pájaros en la ventana, una polilla y sobre todo la gatita han estado presentes en todos los planos, que nos podían haber planteado un supuesto nudo. La abuela, una mujer mayor y cansada, siempre se queda dormida: ¿acaso se morirá?… La gata se va a los espacios tranquilos, se acerca a los seres tranquilos, también identifica la llegada de la muerte en muchos casos. La relación que tienen esos momentos y cómo ha jugado con ellos el director plantean instantes enigmáticos. Sabemos que esa casa no es muy grande, está el pasillo, la habitación… un lavabo. El cine es eso, saber utilizar la capacidad de generar imágenes de la cámara y dónde colocarla. Desde luego este film tiene muchas lecturas y sugerentes preguntas cinematográficas. Un acierto.

Dos animaciones para dos cortos, uno de Panorama y el otro de la Sección Oficial: Bajo la almohada (Isabel Herguera), formidable, y el que todavía me ha parecido más formidable por su capacidad de pintura animada, el vasco Hotzanak, For Your Own Safety, de Izibene Oñederra. Sinceramente los dos cortometrajes de animación que más me han atraído. La propuesta de Euskadi juega con tres colores básicos (blanco, rojo, negro… amarillos en menor medida) y con líneas fuertes, rasgadas, dibujos grotescos y guturales, casi en la náusea, grafías viscerales y con olor a pared de servicio, un grito de putrefacción apropiado y artístico. Estos cuadros animados que ondean en el videoarte pictórico se confeccionan como verdaderas propuestas de cine de animación con un carácter evidentemente experiencial, generan espacios trauma que provocan una reacción clara en el espectador.

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (11/10/2012)

Juego de supervivencia

En algún momento habría que empezar a reflexionar sobre si el interés del Festival de Sitges por crecer y expansionarse vale el precio que está pagando. Más películas en la sección oficial, más cine asiático, más categorías y por ende más capacidad de elección. Todo parece ir in crescendo, ¿Todo? Pues lamentablemente la respuesta es no, y más triste aún cuando esta negativa va referida a lo que nos ocupa: la calidad de las películas.

Cierto que ni el programador ni el espectador pueden esquivar el factor suerte. El caso paradigmático sería The Lords of Salem. Programar a Rob Zombie es un acierto, que su film sea mejor o peor es otra cosa. Lo que resulta más preocupante es que el nivel general cinematográfico ha bajado alarmantemente. Dos ejemplos paradigmáticos de ello los hemos podido ver hoy. Son A Fantastic Fear of Everything (Crispian Mills y Chris Hopewell) y Tai Chi Zero (Stephen Fung), que parecen expresamente proyectados para fans de Simon Pegg y del wu xia sin haberse parado a revisar si realmente, por mucho público que pudieran atraer a priori, son buenas o, al menos, interesantes.

En el primer caso nos hallamos ante un film de la factoría Simon Pegg, es decir una combinación de humor y terror para mayor gloria del actor británico que, en este caso, se adueña prácticamente en su totalidad del show. Un espectáculo consistente en amontonar gags y creer que en el efecto acumulación está la gracia. Una película que pretende ironizar sobre los miedos propios y cómo los trasladamos y acaba por parecerse más a una de las peores películas de los hermanos Farrelly que no al producto inteligente que aspiraba a ser. Si algo positivo en cambio tiene Tai Chi Zero es su nula voluntad de trascender; quiere ser un producto divertido a la par que ambicioso en su estética steampunk. Una voluntad que queda truncada por un 3D espantoso y un desarrollo visual que consiste en atiborrar al espectador de información en la pantalla cortando todo atisbo de ritmo. Junto a ello la no menos incoherente transformación de muchas de las escenas en meras pantallas de un videojuego con el que, naturalmente, el espectador no puede interactuar. En Tai Chi Zero no hallamos atisbo alguno de lo cinematográfico, haciendo así irónicamente honor a su título.

No todo han sido decepciones en la jornada de hoy, especialmente destacable el mediometraje Mekong Hotel de Apichatpong Weerasethakul. Una muestra más del universo particular del director tailandés. Un film coherente con su estilo, que se balancea entre lo documental y lo fantástico y que tiñe situaciones con un aire de suave y relajante ironía. Una película que sugiere más que explicita y que invita a la reflexión a través del desconcierto. Todo lo contrario es lo que Kim Ki-duk nos ofrece en su última película, Pieta. Este es un regreso al Kim de lo excesivo, de lo casi pornográfico en su explotación visual de las miserias humanas. Una cinta que remite a primeros trabajos del director coreano como Bad Guy (Nabbeun namja, 2001) tanto argumental como estéticamente. Un descenso a los infiernos y la mugre de las bajezas humanas que consigue mantener un interés alto. No obstante, Pieta se resiente de una poesía visual muy impostada dando la sensación de que, aunque Kim recupera en parte el pulso, aún no ha vuelto al nivel de, por ejemplo, Hierro 3 (Bin-jip, 2004).

