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Las 10 propuestas más destacables de la 50ª Edición Festival de Sitges

La 50ª Edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges ha sido un año de consolidación, en el que el festival ha tratado de abarcar desde los films de género de cine espectáculo hasta los films de cine de autor, independientemente de su nacionalidad; buscando aquellas propuestas más frescas, que en este caso se han encontrado en industrias modestas del cine europeo como por ejemplo Estonia, Turquía y Hungría, pero que también se han hallado en Indonesia, Brasil, o en nuestro propio territorio.

La mezcla de géneros también ha estado muy presente en el festival. La situación social europea se ha mezclado con el cine fantástico, creando historias de cine social y ciencia ficción o dramas de cine de autor mezclados con tramas de género de terror.

Jupiter’s Moon (Hungría), de Kornél Mundruczó

Una de las funciones más importantes del cine en la actualidad es poner el foco en aquellos aspectos que el cineasta considera que deben ser señalados. El festival de Sitges, sensible a aquellas industrias cinematográficas minoritarias pero que son capaces de llevar a cabo grandes obras fílmicas ha otorgado el Premio a Mejor Película a esta pieza del cineasta húngaro Kornél Mundruczó, demostrando que no es solo un festival de género al uso sino que es un festival que premia la permeabilidad de las obras a su entorno social. Jupiter’s Moon narra la vida de un inmigrante que al intentar cruzar una frontera es disparado, herida que le otorgará el poder de levitar. El film, por lo tanto, afronta el drama de los refugiados en Europa a través de un recorrido que va desde lo real hasta lo fantástico, desde lo social hasta lo psicológico, y que trata de “lo divino y lo humano”[1].

Thelma (Noruega), de Joachim Trier

Esta película escandinava convierte en una realidad fílmica la mirada teórica de los estudiosos del cine, en la que el tratamiento audiovisual contemporáneo acostumbra a ser un reflejo de la psicología interior de los personajes. La mirada subjetiva de Thelma, en esta historia de ciencia ficción es la conductora de la narración, en un mundo en el que todo lo que ella siente afecta a los que están a su alrededor, provocando desastres a cada sentimiento o emoción que tiene. Los impulsos de autoprotección en Thelma son tan fuertes que es capaz de llegar a producir fenómenos sobrenaturales, como desapariciones de personas o desplazamientos de cuerpos y objetos. La ganadora del Premio a Mejor Guion y Premio del Jurado, se caracteriza por ser un film elegante tanto bajo un prisma técnico como narrativo, que ha sabido adaptar de manera lúcida los elementos de terror convencionales a los códigos del cine de ciencia ficción, sobrenatural y psicológico.

Cuando Thelma comienza una relación amorosa, las emociones propias del amor harán estragos, haciéndola un ser vulnerable a su entorno y capaz de dañar a aquellas personas que más quiere y llevando hasta el extremo este vínculo entre sus emociones interiores y el entorno de los personajes.

Revenge (Francia), de Coralie Fargeat

El film ganador del Premio a Mejor Director, Revenge, de la francesa Coralie Fargeat, nos muestra una historia desgarradora en la que uno de los tres hombres que se reúnen cada año para ir de caza lleva a su amante, una joven que despertará rápidamente el interés de los otros, convirtiendo a la chica en el objeto de la caza. Coralie Fargeat reivindica la mirada femenina en el género, dando un giro radical a la historia: una vez dada por muerta y abandonada en medio de la nada, la joven vuelve a la vida cambiando las reglas del juego y convirtiendo a los verdugos en sus presas.

Inflame (Turquía), de Ceylan Özgün Özçelik

Inflame es el claro ejemplo (de los muchos presentes en el festival) de film en el que el conflicto psicológico propio del género de terror se entremezcla con el contenido social. En este caso, haciendo referencia a los altercados y manifestaciones que está viviendo actualmente la sociedad turca. Este vínculo psicológico-social y la arbitrariedad con la que la protagonista se ve obligada a montar y editar las noticias de televisión de la cadena en la que trabaja, se refleja, no solo en la narración que muestra el dilema de Hasret, la protagonista, sino también técnicamente, en el aspecto visual del film. Mediante una profundidad de campo selectiva, el foco solo muestra aquellos elementos que son importantes para la protagonista. El apartamento de Hasret, lugar en el que murieron sus padres misteriosamente, es el espacio a partir del cual la joven empezará a ahondar en sus recuerdos, tratando de dar una respuesta a lo sucedido y creando un espacio en el que la realidad se mezclará con la fantasía. Los conflictos sociales que ella sufre como ciudadana y editora de TV en el presente volverán a aparecer como respuestas de lo que ella buscaba en sus recuerdos.

