Entre el 10 y el 13 de mayo se celebró en Barcelona el BccN, un festival cuyo hilo conductor no es una temática o un género sino la licencia bajo la que se registran las películas: Creative Commons. El uso de estas licencias va más allá de una simple decisión legal o una estrategia de lanzamiento y es una apuesta por la contribución de la obra a engrosar el procomún, es decir, el conjunto de bienes que forman el acerbo de la comunidad.
El festival, que tiene como principal vocación reivindicar que Creative Commons puede ser sinónimo de calidad e incluso de rentabilidad comercial, se abrió con una mesa redonda auspiciada por el programa MEDIA y centrada en las nuevas posibilidades de distribución que permite la cultura libre.
Jaume Ripoll. Fundador de FILMIN
Jaume Ripoll, representante de Filmin (una de las apuestas por la exhibición en Internet más sólidas y comprometidas de la industria española) reivindicó el papel clave que la red debe jugar en la difusión del cine. Alejándose de la temática del Creative Commons [1], Ripoll apoyó la importancia de Internet en una llamativa cifra: de las 2000 películas que se terminan cada año en el mundo, la mitad de ellas jamás se exhiben. Internet es su propuesta para que esas películas encuentren su público.
También defendió la importancia de estrategias complementarias a la exhibición tradicional, como por ejemplo el esquema day-and-date: estrenar simultáneamente (o con muy pocos días de diferencia) en salas y en VOD. Películas como Margin Call (J. C. Chandor, 2011) o Melancolía (Melancholia, Lars Von Trier, 2011) son casos de éxito de esta estrategia.
Jamie King. Fundador de VODO
Jamie King es, antes que nada, un militante por la cultura libre. En 2006 dirigió el documental Steal This Film, que, combinando recursos documentales tradicionales con técnicas como el mash-up (tal vez la figura retórica por excelencia de la cultura pirata), se centraba en el juicio al que fue sometido la emblemática página de intercambio de archivos The Pirate Bay. Distribuida y promocionada en esta misma página, así como en otros sitios dedicados a la descarga de películas o al intercambio de archivos, la película logró 6 millones de descargas y una recaudación de 40.000$ [2].
Animados por este éxito, King y sus colegas fundaron el portal VODO, que fundamentalmente copia la estrategia de promoción de Steal This Film (distribución gratuita vía torrents + publicidad en las páginas de descargas de películas protegidas por copyright), añadiendo un esquema de donaciones parecido al crowdfunding además de ciertas opciones premium (streaming en HD, descarga de canciones, merchandising…).
Hanna Sköld. Directora de Nasty Old People y Granny’s Dancing on the Table
A menudo, las licencias Creative Commons y los esquemas de financiación apoyados en el crowdfunding se asocian con documentales o con películas con una alta carga de activismo, capaces de movilizar a una amplia cantidad de gente por una causa tangible. Sin embargo la primera película de Hanna Sköld, Nasty Old People (2009), es una obra personal de ficción, con aparentes tintes autobiográficos, sobre una joven perteneciente a un grupo neonazi, quien, mediante el contacto con los excéntricos ancianos a los que cuida y con el intrigante jardinero de un cementerio, empezará a replantearse su vida.
Ante las dificultades para encontrar financiación, Sköld pidió un crédito a un banco y rodó toda la película con un presupuesto muy limitado y la ayuda de un puñado de amigos. Una vez terminada, la difundió de forma gratuita por Internet, pidiendo a cambio un retorno en forma de apoyo económico. La respuesta no pudo ser mejor. En pocos días empezó a recibir correos de felicitación, donaciones económicas, subtítulos de la película en diferentes idiomas… Y aún más sorprendente, personas que querían organizar proyecciones de la película (la primera, en Vladivostok, Rusia). La película podía verse de forma gratuita en Internet, pero la gente estaba dispuesta a pagar para verla de forma colectiva en una sala de cine, en un centro cultural o en un museo. Finalmente, Nasty Old People fue comprada y emitida por SVT, la televisión pública sueca.
Para su actual proyecto, Granny’s Dancing on The Table (en desarrollo), un homenaje a las abuelas, Sköld ha querido ir más lejos en esta estrategia y le ha dado un enfoque transmedia: el núcleo central es un documental, pero a su alrededor se articulan exposiciones de arte, una página web, textos, etc. Además, desde el principio trabaja con la construcción de una comunidad alrededor del proyecto, que no sólo son espectadores sino que toman un papel activo participando con la creación de obras para el proyecto.
