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Mesa Redonda en el BccN – Distribución en Internet: Nuevos canales para el cine

Entre el 10 y el 13 de mayo se celebró en Barcelona el BccN, un festival cuyo hilo conductor no es una temática o un género sino la licencia bajo la que se registran las películas: Creative Commons. El uso de estas licencias va más allá de una simple decisión legal o una estrategia de lanzamiento y es una apuesta por la contribución de la obra a engrosar el procomún, es decir, el conjunto de bienes que forman el acerbo de la comunidad.

El festival, que tiene como principal vocación reivindicar que Creative Commons puede ser sinónimo de calidad e incluso de rentabilidad comercial, se abrió con una mesa redonda auspiciada por el programa MEDIA y centrada en las nuevas posibilidades de distribución que permite la cultura libre.

Jaume Ripoll. Fundador de FILMIN

Jaume Ripoll, representante de Filmin (una de las apuestas por la exhibición en Internet más sólidas y comprometidas de la industria española) reivindicó el papel clave que la red debe jugar en la difusión del cine. Alejándose de la temática del Creative Commons [1], Ripoll apoyó la importancia de Internet en una llamativa cifra: de las 2000 películas que se terminan cada año en el mundo, la mitad de ellas jamás se exhiben. Internet es su propuesta para que esas películas encuentren su público.

También defendió la importancia de estrategias complementarias a la exhibición tradicional, como por ejemplo el esquema day-and-date: estrenar simultáneamente (o con muy pocos días de diferencia) en salas y en VOD. Películas como Margin Call (J. C. Chandor, 2011) o Melancolía (Melancholia, Lars Von Trier, 2011) son casos de éxito de esta estrategia.

Jamie King. Fundador de VODO

Jamie King es, antes que nada, un militante por la cultura libre. En 2006 dirigió el documental Steal This Film, que, combinando recursos documentales tradicionales con técnicas como el mash-up (tal vez la figura retórica por excelencia de la cultura pirata), se centraba en el juicio al que fue sometido la emblemática página de intercambio de archivos The Pirate Bay. Distribuida y promocionada en esta misma página, así como en otros sitios dedicados a la descarga de películas o al intercambio de archivos, la película logró 6 millones de descargas y una recaudación de 40.000$ [2].

Animados por este éxito, King y sus colegas fundaron el portal VODO, que fundamentalmente copia la estrategia de promoción de Steal This Film (distribución gratuita vía torrents + publicidad en las páginas de descargas de películas protegidas por copyright), añadiendo un esquema de donaciones parecido al crowdfunding además de ciertas opciones premium (streaming en HD, descarga de canciones, merchandising…).

Hanna Sköld. Directora de Nasty Old People y Granny’s Dancing on the Table

A menudo, las licencias Creative Commons y los esquemas de financiación apoyados en el crowdfunding se asocian con documentales o con películas con una alta carga de activismo, capaces de movilizar a una amplia cantidad de gente por una causa tangible. Sin embargo la primera película de Hanna Sköld, Nasty Old People (2009), es una obra personal de ficción, con aparentes tintes autobiográficos, sobre una joven perteneciente a un grupo neonazi, quien, mediante el contacto con los excéntricos ancianos a los que cuida y con el intrigante jardinero de un cementerio, empezará a replantearse su vida.

Ante las dificultades para encontrar financiación, Sköld pidió un crédito a un banco y rodó toda la película con un presupuesto muy limitado y la ayuda de un puñado de amigos. Una vez terminada, la difundió de forma gratuita por Internet, pidiendo a cambio un retorno en forma de apoyo económico. La respuesta no pudo ser mejor. En pocos días empezó a recibir correos de felicitación, donaciones económicas, subtítulos de la película en diferentes idiomas… Y aún más sorprendente, personas que querían organizar proyecciones de la película (la primera, en Vladivostok, Rusia). La película podía verse de forma gratuita en Internet, pero la gente estaba dispuesta a pagar para verla de forma colectiva en una sala de cine, en un centro cultural o en un museo. Finalmente, Nasty Old People fue comprada y emitida por SVT, la televisión pública sueca.

Para su actual proyecto, Granny’s Dancing on The Table (en desarrollo), un homenaje a las abuelas, Sköld ha querido ir más lejos en esta estrategia y le ha dado un enfoque transmedia: el núcleo central es un documental, pero a su alrededor se articulan exposiciones de arte, una página web, textos, etc. Además, desde el principio trabaja con la construcción de una comunidad alrededor del proyecto, que no sólo son espectadores sino que toman un papel activo participando con la creación de obras para el proyecto.

Xavi Artigas. Director del documental NO-RES

Xavi Artigas forma parte de esa tradición que, desde Jean Rouch, ha llevado a ciertos estudiosos de las ciencias sociales a interesarse por el audiovisual para dar vida a esa realidad que han estudiado a través de métodos más fríos y racionales. En el caso concreto de Artigas y de este proyecto, este acercamiento intelectual se ve totalmente teñido de la pasión por la denuncia (en este caso de la destrucción de la Colònia Castells, un barrio de Barcelona donde un estilo de ciudad horizontal y de vida comunal aún era posible) y de una sensibilidad destacable.

Para Artigas y su equipo, la decisión por el uso de licencias Creative Commons era una consecuencia lógica de su voluntad de dar la mayor difusión posible a su mensaje, y también de un compromiso con que la cultura sea algo que se intercambie libremente entre todos. Además, Artigas declaró absurdo ilegalizar una serie de prácticas (la descarga, la copia y la remezcla de películas) que se están dando a diario en todo el mundo, ya que esto no hace sino normalizar la infracción de la ley. Para él, las licencias Creative Commons son también una forma de hacer que el espectador sienta la obra como suya, lo que a menudo se traduce en un retorno (en forma de donación, de difusión, de agradecimiento, de trabajo, etc.).

Además, NO-RES (2011), que ha recibido el primer premio de la sección de largometraje nacional en la edición de este año de Documenta Madrid, es el primer caso en que Televisió de Catalunya ha aceptado la financiación vía crowdfuning de un coproductor así como la emisión de una película bajo licencia Creative Commons, lo cual generó la necesidad de crear un nuevo marco legal, que, tras esta colaboración, ha quedado ya establecido para futuras ocasiones.

Frank Wiering. Ex Editor in Chief de VPRO

VPRO es una cadena pública holandesa que apuesta, no sólo por emitir, sino también por producir contenido en Creative Commons. Wiering puso como ejemplos dos programas de la cadena: Nederland van boven (un programa de vistas aéreas de los Países Bajos, cuyas imágenes, con un coste de producción que asciende al millón de euros, están disponibles de forma gratuita en la web del programa) y Metropolis (un programa en el que se propone un concepto cada semana y se anima a realizadores de todo el mundo a enviar piezas relacionadas con este concepto).