November (Estonia), de Rainer Sarnet

Es destacable la sensibilidad del Festival de Sitges a la hora de seleccionar sus films teniendo en cuenta cinematografías minoritarias y siendo capaz de hallar propuestas sorprendentes como el film estonio November.

Este film, situado en la edad media, habla de una joven y un poblado que luchan por sobrevivir al gélido invierno y superar vicisitudes cotidianas tales como la peste, la brujería o los lobos. Esta magia va mucho más allá de una mera insinuación; los espíritus se apoderan, literalmente, de objetos inanimados como hoces de labranza, calaveras de animales bovinos o muñecos de nieve para otorgarles una vida. El film usa el blanco y negro para hablar de una Estonia fría y árida, llevando a cabo una propuesta fotográfica que juega con los claroscuros como metáfora de un mundo donde el conocimiento aún no se ha instalado. Estas sombras dan lugar a la imaginación, dejando al espectador que entremezcle de manera natural la magia con la realidad histórica de Estonia.

Tehran Taboo (Austria), de Ali Soozandeh

En una sociedad como la Iraní, en la que las instituciones están corrompidas y la ley religiosa y moral es totalmente represiva e injusta, sobre todo para las mujeres, este film elije la rotoscopia para adentrarse en este universo, por una razón clara de ocultar los rostros verdaderos y bañar de una cierta poética y magia las escenas y los personajes que aparecen en ella.

Nos adentramos en los bajos fondos de Teherán, en los que las historias de 4 ciudadanos se va entrecruzando, algunos con final feliz y otros no tanto: una mujer prostituta que intenta empezar desde cero una relación convencional con un hombre, una joven a punto de casarse que debe reconstruir su himen, una prostituta que lucha por seguir adelante con su hijo y un joven músico que no halla posibilidades para desarrollar su carrera musical.

Marlina, the Murderer in Four Acts (Indonesia) de Mouly Surya

Marlina the Murderer in Four Acts, dirigida por Mouly Surya e interpretada por la actriz Marsha Timothy, que ha ganado el Premio a Mejor Actriz, es un film que nos acerca a una realidad lejana como la indonesia, que nos habla de los estatus sociales que ahí están establecidos y en los que, nuevamente, la mujer vuelve a estar supeditada a la figura del hombre.

En una isla desértica de Indonesia, una mujer es violada por siete hombres. Ella misma acaba asesinando a muchos de ellos la misma noche. A partir de ahí llevará a cabo un viaje para pedir justicia, acarreando la cabeza de uno de ellos. Pero este camino en busca de la ley pondrá en evidencia la situación de desigualdad que viven las mujeres en Indonesia. Marlina (Marsha Timothy), envalentonada, decide hacer frente a esta situación mientras es acosada por el fantasma del bandolero decapitado y por algunos supervivientes de la banda a los que se deberá enfrentar.

Drácula Barcelona (España) de Carles Prats

El Conde Drácula, de Jesús Franco (1970), de producción alemana, rodado e Barcelona y en el que Christopher Lee accedió a participar bajo la promesa de que sería una obra fiel a la novela de Bram Stoker, es un film clave para hablar de Drácula Barcelona.

Mientras que Jess Franco y Christopher Lee llevaban a cabo el film, Pere Portabella aprovechó para inmiscuirse en el rodaje y registrar con su cámara imágenes que acabarían conformando su film de arte y ensayo Vampir-Cuadecuc (1971), que vampirizaba de algún modo el rodaje de El Conde Drácula, dando lugar a un acercamiento pocas veces visto antes, entre el cine convencional y el cine de vanguardia.

