IndieLisboa 2015. Cría cuervos

Y te organizarán festivales de Cine. El Indie de Lisboa (12ª edición) te da la bienvenida con un peculiar cuervo fetiche dentro de una jaula en el hall del Culturgest y como un ritual, a las 10 de la mañana, cuando abre el recinto y se posibilitan a la prensa los visionados de los films, lo sacan, dejándonos bien claro que nos buscará para abrirnos los ojos. Las salas de proyección han ido variando, ya el año pasado el antiguo Cinema Londres en la Avenida de Roma no fue destino de nuestra particular romería. Su lugar lo ha ocupado el Cinema Ideal, en el Bairro Alto, en la plaza de Camões. Tomando un buen café en una de sus terrazas, escribo estas primeras líneas de bienvenida. Son muchas las películas que han pasado por mis retinas, pero bajo la petición de un buen amigo –necesitaba una síntesis– confeccioné una pequeña lista de largometrajes, a modo de “no te las puedes perder”, que podría ser un buen resumen del festival.

Aferim! (premio a la mejor película este año), del cineasta rumano Radu Jude, debo reconocer que no la expuse en el primer listado de films – después hablaremos de ella. Mis atenciones se centraron en otras como Güeros, la magnífica cinta de Alonso Ruiz Palacios, film con bastante recorrido, que fue galardonado con el premio a la mejor ópera prima en la sección Panorama de la Berlinale (2014) y con el de mejor película joven en el Festival de San Sebastián. Quizás por este cúmulo de éxitos haya sido exagerada otra nueva mención. Una película con alma de primer vuelo, repleta de aciertos a través de un tránsito maravilloso, bajo la pauta del viaje homérico (aunque no es un retorno, es la búsqueda), entrando en el realismo fantástico con un tigre (oso buñuelesco) y un poeta rockero como detonante. Si Ulises fueran tres jóvenes en una tarde perdida en medio de México D.F., con una universidad ocupada bajo el espíritu de la revuelta insurgente, esa sería la nueva obra de un Homero chicano hoy en día. Aquí no hay arcos, sí pretendientes y muchos poetas y poesía, el verdadero detonante de esta historia. En medio de este viaje, una serie de insospechados infortunios bajo una sola intención, vivir… Hay mucho de literatura en la película de Ruiz Palacios, desde Homero, pasando por Baudelaire (tiene un curioso aroma a spleen con road movie, pues gran parte del trayecto se desarrolla en un auto), hasta Autopista hacia el sur de Julio Cortázar en un peculiar final. Una deriva de acontecimientos en una época vital, la primera juventud y el final de la adolescencia, que hace emerger un grito a la vida. La imagen del film, como los sueños, se nos ofrece en un falso formato 8 mm, en blanco y negro. Reconstruyendo un viaje, nunca un destino, que se clavará en nuestra mirada como una oda a las ilusiones, a las búsquedas y a la eterna inestabilidad de la vida, en un momento crucial donde todo está por hacer – si acaso siempre todo está por hacer. Decía el rockero argentino Charly García en una de sus maravillosas salidas de tono que él no hacía caso a nadie que tuviera más de 16 años. Hay muchas cosas de esa filosofía en esta bellísima película, que nos recuerda quiénes somos realmente y las pasiones por las cuales nos conmovemos y actuamos. Güeros es un viaje al fondo del alma de alguien que no la quiere perder nunca, me refiero a Ruiz Palacios. Al final, una manifestación que te engulle y se va, como la vida, que se escapa de entre las manos. Al igual que los famosos personajes que conducían la Caravelle y el Dauphin en el final de Autopista hacia el sur… la vida sigue, fluye, no sabemos si volveremos a vernos....