Para VPRO el uso de las licencias Creative Commons es una mezcla de realpolitik ante la imposibilidad de luchar contra la piratería y del compromiso que, como televisión pública, tienen en la difusión y en la utilidad social de sus contenidos.

Esta reflexión de Wiering tal vez sea el mejor resumen del espíritu de la jornada.

Notas:

  1. Filmin únicamente tiene dos películas bajo esta licencia; aunque ya ha llegado a un acuerdo para la exhibición de El Cosmonauta, referente de la financiación vía crowdfunding en España. 
  2. Además del reconocimiento público que llevó a que Jamie King contara con el apoyo de la BRITDOC Foundation para la producción de la segunda parte de su documental: Steal This Film II (Jamie King, 2007). 
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I Simposio sobre ficción televisiva

(Re)descubriendo la ficción televisiva

The Wire, Twin Peaks, Mad Men, Homeland, Rubicon, Fringe, Breaking Bad... ¿Quién es capaz de escuchar estos títulos y no desear caer rendido ante la televisión (o el ordenador, para los más ansiosos), dejarse las retinas ante las decenas de horas que componen las temporadas de estas series? Un nuevo abanico de ficciones ocupa nuestras mentes y nuestras miradas, un increíble desfile de imágenes inunda lo que hasta hace poco llamaban la “caja tonta”. Todas estas series son culpables de que la televisión, y en concreto la ficción televisiva, haya dejado de ser un objeto denostado por muchos y ridiculizado por otros. No es solamente que los críticos de cine, las secciones y suplementos culturales, el mundo editorial se interesen cada vez más en este fenómeno: es que el mundo académico, aquellos que podrían parecer más escépticos o críticos ante la incorporación de semejante material al ámbito de la investigación, son los que más están apostando por revelarnos las series televisivas como todo un tesoro, no ya artístico, sino sociológico, político, filosófico y un largo etcétera que no hace más que descubrirnos la diversas dimensiones de las TV-series.

Y si no que se lo digan a servidor, que tuvo el gozo de poder asistir en la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) al I Simposio sobre ficción televisiva. Reflexiones sobre la nueva ficción televisiva: ¿crisis o oportunidad?, espero que el primero de una larga serie a través de los años, donde pude descubrir que hay académicos y profesionales del mundo televisivo que han sabido y sabrán captar intensamente (qué pena que sólo durara un día) el poso que las series están dejando en nuestro imaginario social. Y es que las series hace mucho tiempo que dejaron de ser un simple pasatiempo para convertirse en un afilado instrumento de disección sobre la actualidad (al menos en Estados Unidos, porque lo que es en España quedó claro que las intenciones van por otro camino muy distinto, muy alejado).

Dicho esto, no cabe duda de que se está haciendo necesario generar espacios discursivos críticos en torno a este fenómeno y, en este sentido, el simposio ha dado un paso importante para ello: se han podido escuchar diversas voces que han dado forma al conjunto de series que sobrevuelan nuestro interés. La primera de estas voces pertenece a nuestro compañero Enric Ros, quien fue desgranando, en su intervención, la nueva dimensión de la figura del héroe, por no decir su declive, dentro de las ficciones: desde la visión idealizada de Josiah Bartlett, el presidente protagonista de El ala oeste de la Casa Blanca (Aaron Sorkin, 1999-2006) hasta la ambigüedad de Jack Bauer, Walter White, Don Draper y compañía, las series han ido corrompiendo la figura central a la vez que su visión del mundo que la rodea. Todo ello envuelve de una cierta melancolía la visión del héroe perdido en pos de una revelación de cómo poco a poco se ha ido desmembrando la función de un héroe ideal que ya no tiene cabida en una sociedad que da por perdida la inocencia primigenia. Buscamos protagonistas que bajen al barro de la realidad, se manchen las manos con el hollín de los problemas éticos y queden desnortados ante la visión de una realidad fragmentada.

Por su parte, Fernando de Felipe e Iván Gómez, en ponencias diferentes, pusieron de relieve la dimensión política del fenómeno televisivo: si ya con Enric Ros podíamos vislumbrar esta dimensión en la configuración del héroe, estas dos ponencias supieron poner el dedo sobre la llaga. La representación del 11-S ocupó el discurso del primero de ellos para poner de relieve diversos aspectos de la pequeña pantalla. La inmediatez que se desprende de este medio de comunicación permite relacionar la ficción con la mas inmediata actualidad: a la inversa que en el ámbito cinematográfico, la televisión dio una rápida respuesta a los terribles atentados, ya sea de una manera más directa (véase la franquicia CSI New York [Zuiker & Mendelsohn & Donahue, 2004-presente]) o a través de subterfugios más disimulados (ahí está The Sopranos [David Chase, 1999-2007]). No hay serie pequeña en cuestión de ideología, dijo el propio Fernando de Felipe, y desde luego Iván Gómez hizo buena gala de ello: la segunda de estas ponencias nos puso ante los ojos la densidad del discurso político dentro de algunas series, ya sea The Wire (David Simon, 2002-2008) o Rubicon (Jason Horwitch, 2010), haciendo un llamamiento a una aproximación transversal y multidisciplinar. Exponiendo con lucidez la profusa investigación de fuentes que recorre la espina dorsal de algunas series, los oyentes pudimos comprobar cómo los fotogramas de estas series quedan recubiertos por la complejidad propia de la realidad.

No podía faltar, evidentemente, una aproximación a la configuración de la “caja tonta” como objeto de culto, a cómo se ha desarrollado este respeto creciente por un medio “popular”: con desparpajo y gran didactismo, Concepción Cascajosa, adquiriendo los ropajes de una arqueóloga televisiva, fue desenterrando los precedentes que nos han allanado el camino hasta la actual veneración por las series. A través del díptico televisión de culto (con Buffy, the Vampire Slayer [Joss Whedon, 1997-2003] como bandera) vs. televisión de calidad (en este caso, The Sopranos) la ponente dio un zarpazo a la construcción de un canon: la necesidad de conjugar Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003-2009) junto a Treme (David Simon & Eric Overmyer, 2010-presente) es una tarea obligatoria para entender la dimensión real de la situación televisiva actual. El discurso académico, como este simposio ha demostrado, ha de construir un diálogo plural que dé cabida no sólo a esas series concebidas como estandartes de la calidad artística/estética sino también a todas aquellas que parecen escapar a esta etiqueta: la armonía debe procurarse en la diversidad.

