12. Tres dies amb la familia (Mar Coll, 2009)

Retratos desde la distancia

Cada vez que regreso a Tres dies amb la família Nausicaa Bonnín está un poco más joven. Ocurre lo mismo que con los álbumes de fotografías, esas máquinas del tiempo que se entestan en dar marcha atrás mientras nosotros pensamos que nada cambia[1]. Por supuesto, eso pasa en toda película reencontrada; pero en este caso el fenómeno es más fuerte, y da cuenta de una sincronía íntima que me es difícil de esquivar al escribir sobre el filme.

La ópera prima de Mar Coll se enmarca en las jornadas de funeral y entierro del abuelo de Léa (Bonnín), marcadas por el reencuentro con padres, tíos y primos tras una época estudiando en Toulouse, con la inevitable emergencia de tensiones familiares. Venida del extranjero, la mirada de Léa explora a sus allegados: Tres dies amb la família se construye con los contraplanos de ella ante las sonrisas, consejos y sarcasmos que le lanzan sin parar, capturando certeramente los gestos esculpidos en una clase social. El resultado es un retrato mordaz de la burguesía catalana que, personalmente, me resulta muy cercano: no tanto por la historia central, sino más bien por los diálogos y situaciones secundarias que la envuelven; en pocas ficciones identifiqué de forma tan clara a gente a la que conozco, historias propias o vividas por amigos, revelándose aspectos de mi mundo en los que no había reparado. Y con el paso de los años siento cómo Nausicaa rejuvenece, pero al mismo tiempo redescubro lo que en su momento di por sentado, aquello que me parecía natural y que, con la distancia, se erige como singular y hasta íntimo: aquel gesto en una comida familiar, aquel comentario sobre Barcelona y lo bien que se vive en ella, aquella marca de leche.

El filme de Mar Coll va mucho más allá de ser un buen debut y una obra regionalmente relevante[2]; pero eso no quita que, tal vez, mis impresiones no sean más que una digestión equivocada de una polémica frase del crítico brasileño Paulo Emílio Salles Gomes, que aseguraba que una mala película nacional es siempre preferible a una buena película extranjera, pues nos revela más de nosotros mismos[3]. Y que influya en mi mirada el hecho de estar escribiendo desde otro país. Al fin y al cabo, eso también está en Tres dies amb la família, porque el plan de Léa es dejar los estudios de ingeniería y abrir un bar con su novio en Toulouse. En medio de la asfixia de los gestos familiares, ese fuera de campo se convierte en una lente crítica con ellos y en un horizonte de salvación posible, buscado cada vez que Léa llama a Francia desde el móvil, y frustrado cada vez que salta el contestador. Todo ello nos es muy familiar. No asoma aquí la crisis económica, pues en el momento del estreno no había hecho más que empezar, y al fin y al cabo el colapso de empresas y el recorte de servicios públicos poco afectarán a la familia acomodada de Léa; pero sí que se siente cómo la idea de ascenso profesional está agotada, y cómo el extranjero ha entrado, decididamente, en nuestras coordenadas vitales. Por eso la aparición episódica de David Verdaguer, futuro protagonista de las conversaciones virtuales de 10.000 km (Carlos Marqués-Marcet, 2014), es iluminadora: el Toulouse idealizado de Léa y Los Ángeles del filme de Marqués-Marcet son imágenes clave de la juventud española de los últimos años; ellas refuerzan una tensión entre el aquí y el afuera que muchos vivimos, y, al hacerlo, cargan nuestras miradas de matices cada vez que, por fiestas o en verano, regresamos a casa y pasamos tres días con la familia.

 

[1] Para una exploración del álbum fotográfico como espacio de nostalgias, de ficciones y de reconocimiento de gestos, entre otras cosas, ver Fernández, Ana Aitana: “El álbum fotográfico”, IN Balló, Jordi & Bergala, Alain: Motivos visuales del cine. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2016, pp. 274-279.

[2] Así lo sugirió Adrià Sunyol en Contrapicado cuando la película se estrenó: tras señalar varios problemas del filme, el autor dice que “ya llega la hora de pasar a los méritos. Hacer cine no es fácil, realizar un largometraje menos todavía, y Mar Coll, a pesar de todo lo dicho, ha conseguido una película meritoria, con momentos bonitos y que transmiten una sensibilidad tierna y a la vez trágica”. No comparto esta opinión, porque, como he dicho, creo que los valores de la película van más allá de ser una buena ópera prima. Sunyol, Adrià: “Meritoria de dirección”, Contrapicado, Vol. XXXII, julio de 2009. Enlace: http://contrapicado.net/old/critica.php?id=404#2

[3] Sobre las versiones de esta frase, ver Caetano, Maria do Rosário: “Assim falava Paulo Emílio?”, Brasil de Fato, 3 de septiembre de 2012. Enlace: https://www.brasildefato.com.br/node/10496/

Publicado en Panorámica del número 50. Este artículo pertenece al grupo Panorámica de cine español.