As boas maneiras (Brasil), de Marco Dutra

La ganadora del Premio de la Crítica ofrece una mezcla original entre el cine de autor y el cine de género. As boas Maneiras, pone en primer término el concepto de clases presente en la sociedad de Brasil, en la que Clara, una enfermera de la periferia de Sao Paulo, es contratada por Ana, una misteriosa mujer de clase alta, para que haga de cuidadora del niño que está esperando. La fantasía se inmiscuye en la cotidianidad de este relato, convirtiéndose en una historia que juega con los hombres lobo y el terror, a la vez que lo hace con el realismo y la crítica social.

  

Campfire Creepers: The Skull of Sam (USA-Francia), de Alexandre Aja

(Serie de Realidad Virtual)

Esta pieza, que cuenta los relatos de unos chicos americanos que acampan alrededor de una hoguera en un bosque en plena noche, destaca por unos avances técnicos que no están presentes a simple vista sino que forman parte de los procesos de rodaje y producción. Un ejemplo claro de ello son las gafas de realidad virtual en rodaje y que permiten que el director pueda visionar a tiempo real y a 360 grados lo que capturan las cámaras en el set. Esta libertad creativa podemos apreciarla reflejada en la puesta en escena, en las interpretaciones, y en la coreografía con los escenarios.

Film dirigido por el francés Alexandre Aja, Campfire Creepers marcará un antes y un después en la relación entre el cine de género y la realidad virtual. El uso simultáneo de cámaras de vídeo digitales y cinematográficas, el rodaje en escenarios reales y protagonistas habituales del género dentro de la industria hollywoodiense, son la muestra de un medio reciente que poco a poco va cobrando más importancia.

[1] La Vanguardia, articulo: Sitges levita con “Jupiter’s moon”

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Sitges 2012 – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya – Previa

sitges2012@apocalipsis.net

El año pasado, el Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya tuvo como leitmotiv la inteligencia artificial, pero la verdad es que la sección Oficial Fantàstic se vio inundada de películas que se aproximaban al fin del mundo, algunas de manera velada y otras explícitamente. Este año, Ángel Sala y su equipo han decidido oficializar esta (parece que nueva) corriente temática del cine actual dedicándole ya sin subterfugios al apocalipsis el protagonismo absoluto. Una propuesta interesante si echamos un vistazo en detalle al cartel oficial. En este póster (que, aprovecho para destacarlo, es uno de los mejores que recuerdo de este festival) vemos la famosa iglesia de Sant Bartomeu i Santa Tecla de Sitges, bueno, en realidad lo que vemos es la parte superior de su icónica torre octogonal medio destruida y emergiendo de las orillas de la playa entre montañas de chatarra y escombros, restos de humanidad que se amontonan bajo un cielo sobrecogedor. Lo que incita a la reflexión no es este paisaje, que hasta cierto punto sucumbe al cliché de lo que se espera de un Armagedón en Sitges, sino que es lo que descubrimos en la parte superior e inferior del cartel: arriba, los iconos que habitualmente aparecen en la barra de estado de la pantalla de un teléfono móvil (nivel de batería, intensidad de señal, hora), y abajo los que se usan para grabar contenidos también con un móvil (botón de REC, botón de grabación de vídeo, botón de captura de fotografías). Estos detalles son los que redimensionan el significado del cartel, porque en realidad no estamos ante un apocalipsis, estamos ante la grabación de un apocalipsis, lo que sugiere que el fin del mundo será retransmitido en directo y abre fascinantes debates acerca de la implantación de las nuevas tecnologías en la evolución de la especie humana, cómo han transformado esa evolución, y cómo y de qué manera estarán presentes en el fin de nuestros días, ya sea causándolo o como testigos de excepción.

Quedan tres meses para el comienzo de la edición de este año, la número 45, que se desarrollará entre el 4 y el 14 de octubre, y la Fàbrica Moritz de Barcelona (maravilloso, por cierto, el trabajo de reciclaje de este espacio histórico de la ciudad) acogió el pasado 26 de junio un primer avance de programación. De los títulos ya confirmados destacaré algunos, aunque lo haré con una obligada cautela teniendo en cuenta que lo que conocemos es una pequeñísima parte de la totalidad de la programación.

