Figuras en el paisaje Un texto de Covadonga G. Lahera I. 2009X5
II. La vida en los bosques
III. La obligación de la partida, la urgencia del emigrante
IV. Maestro Benning: “Mirar y escuchar”
V. Pie de página
Palmarés
I. 2009X5
El Festival Internacional de Cine Documental de Navarra, Punto de Vista (PdV), y por extensión, la ciudad de Pamplona, volvieron a ser por segundo año consecutivo para quien esto firma una cita ineludible en la agenda cinéfilo-festivalera y biográfica. Hace ya un tiempo de todo esto, quedando ya más en el pasado que en el presente, pero trataremos de articular una especie de viaje en el tiempo hacia un pretérito reciente guiándonos de varias anotaciones tomadas entonces. PdV, como mostró en su quinta edición, sigue apuntando muy alto pretendiendo nuevos horizontes y ofreciendo revelaciones a su público en un particular tour de force inconformista frente al estado general de las cosas.
En la pasada edición seguían resonando en el tren de vuelta las imágenes de My Winnipeg (Guy Maddin, 2007), Autohystoria (Raya Martin, 2007), Fengming: A chinese memoir (He Fengming, Wang Bing, 2007), Bingai (Feng Yan, 2007) o The sun and the moon (Stephen Dwoskin, 2008) -por mencionar sólo unas cuantas estelas-. El lustro que alcanzó este mes de febrero PdV nos ha tallado dos nombres ya difícilmente olvidables: James Benning -como experiencia radical, única, necesaria y reivindicable en pantalla grande- y Ben Rivers -un descubrimiento formidable, joven promesa a la que seguir la pista de cerca-. James Benning, Ben Rivers y la reivindicación de un formato poco o nada frecuente en los actuales circuitos comerciales, los 16 mm. Benning, por su parte, tras más de tres décadas frecuentando este formato y una cámara Bolex, anunció in situ en Pamplona, durante su fugaz visita de dos días antes de recalar un par de jornadas más en tierras gallegas (CGAI), su inminente paso al digital para evitar la problemática intermediación de los laboratorios de revelado. Rivers procesa y revela él mismo.
Latió en esta edición una apasionante defensa del hábitat natural, de la comunión del ser humano con él y de cierta anarquía outsider desde la cual ir al encuentro con la libertad a través de viejos nuevos caminos alejados del adocenamiento que en muchas ocasiones puede significar y/o significa nuestro territorio civilizado. Por un lado estuvo Benning, por el otro, Rivers y sus retratos de emigrados de la civilización al campo -aunque su obra no se detiene ahí- y en un tercer apartado, diversos filmes de la Sección Oficial que capturaron la marcha de los emigrados forzosos, los llamados “inmigrantes ilegales” una vez alcanzan nuestro continente, aquellos que a menudo pueblan trágicamente el espacio de los noticiarios.
Definitivamente, y como si siguiera la evolución propia de un infante en su quinto año en la Tierra, PdV es ya perfectamente consciente de sí mismo y ha definido su propia identidad que, entre otras características, va desarrollándose constantemente al aventurarse en la exploración de territorios poco transitados, demandándolos para la mirada del espectador inquieto. ¿Logrará aproximarse en su próxima edición a ese desconocido cine africano que su director, Carlos Muguiro, considera “una gran deuda” [1]? De sobra, PdV ha conquistado una respetada posición en el marco de los certámenes nacionales e internacionales. Larga vida.
I. La vida en los bosques
No siempre hay que comenzar por lo que convencionalmente debería ser el principio -la Sección Oficial (SO) en el caso de los festivales de cine- como tampoco es obligatorio vivir siempre en un bloque de pisos en un núcleo urbanístico o próximo a él. Caben otras posibilidades, otras formas de hacer, otros modos de vida alejados del mundanal ruido, aquel retiro a la naturaleza que predicaran literatos geográfica y temporalmente tan distantes como el mismísimo Fray Luis de León o Henry David Thoreau.