El cuervo ha levantado el vuelo, nos indica con su dibujos en el aire las imágenes a contemplar…, un vuelo bajo a ras de los tejados de Lisboa, una ciudad empapada de tanto llover. Salgo de las sesiones y retomo el camino a mi habitación en el barrio de Arroios, soy un ser diluido por tanta agua. Mi imagen se desfigura en los reflejos de los charcos que se acumulan en las calles. El cuervo se refugia debajo de los vanos de las ventanas, contempla la escena, pero antes de pasar la noche arrullado, nos revela otra imagen, otro dibujo del Paraíso pienso. Diferente al de Güeros, bello pero de enorme crudeza, peculiar acercamiento al mundo de los niños, la galardonada con el gran premio del jurado en Venecia. Sivas (Kaan Müjdeci) es un film turco en la línea de las películas de la infancia o tardía infancia y el tratamiento del paisaje y el paisanaje de Abbas Kiarostami… ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Khane-ye doust kodjast?, 1987) o A través de los olivos (Zire darakhatan zeyton, 1994) son herencias que parecen asomar en este film, bien es cierto que con un ritmo mucho más dinámico, una cámara menos frontal y formal que la del director iraní, pero teniendo muy presente toda la identidad de esa escuela cinematográfica árabe-europea. En directores como Fatih Akin la influencia alemana pone el acento en un toque más occidental; desde otra perspectiva, más oriental, encontramos a Nuri Bilge Ceylan. El joven Kaan Müjdeci no es ajeno a esas dos corrientes, Oriente y Occidente a ambos lados del Bósforo. Un realizador de una nueva generación pero que mantiene las historias de identidad turca, de un lugar áspero y a veces cruel. En este caso es la historia de un niño y un perro de pelea en una aldea humilde del interior. Una poderosa relación de amor y rudeza que hace al joven madurar al lado del dogo, dejando atrás la inocencia.

Otro cine mínimo de entornos humildes pero al otro lado del globo, bajo otra cultura… Ela Volta na Quinta (André Novais Oliveira), film brasileño completamente opuesto a los dos films estadounidenses que se presentaron al concurso internacional, Listen Up Philip (Alex Ross Perry) y Christmas, Again (Charles Poekel); un contraste que, por otra parte, es un acierto de la organización del festival. Los dos films estadounidenses, de contrastada factura, recogen dos historias con intención intimista pero caen en las formas un tanto gastadas de los estereotipos. Por un lado Listen Up Philip de nuevo nos adentra en la neurosis colectiva de New York, personajes en busca del éxito, y por el otro Christmas, Again es una nueva historia de Navidad, donde se intenta expresar el fracaso y la superación, reencontrar el amor, creer en el otro. La intención que tienen esos dos films independientes nos emplaza a películas que pretenden una profundización en el cotidiano, pero donde en muchos casos el peso del actor, o la propia dinámica de la película, nos es ya conocida, dejándonos una sensación de artificio. En Ela Volta na Quinta por el contrario no hay nada conocido de antemano, y tampoco nada excepcional, simplemente es lo mínimo y cotidiano que se expresa desde una autenticidad cristalina. Encontramos, a través de los últimos días de una mujer, un cuadro perfecto de la vida en un pequeño núcleo familiar brasileño de color, clase media baja que ha sabido sortear los avatares de la vida de forma humilde y digna, con amor y con vida. El tratamiento narrativo del film responde a la linealidad de los acontecimientos con sencillez primando de forma muy rentable los planos enteros y medios. Contemplamos de esta manera una película honestísima, donde los sentimientos, pero sobre todo el sentido real de la vida, supuran con claridad. André Novais Oliveira expresa sentido y sensibilidad por los procesos humanos y lo muestra con la normalidad de lo cotidiano y su comprensión, sin tapujos ni prejuicios, sin abstracciones ni moralismos. La herencia de los postulados de Glauber Rocha asoma por las rendijas de este film, cine pobre y real para un pueblo que necesitaba conocer su propia historia. No es que sea un ejemplo de cine político –o sí–, pero es Cine de la realidad del 80% de la población, cine de lo chiquito, como las historias de Eduardo Galeano. Cines, sus sociedades y sus recursos van de la mano, o deberían. Cuanto menos, más verdad y necesidad. No es una norma genérica pero sí se cumple en multitud de ocasiones.