Raquel Crisóstomo nos ofreció una charla sobre el imaginario colectivo serial: la cuestión en torno al fan, los nuevos héroes... Y, lo que es más interesante, la narrativa “transmedia”, es decir, el desarrollo de hilos argumentales que se desprenden y que se desarrollan en medios paralelos a la televisión, alimentando los juegos intertextuales y dotando de organicidad al universo de la pantalla catódica. Todo ello prefiguró el escenario en el que participarían Javier J. Valencia, Joan Marimón, David Broc y Aurora Oliva: un escenario en el que se abrieron preguntas que se mantendrán en el aire durante mucho tiempo: ¿estamos en una (nueva) Edad de Oro de la televisión? ¿Cómo se ha visto alterada la recepción a través de las series? ¿Se puede seguir hablando de autoría dentro de este universo? ¿Podríamos conformar un canon? Con todo lo dicho, con las nuevas ventanas que se abren, con el camino que nos queda por recorrer en una selva prácticamente virgen (al menos en España) no me dirán que no es preciso seguir abriendo espacios críticos donde aproximarnos a un mundo que nos habla, cara a cara, desde el interior de nuestro hogar, desde nuestra intimidad colectiva.

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Jugar con los sentimientos opuestos. Entrevista a Mia Hansen-Løve

Montaje de imágenes: Enrique Aguilar.

Con el estreno de Un amour de jeunesse, su tercer film, la directora francesa Mia Hansen-Løve nos recibe para hablar de ésta, su última producción. Demostrando una extraordinaria cercanía y amabilidad nos responde sin dudar acerca de su film, sus influencias y la correspondencia de su cine con su sensibilidad y experiencias propias.

Contrapicado: En esta tu última película se detecta de forma bastante clara una influencia del cine de Eric Rohmer, sea como filiación u homenaje. Especialmente por lo que respecta a la composición formal y a los temas tratados nos acercamos al terreno de los cuentos morales. ¿Es todo esto parte de tu bagaje cinematográfico o estamos ante un método, si no fortuito, sí meramente circunstancial?

MHL: Si bien es cierto que Rohmer es un cineasta muy importante para mí, creo que ha tenido una influencia no voluntaria. Me siento próxima al cineasta en su relación con la naturaleza, a su sensibilidad y su visión del mundo. Todo ello es la razón por la que se establece habitualmente una relación entre mi cine y el suyo. Esta similitud no es fortuita pero no la busco ni me lo planteo. Aunque sí es cierto que me siento muy cercana a la Nouvelle Vague y a las películas de Truffaut no por ello mis películas se parecen a las suyas.

C: Así pues, la presencia en el film de Serge Renko...

MHL: Es meramente accidental. Aunque es un actor rohmeriano también ha actuado en otras producciones. Básicamente está en la película por su talento. Valoro al actor, no los films en los que ha intervenido. Me quiero desmarcar de aquellos que contratan a actores por su pertenencia a un movimiento.

C: En un momento determinado hay una discusión cinematográfica entre los protagonistas. ¿El tipo de cine al que se refieren es de algún autor concreto?

MHL: No. Lo que he tratado de mostrar es a dos personas que a pesar de compartir un amor mutuo tienen una sensibilidad diferente al respecto de lo que están viendo pero que, a pesar de ello, no les supone ningún impedimento para quererse.

C: Una de las cosas más remarcables de tu manera de filmar radica en la profunda conexión entre el fondo y la forma. ¿Se podría decir que, debido a ello, Un amour de jeunesse posee una esencia puramente arquitectónica?

MHL: Es verdad que en este y mis anteriores trabajos hay una reflexión entre el fondo y la forma. La relación entre el sentido del film y su construcción está a flor de piel. A la hora de escribir la película tengo esta relación muy presente ya que para mí es esencial para el desarrollo de la misma. Construyo pensando en su globalidad, pero a partir de diminutos compartimentos que forman un todo. La arquitectura de la película pivota esencialmente en el recorrido vital de la heroína que al igual que mi trayectoria se compone de pequeños pasos: cada película es un pilar en el que apoyarse. Son como los cimientos que me permiten avanzar. La intención es de enmarcar el film en una estructura vital donde los acontecimientos son duros. Estoy muy interesada no sólo en lo que voy a contar sino en el cómo. Es por ello que doy máxima importancia al montaje y empleo mucho tiempo en ello. El sentido de la película finalmente reside en la forma en la que la he filmado.

C: El número dos parece omnipresente durante toda la cinta, especialmente en lo que supone el juego de confrontaciones. ¿Crees realmente que el equilibrio emocional surge de esta lucha de opuestos? O por el contrario, viendo el final, ¿la estabilidad aparece más bien fruto de la superación de estas contradicciones a través de una fuerte individualidad?

MHL: Más que en la cifra el film se fundamenta en la paradoja, en la contraposición. He tratado de unir opuestos: la soledad con el hecho de vivir en pareja, el campo y la ciudad, etc. Esto no es nuevo, es un recurso que he usado habitualmente en mis films. De hecho, este juego de oposiciones es propio de la vida adulta. Después de mis dos películas anteriores he querido tratar este tema, ya que lo había dejado un tanto aparcado, construyéndose. Una de las cosas que más me gusta es juntar dos sentimientos extremos como la felicidad y la tristeza como al final de la película, donde la protagonista básicamente está triste por el abandono y al mismo tiempo feliz ante el desprendimiento de una carga sentimental. También está la cuestión del libre albedrío y la predestinación, dos conceptos que conviven y ante los cuales no me he posicionado.

C: Los personajes son tratados de forma muy íntima, lo que nos da una sensación de proximidad y de cotidianidad. A pesar de ello, hay un cierto distanciamiento emocional, por ejemplo hay una gran dosis de sensualidad pero el sexo queda siempre elidido. ¿Forma parte esta manera de filmar de una estrategia para dejar espacio empático al espectador?

MHS: Bien, tengo la sensación de que otras producciones sobredramatizan las situaciones y la manera de ser de los personajes. Por el contrario, no tengo la impresión por mi parte de infradramatizarlos. Cuando escribo no pienso en la audiencia, procuro ser sincera conmigo misma que es la manera de que la gente perciba tu film de esta manera, o al menos que quede convencida de lo que ve. La verdad es que no intento comunicar con el espectador como cosa esencial de mi cine. Realmente no estoy interesada en lo que la audiencia pensará sino en que las relaciones entre los personajes sean lo más verdaderas posibles, unas relaciones, por otro lado, cuya visión es fruto de mi propia experiencia. He vivido experiencias mucho más dramáticas pero son partes que no he querido filmar, no por deseo de ocultamiento sino porque hay otros aspectos más interesantes a mostrar.