Las retrospectivas organizadas en la V edición de PdV, así como algunos casos presentes en la SO, han orbitado en torno a este tema. Por un lado, destacaron aquellos trabajos más explícitos que siguen la experiencia concreta y singular de individuos que cierto día cambiaron la ciudad por el campo. Es el caso de parte de la obra de Ben Rivers, a quien se le dedicó una magnífica retrospectiva -salvando algunos problemas de proyección- reuniendo hasta una docena de sus títulos. Bajo el rótulo “La casa y el bosque: Ben Rivers, cineasta de las primeras imágenes”, PdV los ofreció en dos sesiones especiales. El realizador de Somerset se decanta por piezas de breve metraje, en 16 mm. y a menudo, en blanco y negro.
Sesión Rivers 1: We the people (2004), The hyrcynium Wood (2005), House (2005), The coming race (2006), Sordal (2008), Dove coup (2007), Terror! (2006) y A world rattled of habit (2008). Sesión Rivers 2: This is my land (2006), Astika (2006), Ah, liberty (2008) y The origin of the species (2008). En varios de estos cortometrajes, Rivers filma el retiro, modo de vida y filosofía de unos cuantos personajes: Jake Williams, solitario habitante de los bosques de Aberdeen (Escocia), en This is my land; Astika, que lleva viviendo quince años en una isla danesa, en la pieza que lleva por título su mismo nombre; el protagonista septuagenario de The origin of the species, retirado en algún lugar de Escocia y fan de Darwin; o la familia de las Tierras Altas escocesas a las que Rivers retrata “libremente” en la sensacional Ah, liberty -Premio al Mejor Cortometraje en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Seguimos de lejos la muestra “Stranger than fiction. Peter Lynch, el cine de la inverosimilitud” que el festival dedicó al cineasta de Toronto, presente además en Pamplona como miembro del jurado, al igual que Rivers. Tan sólo pudimos gozar de Project grizzly (1996), su entusiasta y sarcástico seguimiento de Troy Hurtubise, amante de los osos grizzly, y que a día de hoy está considerado un filme de culto. Project grizzly fue antes que Grizzly man (Werner Herzog, 2005) y la tragedia de Timothy Treadwell, pero la conexión con el “universo Herzog” es más que anecdótica.
Las pasiones desmedidas conllevan extremismos. A Peter Lynch también le (con)mueven los tipos obsesivos, las figuras excéntricas, los raros especiales y las experiencias al límite. Hurtubise lleva su obsesión por los grizzly hasta el punto de dedicar mucho tiempo y mucho dinero al diseño y confección de un traje-armadura de autodefensa inspirado en el modelo RoboCop (Paul Verhoeven, 1987). Otros personajes de Lynch, otras empresas gigantescas: como la expedición real frustrada impulsada por el gobierno federal de su país en 1929 y que consistía en conducir un rebaño de caribúes a lo largo de 2.400 kilómetros -distancia que separa Alaska del delta del Mackenzie-. Éste era el motivo de The herd (1998) y el fin último de aquel fracasado viaje, alimentar a la carente y olvidada población inuit. En su cinta más autobiográfica, A whale of a tale (2003), el propio Lynch expuso su carácter obsesivo pretendiendo el origen de un hueso de ballena localizado en Toronto. En aquel recorrido llegaba incluso a cruzarse con la leyenda de Moby Dick.
II. La obligación de la partida, la urgencia del emigrante
El objeto de la protagonista de Alicia en el país (2008), el filme que se alzó con el premio gordo del festival (el Gran Premio Punto de Vista, dotado con 10.000 euros), consiste igualmente en atravesar un territorio. En su caso, a pie y una distancia de 180 kilómetros, los que separan su humilde localidad del sur de Bolivia de la chilena San Pedro de Atacama. La puesta en escena de Esteban Larraín pretende originar una atmósfera mitológica y mágica forzando al espectador a la contemplación del recorrido físico, pero lo que el viaje es capaz de sugerir se intuye más que llegar a sentirse -o lo que se fuerza a sentir a través del uso de una altisonante y enfática banda sonora-. Esta especie de Gerry (Gus Van Sant, 2002) con enfoque socio-histórico es más pretensión que resultados. El registro hiperrealista va cruzándose con ciertos ademanes fabulescos y se interrumpe en varios instantes con pasajes que vinculan a la joven con la idiosincrasia propia de la comunidad Inca, tratando de ligar su viaje histórica y socialmente a la marcha forzada que algunos tuvieron que emprender antes y otros tantos, con similares anhelos, tendrán que iniciar después.