En una modesta pero necesaria equidistancia visionamos el esperado anime Wolf Children (Okami kodomo no ame to yuki) de Mamoru Hosoda, autor de las deliciosas The Girl Who Leapt Through Time (Toki o kakeru shôjo, 2006) y Summer Wars (Samâ uôzu, 2009). Este, aunque con una factura igual de preciosista, no es un trabajo a la altura de los anteriores. Demasiado edulcorado y alargado, se recrea en un drama y en unos acontecimientos muy obvios que llevan al espectador a sentir el peso de un metraje excesivo para lo que la historia pide. Una película a la que sin duda le hubiera convenido una mayor concreción argumental y mejor exposición en el desarrollo del drama, especialmente a la hora de no hacer tanto hincapié en el subrayado musical.

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (08/10/2012)

Una de expectativas subvertidas

Sitges nos ha traído hoy una jornada intensa, con películas a la altura de lo esperado, alguna brillante sorpresa y un par de decepciones sonadas y sonadas dada la reacción del respetable una vez finalizados los pases respectivos. Empezamos pues la jornada con Sightseers, film con muchas y buenas expectativas después de que su director, Ben Wheatley, nos ofreciera el año pasado una de las revelaciones del festival, Kill List. En esta ocasión se plantea una road movie llena de humor negro, mala leche y una clara advertencia sobre los lobos disfrazados de cordero. Un film irónico aunque a ratos descompensado en una mezcla genérica que no acaba de cuajar del todo.

Pero para expectación la que había despertado el último film de Rob Zombie, The Lords of Salem, un film sobre brujería que prometía de nuevo el espectáculo visual al que el director nos tiene acostumbrados. Sin embargo, y aunque elementos característicos del cine de Zombie no faltan, como esa estética sacada del circo burlesque pasado por un tamiz malsano, nos hallamos ante un auténtico canto a la nada más absoluta. Con un guión que no sabe muy bien adónde va se nos narra una historia que divaga constantemente y que no acaba de encontrar su punto de conexión con la audiencia. Una película en general aburrida y cuyo mayor interés se puede resumir en los planos de Sheri Moon Zombie vinculados directamente a los de Brigitte Bardot en Le mépris (Jean-Luc Godard, 1963).

Todo país y cultura tiene un sentido del humor propio. Esto, aunque parezca de perogrullo, sirve para introducirse en una película como Robo-G (Robo Jî, Shinobu Yaguchi), una comedia amable, de tono familiar, cuyo mayor problema no estriba tanto en su blandura e ingenuidad, sino en que juega con un registro humorístico muy alejado del nuestro. Resulta especialmente difícil empatizar con el catálogo de muecas y expresiones niponas que seguro que tienen mucho éxito en su país pero que aquí resultan cargantes de tan infantiles. Una película sin nada destacable, para ver y olvidar.

Justo lo contrario de la que es, hasta ahora, la mejor película del festival. Hablamos de Safety Not Guaranteed (Colin Trevorrow), un film de factura independiente que aparentemente se mueve en la temática de los viajes en el tiempo. Y sí, sólo lo es de forma lateral, porque esta temática sirve de excusa para narrar una historia sobre relaciones y épocas pasadas. Una reflexión sobre el tiempo que ya no vuelve y cómo nos vincula emocionalmente al presente. Un viaje lleno de ternura, de naturalidad y de conexiones emocionales tratadas con una delicadeza muy cuidada, que huye conscientemente del exceso a través de sus tonalidades cálidas y de unos planos que optan por la desnudez y la transparencia. Una joya.

Aunque como documental no aporte nada formal al género sí vale la pena visionar Side by Side (Chris Kenneally), ni que sea para establecer a posteriori un debate sobre lo visto y lo opinado en el film. En él se nos muestra el enfrentamiento entre defensores del celuloide y los que optan por el cine digital. Un enfrentamiento un tanto maniqueo ya que pocas veces se tienen en cuenta posiciones más equilibradas y se opta por una confrontación de tintes talibanescos entre los directores que dan su punto de vista. No obstante es muy enriquecedor conocer quién es quién, cómo se posiciona y cuáles son sus razones.