En cuanto a la sexualidad no me ha parecido necesario filmar el sexo en sí, ya que la forma en que lo muestro, creo, es más erótico si cabe. Veo dos opciones para filmar el sexo, con mucho detalle, mucho romanticismo o preciosismo. La otra opción es una visión cruda y distanciada de ver la sexualidad. Esta visión no se corresponde con la mía. Cuando dos personas se aman íntimamente no existe la mirada de un tercero. Esta mirada ajena desnaturaliza la sexualidad de los amantes, es como la fría visión de una cámara de vigilancia. Además para mí el sexo es algo casi sagrado y por ello no quiero ser una intrusa en la relación, aunque sea ficcional, de mis personajes. El no mostrarlo tiene, además, la ventaja de crear más misterio, más erotismo en la película. Quiero tratar a los protagonistas como seres humanos y eso incluye que tengan secretos; no quiero dar toda la información al espectador.

C: Es evidente que Camille desarrolla una fuerte personalidad y capacidad de decisión a lo largo del metraje. Esto confiere a la figura femenina una gran dosis de seguridad en ella misma. Por contra, los personajes masculinos son inseguros, egoístas, ausentes, decorativos... ¿significa esto que estamos ante una película feminista o, más bien, de sensibilidad femenina?

MHL: Bueno, no es feminista seguro. Por otro lado me doy cuenta que la psicología de los personajes se escapó de mi control por momentos. Hay mucha gente que me dice lo mismo: ella parece mucho más decidida y más emprendedora que él. Sullivan parece que está huyendo, no asume sus sentimientos. A pesar de eso yo no juzgo a priori a los personajes. Un comentario habitual es que Camille es más interesante que Sullivan, aunque la verdad es que no tengo preferencia por ninguno de los dos. Dicho esto, Sullivan me toca más emocionalmente porque es diferente a mí, no encuentra su lugar en el mundo, es un inmigrante, está en una posición más débil, no lo tiene fácil y esa debilidad me conmueve. Puedo comprender su vivencia, porque yo también vengo de una familia extranjera. Además, la debilidad no resta, sino todo lo contrario, profundidad al personaje. La audiencia al contrario noto que se exaspera ante este comportamiento de Sullivan, prefieren a alguien que tiene un plan, que sabe lo que quiere. Nadie es perfecto, no somos robots que lo hacemos todo bien pero es cierto que nos molesta ver a una persona que duda continuamente.

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D’A 2012 – ‘El Senyor ha fet en mi meravelles’ y ‘Snowtown’

Dos mesías para una tragedia

1- El Senyor ha fet en mi un director de cinema

Las correspondencias fílmicas, proyecto que el CCCB propuso a varias parejas de directores, tomaron, en manos de Albert Serra, una dimensión diferente. Escéptico con el concepto de compartir sus imágenes para establecer una relación cinematográfica más bien forzada, Serra acuerda con Lisandro Alonso, su interlocutor (“a quien tengo afecto, pero el justo” según sus palabras), filmar la correspondencia cada uno para sí mismo. Se trataba de “focalizar la mirada sobre la lucha por la libertad creativa”. Lo que surge de Serra es El Senyor ha fet en mi meravelles que, de igual manera que Els noms de Crist (2010) o El cant dels ocells (2008), sugiere desde su título la magnificencia de la mayor obra conocida: la creación de Cristo. Aunque el cineasta, soberbiamente inteligente, siempre se muestre ambiguo con eso, rechazando la religiosidad impostada, pero a la vez abrazando la referencia espiritual.

La pieza es una suerte de road movie quijotesca (ocurre en la Mancha) detenida en el espacio, aunque en realidad se nos muestre como el making of de una película (“entendida desde el fueracampo” apunta el de Banyoles) que nunca se llega a rodar. Podríamos pensar que es un 8 y ½ (Federico Fellini, 1963) pasado por el filtro de Serra, pero la cosa va más allá. Él mismo ve su película como “un comodín narrativo para películas pasadas, presentes y futuras” y sugiere la idea de “un documental de gente que se está poniendo en escena, pues ya son personajes en la realidad misma”. Tras este juego de espejos no tan laberíntico como parece, se esconde un punto de partida más honesto y sencillo: divertirse rodando. Y es que él mismo admite que “en El cant dels ocells había una ambición estética” que, si bien aquí no es la misma, no impide tampoco que haya una búsqueda formal. Pero lo cierto es que se respira en todo momento un carácter más lúdico que hace remontarnos a su ópera prima: Crespià, the film not the village (2003); y a su confesión a gritos: “hacer cine para salir del aburrimiento y además no tener que trabajar”. A pesar de ello, y como se ha dicho, la propuesta formal de El Senyor ha fet en mi meravelles no oculta para nada el gusto estético de su director, que mediante el plano fijo y sostenido construye imágenes pictóricas de una realidad que se mueve ante sí. La habilidad de Serra en combinar la plástica más pura con el diálogo más cotidiano y banal, recurso siempre presente en su cine, encuentra aquí un nuevo punto de vista, ya que se convierte, en este film, en una prolongación de su manera de rodar, contextualizando el elemento documental cuando se abandona el componente de ficción, “para evitar la complejidad del aparato dramático”. Como ocurre en otros autores como Kossakovsky, Serra aguanta el plano fijo hasta que la realidad nos regala el momento memorable, el diálogo entre lo banal y lo sublime, el instante que él, ponedor en escena convertido en un demiurgo sui generis, provoca en forma de epifanía, para convertir su cine en una revelación.



2- Don't let it snow

Honestamente, Snowtown (Justin Kurzel, 2011) es, junto a la también (aunque en diferente tesitura) mortuoria Once Upon a Time in Anatolia (Nuri Bilge Ceylan, 2011), una de las más gratas sorpresas del D'A 2012. En su inicio, tenso a la vez que lóbrego y pesadillesco, contemplamos un paisaje árido y solitario desde la ventanilla de un coche, a la vez que una voz en off de un hombre nos relata que tiene un sueño recurrente en el que un individuo tiene el cuello cortado y dentro de la garganta un chihuahua que no para de lanzar alaridos. De fondo suena un bombo insistente y percutor que ha empezado ya en los títulos de crédito y que nos rompe los nervios uno a uno sin piedad. Esta secuencia queda abruptamente interrumpida. En una casa particular, un hombre de mediana edad está tomando unas fotos a unos adolescentes desnudos. La madre de los chicos es Elizabeth Harvey, una mujer recientemente separada. Estamos en una urbanización marginal en la que tienen lugar una serie de casos de pederastia. John, el nuevo novio de Elizabeth, llegará a la comunidad y entablará una relación de complicidad con Jamie, el hijo mayor, a la vez que empezará a convocar reuniones con sus convecinos con tal de tomarse la justicia por su mano y escarmentar a los pedófilos. Pero su afán conservador y moralista hace que su plan se le vaya de las manos.

