14. O futebol (Sergio Oksman, 2015)

El azar que no puede ser controlado

 

 

"El fútbol es un juego azaroso, en el que

las reglas están perfectamente escritas:

un rectángulo verde, un tiempo limitado,

unas normas estrictas, dos equipos…"

Sergio Oksman [1] 

Un padre y un hijo se reencuentran tras veinte años sin verse. Para tapar tantos años de ausencia, preguntas y rencores, deben recurrir a lo banal que les unía en las tardes monótonas: el fútbol. Sergio Oksman ha insistido siempre que ha podido en que O futebol no es cine directo [2]. No es un documental autobiográfico. No es la captación cinematográfica del reencuentro con su padre. No lo es, porque Oksman decide establecer unas reglas de juego que evitan que la película se convierta en eso. El reencuentro real queda fuera de campo, la película comienza un año después, en el verano de 2014, que coincide con el mundial de fútbol de Brasil. Padre e hijo, Sergio y Simão, se emplazan en ese verano para vivir juntos el mundial.

Las jornadas del campeonato sirven de estructura temporal para la película. Un partido, un día. El dispositivo es claro: la cámara permanecerá fija, los cuerpos frente a la cámara también aparecerán relativamente inmóviles. Los diálogos —por más que Sergio intente exprimirle a su padre alguna confesión o reflexión sobre su abandono— solo serán fluidos cuando se habla de lo intrascendente, Simão solo hablará del pasado para recitar alineaciones míticas. La intención es captar lo monótono, lo rutinario, lo tedioso. Lo que Sergio Oksman más añoraba mientras sufría la ausencia de un padre.

La cámara se ubica en el asiento trasero del coche de Simão, que conduce por las interminables avenidas y calles de São Paulo, mientras Sergio le acompaña de copiloto. Ese es nuestro lugar en la película, ir de convidados de piedra en el asiento trasero de un coche en cuya parte delantera dos cuerpos equidistantes habitan los límites de un plano partido por un espacio que parece insalvable.

Sergio Oksman cuenta en O futebol con la colaboración de Carlos Muguiro. Dice Oksman que el lugar de Muguiro en el film es evitar que se vuelva demasiado personal. Es la tercera persona que evita que el relato se cuente en primera.

El control de Oksman sobre su película es absoluto, el dispositivo es sólido y evidente, pero, como decía José Luis Guerín cuando reflexionaba sobre las filmaciones de los hermanos Lumiére [3]: el azar hace aparición, creando una tensión entre el control del cineasta y lo aleatorio de la realidad. Fallece el padre, Simão, y el dispositivo se desmorona. O más bien, se modifica. Sergio Oksman vuelve a dejar fuera del momento a la cámara, como hiciera con el reencuentro real, toma distancia, mientras sigue filmando tiempos muertos: salas de espera, salas de descanso del personal del hospital, la calle, una ventana. Al funeral asistimos desde un tiro de cámara muy lejano, como si pasáramos por allí sin estar invitados. Simão, entonces, se convierte de nuevo en ausencia, en trazos de tinta sobre un libro de pasatiempos.

O futebol baila en la línea que separa la ficción del documental, frontera que es desplazada por la tensión entre dispositivo y azar. Es una película sobre el tedio y la rutina como parte —no necesariamente negativa— de la vida, que acaba teniendo que enfrentarse a la representación del último de los procesos rutinarios de la misma: la muerte.

 

[1] Liébana, R. (2015). Entrevista a Sergio Oksman. Recuperado de: El espectador imaginario  el 23 de febrero de 2017.

[2] Moral Martín, P. (2015). El fútbol, el tedio y la muerte, vistos por Sergio Oksman. Recuperado de El diario.es el 24 de febrero de 2017.

[3] Guerin, J.L. (28 de agosto de 2003). Conferencia Work in progress. En Curso “Cine y pensamiento: el ensayo fílmico”. Curso llevado a cabo en El Escorial.

Publicado en Panorámica del número 50. Este artículo pertenece al grupo Panorámica de cine español.