El Cuerpo, ópera prima de Oriol Paulo, inaugurará Sitges 2012 en lo que más que una tradición (abrir con una película española o, si puede ser, catalana) ya se ha convertido casi en una seña de identidad más. La cinta servirá para reunir en Sitges a tres destacados integrantes del star system patrio como son Hugo Silva, Belén Rueda y José Coronado, y se trata de un thriller de terror apadrinado por los mismos productores de dos películas que recientemente también han abierto el festival, El orfanato (J. A. Bayona, 2007) y Los ojos de Julia (Guillem Morales, 2010), lo que no es precisamente un buen augurio. Que Sitges es un festival que mima la producción nacional y le ofrece espacios de programación privilegiados no lo duda ya nadie a estas alturas, y en este sentido, a competición encontramos, entre otras producciones españolas, Insensibles (2012), debut en el largometraje de Juan Carlos Medina que anuncia un oscuro viaje por la Catalunya de los años 60 adentrándonos en una institución donde se intenta rehabilitar a niños que no sienten dolor infringiéndoles sufrimiento físico.

Chained, de Jennifer Lynch (sí, hija de su padre), supondrá el regreso de esta directora a Sitges después de ganar el premio a la mejor película en 2008 con su extraordinaria Surveillance. El hecho de que esta cinta aún hoy después de cuatro años permanezca inédita en cines españoles invita a varias reflexiones, la más obvia de ellas acerca del lamentable estado de la distribución cinematográfica en España, que de manera alarmante lleva años ignorando docenas y docenas de títulos que pasan por los festivales, títulos que, en muchos casos, incluso encajan dentro del modelo de exhibición vigente actualmente en nuestro país y que se basa en un sistema de multisalas encastadas en centros comerciales. Pero también abre la puerta a una discusión sobre la necesidad (o no) de reformular los festivales de cine habida cuenta de que parecen haber perdido buena parte de su capacidad de dar a conocer al gran público (y también al resto de la industria) nombres y propuestas que no cuenten de entrada con la infraestructura publicitaria y de distribución de las grandes compañías mundiales.

Otra de las películas que nos depara este Sitges 2012 es Sinister, de Scott Derrickson, protagonizada por un Ethan Hawke en la piel de un escritor de novelas basadas en crímenes reales que descubre que en su nueva casa se cometió un brutal asesinato múltiple. Sinister vendría un poco a confirmar el auge de un tipo de cine de terror basado más en la sugerencia que en el gore, en la creación minimalista de atmósferas (ligadas con frecuencia a escenarios cerrados como casas encantadas) antes que en la pirotecnia de los F/X. Quizás para cuestionar la anterior reflexión acerca de los festivales que lanzaba a propósito de Surveillance, hay que reconocerle a Sitges el indudable mérito de haber actuado como generador de tendencias dentro del fantástico actual cuando presentó una película tan sorprendentemente efectiva como Insidious (James Wan, 2010), que abrió la puerta de esta nueva corriente del cine de terror.

Sitges también reunirá este año algunos nombres gordos que ya han pasado antes por el certamen: David Cronenberg y su Cosmopolis; Sam Raimi como productor de The Possession, que en Estados Unidos ha tenido que ser editada para evitar la temible clasificación R y conseguir la más laxa PG-13; Eduardo Sánchez con su Lovely Molly; y mucho cuidado con este, el siempre pasado de rosca Alexandre Aja, que produce Maniac (dirigida por Franck Khalfoun), remake del oscuro clásico ochentero que promete una de las sensaciones más fuertes del festival, la de ver a Elijah Wood convertido en un turbio psycho-killer repartiendo cuchilladas y hachazos a diestro y siniestro.

John Dies At The End también supone otro rencuentro, el de todo un clásico como Don Coscarelli, director de Phantasma (Phantasm, 1979), con una película protagonizada por Paul Giamatti que dará mucho que hablar por su extraña combinación de comedia y cine de terror.

Y finalmente, una de las películas llamadas a agotar todas las localidades en sus proyecciones, ya lo veréis: Gangs Of Wasseypur, de Anurag Kashyap, una violenta epopeya criminal india de, atención, ¡cinco horas y veinte minutos de duración! Las primeras opiniones son espectaculares y hablan de una película entretenidísima, pero colocarla mucho más allá de las ocho o las nueve de la noche sería un grave error de programación que podría mermar las indiscutibles posibilidades de éxito que tiene en un festival como el de Sitges.

 

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