El film está basado en las novelas Killing for pleasure de Deby Marshall y The Snowtown Murders de Andrew McGarry, que a su vez se basan en los crímenes pertrechados hacia 1999 por John Bunting, el asesino en serie más célebre de Australia. Se trata, entonces, de un film de terror. Pero no al uso, ya que se aborda desde la más perturbadora cotidianeidad –variando la fórmula de Henry, retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, John McNaughton, 1986)– y, por si fuera poco, con una tesitura enteramente de melodrama, mostrando la progresiva descomposición de una familia en manos de un psicópata con carisma. La ópera prima de Kurtzel, a pesar de su gran factura, no esconde su crudeza, mostrando escenas de torturas con insoportable realismo, que recuerda en ciertas secuencias a El crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1980). La inquietante y atmosférica banda sonora de Jed Kurzel, que brota tan sólo puntualmente, nos traslada al interior de la mente del psicópata, y a la huida de Jamie para intentar salvar su vida y condenar involuntariamente la de su madre.

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IndieLisboa – Palmarés y ‘L’enfant d’en haut’ (Ursula Meier, 2012)

El cine vence la crisis

La 12ª edición del IndieLisboa ha terminado en fiesta y contra la crisis: su público ha crecido, llegando a casi 35 mil espectadores (poco más de mil que el año anterior) y 200 invitados (donde estaban decenas de directores) para once días de cine independiente. Se iniciará ahora el viaje de las películas premiadas y otras más por el resto del país durante este año.

El vencedor principal (Premio de la Ciudad de Lisboa al mejor largometraje) es De jueves a domingo, película chilena sobre una road trip de una familia hasta el norte del país, y primer largo de Dominga Sotomayor Castillo, que ya había ganado la competición del festival de Rotterdam (una nueva esperanza para el cine sudamericano). L’estate di Giacomo de Alessandro Comodin, nuestra apuesta personal, ha recibido el premio de distribución, un importante apoyo monetario para garantizar su estreno en el circuito comercial portugués. El documental Jesus por um Dia de Helena Inverno e Verónica Castro, trabajo de tonos antropológicos sobre la recreación de la pasión de Cristo por un grupo de encarcelados en la región de Trás-os-Montes, gana el premio de mejor película portuguesa. Destacamos también los premios para João Salaviza (mejor director de cortos con Cerro Negro), Salomé Lamas (joven directora del experimental Encounters with Landscape (x3), una obra con cruzamientos con el arte contemporáneo y el vídeo) y Cama de Gato, mejor corto portugués, de la dupla Filipa Reis y João Miller Guerra, que acumulan premios en cada festival nacional por donde pasan (como en DocLisboa o Fantasporto) con sus miradas sobre comunidades jóvenes de barrios sociales portugueses.

Pero en estos últimos días, el IndieLisboa también ha proyectado obras que se estrenarán este año (esperemos) en Portugal; un grupo de películas donde se nota la selecta elección que caracteriza su programación: Alps de Yorgos Lanthimos, largo más reciente del director de Canino (2009), Take Shelter de Jeff Nichols, uno de los talentos más interesantes del nuevo cine americano (autor de Shotgun Stories -2007-), y L’enfant d’en haut de Ursula Meier (Oso de Plata en el Festival de Berlín 2012).

Elegimos esta última obra de la directora franco-suiza. Después de la muy interesante Home (2008), película sobre la supervivencia de una familia que vive al lado de una autopista (o al lado de una modernidad que fuerza su entrada en sus vidas), Meier continúa su trabajo a través de la expresión y el cuerpo del niño Kacey Mottet Klein (que ya había participado en su primera obra). Su personaje se llama Simon, pero podría llamarse Antoine, como Antoine Doinel: un chico pobre que parece vivir sin sus padres al lado de una estancia de vacaciones de invierno en Suiza (entre los ricos). L’enfant d’en haut es el retrato de su supervivencia y de su papel paternal con su hermana mayor (que depende de Simon para vivir). El largo resulta de las propias experiencias de vacaciones de la directora en su infancia y de la memoria de un chico sin nombre que robaba los accesorios de esquí para comprarse comida y pagar las cuentas de su casa. Pero la mirada adulta de Meier ha traído también una perspectiva social sobre las diferencias de grupos y familias con y sin poses. No estamos en el registro un poco surrealista de Home, si Meier ha bajado a la tierra para filmar una infancia más realista, es su interés por la presencia tanto discreta como enérgica del joven Klein (y su relación con la actriz Léa Seydoux) el que nos recuerda una sensibilidad también próxima a Truffaut, una referencia, entre muchas, de la directora franco-suiza.

Finalmente, y volviendo a la organización del festival, no es seguro dónde estará el país económicamente dentro de doce meses, pero ya sabemos que el cine estará vivo para traernos otras perspectivas sobre nuestra vida y sus cuestiones. Quizás el Indie funcione como ejemplo de trabajo para el propio gobierno portugués. No estaríamos mal encaminados.

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D’A 2012 – ‘Life Without Principle’ y ‘Buenas Noches, España’

Claros objetivos abren caminos

 El plano inicial de Life without principle (Johnnie To, 2011), en el que una vista general nos muestra varios bloques de viviendas ubicadas en un barrio conflictivo y convulso en pleno corazón de Hong Kong, ya deja claro cuál es la naturaleza de lo que se nos va a contar: la supervivencia en un medio hostil, como es nuestra sociedad. El actual estado de crisis económica global es el contexto que traza las coordenadas en las que se mueven los personajes de esta fábula de facinerosos y estafados, donde los valores morales y la ética personal brillan por su ausencia y en donde uno se da cuenta de que el paupérrimo estado financiero que atravesamos es culpa de la codicia de unos pocos. Así, en el film se plantea una historia coral en la que un maletín con diez millones de dólares hongkoneses sirve de nexo de unión para las tramas de los diferentes personajes: un policía con muchas dudas que no consigue conciliar su vida personal con la laboral; una agente de banca a punto de ser despedida que realiza préstamos de alto riesgo y que acaba teniendo remordimientos; un delincuente que se dedica a chantajear con malos métodos y así conseguir el dinero para pagar las deudas de sus jefes corruptos; y un miserable  y viejo prestamista que hace fortuna a costa de la debilidad económica de los demás. Lo meritorio de la propuesta es la brillantez con la que To afronta una película de complejidad conceptual (en algunos pasajes hay una excesiva terminología técnica del ámbito financiero) y la lleva sutilmente a su terreno, convirtiéndola por momentos en un thriller de acción con su habitual factura visual y estilización de la violencia. Hacia su desenlace, todos los personajes acaban ocupando el lugar que se merecen y, aunque la trama se resienta de un clímax fabricado de manera un tanto artificial, estamos ante una equilibrada fábula socioeconómica con destellos de acción, legitimada por una cuidada factura visual marca Johnnie To.