Al día siguiente, siempre al atardecer, el vuelo de nuestra negra criatura nos lleva a otro viaje homérico. Entra por los grandes ventanales del Cultureguest y se posa sobre su jaula, graznando para avisarnos que han abierto las puertas de las salas. Destellos de una luz blanca recortada entre sombras… En blanco y negro se presenta ante nuestras retinas Aferim!, la película ganadora este año al mejor largometraje, del director rumano Radu Jude, que ya nos sorprendiera con el film Toata lumea din familia noastra (2012), una mirada bajo el manto de un cine naturalista, clásico, pero de gran crítica hacia nuestros roles cotidianos… Una mirada absurda y cruel (llegando a una hilaridad brutal, de una carcajada puedes pasar al espanto) de lo que hacemos: parejas, hijos, divorcios... Completamente diferente a Toata lumea din familia noastra, Aferim! es un film ambicioso y de contenido histórico, coproducido por Rumanía, Bulgaria y la Republica Checa. Recoge desde una narrativa lineal, de nuevo homérica, las desventuras de dos miserables funcionarios o buscadores de forajidos (parece que son responsables de la ley, policías del siglo XIX). Pone en evidencia el absurdo, el cretinismo, la corrupción y finalmente la barbarie, en un clima cómico que acaba en drama. Radu Jude, de nuevo, hace hincapié en el humor pero partiendo de lo peor del género humano. El film responde a la narrativa clásica del western, dos personajes en busca del forajido, pero en vez de míticos son en este caso patéticos, engañados por todos y, en su afán de profesionalidad, masacrados por la infamia… También, en cierto modo, las dos películas del cineasta rumano reflejan una mirada fatalista hacia aquella sociedad y su Historia, los pueblos bañados por el Mar Negro.

En la noche, el vuelo de nuestra criatura se ha topado con un nuevo personaje bohemio y perdido, en este caso por las calles de París. El tránsito ha vuelto a ser la herramienta de otro de los films que destaco; en Quand je ne dors pas (Tommy Weber) encontramos a un joven perdido... sin trabajo, buscándose la vida en un continuo vagabundaje. Es inevitable no acordase de Jean-Pierre Léaud-Antoine Doinel, sus formas, cuando vemos al joven Aurélien Gabrielli, antihéroe, perdedor enamorado, amante de la vida que la canta, la busca… siempre pide y le dicen que no, pero él no decae. Se encuentra con el Cíclope, pero da igual, sigue adelante aunque le peguen y le roben. También está en este tránsito la figura del loco que le regala una bicicleta y sigue su camino. Ni como dealer saca dinero, es un desastre encantador y soñador que como los poetas quiere conquistar los cielos. El espíritu urbano de Baudelaire sigue presente en este film, un spleen ciclístico… El objetivo es tomar un billete para huir de París, pero Aurélien encuentra en su vagabundaje cientos de historias que contar y un finar redentor: ¡qué bello es vivir!