Xavi Artigas. Director del documental NO-RES
Xavi Artigas forma parte de esa tradición que, desde Jean Rouch, ha llevado a ciertos estudiosos de las ciencias sociales a interesarse por el audiovisual para dar vida a esa realidad que han estudiado a través de métodos más fríos y racionales. En el caso concreto de Artigas y de este proyecto, este acercamiento intelectual se ve totalmente teñido de la pasión por la denuncia (en este caso de la destrucción de la Colònia Castells, un barrio de Barcelona donde un estilo de ciudad horizontal y de vida comunal aún era posible) y de una sensibilidad destacable.
Para Artigas y su equipo, la decisión por el uso de licencias Creative Commons era una consecuencia lógica de su voluntad de dar la mayor difusión posible a su mensaje, y también de un compromiso con que la cultura sea algo que se intercambie libremente entre todos. Además, Artigas declaró absurdo ilegalizar una serie de prácticas (la descarga, la copia y la remezcla de películas) que se están dando a diario en todo el mundo, ya que esto no hace sino normalizar la infracción de la ley. Para él, las licencias Creative Commons son también una forma de hacer que el espectador sienta la obra como suya, lo que a menudo se traduce en un retorno (en forma de donación, de difusión, de agradecimiento, de trabajo, etc.).
Además, NO-RES (2011), que ha recibido el primer premio de la sección de largometraje nacional en la edición de este año de Documenta Madrid, es el primer caso en que Televisió de Catalunya ha aceptado la financiación vía crowdfuning de un coproductor así como la emisión de una película bajo licencia Creative Commons, lo cual generó la necesidad de crear un nuevo marco legal, que, tras esta colaboración, ha quedado ya establecido para futuras ocasiones.
Frank Wiering. Ex Editor in Chief de VPRO
VPRO es una cadena pública holandesa que apuesta, no sólo por emitir, sino también por producir contenido en Creative Commons. Wiering puso como ejemplos dos programas de la cadena: Nederland van boven (un programa de vistas aéreas de los Países Bajos, cuyas imágenes, con un coste de producción que asciende al millón de euros, están disponibles de forma gratuita en la web del programa) y Metropolis (un programa en el que se propone un concepto cada semana y se anima a realizadores de todo el mundo a enviar piezas relacionadas con este concepto).
Para VPRO el uso de las licencias Creative Commons es una mezcla de realpolitik ante la imposibilidad de luchar contra la piratería y del compromiso que, como televisión pública, tienen en la difusión y en la utilidad social de sus contenidos.
Esta reflexión de Wiering tal vez sea el mejor resumen del espíritu de la jornada.
Notas:
- Filmin únicamente tiene dos películas bajo esta licencia; aunque ya ha llegado a un acuerdo para la exhibición de El Cosmonauta, referente de la financiación vía crowdfunding en España. ↑
- Además del reconocimiento público que llevó a que Jamie King contara con el apoyo de la BRITDOC Foundation para la producción de la segunda parte de su documental: Steal This Film II (Jamie King, 2007). ↑
Y si no que se lo digan a servidor, que tuvo el gozo de poder asistir en la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) al I Simposio sobre ficción televisiva. Reflexiones sobre la nueva ficción televisiva: ¿crisis o oportunidad?, espero que el primero de una larga serie a través de los años, donde pude descubrir que hay académicos y profesionales del mundo televisivo que han sabido y sabrán captar intensamente (qué pena que sólo durara un día) el poso que las series están dejando en nuestro imaginario social. Y es que las series hace mucho tiempo que dejaron de ser un simple pasatiempo para convertirse en un afilado instrumento de disección sobre la actualidad (al menos en Estados Unidos, porque lo que es en España quedó claro que las intenciones van por otro camino muy distinto, muy alejado).