Introducción a la historia de la teletransportación entre España y sus colonias

Han habido propuestas radicales en el D'A 2012, pero la de Raya Martin se lleva la palma, de calle. Como poseído por el espíritu del héroe filipino José Rizal, arranca su película con un rótulo en el que se lee una de sus máximas: “Muero sin ver la aurora brillar sobre mi patria.....!” Unos segundos después, comienza este viaje psicodélico hacia una Historia remotamente perdida: no sólo la del cine primitivo filipino, el cual se intenta invocar por medio de rótulos que imitan los del periodo mudo, sino también la de la identidad filipina. En este extraño cruce de caminos, encontramos contadas referencias, tanto a leyendas populares filipinas, como al Viaje a la Luna (Le voyage dans la lune, 1902) de George Méliès. La propuesta inicial contiene un muy buen fondo, aunque la forma lo eclipsa totalmente, condicionándolo a una difícilmente soportable falta de narración. Y es que este no es un film experimental, sino directamente un videoart de 70 minutos en el que se juega desacomplejadamente con las imágenes oníricas en bucle, la aceleración y deceleración, y el coloreado digital y las sobreimpresiones, todo ello aderezado aleatoriamente por el sonido de  acordes chirriantes de una guitarra eléctrica y los efectos de sonido de Cartoons norteamericanos. A este experimento se prestan, sorprendentemente, el ex-niño-prodigio Andrés Gertrúdix y la ex-revelación Pilar López de Ayala, que recorren en coche algunas zonas exteriores de Madrid, y los interiores del Museo de las Artes plásticas de Bilbao. Martin utiliza dos formatos obsoletos, el Súper-8 y el Digital Hi-8, para dar forma a su visión personal del primitivismo cinematográfico filipino, que, según sus imágenes, está en algún lugar perdido de la memoria. De ahí que su película sea un viaje (literal, el que hacen en coche la pareja protagonista) en busca de las raíces de su cine y en cambio lo que se halle sean las posibilidades expresivas del soporte sensible que utiliza.

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‘The silence between the shots’ (Lluís Escartín, 2012)

La Revolución en Egipto ha tenido lugar

“Nuestra época es esencialmente trágica y precisamente por eso nos negamos a tomarla trágicamente.”

D. H. Lawrence

A partir de un cierto punto en la toma de conciencia en la revolución global las personas reflexionan no sólo captando las enseñanzas del pasado sino también las del futuro. Ese sería un punto de no retorno colectivo, que sólo puede ser abolido mediante un fenómeno catártico parejo, pero de signo negativo, como la guerra. Si la revolución se convierte en una guerra más allá de una retórica antagonista, pero con sus víctimas inocentes, sus venganzas, su carestía de todo excepto de la sangre, la revolución, a la larga, está perdida.

Contra la maldición de convertirnos en guerreros, pero en el encanto de hacer de nosotros revolucionarios, milita la película de Lluís Escartín The silence between the shots (El silencio entre los disparos, 2012), un mediometraje presentado en el Documenta Madrid el 9 de mayo de 2012, no sobre, ni tan siquiera acerca, sino en la revolución egipcia, tan denostada en lo infrainformativo por el estatus quo de los mass media, como sobre-explotada por los postulados insurreccionalistas que paradójicamente no confían en las fuerzas del pueblo para hacer una revolución por sí mismo y la creen títere de las agencias imperialistas.

La perspectiva de esta película es la de tomar el testimonio de la gente joven que llevó el peso de la lucha en la calle. Mujeres árabes, algunas con hijab, artistas, profesoras, músicos, profesionales de todo excepto de hacer una revolución, igual que no se puede ser profesional de respirar o de tener alma. Todos los rostros parecen haber adquirido la belleza de la convicción, del éxito, de la determinación de repetirlo las veces que haga falta hasta alcanzar todos los objetivos, de la experiencia sin escarmentar de la experiencia. Muchos tienen amigos que han caído por los disparos de los francotiradores en aquellas largas jornadas de diciembre y enero cuando corrían alrededor de la plaza Tahir, no huyendo, sino extendiendo una llama. Todos han visto a otros morir y a ellos mismos no alcanzar del todo la vida. Pero todos comparten la satisfacción de haber derrotado a un monstruo extraordinario y haberlo reducido a un enfermo de corazón.

La obra de Lluís Escartín, que regresa una y otra vez a África, ya en su anterior pieza Amanar Tamasheq (2010) situaba su cámara entre los tuareg del desierto de Mali, es la obra de los que piensan que los actos han de comunicarse a través de los sentidos y los sentimientos, de las razones de la conciencia y del espíritu. Si de Amanar Tamasheq decíamos que nos permitía soñar con un mundo en el que los informativos estuvieran hechos por artistas, en The silence between the shots los artistas se han convertido en el sujeto de la información, son quienes la producen y la reproducen, los actores, los comunicadores y los receptores de la palabra que subtitula los actos para que sean conocidos por el mundo.

Y coincidencias de la vida, en tanto arte, nos quedamos con ese plano en que Escartín baja y sube en ascensor con uno de sus interlocutores, un joven egipcio que le explica el miedo de los soldados hacia los que no tienen nada. Coincidencia absoluta con la escena final de Jafar Panahi en This is not a Film (2011) donde ese mismo dispositivo se convierte en la puerta que se abre a la calle y a la revolución. De aquel “parar el mundo que yo me bajo” de los 80 y los 90, a este “abrir la puerta que paramos el mundo” de los tiempos tan interesantes como veloces que nos toca vivir. Por ellos y por nosotros.

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D’A 2012 – Seis personajes en busca de…

En un arrebato de lucidez e iniciativa propia acontecido en 1925, los seis personajes creados por Luigi Pirandello para una de sus obras teatrales, utilizan su autonomía y vida propia al margen de la historia para reflexionar acerca de su creador, de su condición de personajes y del propio acto creativo. Aprovechamos esta nueva crónica del Festival de Cinema d’ Autor de Barcelona para hablar de los personajes protagonistas de algunas de las películas proyectadas en estos dos últimos días, pero no tanto de su relación con los autores sino de esa búsqueda inevitable que a todos ellos caracteriza.