Salimos de la sala del Cine Ideal con una sensación de belleza en la cara. Los cuervos nos esperan fuera, nos vigilan, aún hay más sesiones a las 23:45 en el San Jorge o en el Cultureguest. No te quedes dormido o te sacaremos los ojos, nos parecen avisar. Tomo un taxi, y otra cámara sobre ruedas… el peculiar testimonio Ming of Harlem: Twenty One Storeys in the Air (Phillip Warnell). No podemos hablar de una historia, la película cuenta la vida de Antoine Yates, un amante sin límites (rayando la locura) de los animales, que durante el 2003 fue detenido porque tenía en su casa de Harlem (NY) un tigre de bengala, Ming, y un cocodrilo, Al. El film podría quedar en el documento, pero no, el Cine que porta Phillip Warnell lleva a las imágenes hacia una curiosa obra filosófica y poética sobre el propio sentido de la vida del hombre, y las formas de comunicación con los animales y de los animales. Ming of Harlem es un film que logra transmitir conceptos filosóficos sobre la existencia y el sentir de los seres humanos desde el entendimiento con las otras criaturas. Y es ésta la función reveladora del Cine, el conocimiento que se revela a través de una obra plástica bella. El magnífico montaje y el tiempo donde se maneja la película la convierten en una hermosa pieza de texturas y escenas repetitivas. El film tiene un sentido tántrico, un curioso viene y va de imágenes, que nos adentra en un sentido circular, permitiendo de esta forma replantearnos el sentido de la imagen con varias voces en off (a modo de guía), donde lo poético y filosófico nos dirigen hacia un pensamiento de las imágenes y por tanto de la propia película, que nos va ofreciendo constantes claves. Amor, libertad, respeto, comunicación, esclavitud… un juego de lo que está dentro de una jaula (o un apartamento) y lo que está fuera, la libertad, aunque en este caso siempre desde el interior de un coche que se mueve alrededor de la gran manzana, al igual que los pasos repetitivos de un tigre enjaulado. La razón de por qué Antoine Yates dio cobijo a un tigre y un cocodrilo en su apartamento (le supuso unos años en prisión) la resume en una respuesta directa ante la pregunta de una chica: “Love, baby, love”. ¿Está loco?, nos preguntamos.

El sentido circular que emerge en este film también se muestra en otra película experimental, Le Paradis (Alain Cavalier), que competía en la sección Silvestre, sobre la representación del Paraíso. Cavalier expone en el film la belleza de nuestro mundo y su transformación en el ciclo vital de un año, a través de la linealidad de las estaciones y por lo tanto el devenir hacia la muerte. El octogenario director francés retoma el cine básico, cine materia, de objetos vivos, bellos, inanimados o animados. Utiliza los objetos como materia poética y desde ahí crea una oda a la belleza, a nuestra existencia, y a todo lo que existe. La idea del Paraíso, el que se encuentra delante de nosotros, un canto a la vida en el otoño de la suya.

En el panorama nacional, el cine portugués sólo llevó cuatro films a competición. Gipsofila (Margarida Leitão), un largometraje mínimo sobre la memoria y la correa de transmisión de vida de una abuela a su nieta (la propia realizadora); A Toca do Lobo (Catarina Mourão); Uma Rapariga da Sua Idade (Márcio Laranjeira), y Os Olhos de André, de António Borges Correia, la película premiada como mejor largometraje portugués, un film sobre los avatares de una familia que pierde la custodia de uno de sus hijos. A través de un tratamiento arriesgado con los actores (son las propias personas que lo vivieron, en un trabajo de ficción documental), el film ahonda en los sentimientos y en cómo actuamos por ellos.

Fuera de competición, Aqui, em Lisboa, un film codirigido por el canadiense Denis Côté, la chilena Dominga Sotomayor, el estadounidense-portugués Gabriel Abrantes y la francesa Marie Losier. Se esperaba la pieza de Abrantes, que como buen enfant terrible liberó todo su acierto cómico y extraña habilidad, puro talento, para confeccionar un film con varios formatos e historias hilarantes. Sus mejores armas, a mi modo de ver, son la utilización de la atmósfera de los espacios y la habilidad para compaginar presente, pasado, y su contraste. También sus tiempos cinematográficos y su enorme creatividad para relacionar todo, desde un dron con unos personajes medievales en medio de un valle en Ennui Ennui (2013), hasta unos sueños húmedos con un spot comercial en Aquí em Lisboa; así, cualquier tipo de objeto o animal (en este caso le tocó a un rodaballo) es dotado de genial surrealismo.

Sabemos que los cuervos, como los buenos cineastas, persiguen los ojos, imágenes necesarias para aferrarnos a la butaca y ofrecernos nuestra dosis necesaria de suspense. Siempre están acechando y vigilantes para atrapar las imágenes… o atacar sin pudor a los inocentes humanos. Ahora lo tienen más fácil, ya no existen cabinas de teléfono donde resguardarnos, mientras se arremolinan sobre los tendidos eléctricos de Lisboa…

Publicado en Actualidad del número 48.