Archivo del Autor: Mateo Joaquin Ramirez Louit

Mother (Darren Aronofsky, 2017)

¿Qué sucedería si los temores más profundos de una madre se hicieran realidad?

¿Qué sucedería si los temores más profundos de una madre se hicieran realidad en imágenes? Eso es Mother! de Darren Aronofsky, un torrente de pesadillas de una arrobada y bella mujer interpretada por Jennifer Lawrence. Los temores de esta mujer casada con un famoso escritor, interpretado por Javier Bardem, cobrarán cuerpo en los personajes de Ed Harris y Michelle Pfeiffer entre muchos otros, los cuales, atraídos por la fama del escritor, se irán entrometiendo en la vida y en el hogar de esta pareja.

Buscar una lógica en los acontecimientos que se producen a lo largo de la película queda relegado a un tercer término de importancia dentro de un film psicológico, de vaivenes constantes, que llevan al personaje de Jennifer Lawrence a sobrepasar los límites de la cordura. Aronofsky crea un juego entre lo real y lo ficticio en el que la protagonista tiene visiones fantásticas de la casa que podrían ser hechos “reales” dentro de la coherencia del film o brotes de su locura interior.

El director nos sitúa, literalmente, dentro de la mirada de una mujer cuya principal pulsión es establecerse y asentarse, dando lugar a la creación de un hogar y una familia. Pero, ¿cuál sería su principal temor? El personaje de Jennifer Lawrence se ve abrumado por el éxito de su marido escritor. La fama y el éxito, representados por los seguidores de su marido, irrumpirán literalmente en la casa de la pareja destrozando la vida de esta mujer que acaba de quedarse embarazada.

Se crea una situación particular en la casa de Mother! que nos remite al film de Luis Buñuel, El Ángel Exterminador (1962). En ambas películas la narración se sucede en un mismo espacio, en una misma casa que es el centro y la razón de las acciones de los personajes. A pesar de que los conflictos que les impulsan en ambos films no tienen relación, ya que en la película del cineasta neoyorkino una mujer busca la creación del hogar, y en cambio en el film del cineasta aragonés lo que hay es la angustia de no poder salir de la mansión. Ambos films sí comparten el hecho de que es una situación absurda la catalizadora de todo el desarrollo de la película. En el film de Buñuel es el castigo divino y de origen religioso, que actúa de manera totalmente arbitraria, el creador del conflicto; mientras que en el caso de la cinta de Aronosfsky son el temor de una madre y la popularidad desproporcionada de su marido los que propiciarán las encrucijadas en las que se verán expuestos los personajes.

Los sucesos que se producen acaban otorgando a Mother! una estructura de crescendo, a la que ya nos tenía acostumbrados Darren Aronofsky en films como Requiem for a Dream (2000). La lógica del film y la propia narrativa de la historia sucumben a la multitud de gente que irrumpe en el hogar del personaje de Jennifer Lawrence de modo desproporcionado. Los seguidores no solo entran en la casa sin preguntar sino que ocupan todos los espacios y habitaciones, lugares en los que se producen manifestaciones, tiroteos y redadas policiales. Metafóricamente podríamos decir que estos hechos se apoderan del relato fílmico de Mother! como si no lo dejaran continuar e imponen su narración.

Casi como si el cineasta se cobijara en el personaje de Jennifer Lawrence, situándose literalmente en la mirada de ella y apegándose a su cuerpo,  Aronofsky recupera tiros de cámara que nos remiten a puntos de vista que ya apreciábamos en Pi: Faith in Chaos (1998), para retratar un aspecto emocional determinado. Este uso expresivo de la cámara, que se mantiene, también, en Requiem for a Dream, nos muestra una de las grandes cualidades del cineasta: su capacidad para acercarnos a las emociones interiores de los personajes a través del uso expresivo del montaje con cortes bruscos, tiros de cámara angulosos y perspectivas imposibles.

En esta película seguimos encontrando la pulsión de Aronofsky de tratar temas universales y grandilocuentes. Esta voluntad del cineasta la apreciamos en obras anteriores y arriesgadas como Pi: Faith in Chaos o The Fountain (2006), en las que se trata la muerte como elemento creativo con tramas que saltan entre presente, futuro y pasado, a la vez que se habla de la espiritualidad, la no aceptación de la muerte de un ser querido o la lucha de un hombre por salvar a su amada. Esta pulsión se apacigua en films posteriores como Black Swan (2010) o The Wrestler (2008) en favor de historias más concretas en su concepto, pero de una tremenda complejidad psicológica.

