Una propuesta: tras el nacimiento de una historia de amor por el cine

La hipótesis del cine [1] de Alain Bergala es la narración de una iniciativa pedagógica que lleva el cine a las aulas de los colegios e institutos de Francia durante los años 2000, y que se prolonga hasta el presente. El proyecto de Bergala, fruto, inicialmente, de un encargo del gobierno francés, en un momento especialmente dulce con Jack Lang al mando de Cultura, ha traspasado las fronteras francesas y ha irrumpido en las aulas de países como Alemania o España, donde la Associació A Bao A Qu prosigue la labor de enseñar el cine desde una óptica distinta, a través de la práctica activa por parte de los alumnos. A través de una enseñanza orientada a “aprender a devenir un espectador que experimenta las emociones de la creación misma” [2]. Desde las primeras páginas del libro se perfila en qué consiste, lo que sustenta realmente la propuesta de Bergala, su proyecto: en la transmisión de su amor al cine. Por eso el punto de partida del libro es autobiográfico. A través de su propia trayectoria el autor erige su particular didáctica del cine.

En el primer capítulo Bergala narra su infancia, transcurrida en un pueblo pequeño, donde su profesor de escuela persuadiría a sus padres que su hijo siguiera estudiando después de primaria. En este contexto el cine es concebido como una obsesión para salvarse en un mundo donde la única baza para resistir es una pasión personal.

“Todos aquellos para quienes el cine ha sido importante, no como un mero pasatiempo, sino como un elemento esencial en su constitución, y que muy pronto supieron que sería a ese arte a lo que consagrarían, de una forma u otra su vida, tiene una autobiografía imaginaria que es la de su vida de cine. En mi novela personal, fui salvado dos veces: por la escuela y por el cine. La escuela, en primer lugar, me salvó de un destino de aldeano que jamás hubiera tenido acceso ni a la vida ni a la cultura de adulto que acabarían siendo las más. Asistí -como en una película de Bergman en que el personaje mira, ligeramente apartado, invisible, una escena en la que su vida bascula- a un diálogo entre mi madre y un maestro que estaba a punto de convencerla de que yo tenía que continuar con los estudios y pasar a secundaria. Sin este maestro, mi horizonte habría quedado limitado para siempre...

“El cine entró en mi vida, en el corazón de una vida triste y angustiada, como algo que muy pronto supe que sería mi tabla de salvación. Nada ni nadie me lo indicaron, no lo compartía con nadie (ni adulto ni de mi edad), pero me aferraba a él como a un salvavidas. Y sin embargo, sentía no tener ninguna de las llaves que podrían darme acceso algún día a ese universo que sin duda yo había elegido precisamente por ser el más alejado de mis condiciones de vida y el más inaccesible.” [3]

Así, es durante la infancia que nace ese amor por el cine que después Bergala transmitirá en su proyecto educativo. Pero el teórico no es el único en remitir el nacimiento de su vocación cinéfila a sus años infantiles, en reflexionar sobre la importancia de las primeras experiencias como espectadores cinematográficos durante nuestra niñez. El francés comparte, entre otros, con Serge Daney la consciencia de esa revelación íntima que conduciría a Bergala a amar el cine y a consagrarle su existencia: “Hablando horas y horas a aquellos que me escuchan de buen grado, me doy cuenta de que doy vueltas alrededor de un ‘núcleo duro’, el de las películas que, como dice Jean Louis Schefer, ‘han marcado mi infancia’, o más bien, ‘mi adolescencia de cinéfilo inocente’.” [4]

Así explica Alain Bergala ese momento de “revelación intima” en que -al menos hoy al interpretarlo retrospectivamente- tuvo la certeza de “que el cine concerniría para siempre su vida”:

“La fortuna quiso que en el pueblo donde vivía de niño hubiera tres salas de cine (el Rex y el Palace en la plaza mayor, y el Eden, un poco alejado del centro, frente a una estación de autobuses, donde pasaban las grandes películas americanas) y que mi situación familiar hiciera que pudiera ir solo, cada domingo por la tarde, a ver con total libertad la película que quisiera de la que jamás hablaba con nadie. Fue entonces cuando me embargó, frente a la travesía del Mar Rojo, de Los diez mandamientos de Cecil B. De Mille, la certeza de que el cine me concernía y que concerniría para siempre mi vida. Mucho después, tal revelación íntima me conduciría hacia el cine más alejado de la grandilocuencia de esta imaginería bíblica hollywoodiense, el de Rossellini o el de Godard.” [5]

Desde Contrapicado hemos propuesto a diversas personalidades relacionadas con el mundo del cine, desde críticos e investigadores a profesores y realizadores… un ejercicio de memoria, escribir sobre el recuerdo de esa primera o única revelación en una sala de cine, durante la infancia o la primera adolescencia. Porque a veces una imagen basta… para despertar una vocación. Por eso, escribimos a los distintos colaboradores:

“A lo mejor recordáis la película, la secuencia, el fotograma incluso, que operó en vosotros el ‘milagro del Mar Rojo’ vivido por Alain Bergala durante su infancia. Puede ser también una imagen difusa… que conlleve sin embargo el recuerdo de un momento concreto de cierto despertar al cine. Se trata de pensar en ese momento y de compartirlo con los lectores. Para seguir esa labor de transmisión que tan bien desarrolla Alain Bergala en La hipótesis del cine.”

A partir de estas líneas hemos recibido cuarenta textos-experiencia, que nos invitan a pensar en el poder pregnante de la imagen cinematográfica. Un poder capaz de despertar vocaciones, pero también la necesidad de transmitir, de compartir el amor al cine. De eso tratan también las entrevistas que publicamos en este número, realizadas a Alain Bergala y a Núria Aidelman, co-creadora de la asociación A Bao A Qu.

Notas:

  1. BERGALA, Alain, La hipótesis del cine. Pequeño tratado sobre la transmisión del cine en la escuela y fuera de ella. Barcelona, Ed. Laertes, 2007. 
  2. Íbid
  3. Íbid. Pág. 117. 
  4. DANEY, Serge, L’exercicie a été profitable, Monsieur. París, Pol, 1983. Citado en el “Capítulo Cuarto, El cine de la infancia”, en La hipótesis del cine
  5. BERGALA, Alain, La hipótesis del cine. Pequeño tratado sobre la transmisión del cine en la escuela y fuera de ella. Barcelona, Ed. Laertes, 2007. Pág. 118. 
Publicado en Panorámica del número 40. Este artículo pertenece al grupo Bergala.