El camino registrado en Mirages (2008) -Premio Jean Vigó a Olivier Dury como Mejor Director de este año y también Premio a la Mejor Ópera Prima en el FID Marsella- es también una marcha forzada, obligada por las condiciones miserables en el lugar de origen y alentadas por una esperanza de mejora en suelo europeo. Los emigrantes africanos protagonistas del filme de Dury tienen rostro y tienen nombre. Un honesto y conciso dispositivo de seguimiento permite al francés capturar ese periplo de Nigeria a Argelia. Cuerpos expuestos a las inclemencias del desierto, un viaje en condiciones sobrehumanas: temperaturas extremas, falta de alimentos, trayecto sin tregua ni descanso… con destino a la clandestinidad. Dury regresa a aquel lugar para tratar de descubrir cómo fijar aquellas miradas y gestos, aquello que tanto le perturbó y perturba, y logra llegar mucho más allá que los anestésicos y anestesiados discursos televisivos sobre la tragedia de la inmigración ilegal.
Aunque en Los herederos (2008) no hay un abandono del lugar de origen, la cámara de Eugenio Polgovski efectúa también un seguimiento de cuerpos y rostros, los de aquellos niños que trabajan el campo mexicano en un régimen próximo a la explotación. En cierta manera podrían ser contemplados como exiliados forzosos del territorio de la infancia. Su tiempo y sus dedicaciones no son las que suelen adjudicárseles a los niños. El director mexicano, que en Trópico de cáncer (2004) ya firmó una interesante aproximación a existencias que permanecen en los márgenes, arma en su segundo largometraje un seguimiento ejemplar, riguroso y comprometido, sin efectismos dramáticos, sin maniqueísmos, sin apenas diálogos. Como Dury en Mirages, Polgovski encuentra “la distancia” desde la cual mirar.
Ha sido sintomática la presencia de la cinematografía sudamericana en el certamen, apenas unos días después de que la peruana Claudia Llosa y su película La teta asustada (2009) se alzaran con el máximo galardón del 59º Festival Internacional de Cine de Berlín. De un total de trece, pudieron verse en la SO del PdV dos cintas argentinas, tres mexicanas y dos chilenas. El paisaje, los accidentes geográficos, las expresiones atmosféricas, la contemplación de la naturaleza y el (di)vagar del ser humano están presentes también en los largometrajes del argentino Gustavo Fontán (La orilla que se abisma, 2008) y del chileno José Luis Torres Leiva (El cielo, la tierra y la lluvia, 2008), aunque no pudimos abarcarlos. Dos mexicanas, Lourdes Portillo y Yulene Olaizola son responsables, respectivamente, de Al más allá (2008) y de la interesante Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (2008). Ésta última logra retratar con un gran pulso narrativo un límite muy quebradizo: se puede admirar al artista y repudiar al asesino aunque paradójicamente ambas identidades confluyan en el mismo recipiente. Y es que no suelen ser demasiado habituales los “feos reversibles”.
Otro argentino, Mauro Andrizzi, firma Iraqi short films (2008), un interesante found footage que monta vídeos pre-existentes en youtube. Éstos fueron filmados en plena guerra de Iraq por los teléfonos móviles y las cámaras digitales de los soldados americanos en plena invasión, los integrantes de las milicias iraquíes y los miembros de los servicios secretos foráneos. Bien podría formar parte de una sesión múltiple sobre la guerra y la barbarie, la entidad de las imágenes de la guerra, el significado de la memoria de la guerra. La imprescindible Z32 (Avi Mograbi, 2008) -que también estuvo en PdV, pero que ya habíamos podido ver antes- podría incluirse en este maratón o ciclo virtual junto con otros títulos recientes como Southland Tales (Richard Kelly, 2006), Redacted (Brian de Palma, 2007), Vals con Bashir (Vals im Bashir, Ari Folman, 2008) y Gran Torino (Clint Eastwood, 2008).
