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Bajo el sol (Zvizdan, Dalibor Matanic, 2015)

Los veranos del amor

Una pareja joven se relaja en un lago mientras ríen, se revuelcan y hablan de sus inmediatos proyectos de escapar del mundo rural a la gran ciudad, bañados por la luz del atardecer veraniego que tanto invita a pensar en una nueva vida. Así comienza Bajo el sol, la última película de Dalibor Matanic, una cinta que relata tres historias separadas entre sí diez años, siempre con la relación entre un hombre y una mujer como protagonista.

La primera historia es la de Jelena e Ivan, dos enamorados que deciden dejarlo todo para irse a iniciar una nueva vida a Zagreb. El hecho de que Jelena sea serbia e Iván croata, los convierte en una suerte de Montesco y Capuleto que tendrán que luchar, más allá de rivalidades familiares, contra rivalidades étnicas, en pleno inicio de la Guerra de Croacia. Diez años más tarde, en 2001, Natasa, una joven serbia, vuelve a su casa destruida junto a su madre. Ante, un obrero croata, será el encargado de ayudarles con las reformas y, de nuevo, enfrentar los odios, los rencores tanto como la pasión y el afecto. El siguiente salto nos sitúa en 2011, cuando Luka, croata, vuelve a su pueblo natal después de una larga ausencia. Allí, además del reencuentro con su familia y amigos, tendrá que enfrentar el reencuentro con Marija, una serbia con la que comparte mucho más que una antigua relación.

Las tres historias tienen varios elementos comunes: la ubicación en la zona rural fronteriza entre Serbia y Croacia, el conflicto entre los dos países definiendo las relaciones, o la juventud de los protagonistas; pero, quizás, el más llamativo sea el de que las tres comparten reparto interpretando diferentes personajes. Tihana Lazovic es Jelena, Natasa y Marija: la chica serbia; mientras que Goran Markovic es Ivan, Ante y Luka: el chico croata. También los papeles secundarios de las tres historias están siempre interpretados por los mismos actores y actrices. Esto invita a la elucubración de que esta decisión, más allá de ser un recurso estético o una simplificación de la producción, tenga un significado o una intención narrativa. Quizás son los mismos actores porque no son casos particulares que le pasan a dos individuos aislados, sino que aquella chica serbia que tuvo un trauma por estar relacionada con alguien de una nación rival encarna a todas aquellas chicas que alguna vez pasaron por el mismo trauma. Como si existiera una especie de herencia del conflicto a través de las generaciones que, por otra parte, queda reflejada en la permanencia en el tiempo del mismo, a través de las décadas y, por lo tanto, de las generaciones.

Otro de los elementos comunes en los tres episodios de la película es la colocación temporal de los relatos en el verano. Las tres narraciones tienen lugar en el tiempo del amor juvenil, pasional, efímero, radical e intenso por excelencia. Desde el título se marca la importancia del estío en la obra, que marca todo el dispositivo visual de la misma, resultando una fotografía cálida con mucha presencia de los siempre agradecidos atardeceres. El verano en Bajo el sol —el duro verano del interior de los países mediterráneos— es el elemento perfecto para crear un ambiente a la vez bucólico y opresor, de esperanza de cambio y frustración por el estatismo, de oportunidades y de aburrimiento, de amor y de desamor, de nostalgia y de rencor. Entre esos polos juegan los tres relatos. Entre esos extremos se intentan relacionar unos personajes a los que unos condicionantes externos demasiado poderosos y duraderos en el tiempo no les dejan vivir, pensar, sentir y, sobre todo, amar como quieren.

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