Por su parte, Fernando de Felipe e Iván Gómez, en ponencias diferentes, pusieron de relieve la dimensión política del fenómeno televisivo: si ya con Enric Ros podíamos vislumbrar esta dimensión en la configuración del héroe, estas dos ponencias supieron poner el dedo sobre la llaga. La representación del 11-S ocupó el discurso del primero de ellos para poner de relieve diversos aspectos de la pequeña pantalla. La inmediatez que se desprende de este medio de comunicación permite relacionar la ficción con la mas inmediata actualidad: a la inversa que en el ámbito cinematográfico, la televisión dio una rápida respuesta a los terribles atentados, ya sea de una manera más directa (véase la franquicia CSI New York [Zuiker & Mendelsohn & Donahue, 2004-presente]) o a través de subterfugios más disimulados (ahí está The Sopranos [David Chase, 1999-2007]). No hay serie pequeña en cuestión de ideología, dijo el propio Fernando de Felipe, y desde luego Iván Gómez hizo buena gala de ello: la segunda de estas ponencias nos puso ante los ojos la densidad del discurso político dentro de algunas series, ya sea The Wire (David Simon, 2002-2008) o Rubicon (Jason Horwitch, 2010), haciendo un llamamiento a una aproximación transversal y multidisciplinar. Exponiendo con lucidez la profusa investigación de fuentes que recorre la espina dorsal de algunas series, los oyentes pudimos comprobar cómo los fotogramas de estas series quedan recubiertos por la complejidad propia de la realidad.
No podía faltar, evidentemente, una aproximación a la configuración de la “caja tonta” como objeto de culto, a cómo se ha desarrollado este respeto creciente por un medio “popular”: con desparpajo y gran didactismo, Concepción Cascajosa, adquiriendo los ropajes de una arqueóloga televisiva, fue desenterrando los precedentes que nos han allanado el camino hasta la actual veneración por las series. A través del díptico televisión de culto (con Buffy, the Vampire Slayer [Joss Whedon, 1997-2003] como bandera) vs. televisión de calidad (en este caso, The Sopranos) la ponente dio un zarpazo a la construcción de un canon: la necesidad de conjugar Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003-2009) junto a Treme (David Simon & Eric Overmyer, 2010-presente) es una tarea obligatoria para entender la dimensión real de la situación televisiva actual. El discurso académico, como este simposio ha demostrado, ha de construir un diálogo plural que dé cabida no sólo a esas series concebidas como estandartes de la calidad artística/estética sino también a todas aquellas que parecen escapar a esta etiqueta: la armonía debe procurarse en la diversidad.
Raquel Crisóstomo nos ofreció una charla sobre el imaginario colectivo serial: la cuestión en torno al fan, los nuevos héroes... Y, lo que es más interesante, la narrativa “transmedia”, es decir, el desarrollo de hilos argumentales que se desprenden y que se desarrollan en medios paralelos a la televisión, alimentando los juegos intertextuales y dotando de organicidad al universo de la pantalla catódica. Todo ello prefiguró el escenario en el que participarían Javier J. Valencia, Joan Marimón, David Broc y Aurora Oliva: un escenario en el que se abrieron preguntas que se mantendrán en el aire durante mucho tiempo: ¿estamos en una (nueva) Edad de Oro de la televisión? ¿Cómo se ha visto alterada la recepción a través de las series? ¿Se puede seguir hablando de autoría dentro de este universo? ¿Podríamos conformar un canon? Con todo lo dicho, con las nuevas ventanas que se abren, con el camino que nos queda por recorrer en una selva prácticamente virgen (al menos en España) no me dirán que no es preciso seguir abriendo espacios críticos donde aproximarnos a un mundo que nos habla, cara a cara, desde el interior de nuestro hogar, desde nuestra intimidad colectiva.





La 12ª edición del 




Roman Kogler busca a su madre, aunque su madre no le busque a él. Está ingresado en un centro de menores y trabaja en una funeraria. Tiene problemas para sociabilizarse y para hablar con los demás. En ocasiones es presa de arrebatos de ira incontrolable y tiene la necesidad de hacer lo que le dé la gana sin pensar en las consecuencias, por eso se mete a menudo en problemas. Roman Kogler, en algunos momentos de la película, es como un pez. Como un pez abisal que no quiere saber nada de la luz. Sus pulmones se transforman en branquias y se sumerge bajo el agua, lo más hondo que puede, para así poder respirar tranquilo y que el resto del mundo le deje en paz. Al menos, hasta que tenga que salir de nuevo a flote para enfrentarse con la realidad. 