 1. El adolescente problemático (Breathing, Karl Markovics, 2011)

Roman Kogler busca a su madre, aunque su madre no le busque a él. Está ingresado en un centro de menores y trabaja en una funeraria. Tiene problemas para sociabilizarse y para hablar con los demás.  En ocasiones es presa de arrebatos de ira incontrolable y tiene la necesidad de hacer lo que le dé la gana sin pensar en las consecuencias, por eso se mete a menudo en problemas. Roman Kogler, en algunos momentos de la película, es como un pez. Como un pez abisal que no quiere saber nada de la luz. Sus pulmones se transforman en branquias y se sumerge bajo el agua, lo más hondo que puede, para así poder respirar tranquilo y que el resto del mundo le deje en paz. Al menos, hasta que tenga que salir de nuevo a flote para enfrentarse con la realidad. 

2. La superviviente empática (Sette opere di misericordia, Gianluca i Massimiliano De Serio, 2011)

Luminita, como inmigrante ilegal que es, se ha acostumbrado a la miseria y más que vivir sobrevive. Roba para comer, habla poco y observa mucho. Presupongo que de noche, cuando no puede dormir, llora durante un par de horas. Luminita le da una paliza al anciano desconocido. Pero no es por maldad, es cuestión de supervivencia. Necesita esconderse del mundo durante un tiempo, eso es todo. Luminita fija la mirada en la traqueotomía del anciano y se apiada de él, por el agujero en la traquea y por muchos otros motivos. Se produce una inversión de los papeles, una reinterpretación del Síndrome de Estocolmo algo más sobrio, más comedido, más platónico y distante. Luminita da de comer y beber al anciano, lo viste, lo lava, lo cuida. Rituales de la cotidianidad que recuerdan por un instante (sólo por un instante) al cine de Béla Tarr.

 3. El enfermo terminal (Stopped on track, Andreas Dresen, 2011)

Frank Lange va al médico a causa de un intenso dolor de cabeza. El médico le diagnostica un tumor cerebral inoperable. Le dice que se va a morir. Frank, en su desesperación, personifica a su tumor y lo ve hablando por televisión. Parece un hombre de mediana edad de aspecto inofensivo, pero no nos dejemos engañar, es el tumor de Frank, aparición estelar en un Late Night Show. Atisbos de humor integrados en un drama bigger than life, bigger than death. Frank se aferra a la vida, quiere a su esposa y quiere a sus hijos, pero eso al tumor no le importa, no se aviene a razones. Frank graba todo con su Iphone, huellas de un resquicio de vida, registros de un estertor de muerte. Es consciente de que está inmerso en una trama obscena, demasiado parecida a la realidad como para ser falsa, pero claro, está tan ocupado con el asunto de la muerte que no le queda tiempo para preocuparse por menudencias como esa.

4. El homosexual inseguro (Weekend, Andrew Haigh, 2011)

Rusell y Glen, una discoteca, un fin de semana y una relación efímera que hace tambalearse los cimientos de toda una vida. Boy meets boy, como tantas otras veces, aunque siempre de distinto modo. Personas que en un momento determinado de nuestra vida se convierten en imprescindibles pueden desaparecer de la noche a la mañana, uno de los dramas cotidianos de la vida real. Me acuerdo de las desconocidas que protagonizaban la película de Julio Medem y, por supuesto, de los desconocidos que protagonizaban el filme de Matías Bize. Me acuerdo de la habitación en el hotel de Roma y de la cama del motel de Santiago. También me acuerdo de Antes del amanecer y de Antes del atardecer, de las conversaciones mantenidas entre el periodista norteamericano y la estudiante francesa, cuando son jóvenes y cuando ya no lo son tanto. Después de ver Weekend pienso que a veces una etiqueta como la de “película gay” está de más. Porque no se habla sólo de homosexualidad sino sobretodo de sentimientos, y estos son extensibles a la totalidad de la especie humana, independientemente de sus preferencias sexuales.

5. El estudiante belicoso (El estudiante, Santiago Mitre, 2011)

Roque Espinosa llega a Buenos Aires para estudiar en la universidad, pero por el camino se va dando cuenta de que hay otras cosas que le interesan más. Aparta los libros y se acerca a las personas, aunque de modo un tanto ambiguo. Así funciona la política, supongo. Una voz en off le describe y le acompaña. Nos acompaña. Roque sobrevive, lucha, trepa, se aferra a clavos ardiendo e intenta aprovechar situaciones propicias. Se mantiene a flote como puede en una atmósfera política convulsa, llena de pancartas, asambleas y manifestaciones, una atmósfera que nos recuerda demasiado a acontecimientos muy cercanos. El director Santiago Mitre acerca la cámara a Roque, pero no la deja quieta, la mueve todo el tiempo, arriba y abajo, a izquierda y derecha, de modo intencional. Porque la realidad no es estática sino que fluye constantemente, aunque sea a trompicones. Por eso Roque duda, acierta y se equivoca, avanza y retrocede. Por eso Roque termina la película diciendo que no.

 6. El suicida frustrado (Romance Joe, Lee Kwang-kuk, 2011) 

El protagonista del filme, alter ego de Kwang-kuk en la pantalla, atraviesa un bloqueo creativo. Uno de esos que te hacen sentir como si se estuviese acabando el oxígeno en el mundo. Uno de esos que te llevan a acercar peligrosamente la cuchilla a la muñeca con el único fin de provocar el fin. El alter ego en cuestión se salva a causa del destino, a causa de un café, a causa de una conversación. Es un personaje introducido por su creador dentro de una docena de Matrioshkas, y dichas Matrioshkas son las historias que estructuran La Historia. Historias que cuentan historias que cuentan historias que... El placer de narrar y de ser narrado, de formar parte de uno de esos relatos que despiertan nuestra curiosidad, conforman nuestra historia y alimentan nuestro espíritu.

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IndieLisboa – ‘L’estate di Giacomo’ (Alessandro Comodin, 2011)

El verano de Giacomo

La sección competitiva internacional del IndieLisboa se caracteriza por películas de cineastas que dan sus primeros pasos en el cine. Muchas veces son primeras o segundas obras de artistas que el festival defiende, desde su punto de vista, como nombres importantes para el futuro, y que muchas veces vuelven a sus secciones laterales y de retrospectiva para presentar la secuencia de un trabajo iniciado años antes. Así, el IndieLisboa no se destaca únicamente por la fuerza de su competición: es sobre todo una oportunidad para descubrir autores presentados como los más interesantes para el presente y el futuro cinematográficos.

En la competición de este año se habla mucho de Everybody In Our Family (Toata Lumea Din Familia Noastra) del rumano Radu Jude como posible vencedora. Asistente de dirección en La muerte del señor Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, 2005), de Cristi Puiu, Jude presenta su tercer largometraje en un festival que ha acompañado el surgimiento del nuevo cine rumano desde su inicio, tanto en sus programaciones competitivas como en ciclos realizados en la ciudad fuera del periodo del festival.