Podemos decir que Mother! es un film arriesgado, que en este juego de profundizar en la psique humana apuesta por encontrar una nueva forma narrativa, más abrupta, repetitiva e inconexa. Aronofsky se apoya en los personajes, en las situaciones de enredos y sobre todo en la propia fuerza de las imágenes, buscando referencias en otros medios como el videoclip y el periodismo, y asumiendo esas influencias a la hora de llevar a cabo su obra cinematográfica.

 

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Dunkerque (Dunkirk, Christopher Nolan, 2017)

Una Segunda Guerra Mundial nunca antes vista

El nuevo film de Christopher Nolan, Dunkerque, nos muestra la evacuación del puerto de dicha localidad de la costa atlántica francesa, durante la Segunda Guerra Mundial. Más de 300.000 militares de las tropas aliadas se encontraron rodeados por los soldados nazis y tuvieron que abandonar dicho puerto huyendo hacia Inglaterra. Embarcaciones de todo tipo, tripuladas por gente corriente, provenientes de Inglaterra, salvaron a todos aquellos hombres que no hallaban salida al bombardeo aéreo incesante de los alemanes.

La película, que transcurre en tierra, mar y aire (con una temporalidad narrativa  y  una cronología diferente aplicada a cada elemento, construyendo así sendas historias cruzadas), explora el tema de la guerra desde sus personajes, priorizando el punto de vista de los soldados y sus dilemas internos por encima de la épica de las grandes hazañas. No se trata de conquistar una colina estratégicamente situada o de realizar un salvamento imposible, sino de huir, sin más. El director británico nos muestra un cine bélico más próximo a la mirada intimista y opta por ahondar en los conflictos personales de los combatientes que formaron parte en esta batalla descarnada. El film, además, pone a dialogar la visión desgarradora de la guerra y el conflicto interno que sufren los soldados, con el romanticismo patriótico representado por el personaje de Kenneth Branagh, comandante de las tropas aliadas.

Nolan, gran creador de personajes e historias, urdidor de tramas con la mente humana y su compleja estructura como mecanismo narrativo, parece haber desarrollado en Dunkerque un “cine de atracciones”[1] al que no nos tenía acostumbrados. Logrando el mismo efecto de espectacularidad que en anteriores trabajos, esta vez es la verosimilitud de las imágenes, planteadas mediante elementos de una gran simplicidad y concreción, lo que genera la fuerza visual de la película. Esta búsqueda del hiperrealismo, presente en films del mismo género que muestran la terrible dureza de la guerra, con secuencias como la del desembarco de Normandia en Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, Steven Spielberg, 1998), o los recuerdos y vivencias personales de los personajes  de La delgada línea roja (The Thin Red Line, Terrence Malick, 1998);  es el punto de partida que da lugar a un film como Dunkerque. Con él, Christopher Nolan otorga una crudeza a las imágenes que, aunque cientos de veces vistas, nos producen un gran impacto visual y sonoro.

La masa militar, el sonido de las máquinas que se entremezcla con el tictac de los relojes y las pulsaciones de los personajes, en una omnipresente banda sonora de Hans Zimmer llena de sonidos mecánicos, nos va introduciendo en la cabeza de esos soldados que vivieron aquel momento. Estas sensaciones, producidas por los sonidos metálicos de la maquinaria bélica y sus engranajes, encajan perfectamente con la vivencia interna de los soldados que solo piensan en escapar. Un ejemplo claro de este cúmulo de percepciones es la sensación de vértigo producida por la vista subjetiva de un piloto británico en un avión de guerra, que no solo nos impacta sino que nos expone como espectadores, situándonos en la piel del piloto acechado por un avión nazi, a mil pies de altura y sin saber hacia dónde disparar. Pero el film va más allá de intentar recrear con espectacularidad y a través de la veracidad un contexto pasado. La preocupación por el detalle de sus aspectos perceptivos es lo que reafirma la opinión de este crítico, que recomienda, si hay oportunidad, disfrutar del film en Ultra-Panavisión 70mm (equivalente a  2.76:1), formato en el que está rodada la película.

[1] Término acuñado por Tom Gunning en: "The Cinema of Attractions: Early Film, Its Spectator and the Avant-Garde", Wide Angle, Vol. 8, nos. 3 & 4 Fall, 1986.

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