Si el director de The Cabin in the Woods, Drew Goddard, hubiera visionado Modus Anomali (Joko Anwar), posiblemente estaría aún más satisfecho de su trabajo, y es que el film indonesio con el que cerramos la jornada podría describirse tal cual como la cinta americana. Las similitudes se quedan, no obstante, en la descripción, ya que contemplamos atónitos una película que intenta romper el cliché y cae en la obviedad más absoluta sin atisbo alguno de humor autorreferencial, tomándose totalmente en serio cuando debería ofrecer margen para la autoparodia. Lo peor está en su tramo metacinematográfico, disparando sin ton ni son a referencias tan dispares como Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007), Funny Games (Michael Haneke, 1997) e incluso planos a lo Tropical Malady (Sud parlad, Apichatpong Weerasethakul, 2004). Una cinta en definitiva a la que le falta capacidad para desatarse, viviendo demasiado constreñida en sus propios márgenes autoimpuestos, lo que aún la acaba perjudicando al ser todo demasiado explícito.

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Casa Asia Film Week (08/06/2011)

Del desierto a la jungla

El idilio de nuestra ciudad con el cine asiático tiene un nuevo síntoma con el curso de Postgrado en Cines Asiáticos que, en horario de mediodía, se ha presentado para abrir el Portal Asia de esta tercera y última jornada. La ciudad cuenta con hasta tres universidades que dedican un espacio privilegiado a los estudios culturales sobre el continente y la tradición respecto al cine asiático que venimos comentando. El profesor Manel Ollé hace tiempo que imparte este tema como asignatura en el área de Estudios de Asia Oriental, pero ahora pretende darle un impulso de calidad con esta propuesta.

En la tarde anterior, desde el sector de distribución, se dolían de la desaparición de un público y se preguntaban angustiados por la forma de recuperarlo. El propósito declarado del curso en cuestión es trascender las aulas universitarias y generar conocimiento a compartir entre los diversos agentes del sector cultural. Un núcleo de actividad entorno al cine asiático que, aliándose con los medios de comunicación, puede ser determinante en la recuperación de ese público perdido y la formación de los que están por venir. La sección cultural de un diario de amplia difusión detallaba en su edición de hoy el modelo de zapatos que compró para su mujer y los platos que cenó anoche Haruki Murakami. Sin embargo, ningún rotativo está cubriendo de momento el CAFW. La soledad de Contrapicado en la Sala Samarcanda ha sido hoy extrema. La compañera Marla y quien escribe fuimos los únicos espectadores en este acto. Si este es el estado de nuestro periodismo cultural, tal vez la dramática situación del sector no sea tan difícil de entender. No somos héroes, pero desde esta modesta tribuna debemos reivindicar nuestro papel y asumir la parte de responsabilidad que nos toca.

Afortunadamente -tampoco era muy difícil- la asistencia fue mayor por la tarde para atender a la narración que Luis Miñarro hizo de su trabajo en la producción de El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Loong Boonmee raleuk chat, Apichatpong Weerasethakul, 2010), última joya encumbrada en Cannes. Conocida y reconocida, la película aun guardaba algo por descubrir, además de la pronunciación del endiablado apellido de su director, al que todos acabamos tuteando por no caer en el ridículo. A parte de desvelar que la Colección multiplataforma Primitive (analizado por Aitor Ibáñez en el N35 de Contrapicado), proyecto artístico de Weerasethakul del que El tío Boonmee es sólo la última pieza, podría acabar en la colección permanente del CCCB, nos detalló algunas claves de la obtención de la Palma de Oro. Según Miñarro, fue decisiva la presencia de dos sensibilidades afines a la del artista tailandés en el jurado. La inquieta actitud artística de Víctor Erice y la inclinación por una forma diferente de encarar el género fantástico que ponderó Tim Burton fueron los contrapesos que decantaron la balanza a favor de esta producción. Una producción, por cierto, española. Este fue otro objeto de lamento ya que capitalizar los logros artísticos de autores extranjeros cuyas obras han sufragado, algo que los vecinos franceses hacen tan bien, parece una carencia irresoluble en el caso español.

En su alocución, Miñarro abogó con entusiasmo por la responsabilidad de un productor de detectar nuevos talentos y apostar fuerte para ofrecérselos al espectador, así tenga que desplegar sus recursos en la remota selva tailandesa. Lamentó el productor -continuamos señalando culpables- el pobre papel de las televisiones, cuya cobardía y/o desconocimiento impide que el televidente acceda a nuevos lenguajes expresivos. En ocasiones, algunos títulos son secuestrados (esa fue la expresión utilizada) por el canal que posee los derechos, aduciendo no encontrar una ubicación horaria adecuada para su emisión.

Llegados a este punto, Portal Asia desconecta el micrófono. A partir de mañana serán las películas las que hablen.

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