Sin embargo, nos hemos concentrado en otra película: L’estate di Giacomo, de Alessandro Comodin, primera obra de un cineasta italiano que ha ganado el premio de “cineasta del presente” en el Festival de Locarno. La película se empezó a desarrollar tras un encuentro especial en Cannes entre Comodin y João Nicolau, director portugués de Rapace (2006) y A Espada e a Rosa (2010) y que ha trabajado en L’estate di Giacomo como montador (función que ya había ocupado para Vai e Vem –2003–, el último largo de João César Monteiro).

Giacomo es un amigo de infancia de Comodin, un joven sordomudo que, en esta obra, vive algunos días de vacaciones de verano en un sitio misterioso y algo abandonado –una casa en el centro de la naturaleza al lado de un lago paradisíaco, donde se baña con Stefi, una chica que (lo sabremos después de ver la película) es su hermana. La película está dominada por la energía de Giacomo y se entrega totalmente a los sentidos de un joven que ha construido su propio universo de deseos y imágenes, alguien que vive en un mundo “puro” y lleno de placer de vida. Ver L’estate di Giacomo es vivir en la cabeza de Giacomo, y este es el principal atributo del primer largometraje de Comodin: una simplicidad y una voluntad de vivir con sus personajes (usando la sensibilidad del documental para eso) que se traduce, finalmente, en una tremenda sensualidad. Este sentimiento vive en toda la película, tanto en las escenas con su hermana como con otra chica, sorprendente, que cierra la película.

Comodin ha hablado de su afinidad con el cine portugués: el italiano, que se ha marchado de su país por incompatibilidad personal (ha estudiado cine en París), señala a Miguel Gomes como una inspiración para su trabajo (se nota la presencia de Aquele Querido Mês de Agosto –2008– en las escenas de la fiesta local), un director que también ha trabajado la presencia del documental en las formas de ficción del cine. Pero vemos en L’estate di Giacomo un universo personal fuerte y una mirada sensible sobre la expresión de su ardiente personaje. Puede ser que no gane la competición del IndieLisboa (a pesar de su exitosa trayectoria en festivales internacionales), pero, más importante que eso, esperamos ver las futuras películas de Comodin en las próximas ediciones del festival en Lisboa. Y, quizás, más colaboraciones con el cine portugués.

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D’A 2012 – ‘Into the Abyss’ y ‘Diamond Flash’

Una cierta pulsión de muerte estructurada por capítulos 

1. Abismos del Cinturón de la Biblia

Los numerosos documentales que Werner Herzog ha realizado desde los años 70, aun a pesar de su pluralidad temática (desde la historia de una mujer sorda y ciega pasando por el mundo de las subastas de ganado o los momentos previos a la erupción de un volcán en la isla de Guadalupe), conforman un todo coherente cuya “única” pretensión es, por así decirlo, destilar la esencia del alma humana  (con toda la belleza, el horror y las contradicciones que ello conlleva) para ponerla en relación con la naturaleza. Con Into the Abyss (2011), Herzog nos propone la inmersión en el caso de Michael James Perry y Jason Burkett, condenados a pena de muerte y 40 años de cárcel respectivamente por un triple homicidio cometido en Conroe, Texas.

Herzog empieza este documental (casi como una declaración de principios) entrevistando al Capellán de la Casa de la Muerte. El Capellán en cuestión habla sobre la vida, sobre la muerte y sobre Dios. Habla sobre su pasión por el golf y narra, con todo lujo de detalles, un revelador encuentro con dos ardillas que le hizo entender en el pasado la complejidad de la vida. No sólo de la vida humana sino de la vida en general, la vida con mayúsculas. Durante 105 minutos, Herzog entrevista no sólo a los dos condenados sino también a sus familiares, a los familiares de las víctimas o incluso al ex capitán de la Casa de la Muerte, encargado de vigilar a los condenados en sus últimos momentos de vida. El tono de la historia oscila entre el drama más descarnado y una especie de comedia de la incomodidad, pero no evidentemente por falta de pulso narrativo del director, sino porque el carácter de los que aparecen en pantalla (en este caso no podríamos referirnos a ellos como personajes, porque no lo son) es en esencia contradictorio. Al fin y al cabo, como el de cualquier otro ser humano. Y es esta contradicción constante lo que más se agradece en un filme como Into the Abyss.

2. Lo imprevisible y lo cotidiano

Podríamos decir que Diamond Flash, la Ópera Prima del dibujante de cómics Carlos Vermut está  destinada –desde antes incluso de su estreno en salas comerciales– a convertirse en un filme de culto underground, en una de esas películas que se proyectan durante meses en las sesiones golfas y son objeto de veneración entre aquellos aficionados al cine que no respeta esquemas de ningún tipo. Ríos de tinta se han vertido ya sobre esta película de héroes y villanos en la que el héroe en cuestión aparece apenas un par de minutos. Más de dos horas de conversaciones “aparentemente” triviales que estructuran un argumento complejo, plagado de pequeños detalles que se transforman en claves para interpretar una trama dividida en cuatro capítulos (Familia, Identidad, Sangre, Destello de diamante) que avanza a golpe de elipsis y recuerdos (dos conceptos en principio opuestos pero que en este caso se transforman en complementarios). Un homenaje en toda regla al cine de Quentin Tarantino; concretamente a esos momentos en los que de modo deliberado decide congelar la trama. Un puzzle con muchas piezas que exige una participación activa por parte del espectador y le presupone cierta inteligencia (algo que por desgracia, no es tan habitual). Violeta, Elena, Lola, Juana y Enriqueta. Cinco personajes femeninos complejos, turbadores, increíblemente humanos, que se definen tanto mediante lo que dicen como mediante lo que callan.

A partir de todas estas premisas Diamond Flash rompe, con gran habilidad y saber hacer, todos los esquemas preconcebidos que tiene el espectador medio acerca de lo que debería ser una película de superhéroes. En palabras de su director, “quería contar la historia de un superhéroe, tipo Power Ranger, que investiga el secuestro de una niña.” Este punto de partida puede parecer tópico y simple, digno de cualquier producción televisiva mediocre, pero en manos de su director se transforma, por arte de magia y con tan sólo 24.000 € de presupuesto, en un experimento digno de alabanza aún a pesar de sus evidentes carencias técnicas. Durante el encuentro con el director tras la proyección de la película, una de las preguntas que sale a colación es la del título. ¿Por qué Diamond Flash si el personaje de Diamond Flash aparece apenas un par de minutos en pantalla? Carlos Vermut se ríe y responde algo así como que “le encantaría que se estrenase una nueva secuela de Batman en la que el personaje de Batman apenas apareciese, en la que se hablase de otras cosas”.

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