III. Maestro Benning: “Mirar y escuchar”
Tratar de previsionar y adelantar en la cabeza cómo puede llegar a desarrollarse un determinado acto, por mucho que no podamos evitarlo, suele ser un ejercicio bastante ineficaz, ya que casi nunca se produce una correspondencia. No obstante, el choque o fricción que suele producirse entre lo esperado y lo que luego finalmente es puede originar a menudo grandes resultados, más sorprendentes cuanto más se alejan de lo que habíamos imaginado. La construcción de expectativas contribuye, en estos casos, a la articulación de sorpresas inesperadas.
¿Qué debía uno esperar de un encuentro con James Benning? Podían ser muchas las fabulaciones. Pero en el después: desconcierto, asombro y admiración. El autor no necesitó explicarse sobre las imágenes de sus filmes e inició su charla contándose a través de una inmersión virtual por Google Earth en sus territorios de origen, infancia y aprendizaje. Frente a él, nuevamente, una actitud requerida, la del observador en acción. Fue una extraña clase memorable el 16 de febrero en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, recinto laberíntico y de atmósfera subterránea que contiene, si no vimos mal, al menos una máquina expendedora de líquidos para lentes de contacto.
Pre-Benning: James Benning sintió la llamada definitiva del cine tras visionar Meshes of the afternoon (Maya Deren y Alexander Hammid, 1943). Criado en Milwaukee (Wisconsin), se decantó por los estudios de Matemáticas y más tarde ampliaría su formación con un máster en Bellas Artes. Iba aproximándose al cine. Es curioso cómo una misma pieza puede impulsar trayectorias en apariencia tan divergentes, pero igualmente excitantes. Jesús Pérez Miranda monta en Alice in Hollywoodland (2004), exhibida en la retrospectiva “La segunda vida de las imágenes”, un ejercicio estimulante, un vis a vis entre dicha pieza de Deren y Hammid y su portentosa deudora Mulholland Drive (David Lynch, 2001). De cómo Meshes of the afternoon late explícitamente en David Lynch.
Nos habían hablado de las “clases James Benning” allá por Cal Arts (California Institute of the Arts), de su asignatura “Mirar y escuchar” y de cómo los encuentros con sus alumnos no suelen producirse en el interior de un aula acotada por paredes ni se rigen por manuales didácticos específicos o directrices pedagógicas corrientes. Habitualmente Benning saca a sus alumnos al exterior, ya sea en pleno día o en mitad de la noche, y les anima a desarrollar sus facultades contemplativas, su capacidad de observación y atención en el entorno.
Mientras-Benning: Ratón en mano, Benning comenzó situando a través de Google Earth su casa de la infancia en Milwaukee y más tarde, la zona de su actual residencia. Entonces introdujo la imagen clave sobre la que desarrolló la lección: la imagen de una “cabin”, cabaña individual de dimensiones reducidas y sobriamente acondicionada para resguardarse en plena naturaleza, en mitad del campo o en mitad del bosque, de las inclemencias temporales y de la noche. Benning posee dos ejemplares construidos por él mismo junto a su residencia actual en plena naturaleza californiana tomando como modelos un par de referentes: la que construyera junto a la orilla del lago Walden Henry David Thoreau [2] y la construida en Montana por Ted Unabomber Kaczynski, el popular terrorista americano de las cartas-bomba. A continuación, Benning fue ligándose con las expresiones artísticas de varios pintores, fotógrafos, músicos, literatos..., algunos representativos del llamado “arte marginal”, cuyas obras decoran las paredes de sus cabañas. La mención más directa a su cine vino en forma de American Dreams (1984), una de sus preferidas y según el propio Benning, "reflejo de 25 años de política norteamericana".
