The Box (Richard Kelly, 2009) Misterio y magnetismo Un texto de Toni Junyent 1. Por orden estrictamente cronológico, lo primero que The Box logra es que películas como La máscara (Chuck Russell, 1994), La boda de mi major amigo (P.J. Hogan, 1997) o Algo pasa con Mary (Bobby & Peter Farrelly, 1998) asuman, en la carrera de Cameron Diaz, su condición definitiva de objetos arqueológicos, vestigios de un pasado que ya no va a volver. Y es que, a quien esto escribe, la primera escena de la película de Richard Kelly que realmente le pareció digna de retener en la memoria es aquella en la que una otoñal Cameron Diaz despide a su hijo frente a la puerta del autobús escolar, mientras éste bromea con sus amigos, diciendo que su madre ya está algo “vieja”. Ignoro si, durante la filmación de la escena, la actriz, el equipo y el director bromearon sobre la jocosidad de este chiste metacinematográfico. Probablemente no.
2. Los buenos escritores de horror y ciencia-ficción saben que hay pocas cosas más inquietantes que los vacíos allí donde debería haber algo, o donde se supone que haya algo. Aquello que, aunque no lo vemos, nos molesta en el buen sentido, nos transmite una inquietud extraña. Y, de las muchas aportaciones que Richard Kelly ha hecho al relato original de Richard Matheson, Button, Button, una en la que han reparado varias personas que han escrito sobre la película es la hipnótica oquedad en el rostro de Arlington Steward (Frank Langella, todo un acierto de casting). Es difícil quitarle el ojo de encima cada vez que Langella aparece en escena. Kelly, haciendo honor a su reputación de cronista de futuros imperfectos y realidades alteradas en las que la paranoia está en el aire, sabe que el misterio y el magnetismo son esenciales para mantener en tensión al espectador de su película. El misterio lo logra gracias a un planteamiento muy potente —cortesía de Matheson—, a la ambigüedad que atraviesa a sus personajes, a una astuta dosificación de la información y a su ya conocido talento como creador de atmósferas enrarecidas. El magnetismo vendrá de la mano de su pericia para lo visual y de todos esos elementos que el joven cineasta coloca aquí y allí: el rostro desfigurado de Langella o el estudiante casi fantasmagórico que putea al personaje de Cameron Diaz, por poner dos ejemplos. The Box no es una película perfecta, pero es difícil sustraerse a su condición de extraño viaje, un viaje en el que Richard Kelly demuestra una vez más que no le importa arriesgar para contar las cosas a su manera.
3. Pero esa virtud de Richard Kelly, la ambición, es también la que lleva su película, a lo largo de la segunda mitad del metraje, hacia un punto en el que el director quiere decirnos tantas cosas y abarcar tantos aspectos de la historia que se pierde un poco la tensión y la inquietud alrededor de la caja y del dilema moral que plantea. Lógico, hasta cierto punto, puesto que el relato de Richard Matheson ya era muy breve, y Kelly se lo ventila en media hora. Desde luego, no se puede decir que la hora y media que sigue no sea totalmente coherente a su estilo y a sus intereses, sacándole partido a la fábula moral planteada por Matheson y convirtiéndola en un thriller de castigos y redenciones, con un sugerente envoltorio de ciencia-ficción. Quizá The Box debería haber sido una película más concisa y menos metafísica, más perversa (de lo que ya es) y menos explícita, más íntima y menos conspiranoica. Pero me temo que, de haber sido así, no estaríamos hablando de una película de Richard Kelly. No nos habría sorprendido de la misma manera. Añadiría que a Kelly no le interesan las películas de las que se puede decir que son redondas, ni a nosotros nos compete teorizar a posteriori sobre cómo debería haber sido una película para que nos gustara. Eso pertenece más bien a la literatura, y no es fácil escribir buena literatura. El director de Donnie Darko ya tiene en su currículum tres películas de las que, al menos hasta el día de hoy, se sigue hablando: están los que discuten sobre las paradojas temporales de su opera prima, los que intentan dilucidar si Southland Tales es un aparatoso naufragio o una maravilla inabarcable y los que se plantean los pros y los contras de pulsar el botón. Decidan ustedes. |







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