Post-Benning: Antes de este PdV, sólo había presenciado algunos instantes de 13 lakes (2004) y otros tantos de 10 skies (2004) en unas clases de verano en Valladolid. Aquello fue una exigua introducción a una portentosa trayectoria que bascula entre la corriente estructuralista y la paisajística, pero que es difícilmente clasificable. Fueron muchas las impresiones que nos llevamos de Benning en Pamplona, muchas las emociones que nos produjeron sus filmes -desde 11X14 (1977) a Landscape suicide (1986) pasando por One way boogie woogie / 27 years later (2005), 10 skies y RR (2007)- y nos queda aún un infinito terreno por conocer y reconocer. Sólo algunas intuiciones: la sorprendente tensión implícita en muchos de sus planos lograda mediante estrategias poco habituales, así como las rimas que van estableciéndose entre ellos a través de rigurosos mecanismos de contemplación que nos instan a detenernos a mirar y escuchar aquello que normalmente no miramos ni escuchamos. Otra clave: el agudo tratamiento del fuera de campo, por lo que deja de verse y continúa más allá y por lo que se oye, pero no se ve. Se nos concede el tiempo para aprender a esperar y descubrir el cambio.
Comentábamos unas líneas más arriba que la presencia y reivindicación de la naturaleza como alternativa de vida ha sido un tema clave en esta edición del PdV. A los filmes-retrato de Ben Rivers y a los seguimientos de individuos/figuras en un paisaje, cabe añadir esta memorable retrospectiva “Esencial James Benning”. Los filmes del americano son capturas en imágenes de la excelsitud de una naturaleza infinita, eterna y mutante, salvaje y apaciguadora al mismo tiempo, en continuo roce y tensión con la civilización, lo urbano, lo industrializado. Muguiro lo definió de forma tremendamente reveladora como “el eslabón perdido que nos permite comprender mejor el cine norteamericano, desde John Ford a Gus Van Sant”.
V. Pie de página
Adaptando una idea del periodista y crítico Juan Zapater y aplicándola a la experiencia del festivalero, “un festival no sólo es las películas que uno ve, sino también las que se le escapan” [3]. A ver dónde encontramos ahora Lunch break (Sharon Lockhart, 2008) [4] y California Company Town (Lee Ann Schmitt, 2008), donde “la huella Benning” también parece estar presente.
Y una vez más, y como no podía ser menos, nuestro más sincero agradecimiento a los tan necesarios “amigos audiovisuales” en Pamplona.
Notas:
1. Carlos Muguiro, director de PdV, reconoce dicha inquietud en la entrevista realizada por Ana Oliveira Lizarribar para Diario de Noticias (leer el texto). Se encuentra disponible en vídeo otra interesante entrevista concedida por Muguiro a Blogs&Docs durante los días previos al festival (ver el vídeo). [Volver arriba]
2. “Opino que existe en el hombre la misma capacidad que permite al ave construir su nido y ¿quién sabe si, en el caso de que los hombres construyeran sus casas con sus propias manos y proveyeran de alimentos tanto a su persona como a los suyos de modo suficientemente simple, honrado y eficaz, no se desarrollaría universalmente una facultad poética al igual que cantan las aves universalmente cuando se hallan empeñadas en similar tarea?”. Henry David Thoreau, Walden o la vida en los bosques. Del deber de la desobediencia civil; Amelia Romero (editora). Los libros de la frontera, Sant Cugat del Vallès (Barcelona), 2002, Pág. 47. [Volver arriba]
3. Zapater, miembro del comité de selección de PdV, dixit en la pasada edición del festival navarro: “Un festival no sólo se define por las películas que proyecta, sino también por aquellas que le gustaría proyectar”. [Volver arriba]
4. El crítico y periodista Manu Yáñez fue uno de los pocos asistentes a la proyección de Lockhart. En su estupendo artículo “Los números y el cine” habla de ella (leer el texto). [Volver arriba]
Palmarés V Festival Internacional de Cine Documental de Navarra “Punto de Vista” (13-21 de febrero de 2009)
- Gran Premio Punto de Vista: Alicia en el país (Esteban Larraín, Chile, 2008)
- Premio Jean Vigó al Mejor Director: Mirages (Olivier Dury, Francia, 2008)
- Premio al Mejor Cortometraje: Lost world (Letünt világ, Gyula Nemes, Hungría/Finlandia, 2008)
- Premio Especial del Público: Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (Yulene Olaizola, México, 2008)
- Mención Especial: Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (Yulene Olaizola, México, 2008) |

















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